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De Costa a Costa levanta vuelo cada vez más alto

Teresa Parodi: “Qué importante sería que en todos lados hubiera iniciativas como De Costa a Costa”

Durante el fin de semana Concepción del Uruguay fue otra vez sede del Encuentro de Música Entrerriana, donde jóvenes hacedores de la cultura litoraleña comparten espacios de formación y de creación con artistas prestigiosos, a la vez que incorporan a nuevas generaciones a esa oleada cada vez más voluminosa. Así cada vez más gurises se apropian de una frondosa (y poco conocida) riqueza cultural, en una formidable construcción de puentes intergeneracionales que no para de crecer y que, como los pájaros de Aníbal Sampayo, va remontando vuelo sin admitir obstáculos ni fronteras. Este año, el Festival que se realiza en paralelo tuvo como figuras a Yamila Cafrune y Teresa Parodi, y un imponente marco de público que acompañó en la Defensa Sur.

 

Por A.S.

 

El fin de semana que pasó, Concepción del Uruguay fue sede del décimo quinto encuentro de música entrerriana organizado por el Movimiento “De Costa a Costa” (DCAC). Una movida que se realiza todos los años habitualmente en dos oportunidades, en ambas orillas de la provincia de Entre Ríos. Como una ola que no para de incorporar caudal, el Encuentro convocó este año a unas 200 personas de la región –pero también de otras provincias– que acudieron a La Histórica con el propósito explícito de promover el conocimiento del amplio filón artístico y cultural del Litoral, formándose acerca de su historia, de sus fuentes y de sus creadores, y a la vez impulsando la apropiación, creación e intercambio desde las nuevas generaciones.

En esta edición el lema convocante fue “El canto comprometido”. Y desde esa consigna, se alienta la confluencia de distintas disciplinas artísticas tales como la danza, la literatura y la fotografía pero siempre centradas en la música del Litoral. A lo largo de tres jornadas los participantes conviven y comparten un trabajo interdisciplinario e intergeneracional, donde la música y la poesía son el lenguaje común, sustentado en el amor a la identidad, como consecuencia de su apropiación más genuina: en la creación colectiva.

Los miembros del movimiento encontraron una fórmula que concilia el desarrollo de sus carreras individuales con el extraordinario proyecto colaborativo que es el De Costa a Costa.

A corazón y pulmón, pero con incipiente apoyo institucional –felizmente algunos ámbitos públicos y privados empiezan a percibir lo relevante de esta iniciativa– el Encuentro queda en las manos organizativas de los oriundos del lugar donde se realiza, pero una vez iniciado todos sus integrantes trabajan codo a codo para que todo salga lo mejor posible. La mística que viene construyendo el movimiento DCAC hace que no haya calor ni frío ni tormenta que valga, y que de cada problema se construya una solución compartida.

Del mismo modo estos artistas jóvenes no encuentran contradicción entre sus proyectos personales –cada uno de ellos trae sus discos, sus producciones, su labor artística o docente, y un itinerario de creciente prestigio y reconocimiento– y el impulso denodado y sin especulación alguna a este potente movimiento que ya acumula quince encuentros y cinco festivales, además de centenares de personas involucradas en la siembra que van realizando y muchas otras concreciones que se acumulan año a año. ¿Cuál es la fórmula? Quizás sea más sencilla de lo que parece: cooperar, no competir. Pero para conocerla en detalle habrá que participar de los Encuentros que realiza este movimiento ejemplar, cuyos integrantes encontraron la manera de conciliar el desarrollo de sus carreras individuales con este extraordinario proyecto colaborativo.

 

TRES GENERACIONES

Cerca de 200 participantes tuvieron como sede de su actividad la ENET1 de Concepción del Uruguay. Llegaron desde diferentes puntos de la provincia, y acá los recibieron los responsables locales del Movimiento DCAC: Cecilia Castro, Angel Pini Muñoz, Atahualpa Puchulu, Facundo Torresan, a cargo de todos los aspectos organizativos. Desde Paraná vinieron Guille Lugrin, Chela Martinez Bader, José Bulos, Maru Figueroa, Olivia Reinhart, Juan Martin Caraballo desde Gualeguay, Natalio Sturla desde La Plata. Y una creciente cantidad de colaboradores y entusiastas participantes –muchos por primera vez– desde distintos puntos de la provincia y del país: llegan desde Haedo y Rosario, desde La Plata y la Ciudad de Buenos Aires, llegan integrantes de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, y vienen desde Santa Fe. Además, por supuesto, de Paraná, Nogoyá, Chajarí, María Grande, La Paz, Basavilbaso, Gilbert y Paysandú.

