La autora del texto reflexiona sobre nuestro medio ambiente, lo necesario de los humedales en nuestras vidas cotidianas, y lo ilustra con un breve texto tras un simple paseo por la Avenida de la Isla del Puerto de Concepción del Uruguay: "... funcionan como una gran esponja natural: cuando el río crece o llueve mucho, absorben el agua y ayudan a que no todo termine inundando la ciudad. En épocas de sequía hacen lo contrario: retienen humedad y sostienen la vida. Además, refrescan el ambiente en los días de calor intenso y capturan carbono, algo clave frente al cambio climático", destaca.
Por DELFINA ECKART (*)
Domingo a las 20.25, 31 grados
Pedaleada, aire fresco. Qué placer bicicletear por las calles de la Isla del Puerto y sentir el fresco en todo el cuerpo, un domingo de febrero cuando el día empieza a aflojar.
Voy llegando al final del camino para tomar la rotonda que me devuelve a casa. Escucho los pájaros: cantos distintos, alguna chicharra que ya avisa el calor de mañana. Al pasar la plaza, siento un vientito inesperado, un aire fresco increíble. Me sorprendo y miro hacia el costado del humedal: los charcos, el monte, el barro. Y ahí, sin rodeos, agradezco el regalo de la naturaleza.
Tenemos un espacio increíble para pasear, jugar, refrescarnos, tomar algo, pedalear, salir a caminar con amigos, hacer un picnic mirando la luna. Tenemos un circuito para conocer el monte desde adentro, para caminar despacio y cruzarnos con aves de todos los colores y sonidos. Podemos hacer todo eso porque esto existe. Porque todavía está. Ahora.
Y febrero no es un mes cualquiera: es el Mes de los Humedales, un buen momento para frenar un segundo y mirar distinto lo que tenemos tan cerca. Para entender que ese frescor no es casualidad.
Los humedales funcionan como una gran esponja natural: cuando el río crece o llueve mucho, absorben el agua y ayudan a que no todo termine inundando la ciudad. En épocas de sequía hacen lo contrario: retienen humedad y sostienen la vida. Además, refrescan el ambiente en los días de calor intenso y capturan carbono, algo clave frente al cambio climático.
Pero también son territorios productivos. Sostienen la pesca artesanal, la ganadería de bajo impacto y el turismo de naturaleza. Proveen agua para actividades agropecuarias y ayudan a mantener suelos fértiles. Desde Fundación Humedales / Wetlands International Argentina señalan que estos ecosistemas no son “tierras improductivas”, como muchas veces se los ha tratado, sino sistemas vivos que generan beneficios económicos reales cuando se los gestiona de manera sustentable.
Sin embargo, los humedales están entre los ecosistemas más amenazados del planeta. Según el reporte 2025 de la Convención sobre los Humedales (Ramsar), desde 1970 se han perdido alrededor de 400 millones de hectáreas a nivel mundial, y la velocidad de esa pérdida es actualmente tres veces mayor que la de los bosques. Las principales causas son el cambio de uso del suelo —urbanizaciones, infraestructura, agricultura intensiva—, la contaminación, las especies invasoras y el cambio climático. Si continúan estas tendencias, hasta el 20 % de los humedales restantes podría desaparecer para 2050, con enormes consecuencias ecológicas, sociales y económicas.
Cuidar nuestros humedales y montes no es una moda ambiental. Es una forma real de cuidarnos. Para que ese vientito fresco de un domingo a la tarde siga existiendo. Para que la pedaleada, los pájaros y el alivio del calor no sean un recuerdo, sino parte de la vida cotidiana en Concepción del Uruguay.
...los humedales están entre los ecosistemas más amenazados del planeta. Según el reporte 2025 de la Convención sobre los Humedales (Ramsar), desde 1970 se han perdido alrededor de 400 millones de hectáreas a nivel mundial, y la velocidad de esa pérdida es actualmente tres veces mayor que la de los bosques.
Y para eso también hace falta tomar decisiones: poner límites a los avances urbanísticos sobre áreas sensibles, planificar el crecimiento de la ciudad con criterios ambientales claros y repensar la idea de “desarrollo” en un contexto de crisis climática que ya estamos viviendo. Olas de calor más intensas, lluvias extremas, sequías prolongadas: frente a esos escenarios, los humedales y el monte nativo no son un obstáculo para el progreso, sino una defensa natural.
Este mes (y todo el año) vale recordarlo: ese aire fresco que sentimos al pasar es el humedal y el monte haciendo su trabajo. Cuidemoslos.
(*) Licenciada en Comunicación Social.
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