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“Es un partido de fútbol, punto. No busquemos otra cosa, no hay más"

La frase de Leonel Scaloni en la conferencia de prensa posterior al triunfo frente a Suiza, pone en el lugar que corresponde al partido que vuelve a enfrentar a los seleccionados de Argentina e Inglaterra. Rivalidad deportiva si la hay para los que amamos y nos apasionamos con el “juego más lindo”, pero que no deja de ser lo que el atinado y responsable seleccionador señala: Un partido de futbol.

 

Por GUSTAVO SIROTA (*)

 

Para no olvidar que es solo un partido de futbol, “máxima expresión de la cultura popular de nuestra patria” me parece una muestra de sensatez y de legítima memoria histórica el documento de la “Federación de Veteranos de Guerra de Malvinas - 2 de Abril”, que pone paños fríos en medio de bravuconadas chauvinistas y frases altisonantes de muchas/os que se rasgan las vestiduras ante un partido, pero callan cada día frente a la entrega y claudicación de nuestro patrimonio y nuestra soberanía.

Creo firmemente, como lo expresa el comunicado que “el deporte no es la guerra” y que resulta “fundamental trazar una línea inquebrantable entre el fervor deportivo y la causa nacional”. Gobernados por un admirador confeso de la criminal de guerra Margaret Tatcher, asistiendo impávidos a que nuestra patria se convierta en un enclave neocolonial, “el grito de “¡Malvinas Argentinas!” debe ser “un ejercicio vivo de memoria y soberanía” ante tanto genuflexo de camiseta, bandera y vincha.

Adhiero al comunicado, que replico al final de mí breve opinión, y dejo una breve semblanza de nuestra rivalidad deportiva con los equipos de “la nación usurpadora”. Ojalá que “el fútbol sea un puente para malvinizar y para recordar al mundo que nuestro reclamo sigue más vigente que nunca”.

Desde lo deportivo la rivalidad es añeja. La primera victoria de un seleccionado argentino sobre Inglaterra, el 14 de mayo de 1953, dio origen a la fecha que conmemora el “día del futbolista argentino”. Aquella tarde en River fue triunfo 3 a 1 con goles de Rodolfo Micheli y dos de Ernesto Grillo, el primero, el del transitorio empate, dejando tres rivales en el camino y definiendo de zurda, casi sin ángulo, ante la salida del arquero.

Recordar también el 21 de agosto de 1971, cuando “Las Pioneras”, la primera selección de argentina de futbol femenino, derrotó a Inglaterra en el estadio Azteca por 4-1, con cuatro goles de Elba Selva y una actuación memorable de su compañera Gloria “Betty” García. Fecha inolvidable para el deporte del país y que desde 2020, por Ley Nº 27.596, estableció el 21 de agosto como el “Día de la Futbolista Argentina”.

En los torneos mundiales de futbol cinco veces nos ha tocado – será la sexta el miércoles – cruzarnos con el seleccionado “pirata”. Dos triunfos, el que jamás olvidaremos en México 1986 y en 1998 por penales, y tres derrotas es lo que marcan las estadísticas.

En Chile 1962 compartiendo el grupo con Bulgaria y Hungría. Fue derrota 3 a 1 para los dirigidos por Juan Carlos “toto” Lorenzo. El recientemente fallecido, José Francisco Sanfilippo, hizo el gol de Argentina que quedó rápidamente eliminada.

En 1966 volvimos a cruzarnos. Esta vez en Wembley en el recordado partido de “la expulsión de Rattin”. El capitán de nuestro equipo que fue expulsado en el primer tiempo disconforme con los fallos de un arbitraje escandalosamente parcial. La imagen de Rattin retorciendo el banderín del corner con los colores “piratas” es parte del imaginario del futbol argentino. No está de más recordar que Inglaterra ganaría aquel torneo con un “gol que no fue” – el de Geoff Hurst - en la final contra Alemania.

México 1986 nos volvió a cruzar, esta vez en cuartos de final. 22 de junio en el estadio “Azteca”, el día de la "mano de Dios" y del "gol del siglo" después de dejar “en el camino tanto inglés para que el país sea un puño apretado” como lo inmortalizó el relato de Víctor Hugo Morales. Esa tarde, aquel día, el “barrilete cósmico” se convirtió en “D10s” para toda la eternidad futbolera.

Nos quedaban dos cruces más con la “nación usurpadora”. Por octavos de final en Sain-Étienne en 1998. Gabriel Batistuta y Javier Zanetti hicieron los goles de un 2 a 2 que se definió en penales. Aquel día las manos de Carlos Roa dieron el triunfo y el pase de ronda a nuestra selección.

Corea – Japón en 2002 marca el último enfrentamiento con el equipo de “la pérfida Albión”. En fase de grupos con gol de Beckhman Argentina perdió 1 a 0. Recordado equipo dirigido por Marcelo Bielsa, que llegó como candidato, y tras dejar una pálida imagen quedó eliminado prontamente.

Que el miércoles “ganen los nuestros” y eso sea motivo de legítimo festejo. Que patria no sea gritar un gol cada cuatro años. Que Malvinas sea cada día, hasta que nuestra “hermanita perdida” vuelva a casa.

 

 

EL SENTIMIENTO MALVINERO NO SE NEGOCIA: LA MEMORIA SE DEFIENDE EN CADA CANCHA

Ante las instancias finales de la Copa Mundial de la FIFA 2026, que sitúan a nuestra Selección Nacional en una semifinal de alto impacto histórico frente a Inglaterra, junto a los cruces de Francia y España en el cuadro europeo— naciones con un profundo lazo en la historia, la diplomacia y el reclamo de soberanía de nuestro archipiélago—, la Federación de Veteranos de Guerra de Malvinas emite el presente comunicado a la opinión pública, a los medios de comunicación y al pueblo argentino.

El fútbol, como máxima expresión de la cultura popular de nuestra patria, despierta pasiones que a menudo se entrelazan con nuestra identidad nacional. Entendemos y compartimos la emoción de estar entre los cuatro mejores equipos del planeta. Sin embargo, como custodios de la memoria de los 649 héroes que quedaron en las islas y en las aguas del Atlántico Sur, consideramos fundamental trazar una línea inquebrantable entre el fervor deportivo y la causa nacional.

Desde esta Federación queremos manifestar:

• El deporte no es la guerra: El partido de semifinales es un evento deportivo de alcance mundial, no una revancha armada ni una compensación histórica. La soberanía se defiende en los foros internacionales, con la diplomacia, la verdad histórica y el reclamo pacífico e irrenunciable que dicta nuestra Constitución Nacional.

• Rivales en la cancha, una sola causa en la tierra: Aunque el fixture nos enfrente a la nación usurpadora, y el cuadro global sume a potencias con peso específico en la geopolítica de nuestras islas, el verdadero triunfo argentino radica en que el grito de “¡Malvinas Argentinas!” flamee con orgullo en cada tribuna, sin caer en la xenofobia ni en el odio, sino como un ejercicio vivo de memoria y soberanía.

• Honor y Gloria eternos: Pedimos a la sociedad, a los comunicadores y a la hinchada que acompaña a la Albiceleste que, al alentar al equipo, mantengan en lo más alto el respeto por quienes dieron su vida por la Patria. Que el fútbol sea un puente para malvinizar y para recordar al mundo que nuestro reclamo sigue más vigente que nunca.

La pelota rueda, el orgullo por nuestros colores se multiplica, pero la memoria permanece intacta. Jugamos por la gloria deportiva, pero marchamos todos los días por la verdad histórica.

(*) Docente uruguayense

 

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