Como potente símbolo, la jornada inicial enlazó tres generaciones de música.

Como un potente símbolo de sus ambiciosos objetivos, la jornada inicial del Encuentro enlazó tres generaciones de música entrerriana. O más bien del Litoral, porque no hay fronteras en esta ola creciente.

El viernes, el primer día de febrero, en una jornada que había sido opresiva por el calor y la humedad, en la ENET 1 y ante el centenar de personas que llegaban, actuaron la Orquesta Cambacuá, de los Talleres Municipales locales –integrada por jóvenes de hasta 18 años–, luego la Orquesta De Costa a Costa –con todos los miembros del Movimiento– y el cierre estuvo a cargo de Los Concepcioneros, la formación uruguayense con más de medio siglo de actividad.

Tres generaciones de música entrerriana, enlazadas en un espacio común que a la vez respeta la diversidad de voces y de estilos, pero que se encarama con fuerza en los géneros de la región, siempre parándose sobre puntas de pie para ver más lejos.

De Costa a Costa es tan caótico y arrollador como sistemático y disciplinado: como un remolino de río embravecido que siempre sabe hacia dónde va, todo se ordena en la creación. Un torbellino de gurises chicos y de gurises grandes que no para de bullir: los mismos que en un ratito estarán pulsando sus instrumentos o cantando o recitando o bailando maravillosamente, ahora acarrean sillas o parlantes, ajustan cada detalle para que cada participante se amolde al lugar y para que el lugar pueda acomodarse a las necesidades. No hay estrellas. Cada cual viene con su bagaje.

Pero esto es de todos. Chela Martínez Bader o Martín Aquilini, que vienen de brillar en Cosquín, reciben saludos especiales por esa representación. Pero cada uno es solo uno más y así se evidencia a cada momento. Mezclados entre los participantes hay gente con “nombre” como los experimentados Raúl Ponce o Alcides Müller, pero acá “naide es más que naide”. Y hay espacio para todas las personas que quieren compartir la movida, porque el único requisito es querer hacerlo.

Por eso no sorprende, pero emociona, ver a Jorge Méndez (revelación en Cosquin 1965) o a los decanos de Los Concepcioneros, con 58 años de actividad, asistiendo conmovidos a la actuación de La Cambacuá, con esas voces frescas, luminosas, espléndidas, repasando parte del cancionero que ellos visitan o producen desde hace años. O a la Orquesta De Costa a Costa, donde las mismas caras que hasta recién destilaban sudor entre los preparativos, ahora refulgen de gozo al hilvanar las notas  que interpretan poco antes de dar paso a Los Concepcioneros. O a alguien “de otro palo” como el inoxidable Héctor Apeseche, disfrutando de una movida que lo moviliza como quizás ninguna otra...

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HACIA ADENTRO

La iniciativa nació como un encuentro “hacia adentro” de artistas y de cultores de las expresiones litoraleñas –canto, poesía, danzas, pero también literatura, perspectivas ambientales y sociales– y mantiene intacto y cada vez más fructífero ese sesgo, a partir de la intención de “reivindicar las voces, versos e instrumentos acallados ya sea por la desidia de no vernos a nosotros mismos o por la imposición mercantilista de músicas y culturas de distintos centralismos absorbentes de los auténticos sonidos de la Tierra”.

Este año, por ejemplo, hubo talleres de baile a cargo de Angel Cichero y Patricia Milesi. También un taller sobre composición poética donde la profe Ana María Gonzalez explicó cuestiones fundamentales sobre poesía (estructuras y estilos) y Guille Lugrin seleccionó ejemplos de la canción y la poesía litoraleña, para que luego los participantes se volcaran a un ejercicio creativo, que en apenas media hora fructificó en un abanico de propuestas que se expusieron entre alborozo y aplausos. El sábado y el domingo se realizaron talleres de creación colectiva, para todas las disciplinas artísticas con la coordinación de diferentes especialistas en estas materias (como danza y teatro) y talleres de ensamble, donde se pone en juego todo el intercambio de talento, técnica y mucha intuición sensible y artística.

