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"Yo trato de ser lo menos hipócrita posible, pero incluso hay cosas que no las conocés a fondo como para largarte a opinar. ¿Cómo sabés qué hace tu intendente, tu gobernador, tu presidente puertas adentro? No sabés una mierda. Sabés lo que quieren ellos que sepas". (Foto: Archivo de El Miércoles).
EL REGRESO DEL GIGANTE, DIEZ AÑOS DESPUÉS

José Larralde: «El cantor que no opina no es cantor»

El enorme artista popular que es José Larralde vuelve a actuar en Concepción del Uruguay después una década. Aquí recordamos la entrevista y la crónica que exactamente diez años atrás, en octubre de 2006, realizara el semanario El Miércoles.

 

"No voy a la televisión porque no me gusta y porque no tengo nada que hacer allí. Sí iría a hablar a algún programa serio y no sólo de la milonga, porque yo he vivido bastantes años y puedo hablar de otras cosas que no sean la música". (Foto: Archivo de El Miércoles).
«No voy a la televisión porque no me gusta y porque no tengo nada que hacer allí. Sí iría a hablar a algún programa serio y no sólo de la milonga, porque yo he vivido bastantes años y puedo hablar de otras cosas que no sean la música». (Foto: Archivo de El Miércoles).

 

El incomparable cantor orillero José Larralde estuvo en Entre Ríos luego de 35 años de ausencia. Luego de su Guitarreada en la que fue ovacionado en el club Rocamora –y tras atender a todo aquel que quería un recuerdo con el legendario cantor– charló con El Miércoles. Aquí, el resultado de esa charla, con todas las particularidades del cantor: su desesperanza, las decepciones políticas, los sueños imposibles, el tono desenfadado y un rosario de palabras que escapan a cualquier eufemismo.

 

(Publicado en El Miércoles, edición 238, octubre de 2006)

 

Por AMÉRICO SCHVARTZMAN, MARTÍN BARRAL Y JORGE VILLANOVA

Fotos: VALENTIN BISOGNI

 

«Estuve diez años sin grabar, y volví a hacerlo porque hubo una empresa distribuidora nacional que insistió para que volviese, así que hice un disco y se los di para que lo distribuyan. Arranqué de nuevo ahí y paré, porque tampoco es que haya seguido grabando… Además uno escribe los temas, ensaya, graba y edita un disco, se rompe el culo para que al otro día aparezca trucho en la calle, y así a uno no le dan ganas de grabar más. A mí me sale muy caro un disco, no tengo plata para tirar. Imaginate que, entre pitos y flautas, te sale alrededor de ocho o nueve pesos, para hacerlo más o menos bien, y para la venta está once o doce. El tipo de la distribuidora lo vende a 25… ¡Pero enseguida aparece el otro tipo que te lo vende a cuatro! La verdad es que no sé cómo hacen. Porque enseguida, antes de que vos lo saques, ya lo trucaron… No sé cómo lo consiguen».

 Más de una vez usted ha manifestado sorpresa sobre lo fácil que es hacerlo…

¡Es muy fácil! Sos amigo de una empresa discográfica. Después vamo’ y vamo’…

Hay algunos autores que fomentan la piratería como una forma de rebeldía, y a su vez otros reivindican la labor de Sadaic ¿Cómo ve usted ese tema?

Para mí Sadaic no cumple con su labor, que es detectar y perseguir a los que venden discos truchos. Y más que nada la DGI, que se pierde un porcentaje de plata grandísimo. Se hacen pasar por arriba, así que algo más debe haber… Yo no quiero pensar mal, porque uno no debe pensar mal de gente tan honesta pero es jodido, viste… Por ahí se mandan una redada y detienen a algún pobre pelotudo que está vendiendo discos por la calle, pero a los grandes nunca los agarran.

 Usted terminó el show diciendo que «el cantor que no opina no es cantor»…

Bueno, eso viene de hace mucho, desde el Martín Fierro

 El Martín Fierro también dice que «no tiene patriotismo quien no cura al compatriota»…

Claro, pero además el guitarrero solista, no el que toca con cinco violas detrás, agarra la guitarra para opinar, para decir cosas. Es la ventaja que tiene la milonga a comparación de otros ritmos; tiene un marco para decir las cosas. Y después de todo, el Martín Fierro es una milonga.

