A 44 años del desembarco argentino y recuperación de nuestras Islas Malvinas, reproducimos este artículo publicado al cumplirse el trigésimo aniversario; una entrevista a dos combatientes uruguayenses que son referencia de lo que pasó y quedó marcado a fuego en nuestra memoria colectiva.
La nota a Ulises Monzón y Armando Scévola fue realizada por Américo Schvartzman y Valentín Bisogni con la colaboración de Juliana Vázquez. Este texto forma parte del libro "Voces nuestras" editado por la Cooperativa El Miércoles.
Ulises Monzón y Armando Scévola, ex combatientes
"Los que quedaron en las islas nos dejaron venir para que contemos su historia"
Los ex combatientes Ulises Quico Monzón y Armando Scévola, treinta años después, volvieron a las Islas Malvinas y al regreso dialogaron con El Miércoles.
A los 10 años, a los 20 y ahora a los 30 años de Malvinas, los ex combatientes uruguayenses van completando su memoria vital sobre el suceso tremendo (la guerra) que marcó sus vidas. En esta entrevista, revisan lo vivido en el regreso a las Islas y dan vitalidad a cada una de sus palabras. En la mesa están las publicaciones que muestran las entrevistas anteriores.
Llevamos veinte años hablando de Malvinas con Quico y Armando. Tienen algunos años más, pero hay muchas inflexiones en su voz que no han cambiado. En 1992 se cumplían diez años de la experiencia de Malvinas cuando los entrevistamos por primera vez, para la revista Juntos, una breve experiencia periodística local. Monzón y Scévola dejaron varias frases para la historia. Las palabras de ambos estaban cargadas aún de la vivencia imborrable: “Si un hijo mío tuviera que ir a pelear a Malvinas, haría lo imposible por evitarlo, pero si no puedo, me voy con él”.
Veinte años después de la guerra volvimos a hablar con estos mismos hombres, ya en las páginas del semanario El Miércoles, y en plena crisis: corría 2002. Todavía eran excepción los medios que mostraban algún interés en la palabra de los uruguayenses que habían participado de una experiencia tan trascendente como traumática. Otra vez Quico y Armando dejaron expresiones contundentes, referidas a sus sentimientos ante lo ocurrido, pero también a la amarga experiencia del regreso: “Si volviéramos, lo haríamos pensando que nos volverían a cagar”. O: “Nos sentimos mejor tratados por los ingleses cuando fuimos prisioneros, que durante la posguerra”.
Sin embargo, algo cambió al llegar a los 30 años de Malvinas. Por un lado, la sociedad argentina vive –empujada en buena medida por la labor de los excombatientes—una recuperación del tema, no sólo de la vigencia del reclamo de soberanía, sino también respecto de la forma en que se relacionó con los jóvenes a los cuales se utilizó en aquella aventura. El dato contundente es el mismo desde hace años: si la guerra costó 649 vidas, la posguerra se llevó a otros 500 que no pudieron reincorporarse a la “normalidad” y escogieron el suicidio. Los ingleses mataron casi tantos combatientes como la incapacidad de la sociedad argentina de hacerse cargo de sus ex jóvenes inmolados en vida como carne de cañón en la locura de un militar irresponsable, bancada por una sociedad tan irresponsable como él.
Pero hay otro elemento notable que da motivo a este nuevo encuentro, a tres décadas de Malvinas: Quico, Armando y Ricardo Lucero, volvieron a Malvinas. Aquello que parecía imposible en las entrevistas anteriores, ahora se concretó.
A su regreso de una semana en las islas, reencontrándose con quienes fueron ellos mismos tres décadas atrás, y con sus compañeros que quedaron allá, en esta entrevista cuentan sus vivencias y dan un nuevo paso en este largo diálogo sobre ese amor austral que marcó sus vidas.
¿Cómo fue volver a las islas?
Ulises: Ha sido muy fuerte. Es intransferible la experiencia, es espiritual. Muy difícil de expresar lo que sentimos interiormente.