Desde hace cinco años el Encuentro incorpora una instancia “hacia afuera”, un Festival para mostrar a la comunidad algo de lo que se hace en los talleres y ensambles.

Pero el Encuentro, desde hace cinco años, incorpora una instancia “hacia afuera”, con el mismo apellido pero  con otro nombre: el Festival “De Costa a Costa”, que trae la intención de mostrar a la comunidad algo de lo que se hace en la instancia inicial y señera. Y para ello, como un atractivo extra, el movimiento ha logrado al fin la colaboración de algunas de las esferas institucionales que le permiten dar un salto hacia lo comunitario.

Así, el Festival ofrece algunos nombres célebres, que reúnen prestigio y popularidad y llevan a que muchas personas se acerquen a disfrutar de artistas populares como Teresa Parodi o Yamila Cafrune, y gracias a eso se enteran de la existencia del movimiento y del encuentro, y conocen algunas muestras del trabajo que vienen desarrollando las nuevas generaciones de artistas, a la que de otro modo quizás no accederían. Además de una yapa más que valedera: una tardía apertura (aunque dice el saber popular que nunca es tarde) hacia glorias de la canción entrerriana como Víctor Velázquez o Jorge Méndez.

Glorias que, como paradoja del centralismo que criticamos pero reproducimos, son mucho menos conocidos que sus propias canciones entre el público de esta costa. ¿O acaso alguien, fuera de los “baqueanos”, reconocería por la calle a Méndez, el autor de un himno entrerriano como “Puerto Sánchez”, por más que todos hemos tarareado “Los gurises de la costa / qué lindos que son...”? ¿O a Victor Velázquez, compañero de andanzas de Jorge Cafrune o de José Larralde, cuya canción “Entrerriano y argentino” homenajea a su amigo Velázquez, el del “rancho color de tiempo” allá por Villaguay? ¿Cuánta gente se entera de quiénes fueron Abelardo Dimotta o Marcelino Román recién cuando se acerca por primera vez a una actividad del Movimiento?

 

Y HACIA AFUERA

Así, durante el día se lleva adelante el Encuentro, con todos sus talleres y vivencias, y también con las charlas con los consagrados del género, que vuelcan en un mano a mano con los participantes algo de sus experiencias y de la sabiduría derivada de ellas. Esta vez los musiqueros presentes (de las más variadas procedencias) pudieron disfrutar de la charla con Víctor Velázquez, con Jorge Méndez, con Teresa Parodi y con Yamila Cafrune.

Y si durante el día es el Encuentro, a la noche es el Festival. Lo previsto era que en las noches del sábado 2 y domingo 3 subieran (además de los prestigiosos artistas convocados) los ensambles realizados en el encuentro, las creaciones surgidas de los talleres. Pero la noche del sábado un temporal jugó una mala pasada: parte del escenario montado en la Defensa Sur se desplomó, y debió replantearse la programación.

Eso no impidió, como cuenta Cecilia Castro –una de las organizadoras–  que “después del mal trago, un Víctor Velázquez inmenso y un Jorge Méndez genial, cantaran para la gente y entre la gente” (porque no había sonido) que estoica esperó sentada pese al viento y el frío.

Ese estoicismo se compensó con creces el domingo, con una velada memorable: una multitud acompañó el cierre, se presentaron varios de los artistas entrerrianos que estaban programados, y las actuaciones de Teresa Parodi y, más tarde, casi cerrando, Yamila Cafrune, coronaron la intensidad de lo vivido… Unos minutos después de la ovación a Yamila (quien demostró ser mucho más que “la hija” del legendario Turco, con un repertorio emocionante y cerrando con dos piezas de Anibal Sampayo), casi a las dos de la mañana, cuando ya solo quedaban los organizadores y participantes del Encuentro, una bailanta fue el festivo cierre de la noche, con Marcia Müller y Miriam Gutiérrez haciendo vibrar a quienes quedaban y de paso, arengando como para que quede claro por dónde va la ola formidable que protagonizan: “¡Por más mujeres en los escenarios, por más diversidad en los escenarios!”