Y esto que pasó con este hombre, que le dijo que quería oírlo cantar y no hablar ¿le sucede a menudo?

No, no.

Bueno, es un detalle sin importancia…

No, pero te jode. Si hubiese sido en otra época yo me levanto y me voy a la mierda. Porque se supone que firmé un contrato para estar arriba de un escenario haciendo lo que sé hacer. Te gusta o no te gusta y si no te vas.

Además conociéndolo a usted es esperable que se ponga a hablar arriba del escenario…

Claro, además él se confundió porque dijo que yo estaba haciendo política, y yo creo que todo lo que es verbo es política. Vos decís «buen día» y es política, y no hay que confundirlo con politiquería. Yo en ningún momento hice politiquería, incluso cuando hablé de Alfonsín (Nota: Larralde mencionó durante el espectáculo su intención de trasladar la capital al sur), lo hice como un estadista y no porque pertenezca a un partido político. Podría haber hablado de él como de cualquier otro.

Don José, usted una vez dijo que los militares se apropiaron de nuestros símbolos y que terminaron logrando que nadie que no sea milico lleve una escarapela con orgullo. Usted reivindica permanentemente lo nuestro ¿Cómo se hace para recuperar esos valores y sacarles esa connotación?

Mirá: yo conozco mucha gente en los medios que se rasga las vestiduras hablando de «la Patria» y después de fondo te ponen un tema de los Rolling Stones. Está bien, no tiene nada que ver porque la música no tiene fronteras, pero los derechos de autor sí. Entonces, cuando uno tiene que comprar algo que te das cuenta que ese dinero se va al extranjero, lo pensás dos veces. Hay cosas que no se pueden dejar de comprar. Vos no podés dejar de comprar penicilina porque la haya descubierto un inglés, hay cosas que son universales, más allá de que por cualquier medicamento extranjero se debe pagar licencia. Volviendo al tema, hay tipos que hablan de «la Patria» y te meten un tema extranjero de fondo, y vos no sabés si son pelotudos, locos o qué mierda tienen. Por eso siempre digo que la música no tiene fronteras pero los derechos de autor sí. Si ves el resumen anual de Sadaic es infernal la cantidad de plata que se va para afuera. Y yo me pregunto: ¿cuántos tangos y zambas pasan por día en Inglaterra, Estados Unidos o España?

Es difícil emparejar la situación. O son cómplices, o son boludos…

Yo no puedo hablar mucho, porque un locutor o un conductor es un comunicador como yo, pero creo que hay muchos que tienen un programa sin la más puta idea de por qué lo tienen. Se la pasan mirando los errores del otro y con eso hacen su programa. Y yo también los miro, ¿eh? Porque me cago de risa. Pero lo cierto es que hay mil que hacen lo mismo que ya hizo Tinelli o Los Midachi, y no hay nada de creatividad. Se terminó la época de Olmedo, de Porcel, de Portales y de todos esos tipos con chispa que se cagaban en los libretos e inventaban cosas.

¿Esto tiene algo que ver con su ausencia de los grandes medios?

No, yo no voy a la televisión porque no me gusta y porque no tengo nada que hacer allí. Sí iría a hablar a algún programa serio y no sólo de la milonga, porque yo he vivido bastantes años y puedo hablar de otras cosas que no sean la música.

Tal vez eso es justamente lo que no quieren…

Si no quieren no te dan el pie. Además soy lo bastante grande como para darme cuenta que no puedo usar tu programa para hacerme el macho. Porque yo después me voy a mi casa, pero a vos te cierran el programa y eso sería una porquería. Yo a veces, con Badía, he tratado temas muy jodidos. Pero le he avisado antes y no porque me autocensure, sino porque respeto el laburo del otro. En la gráfica es distinto, porque el periodista puede grabar diez cintas de entrevista y después pone lo que le entra en el lugar que dispone, y generalmente lo sintetizan tanto que te dejan como un pelotudo. La única vez que me hicieron un reportaje y salió tal cual como lo dije, incluyendo furcios y malas palabras, fue en el 78 con Mona Moncalvillo, en la revista Humo®.