Armando: Fue como liberarnos de un peso que teníamos encima: es como si recuperaras algunos años de tu vida. No tener más esa duda que perduró 30 años, de encontrar realmente cómo fue la situación en la que estuviste. Puede ser porque teníamos poca edad o porque pasó tan rápido todo, pero es un sufrimiento raro que se sintió durante todo ese tiempo en Malvinas. Es la espera, la ansiedad de que si va a haber un combate que sea de una vez (porque vos ya sabés que va a haber uno); todo eso fue acumulando un montón de cosas que no las pudimos descargar. No nos dio tiempo para descargarlas. Y, yo cuando volví, seguí sintiendo esa carga, hasta ahora que regresamos a la isla. Es como descubrir por qué estuviste ahí, para qué estuviste y de la manera en que se dieron las cosas. Son sentimientos raros, que no podemos explicar, pero es como haber traído algo que quedó allá, recuperarlo.
En una de las entrevistas anteriores decías que sentías que la guerra los había hecho madurar de golpe y ahora sentís como la contracara de eso, como que recuperaste algo de lo que habías perdido en ese momento.
Armando: Las sensaciones fueron cambiando acorde al paso de las décadas. Nosotros nos fuimos de acá como héroes a combatir, y volvimos como villanos y fuimos tapados como villanos. Esos fueron los errores que a nosotros nos tuvieron en el anonimato durante muchísimos años. Nosotros llegamos a la conclusión de que, a nosotros, los civiles que teníamos instrucción militar para defender a nuestra Nación, nos pegaron con una dictadura que venía desde el año '76, para no hacerse cargo de los soldados. Entonces las opiniones nuestras con respecto a la vuelta de Malvinas han sido distintas. Primero nos veíamos bien, después nos queríamos ir pero había que tener el pasaporte. Luego, cuando cumplimos el objetivo de recuperarnos desde el dolor, trabajar con los compañeros que más lo necesitaban, tarea que nos llevó unos 15 a 20 años y que fue lo más grande que nos pudo pasar; en lo personal empecé a sentir esta sensación de volver a Malvinas. Y cuando regresamos yo me sentí como que volvía a casa. Fue muy emotivo y también fue como una cura porque la verdad que a mí me pasa siempre, que extraño Malvinas; no la violencia sino lo vivido.
¿Sentiste también esa calma, esa recuperación?
Ulises: Sí, claro. Yo cuando dormía y pensaba en Malvinas tenía frío, frío en el alma. Ahora como que me acuesto y tengo una cobija. Fue muy fuerte la vuelta, fuimos a la tumba de nuestros compañeros que dejaron todo para que nosotros pudiéramos seguir. Y al ser una experiencia compartida hicimos como un mea culpa ahí en el cementerio mismo; después sí cada uno en su posición la hizo.
¿Por qué un mea culpa? ¿Sentís algo en particular con respecto a los compañeros tuyos que no volvieron?
Ulises: Claro, uno de los dolores más fuertes que yo siento sobre la guerra es que los compañeros míos que quedaron, entre 18 y 20 años, no tuvieron la posibilidad de vivir la vida que tuvimos nosotros, más allá del dolor que pasamos. Yo siento que pude venir gracias a ellos.
Armando: Hay una cosa que a mí me sucedió al rato de que logré calmar esa emoción que te entra por encontrar algo de lo que quedó ahí, de lo que uno tuvo o vio cuando estuvo en el lugar. Fue cerrar los ojos por un instante y ver a cada uno de mis compañeros ubicados en su posición, sentir los gritos y hasta por un instante sentir el olor del momento. Volvés a sentir todo: ves cada cara de tus compañeros con la misma edad de ese momento; tal es así que vos mismo te ves en el lugar. Yo vi y sentí en este viaje a Sírtori, uno de los que se suicidó posteriormente a la guerra, lo veo a él agachado en el pozo en el mismo lugar, abajo mío, cargando las municiones. Lo ví ahí, golpeando las municiones para meterlas en la banda de la ametralladora. Eso que fue cerrar los ojos por un instante; pasaron tantas cosas por mi cabeza. Sentí como que liberé algo, es como estar muy cansado y de pronto te sentaste, descansaste y te recuperaste; es algo similar a eso.