 

EL CANTO CON FUNDAMENTO

El sábado por la tarde el auditorio está colmado por los participantes del Encuentro. Será la hora de charlar con Victor Velázquez, en un mano a mano plagado de anécdotas y de emociones, con Atahualpa Puchulu como facilitador. El autor de “La primavera” verá emocionado que los gurises del movimiento hicieron una remera con su rostro y una copla de Marcelino Román, que Velázquez musicalizó y grabó hace ya varias décadas: "Si digo soy entrerriano / digo eso y mucho más, / digo soy americano / ¡y viva la libertad!". Velázquez dejará anécdotas y recuerdos, pero ante cada pregunta conceptual del Ata, la respuesta será una cita (de Atahualpa, de José Hernández...) y así, ante la pregunta inicial por el “canto comprometido” (consigna del Encuentro), don Víctor recita del Martín Fierro:  "Procuren, si son cantores, / el cantar con sentimiento, / no tiemplen el estrumento / por sólo el gusto de hablar, / y acostúmbrense a cantar / en cosas de jundamento”. Y luego no dudará, citando a Yupanqui: “Cada cual tiene su modo / la rebelión es mi cencia”.

Dice el Ata Puchulu, ya el lunes, reflexionando sobre lo vivido: "No solo por su canto comprometido, sino también por poner el cuerpo junto a la palabra, la figura de Víctor Velázquez se engrandece aún más, cuando se conoce lo caminado. En la charla pudimos conocer que no solo andaba caminos junto a Jaime Dávalos, sino también que compartía el canto con Víctor Jara, Violeta Parra y hasta componía con don Atahualpa Yupanqui. Sin dudas, don Víctor es uno de los últimos de esa estirpe de trovadores que caminaban el mundo para después llevar ese mundo, y sus situaciones vinculadas a los de abajo, al canto. ¡Y para mejor es entrerriano!”

En la bailanta de cierre, Marcia y Miriam hacían vibrar con su música y de paso, arengaron para que quede claro por dónde va la cosa: “¡Por más mujeres y más diversidad en los escenarios!”

Por esos mismos andares se lo ve a Jorge Méndez, otra gloria de la canción entrerriana, y otro rebelde con causa, como Víctor. Jorge no oculta la alegría de ver a tantos jóvenes devorando la raíz de la que se alimenta desde mucho antes de ser revelación en un Cosquín hoy quizás irreconocible, allá por 1965. El autor de tantas joyas del cancionero entrerriano se regocija merecidamente cuando sus manos sostienen el “Cancionero” editado por el Movimiento en junio del año pasado: una obra notable, que recoge maravillas de ayer y de hoy, clasificadas por estilos: chamamé, milonga, chamarrita, tanguito montielero, estilos y huellas, rasguido doble, ranchera, vals y mazurca. Las “especies más arraigadas de un mapa complejo y variado, compartido entre la cultura pampeana y la litoraleña”, como lo definen en la introducción, en contundente desmentida a la simplista identificación de la música entrerriana solo con la chamarrita.

A Jorge Méndez y a Víctor Velázquez les brillan los ojos: varias de sus composiciones integran el cancionero. No anduvieron en vano. Porque estos gurises grandes tomaron la posta, la multiplican, la siembran, la agrandan, la revolean por los aires del Litoral, a veces sin saber hasta dónde llegarán esas semillas, y en cada Encuentro –en invierno en la costa del Paraná, en verano en la costa del Uruguay– van cosechando, pero solo para volver a sembrar.

Por eso a Jorge Méndez y a Víctor Velázquez les brillan los ojos. Y no es para menos.

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LA PROPUESTA DE TERESA

Es un encuentro. De eso se trata. De encontrarse, de reconocerse, de verse las caras, de conocerse las voces, de hacerlas vibrar juntas. Y así durante tres días creadores e intérpretes de todas las edades se encuentran para intercambiar y mostrar su arte, en un espacio único en el país, como lo destacó Teresa Parodi en su actuación.