 Cuando ese hombre en el show le dijo que no hable de política, usted le contestó que por culpa de tipos como él durante varios años no había podido hablar de política, ¿cómo ve la situación actual del país?

El momento histórico recién lo voy a poder ver dentro de treinta años, y no voy a vivir todo ese tiempo. El hoy todavía no tiene historia y de un plumazo podemos borrar todo lo que hemos hecho. Eso siempre depende de quién maneje el país en ese momento. Cuando Perón no estaba, todo el mundo decía que era una mierda; cuando estaba Perón era el más grande del mundo. Imaginate que yo, que viví todas las épocas de Perón, no sé la verdad… Si yo estoy con Perón lo voy a defender, y si estoy en contra voy a tratar de echarle toda la mierda que pueda, entonces lo que hay que hacer es un análisis propio, es imposible ser objetivo en ese ámbito. Yo trato de ser lo menos hipócrita posible, pero incluso hay cosas que no las conocés a fondo como para largarte a opinar. ¿Cómo sabés qué hace tu intendente, tu gobernador, tu presidente puertas adentro? No sabés una mierda. Sabés lo que quieren ellos que sepas. Entonces, si no podés hablar de hoy, ¿qué vas a poder hablar de 50 años atrás? Yo leo lo que hizo Napoleón o los hechos de la Segunda Guerra Mundial y me pregunto «¿Serán así?» Los yanquis también tuvieron mucho que ver en la muerte de los judíos, ya que dejaron que los exterminen para no tener que hacerse cargo de ellos luego. Los yanquis se borraron. Se metieron cuando la guerra se estaba terminando y ya no quedaba más gente para matar. El genocidio fue culpa tanto de Hitler como de ellos. ¿Dónde están las armas de destrucción masiva de Hussein? ¿Por qué le están haciendo tanto quilombo a Corea? Todo el mundo puede tener armas atómicas menos los que no son sus amigos… ¿Y por qué? ¿Quiénes son? ¿Los patrones del mundo? Todos los grandes imperios del mundo terminaron para la mierda. Alejandro Magno, los romanos, todos desaparecieron algún día. Hitler, la Unión Soviética, cosas que parecían intocables terminaron de la noche a la mañana. Pero el problema de los yanquis está adentro, por cada blanco que nace lo hacen seis negros. Y los latinos se van metiendo de a poquito y ya van siendo millones. Alguno de ellos quedará como señor feudal, pero la diferencia es que hoy hay medios de comunicación y todos los golpes y revoluciones se hacen al unísono. Antes pasaba algo en Medio Oriente y nadie se enteraba.

"¿Vos te creés que (Néstor) Kirchner es peronista? Kirchner es kirchnerista, y la mujer de Kirchner es más kirchnerista que él. O ‘cristinista’. Y ojo que lo voté, eh.. Pero todos somos peronistas, radicales o socialistas hasta que tenemos poder. Después nos cagamos en todo y a la puta que los parió. Esto pasa, y me da vergüenza decirlo, porque somos un pueblo mediocre". (Foto: Archivo de El Miércoles).
«¿Vos te creés que (Néstor) Kirchner es peronista? Kirchner es kirchnerista, y la mujer de Kirchner es más kirchnerista que él. O ‘cristinista’. Y ojo que lo voté, eh.. Pero todos somos peronistas, radicales o socialistas hasta que tenemos poder. Después nos cagamos en todo y a la puta que los parió. Esto pasa, y me da vergüenza decirlo, porque somos un pueblo mediocre». (Foto: Archivo de El Miércoles).

