A 29 años del asesinato del fotógrafo de la Revista Noticias, José Luis Cabezas, su compañero y amigo Gabriel Michi, reflexiona sobre el antes y después de lo que fue ese hecho, tanto el oficio como en la sociedad argentina.
Por GABRIEL MICHI (*)
Notas relacionadas:
Con su hermana Gladys y Gabriel Michi se inauguró la calle José Luis Cabezas en La Histórica
Concepción del Uruguay tiene la primera calle de la provincia que homenajea a José Luis Cabezas
Muchas veces se habla de que un episodio en la historia fue un hecho bisagra y marcó un antes y un después en esas sociedades. Aunque no siempre es así.
Y, a veces, esa frase termina representando simplemente un lugar común, vacío de sustancia. Sin embargo, el crimen de José Luis Cabezas –del que este 25 de enero se cumplen 29 años- es sin duda uno de esos hitos que dividen la historia y que generan esa grieta entre el antes y el después.
No lo digo como su compañero y amigo de José Luis –ya que obviamente me atraviesa toda una carga subjetiva cada vez que hablo de este tema- sino como un observador de la realidad, del periodismo y de la libertad de expresión, siendo este crimen el peor ataque contra este derecho desde el retorno de la democracia en la Argentina.
Una breve enumeración de esas diferencias en la previa y lo que vino después del asesinato que vistió de luto al país aquel 25 de enero de 1997.
- Antes del crimen de José Luis Cabezas había un periodismo de investigación en pleno apogeo, pero que no tenía sobre sí el fantasma de que podrían asesinar a un colega por el simple ejercicio de su profesión. Por lo menos no en democracia.
- Después del crimen de José Luis Cabezas se siguió profundizando el periodismo de investigación (incluso en el propio caso) pero sabiendo que el riesgo de muerte estaba allí amenazante.
- Antes del crimen las amenazas contra los periodistas se habían multiplicado y había una sensación de cierta soledad frente a esos casos, aunque se creía que eso no llegaría a mayores. Es decir, a un asesinato.
- Después del crimen la unidad que se consiguió entre los periodistas de todo el país fue tan grande que fuimos un colectivo unívoco en reclamo de Justicia, más allá de donde fueran, qué cargo ocuparan, en qué medio trabajaran o que ideología profesaran.
- Antes del crimen no se tenía dimensión de cuál era el estado de apoyo y la valorización que la sociedad tenía del periodismo y de los periodistas.
- Después del crimen se pudo ver cómo la sociedad se movilizaba codo a codo con los periodistas reclamando justicia por José Luis a la vez que seguía con total atención lo que pasaba con el caso.
- Antes del crimen de Cabezas el trabajo de los reporteros gráficos (pieza central del periodismo) no era lo suficientemente valorado hacia adentro de los propios medios ni tampoco ante los ojos de la sociedad.
- Después del crimen se tomó verdadera dimensión de la importancia trascendental que los fotógrafos cumplen en la búsqueda de la verdad, tal como fue el caso de José Luis, algo que lamentablemente le costó la vida.
- Antes del crimen no se tenía en cuenta cuál era la verdadera importancia que tenían sindicatos u organizaciones de periodistas en la defensa de este oficio.
- Después del crimen se pudo ver cómo esos colectivos de periodistas, fotógrafos y medios de comunicación podían unir fuerzas y anteponer diferencias en defensa de un valor superior que los abarcaba a todos.
- Antes del crimen el poder político y económico se sentía impune, tal como lo describió el autor intelectual del crimen, Alfredo Yabrán, cuando definió que “tener poder es tener impunidad”.
- Después del crimen se demostró que el buen periodismo –acompañado por la sociedad- le puede poner un límite a los poderes más oscuros y desnudar esas verdades que ellos quieren ocultar.
- Antes del crimen, la libertad de expresión no era algo que parecía estar en riesgo, por lo menos después de la noche negra de la dictadura.
- Después del crimen quedó en claro que a la libertad de expresión hay que defenderle en cada instancia porque de ella depende la democracia. Y porque no hay democracia sin libertad de expresión y no hay libertad de expresión sin periodismo.
Pero más allá de todas esas consideraciones generales que muestran que realmente hubo un antes y un después del crimen de José Luis en la historia argentina, vale destacar que también hubo un antes y un después desde el punto de vista humano –quienes estuvimos cerca lo pudimos observar y vivenciar con mucho dolor- en la familia Cabezas.
Un antes con un padre, hijo, esposo, hermano lleno de amor y pasión por su familia y su profesión. Y un después plagado de dolor y ausencia. Y eso no hay que olvidarlo nunca. Como tampoco el reclamo de memoria, verdad y justicia por José Luis. En eso FOPEA, como ARGRA, Sipreba, Fatpren, ADEPA y otras organizaciones vinculadas a la prensa, deben tener un lugar primordial y central, en defensa de un periodismo comprometido con la verdad y a la libertad de expresión. Y de un periodismo comprometido, en definitiva, con la sociedad y la democracia. Y contra los atropellos del poder -sea cual sea- y sus intentos de silenciamiento.
A 29 años del crimen que partió las aguas del periodismo argentino y marcó un antes y un después lo, volvemos a gritar:
No nos olvidamos de José Luis Cabezas
¡¡¡ Cabezas, presente!!!
(*) Periodista - Compañero y amigo de José Luis Cabezas
Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectoresSumate a la comunidad El Miércoles mediante un aporte económico mensual para que podamos seguir haciendo periodismo libre, cooperativo, sin condicionantes y autogestivo. |

El Miércoles Digital Concepción del Uruguay – Entre Ríos