“Qué importante sería que en todos lados se produjeran iniciativas como es De Costa a Costa. Pero ojo: que sea como acá, gestionado por quienes lo impulsan y lo protagonizan...”, dijo Teresa Parodi.

Una emocionada Teresa Parodi lo dijo en voz alta, en el auditorio y después en el Festival: "Este gran guitarrista que me acompaña, Juan Manuel Colombo, me había hablado del trabajo maravilloso que se hace en estos encuentros. Yo esperaba que mi inviten al Encuentro De Costa a Costa. Estoy orgullosa de haber participado". Sí, Teresa lo dijo con toda claridad: único en el país, este Encuentro donde se juntan artistas ya consagrados y quienes no lo son tanto, con quienes recién inician el camino, con quienes recién se están arrimando, como así algunos curiosos provenientes de otros ámbitos creativos, que se arriman entre el asombro, la desconfianza y la maravilla.

Teresa agregó: “Qué importante sería que en todos lados se produjeran iniciativas como es De Costa a Costa. Y qué lindo sería que luego confluyeran en un gran Congreso Federal de nuestra música”. Y enseguida advirtió: “Pero ojo: que sea como acá, gestionado por quienes lo impulsan y lo protagonizan...”.

La propuesta de Teresa quedó flotando en el aire de la hermosa noche del domingo… ¿Anidará en las cabezas de quienes allí estaban? ¿La llevará la gran artista correntina a otras latitudes? El tiempo lo dirá...

Antes, en el auditorio municipal, Teresa había compartido un diálogo que resultó motivador para los participantes del Encuentro. Fue Guille Lugrin –otro de los impulsores del movimiento– a quien le tocó introducir a Teresa, marcando un aspecto de su obra que le resulta fascinante: las canciones de Teresa como un mundo literario, como cuentos, con palabras citadas textualmente de los protagonistas. Ese es el canto comprometido de Teresa Parodi, historias que hablan de la vida de su pueblo. La artista, que además viene de ser la primera ministra de Cultura de la Nación, se presentó con enorme sencillez, como cualquier otro participante del Encuentro: “Hola, soy Teresa, de Corrientes...”

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EL CHAMAMÉ REVOLUCIONARIO

Guille rescata el compromiso con el que Teresa se brindó: “Lo hizo por completo. Y algo muy importante para nosotros es que estuvo viendo los últimos cuatro o cinco ensambles y estaba muy impactada, por el trabajo, por la diversidad… Además, justo vio el ensamble de creación colectiva, que tiene teatro, música, danza y en el que había participantes desde 5 hasta 70 años de edad”.

Lugrin destaca además algunas cuestiones conceptuales que planteó la creadora de “Apurate José”:

“Me impresionó cuando Teresa planteó que el mercado baja una lógica, un patrón rítmico incluso, y arriba canta uno y otro, pero es una sola cosa la que se escucha. Y entonces en el medio de todo eso, que alguien cante un chamamé es revolucionario. Porque ahí se rompe con esa única forma que se escucha…”

Teresa también habló sobre Cosquín, y contó cómo en 1984, cuando ella subió por primera vez, volvía Mercedes Sosa, y tocaba Yupanqui. “Eso era como un verdadero templo. Contó que subió sola con su guitarra, iba a tocar dos canciones y por el fervor del público terminó haciendo nueve… Y cuando bajó había un tipo esperándola, con una tarjetita de una empresa grabadora. Pero era el público el que decidía, el que marcaba las prioridades a las discográficas. Hoy todo eso, decía Teresa, es exactamente al revés: son las grabadoras las que deciden quién está en el escenario, y la gente consume eso”.

Fue tal el impacto con que la artista presenció los talleres de ensamble del Encuentro, que motivó su reflexión y su aplauso por la noche, en el Festival. De allí salió también su propuesta de que en todo el país se realicen encuentros similares. Y Guille cuenta algo más: la artista adhirió a una carta abierta que el movimiento impulsa, en reclamo a que los festivales incluyan diversidad en los escenarios, diversidad en varios sentidos: de edades, de estética, por la mayor presencia de mujeres en los escenarios, para eliminar las clasificaciones, para no aceptar la imposición de formatos televisivos, que empobrecen las fiestas. Teresa Parodi puso su firma en ese nuevo manifiesto, que aun no se ha divulgado. Y esa firma suma potencia al reclamo del Movimiento De Costa a Costa que, como es cada vez más evidente, no nació para callarse las cosas. Todo lo contrario.