 

CANTAR OPINANDO

 

Hay intérpretes que cantan cosas sin contenido. Porque, sin embargo, algunos cantan canciones románticas pero con letras jodidas. Yo ya de muy chico opinaba. Nunca me banqué un patrón si no me gustaba una cosa, nunca le rompí una máquina porque tenía problemas con él. Agarraba mis cosas y me iba a la mierda sin cobrarles. Nunca le escupí en la mano al que me daba de comer. Mi padre es vasco, no te olvides, tenía un sentido de la libertad muy grande. Y mi madre árabe, así que imaginate (se ríe). Además es algo muy divertido hacer cosas que otros no se animan a hacer. Yo veo mucha gente que se borra cuando hablo, por miedo a quedar pegados con lo que digo. Es increíble, la gente todavía sigue con miedo y no sé a qué. Cuanto más miedo tenés, más fácil es que te caguen. Es como que yo me hubiese asustado con lo que me dijo hoy el tipo y me hubiese callado. Ahí tengo que bajarme del escenario y no cantar nunca más.

También es cuestión de sentido común… Hace tiempo me había enojado por algo, y un amigo, para tranquilizarme, me dijo: «Quedate tranquilo, que las hormigas y los pelotudos no se van a terminar nunca»…

Todos en el fondo somos un poco pelotudos, es cierto. El tipo de hoy se equivocó. Debe ser de algún partido que añora las cosas de antes, vaya uno a saber…

 

UN PUEBLO MEDIOCRE

 

En más de una ocasión ha recordado a Alfredo Palacios…

Sí, porque creo que la mayoría de las leyes del peronismo y de muchos radicales son en realidad de Palacios. Él era de los socialistas medio aristocráticos. Andaba todo el día con capa y sombrero, se batía a duelo… El tipo era un romántico, seguramente con alguna reminiscencia de los verdaderos socialistas, que fueron los anarquistas. Los anarquistas fueron una quimera, porque la anarquía habla de un hombre totalmente libre y eso en la práctica no existe. Así estemos vos y yo solos en medio del campo, alguno de los dos va a hacer punta en algo, porque sabe más o es más corajudo, y el otro lo va a seguir. Es tan fácil como que el socialismo y el comunismo no existen. Es como la democracia: no existe, son macanas. El cambio en el hombre lleva años, décadas, siglos. Creo que desde que era mono hasta la actualidad, el hombre ha cambiado un poco. Cuando tengamos tres dedos en las patas y ocho en las manos, ahí tal vez también cambie nuestra mentalidad. Son procesos que llevan mucho tiempo. Somos esclavos de nosotros mismos, hacemos lo que la sociedad quiere que hagamos.

Otra cosa que usted suele señalar es su preocupación porque el argentino tiene tendencia a dividirse.

Y sí. ¿Vos te creés que (Néstor) Kirchner es peronista? Kirchner es kirchnerista, y la mujer de Kirchner es más kirchnerista que él. O ‘cristinista’. Y ojo que lo voté, eh.. Pero todos somos peronistas, radicales o socialistas hasta que tenemos poder. Después nos cagamos en todo y a la puta que los parió. Esto pasa, y me da vergüenza decirlo, porque somos un pueblo mediocre. Vos podés tener un título muy grande, pero no dejás de ser mediocre por eso. A un ignorante lo sacás de su ignorancia poniéndole un maestro, pero es muy difícil que un hombre se sustraiga a ciertas trampas de la vida y del resto de la sociedad. No podés zafar de eso. Entonces no hay que devanarse la cabeza pensando en que si los radicales, los socialistas, los peronistas… Todo el mundo le roba a todo el mundo y después le echa la culpa al otro. Acá todo el mundo se lava las manos. Vos te acordarás de las cosas que decía Saúl Ubaldini y terminó cagándose en Alfonsín y en todo el pueblo que lo había votado. Porque, al fin y al cabo, a Alfonsín le tocó bailar con la más chueca, porque se topó con las Juntas Militares. Después vienen a hablar boludos como este flaco de ahora, al cual yo voté. Fenómeno. Yo no voto a un partido, voto a un tipo. ¡Y me equivoco feo…! Pero sale hablando de Alfonsín, de la obediencia debida, que esto, que lo otro… Pero si hizo el servicio militar sabe que la obediencia debida existe. Un cabo no puede decirle a un coronel «Yo eso no lo hago porque es un genocidio» ¡Te cagan matando ahí nomás! Además ¿vos crées que un pobre cabo va a tener la cultura para saber siquiera el significado de esa palabra? Ni un cabo, ni un teniente, ni un sargento ni una mierda. Ni siquiera los generales, porque son más brutos que un arado. Entonces hacen las cosas por impulso, hacen las cosas por el poder, por estar arriba en un cargo, para salir en televisión… Todo el mundo quiere salir en televisión. Los peronistas hacen lo mismo, los radicales hacen lo mismo… Es muy triste, hermano, pero somos un pueblo mediocre.