Ulises: Cuando nosotros volvimos de la guerra estábamos como tapados. Después cuando empezamos a salir a la luz no podíamos contar la realidad que habíamos pasado porque nadie quería escucharla. La imagen que ustedes tenían era del soldado que lloraba, que tenía frío, que no combatió, que se asustó. Era un trauma que teníamos.
Había varios estereotipos. Uno era ese, otro era el ex combatiente loco que quizás te mataba.
Ulises: Claro. Y nosotros logramos romper eso con el trabajo de hormiga que hacíamos, íbamos a hablar a las facultades, nos miraban con los ojos así y decían: ¿éstos que están contando? Pero bueno, era la verdad.
Era una especie de exilio interno.
Ulises: Sí. Y eso explotó a los 25 años del regreso recién, ahí empezó a saberse realmente lo que hizo el soldado argentino.
Hubo hechos que fueron importantes para eso. Uno fue el libro de Edgardo Esteban (Iluminados por el fuego).
Ulises: Sí, pero ése es un libro con el que nosotros no estamos de acuerdo.
Armando: Tiene su importancia todo, más allá de que después se pueda cuestionar, se pueda estar de acuerdo o no.
¿Cuándo tuvieron ustedes plena conciencia de la manipulación de Malvinas, de cómo la dictadura había intentado usar esa causa para conseguir la adhesión del pueblo?
Ulises: Nosotros en aquel momento no sentimos haber ido a Malvinas manipulados por el Proceso, por más que fuera así. Fuimos convencidos, queríamos ir. Lo que sí, nos sentimos usados y manipulados con todo lo que fue el regreso y por todos los gobiernos constitucionales. Hasta el día de hoy, los gobiernos hacen mucha propaganda, pero no hay cosas resueltas.
A los 20 años, uno de los casos más impactantes era la cantidad de suicidios.
Ulises: Sí. La Presidenta salió a decir que iba a hacer un hospital para los veteranos, después de 30 años. Nunca es tarde, pero yo quiero que dentro de dos o tres años me digan: che, acá está el hospital. Quiero que me lo muestren. Desde el principio el Estado no se hizo cargo de contener a esas personas y de reinsertarlas en la sociedad; y darles un trabajo en igualdad de condiciones, como deberían haber hecho y no lo hicieron. Otro resultado son los casi 500 suicidados después de la guerra.
¿Qué proyectos tienen para continuar?
Armando: Seguir reivindicando la causa y la historia; que se sepa la verdad de los soldados que estuvieron en la trinchera. Ahora, sobre las cosas a seguir, se va a hacer un documental sobre todo el material que trajimos. Hoy muchos chicos te preguntan cómo es ahora y vos tenés la posibilidad de decírselo directamente. Ahí está el fruto del laburo nuestro. Nosotros hemos logrado instalar el tema en las escuelas.
Hoy la Sala (la Sala Daniel Sírtori, que funciona en el Correo) cumple una función muy importante, creo. Hoy ya los chicos van a buscar material para trabajar, cosa que antes no sucedía. La gente que ha seguido nuestro viaje, parece mentira la cantidad que va alentándote para que sigas para adelante. Es como que todos nuestros hermanos que quedaron allá nos dejaron venir para que contemos la historia de cada uno de ellos.
ENTREVISTA DE AMÉRICO SCHVARTZMAN Y VALENTÍN BISOGNI CON LA COLABORACIÓN DE JULIANA VÁZQUEZ.
La entrevista original fue publicada en el N° 264 de El Miércoles, en el mensuario de junio de 2012.
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