 

UN SÍMBOLO DE RESISTENCIA

¿Qué rescatan del Encuentro de este año? Algunas voces de protagonistas.

Maru Figueroa: "Es muy difícil aislar un solo aspecto del encuentro DCAC porque es un todo donde cada cosa que sucede está unida a otras y que se desenvuelve de manera orgánica. Una de las cosas que destaco de este encuentro en particular es la creatividad que afloró en los talleres. Después de brindar algunos elementos para la construcción de versos, rimas y estructuras poéticas como la copla y la décima, los participantes se agruparon de manera libre y crearon colectivamente algo que expresara algún tipo de compromiso de manera poética. Fue un estallido creativo y emergieron temas interesantísimos con posturas muy diversas. Asimismo sucedió con los escritos que cada ensamble preparó para presentar su interpretación en la puesta en común de los talleres. Fue una innovación que pensamos en función del lema de este encuentro y resultó un gran acierto que quizá retomemos en futuros encuentros".

Guille Lugrin: “Cada año se profundizan las miradas comunes que construimos, cada vez es más profunda la propuesta, esa es la sensación que tengo. Cada Encuentro tiene mucha gente nueva, y éste no fue la excepción, vinieron muchos gurises de Entre Ríos, y gente de otras latitudes, de La Plata, de Rosario, de Buenos Aires, que se renueva. Y estar con estas figuras tan entrañables, Teresa, pero también con Yamila (Cafrune) que es un poco como estar con el Turco Cafrune; o la participación excepcional de Edgar Monteañares, de Rosario del Tala, en la charla con Yamila; todo eso va directo a la vivencia y a la emoción, y nos pasó a todos. Tanto como ver en el escenario a Omar Peltzer, son cosas que calan muy hondo, tanto como lo puntilloso de la organización, aun con el inconveniente del sábado con el escenario. Pero aún en esos momentos uno ve la entrega de artistas como Jorge Méndez o como Omar, en el medio de la noche, casi sin sonido, o Victor, con sus 87 años… Cuando uno ve la entrega de esa gente comprende y comparte lo que es el canto popular...”.

Natalio Sturla: “¡Muchas cosas para destacar! Por ejemplo, hoy cuando nos despedíamos, el reconocimiento de los participantes, sorprendidos del trabajo colectivo, en función del repertorio de autores entrerrianos o regionales, la coordinación del Movimiento, todo el tiempo articulando la logística de las distintas actividades de una manera solidaria y a la vez natural, que fluye y nos permite encontrarnos tantas personas más el público que se va sumando en los talleres, en las guitarreadas, en los ensambles… todas actividades donde muchos de los participantes no se conocen, se encuentran allí por primera vez y materializan una canción. Y hago hincapié en la sorpresa de los participantes por lo que se genera en este Movimiento. Es muy clara la sensación de felicidad, de alegría, ante algo que no es habitual y que se genera en nuestro Encuentro, donde las individualidades están en función de lo colectivo, y el espacio que se genera para conectar a los participantes, en especial los gurises y gurisas que son nuestra prioridad como siempre dijimos, con los maestros, los referentes, y nosotros, la generación del medio, tratando de ser el puente que permite el enriquecimiento para todos”.