 

 UN CHAPUZÓN EN LA ORILLA DEL CANTOR

Por A.S.

 

«Esto no es un espectáculo, ni un concierto, ni un show… es una guitarreada», definió el cantor orillero. Y es difícil describir lo que hace: la cancha de Rocamora iluminada por completo, un escenario austero con un par de plantas y las banderas argentina y entrerriana de fondo, por toda decoración. Y él allí, con su pinta de patriarca gaucho, solo con su guitarra, su voz y su desparpajo. Y habla. Más de lo que canta, por supuesto. ¿Cuántas canciones habrá interpretado, a lo largo de más de dos horas de Guitarreada? ¿Diez, quizás? En el medio, la explicación de cada tema, la historia, el motivo que le dio nacimiento. Y mucho más: las reflexiones y los pensamientos desesperanzados de un cantor protestón pero lleno de un humor sorprendente.

Luego dirá que le gustan las luces prendidas para verles las caras a todos. Cada vez que termina una canción, se para y saluda, y agradece el aplauso, ceremonioso. Como ha pasado en cada lugar que se presentó, la afluencia de público le da un espaldarazo a su porfía. Porfía, sí: Larralde no está en la televisión, no suele escucharse en las radios, no tiene prensa ni promoción, hay incluso quienes se preguntan si está vivo o no, edita un disco cada muerte de obispo, y sin embargo, refutó de manera definitiva y contundente esa sentencia autoconmiserativa de que a Concepción del Uruguay «no se puede traer a nadie porque la gente no va».

Ahora que ya terminó, que Larralde siguió su camino, que la gente llenó Rocamora, ya se puede decir con todas las letras, aunque al presidente del club Atlético Uruguay no le agrade: su capricho, la patriada de Sergio García de darse el gusto y traer al gran creador de Herencia pa un hijo gaucho se vio gratificada con creces. Hubo quienes le apostaron, antes de la noche de este domingo, a que no iba a ir nadie, que iba a perder plata, que él era «el único boludo» que estaría sentado viendo y escuchando al cantor orillero. Pocos le tuvieron fe.

Es que lo de Larralde es raro. Se ha transmitido de generación en generación, de padres a hijos. Algo tuvo que ver esa vocación de orejano, de montaraz, de tipo que no se guarda palabras ni insultos si es necesario. El mismo capaz de mandar a la mierda a un periodista que le pregunta pavadas o de invitar a un espectador algo lelo a irse ya mismo, devolviéndole el precio de la entrada, por supuesto. Larralde está solo en el escenario, y se la aguanta. Ni ayudantes, ni invitados. Ni decoración ni presentador, nada que pueda estorbar su ceremonia.

Treinta y cinco años pasaron desde la última vez que tocó en la zona, según dijo al arrancar. Misterios del espectáculo. A otros lados va una vez por año y encuentra el renovado cariño de su gente. Hay quienes aseguran que desde este domingo, Concepción del Uruguay se incorporará a ese reducido y privilegiado circuito.

«Yo explico lo que canto y hablo porque si uno es cantor tiene que opinar. Si quieren un tema tras otro, pongan un disco y una foto mía y yo me voy a la mierda», provoca José Larralde y entonces los espectadores ríen y se rompen las manos aplaudiendo.

