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Unidad o domesticación

La reunificación de las centrales obreras tiene aspectos llamativos. Quien habrá de luchar por su salario si se calla el cantor, se preguntaba Horacio Guaraní.  Estando las centrales obreras unificadas se supone que tendrán mejores espaldas para la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores. Es solo un supuesto porque hasta el momento asoma como verdadero un acuerdo de cúpula para “mantener la paz, y la gobernabilidad”. La grave situación social es al parecer un tema de poca monta.

 

Por ANÍBAL GALLAY

 

En 1989 Carlos Menem inicia anticipadamente su mandato presidencial. La economía dejada por Raúl Alfonsín y con una inflación cercana al cinco mil por ciento parecía no tener solución. Apareció Domingo Cavallo quien echó mano de una receta ya usada: la convertibilidad. Un peso, un dólar. Un técnico diría “tipo de cambio fijo sostenido con deuda y la venta de activos.” Se puso en marcha un proceso de privatizaciones que hizo las delicias de don Álvaro Alsogaray. Desde hacía casi medio siglo  venia predicando que la única solución era dejar al  mercado marcar las reglas. Es decir quiénes se podían enriquecer y quiénes debían vivir en la indigencia.

Frente a este panorama el sindicalismo tuvo reacciones diversas. Aparecieron los colaboracionistas, otro grupo llamado los gordos y un grupo comandado por Moyano, que se opuso, pero sin salirse de la CGT. Víctor de Gennaro fundó la CTA (Confederación de Trabajadores Argentinos) y se posicionó como el más duro opositor y acusando a la CGT de apoyar las políticas antiobreras del menemismo. A poco de andar Hugo Yasky se instaló como principal dirigente de la CTA. Tuvo algunas críticas para con los gobiernos kirchneristas y se opuso con vehemencia al macrismo.

La reunificación

De acuerdo a la Ley de  Asociaciones profesionales, no puede haber más de una central obrera ni más de un sindicato por actividad. Este ley, que data de 1975, posibilitó que la mayoría de los dirigentes de perpetuaran en los cargos. Se consolidó la llamada “burocracia sindical”, a la que Yasky  denostó.  Durante el kirchnerismo intentó una y otra vez que el Ministerio de Trabajo le otorgara personería gremial. Nunca lo logró.

Una situación difícil

En estos días La CGT y la CTA realizaron una suerte de asamblea. La CTA volvió al redil cuyo cayado esgrimen con autoridad los mismos dirigentes sindicales tan criticados por De Gennaro, Micheli y por el propio Yasky. En esa suerte de asamblea estuvieron presentes el candidato Alberto Fernández, y el propio Máximo Kirchner “bajó línea”, cómo se solía decir.

La CGT reunificada declaró su apoyo a Fernández. Ello contraría una verdad supuesta: “los sindicatos no deben hacer política”. Bien puede preguntarse: ¿Qué harán, si no hacen política?. Es un tema que supera las pretensiones de estas líneas.

Domesticación y unidad

Fernández y el propio macrismo necesitan que haya paz. Los dirigentes sindicales de la CGT (a la que ahora se suma Yarsky y la CTA) argumentan que se debe garantizar la gobernabilidad. En criollo se traduce como “no andar haciendo reclamos”.

La situación actual es tan o más grave que la de 1992 cuando los dirigentes rebeldes crearon la CTA. Hoy la pobreza alcanza al 35 por ciento, el 52 por cien de los menores de 15 años son pobres, la desocupación supera el 10 por ciento.

Los salarios han perdido casi el 20 por ciento de su poder adquisitivo y la inflación será en el año de un 55 por cien. Como consecuencia de la retracción del consumo cierran empresas y la situación se agrava. La devaluación de la moneda genera cada vez más estrecheces en las familias de los trabajadores.

Es llamativa la decisión de la CTA,  una reunificación que parece formar parte de la campaña electoral. ¿Cuánto durará? Seguramente lo que dure la buena relación con el futuro presidente. Y esa buena relación es por el momento un acuerdo de cúpulas. Quedan en pie problemas  como las paritarias, el 35 por ciento de trabajadores en negro, la desocupación creciente y un etcétera prolongado. ¿Qué entidad se ocupa de estas cuestiones? Por ahora nadie. Ni siquiera la CGT unificada.

 

rubengallay@hotmail.com

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