Chela Martínez Bader: "Todo lo vivido fue tremendo, muy contundente, muy fuerte... La presencia de estas dos mujeres, inmensas exponentes del canto comprometido, cada una con su historia. Tanto Yamila como hija de un icono, como lo fue su padre, pero también por ella misma; y Teresa, con toda su trayectoria, sus canciones, tan profundas, y con ese sentir litoraleño... Ambas con una coherencia, una profundidad admirables, son mujeres que hacen lo que dicen, y con ese aporte, tanto en el escenario como en las charlas, se vuelve todo mucho más claro. Por otro lado, nosotros en los encuentros anteriores siempre elegimos temáticas para que funcionaran como hilo conductor, y eso permite que haya resultados concretos de cada encuentro. Y han sido temas diversos, como la historia, el paisaje, el ambiente, la Liga de los Pueblos Libres, ritmos específicos como el tanguito montielero, como genuina expresión de la provincia. Y al haber transitado todas estas temáticas yo siento que la que abordamos este año, 'El canto comprometido' ha hecho que todo eso que venimos muy despacito desculando, tuviera ahora una contundencia formidable, y esto de planteárnoslo desde las preguntas, preguntarnos qué es el compromiso, por dónde pasa, y como músico uno debe elegir cómo expresarse y debe decidir qué ritmo, qué temática, qué autor elige... Entonces  se me vienen todos los anteriores encuentros encima, y ése logra reunirlos, como una poderosa síntesis, como una consecuencia de todo lo que viene sucediendo... Y todo lo que pasó en el encuentro fue impresionante. ¡Estoy muy contenta!".

Mauricio Castaldo: “Fue muy emocionante el momento en que la pequeña Juanita –hija de Juan Martín Caraballo, uno de los animadores del DCAC– cantó Pedro Canoero para Teresa Parodi y para todos los que estábamos en el auditorio local, cosa que luego se reiteró en el Festival, por la noche. Destaco la humildad, la apertura y el compromiso de Yamila Cafrune en otra de las charlas, como la profundidad y la sabiduría de Edgar Monteañares. Hermoso ver una vez más a jóvenes –entre los que se cuentan mis hijos Juliana y Gianni, como mi esposa, Mirta, que renueva los planes de sus clases de música en cada encuentro– aprender, tocar y compartir junto a enormes artistas como Alcides Müller, Marcia Müller, Miriam Gutierrez, Juan Manuel Colombo y todos los integrantes del Movimiento DCAC. Otro momento épico fue cuando el gran Jorge Méndez, Marcia y Miriam animaron con su canto y su música la fría y ventosa noche del sábado, mientras se esperaba la reconexión de la luz, tras la caída del escenario. Es un símbolo de la resistencia cultural que representa todo el DCAC. Aplaudo a mi compañero y hermano Guille Lugrín, que en la entrevista abierta a Teresa Parodi no dudó en preguntarle, cómo seguir pensando en el pueblo cuando el artista se queda a vivir en Buenos Aires. Me saco mi sombrero frente al DCAC y felicito a cada uno de sus integrantes y a todos los que hacen posible estos encuentros. Concepción del Uruguay y Entre Ríos pueden estar orgullosos de este movimiento”.

 

EL VUELO DE ESTOS PÁJAROS

La madrugada del lunes puso fin al Encuentro de Música Entrerriana. Mientras los organizadores, extenuados por el esfuerzo y el disfrute, seguían ocupándose de cada detalle ya concluida la fiesta, muchos regresaban a sus pagos, con la felicidad de haber compartido este notable espacio de formación y de creación, con artistas prestigiosos y populares; otros plenos por haberse incorporado a esa oleada cada vez más voluminosa que recrea y revitaliza la cultura litoraleña y entrerriana; otros, los más, comenzando a masticar lo que les dejó este entrañable Festival donde desde el escenario hay pocas concesiones al comercio y muchas referencias a lo que nos pasa, donde la canción habla como se habla debajo del escenario y la música suena a alpargatas pero también a aviones fumigadores, a sapucay pero también a la lucha de los de abajo. Mauricio Castaldo –profesor de historia en María Grande, investigador de las cosas nuestras y un intelectual de verdadero compromiso con el pueblo entrerriano– lo resume de manera magnífica: sin duda la ciudad y la provincia pueden estar orgullosos del Costa a Costa.

Y así cada vez más personas (y en especial cada vez más gurises) se apropian de una frondosa (y poco conocida) riqueza cultural, en una extendida y formidable construcción de puentes intergeneracionales que no para de crecer y que, como los pájaros de la canción de Aníbal Sampayo, va remontando vuelo sin admitir obstáculos ni fronteras.

 

Otra vez para encontrarnos

otra vez De Costa a Costa

la provincia se hace angosta

entre emociones y abrazos

recuperando el milagro

de un latir que sigue vivo,

cada año con más motivos

enlaza generaciones

en tesoros de canciones

de "canto comprometido".

 

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