El verdadero público del Pampa no tiene apuro: aguarda y se deleita. Está allí, contemplando desde lo más cerca que puede, a ese hombre al que ve como un modelo de conducta, del que intuye que –a diferencia de tantos otros– es como dice ser. «Lo menos hipócrita posible», se define. Y agrega: «Enemigo de los eufemismos». Así se mostrará toda la noche, a las puteadas, con anécdotas graciosas o llenas de amargura, con críticas punzantes a una sociedad a la que no trepida en definir como «mediocre». Además de hacer un recorrido por su repertorio. Recorrido bastante amarrete, por cierto: uno se queda con ganas de mucho más, y cuando el autor tiene una obra tan amplia como la de Larralde, seguramente cada espectador está lamentando por qué no hizo su preferida; en el caso del cronista, Quién. La Guitarreada no fue sino un chapuzón, una mojadita apenas, en el amplio río del cantor orillero. Y no, no suebra con eso. No alcanzó a terminar la actuación que ya había consultas para una próxima velada.

"Conozco mucha gente en los medios que se rasga las vestiduras hablando de `la Patria´ y después de fondo te ponen un tema de los Rolling Stones. Está bien, no tiene nada que ver porque la música no tiene fronteras, pero los derechos de autor sí. Entonces, cuando uno tiene que comprar algo que te das cuenta que ese dinero se va al extranjero, lo pensás dos veces". (Foto: Archivo de El Miércoles).
«Conozco mucha gente en los medios que se rasga las vestiduras hablando de `la Patria´ y después de fondo te ponen un tema de los Rolling Stones. Está bien, no tiene nada que ver porque la música no tiene fronteras, pero los derechos de autor sí. Entonces, cuando uno tiene que comprar algo que te das cuenta que ese dinero se va al extranjero, lo pensás dos veces». (Foto: Archivo de El Miércoles).

En su charla, Larralde mezcla anécdotas pintorescas y bien narradas con alusiones durísimas contra Menem (a quien menciona como Carlitos), alguna cita del filósofo cínico Diógenes y otra del Tamayo, un personaje de su pequeño pueblo Huanguelén. Habla de todo, se queja de los ricos que depredan la fauna por deporte, de los gobiernos (de todos, eh) e incluso de quienes no se quejan. «Yo pago mis impuestos, así que me quejo», argumenta.

Larralde sigue martillando con los argumentos de siempre y por las mismas razones. «Porque no es que estas cosas pasaban en 1800. Pasa ahora y seguirá pasando», dice al hablar de sus canciones más protestonas. Es cierto: roza la desesperanza y quizás, la resignación. Si siempre pasó… ¿por qué habría de cambiar? Sin embargo, él mismo convoca luego a creer y recuperar los valores porque «está todo por hacerse».

Quizás lo que explica el poderoso influjo de Larralde es su transparencia: trasmite una imagen de sinceridad que no necesita demostraciones. No se disfraza de gaucho, no exterioriza gestos acomodaticios y es intransigente hasta con su mismo público. «Ustedes van a decir que este viejo de mierda vino a retarlos», azuza después de una larga perorata en la que demuele la inveterada costumbre argentina de descuidar lo que es de todos.

No adula al público ni alardea, sorbe un trago de agua y arroja un poco para mostrar que no es vino: hasta en eso toma distancia de la pose que caracteriza a demasiados artistas. A todo lo dice con ese timbre tan poco usual, común en un tipo de personas de decir quedo, a veces quejoso pero muy humano, con un fondo de mansedumbre que parece transmitir al mismo tiempo orgullo y sencillez, pero sabe ser irónico o brusco, según el caso, cuando debe serlo.

Con la misma serenidad con la que llegó, dos horas después dijo adiós y sólo hubo un bis: se guardó Entrerriano y argentino para el final, un regalo que en algún momento fue para su amigo Víctor Velázquez y ahora es para todos los habitantes de esta provincia. Allí quedó la cola larga de admiradores que querían un autógrafo, una foto, un apretón de manos, una lágrima de conocer al Pampa. A todos atendió, para todos tuvo un minuto, tras picar un salame, algo de queso fresco y unos gramos de jamón crudo. Después, atendió a los periodistas de El Miércoles y respondió, pese al cansancio, casi todas sus preguntas.

 

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