BNA
Inicio » La Ciudad » “Nace una escuela en medio del derrumbe”: ciencia pública y memoria comunitaria

“Nace una escuela en medio del derrumbe”: ciencia pública y memoria comunitaria

El Laboratorio de Patrimonio Documental del INES CONICET-UNER, llevó adelante la ordenación, clasificación y descripción técnica de más de 168 archivos que reconstruyen la historia de la lucha colectiva por el edificio de la Escuela Secundaria Nº 16 de Concepción del Uruguay, la cual celebró su 25° aniversario.

 

En Concepción del Uruguay, la Escuela Secundaria Nº 16 «Congreso de Oriente» y el Laboratorio de Patrimonio Documental de Entre Ríos —perteneciente al Instituto de Estudios Sociales (INES, de doble dependencia CONICET-UNER)— impulsaron conjuntamente el conversatorio y muestra titulada “Nace una escuela en medio del derrumbe”, en el marco de la conmemoración del 25° aniversario de la institución. Una propuesta enfocada en reconstruir la historia de una escuela que sufrió un derrumbe a finales de la década del ‘90 –enmarcada también en la crisis socioeconómica de ese entonces– a partir de la palabra de sus protagonistas y la recuperación de un amplio acervo documental preservado por la propia comunidad.

Sobre la génesis de esta iniciativa, el Dr. Federico Brugaletta, investigador del INES, comentó cómo se inició el vínculo con la institución: “La escuela nos convoca en agosto, a partir del gesto de una madre de exalumnos que había donado una caja con documentación sobre la lucha por el edificio propio, durante la crisis del 2001. Dentro del INES, una de nuestras líneas es la investigación histórica y la historia de la educación; el trabajo articulado con archivos escolares, es justamente, una de nuestras líneas de transferencia y vinculación”.

En ese sentido, el equipo del Laboratorio llevó adelante la ordenación, clasificación y descripción técnica de más de 168 documentos —entre recortes periodísticos, cartas, petitorios, fotografías y actas— donados por Marisa Arrieta, madre de ex alumnos de la escuela, que custodió, durante 25 años, en una caja transformándolo en el registro histórico del reclamo.

Respecto al sentido profundo de este abordaje archivístico, Brugaletta enfatiza el enfoque colaborativo del Instituto: “El trabajo que hace el INES con las escuelas es de cooperación, no de extracción. Los documentos le pertenecen a las comunidades. Nuestra labor es colaborar para que esos documentos se organicen y se describan para darle acceso público, pero permaneciendo en sus propias instituciones. Nos parece muy importante usar los archivos para hacer ciencia y producir conocimiento histórico, pero lo que más nos interesa es producir conocimiento con otros”.

Este trabajo de vinculación e investigación histórica participativa permite resguardar los documentos en las mejores condiciones dentro del establecimiento educativo, generando un archivo accesible tanto para la investigación académica como para el ejercicio activo de la memoria colectiva.

Para Pedro Kozul, becario posdoctoral del CONICET en el INES e historiador, el proyecto cobra un sentido personal único, ya que fue alumno del jardín, de la Escuela Primaria N.º 109 y de la propia Secundaria N.º 16. “Para mí personalmente es muy emotivo. Hace varios años que cuando me convocan de la escuela siempre vengo, porque es algo muy lindo y necesario retribuir a quienes nos formaron y nos permiten hoy ser quienes somos”, expresa. Y agrega sobre el valor de este trabajo participativo: “La concreción de este archivo que dejamos para la institución va a prevalecer a lo largo de muchas generaciones. Tiene un valor muy potente porque, desde distintos enfoques y perspectivas, se podrá reconstruir parte de esa historia que no solo es la de una institución, sino la de un colectivo mucho más amplio y la de un país en un momento sumamente convulso”.

Resistencia social y refugio frente al derrumbe

A finales de la década de 1990 y durante el estallido social de 2001, la antigua infraestructura escolar sufrió un deterioro crítico que culminó en derrumbes parciales. En medio del colapso socioeconómico nacional, la comunidad del barrio no solo reclamó por un edificio digno, sino que convirtió a la escuela en un espacio de contención, alimento y resistencia. Las clases continuaron de forma itinerante y precaria en galpones, clubes y espacios prestados de la ciudad. La lucha por el edificio propio se transformó así en un emblema de dignidad comunitaria.

Sobre aquel periodo vertiginoso de movilización, Marisa Arrieta rememora el impacto personal y colectivo de sostener el reclamo: “Empecé guardando notas, recortes de diario, respuestas…en ese momento, salimos a juntar firmas por toda la ciudad en apoyo a la escuela. Fue un cúmulo de emociones y de imágenes: la escuela derrumbada, los chicos dando clases en todos lados, las reuniones con los docentes y los papás, las marchas, los cortes de calle”, recuerda.

A su vez, Arrieta remarca cómo esos documentos guardados en su hogar cobraron un valor histórico trascendental para la comunidad: “Tenía todo guardado en un bibliorato y luego en una bolsa para que no se llenara de tierra. Cuando empecé a sacar cosas de mi casa le dije a mi hija: ‘Tengo esto, no lo quiero tirar porque le tiene que servir a alguien, a la escuela o a la comunidad’. Esta escuela va a trascender y nosotros fuimos parte de que se levantara; la escuela es nuestra desde sus inicios”.

Una lucha comunitaria

En esta lucha existió una trama humana de familias, estudiantes y docentes, simbolizando  la convicción de que la educación pública se construye y se defiende colectivamente. Silvia Garnier, docente de la institución durante aquellos años y militante gremial de AGMER, aporta su mirada sobre las complejas condiciones en las que se sostenía el día a día escolar. “Cuando vine a esta escuela por primera vez, lo que más me llamó la atención era que uno pasaba por el frente pero no sabía cuáles eran las verdaderas condiciones de un edificio, que aparentemente desde afuera, era hermoso. Pero una vez que se convirtió en mi espacio laboral, nos dimos cuenta de la realidad edilicia, con problemas de construcción muy serios. Asimismo, las familias venían con sus chicos, la escuela tenía comedor y uno participaba de toda esa realidad”.

Garnier destaca también la fuerte cercanía comunitaria que definió el espíritu de la institución y el valor transformador de la educación pública: “La comunidad de esta escuela se distinguía porque a las madres las encontrabas a la mañana a la hora de entrada y muchas veces compartían hasta el izamiento de la bandera. Siempre las familias estuvieron muy involucradas, organizando campañas solidarias para los chicos que no la estaban pasando bien”.

Reflexionando sobre el impacto a largo plazo de esta gesta colectiva, la docente concluye: “Yo siempre se lo digo a los chicos: valoren esta escuela, porque esto que ustedes están disfrutando es fruto de una comunidad que se puso al hombro tener su propia escuela. La educación pública ha ido posibilitando que estos alumnos pudiesen hacer una carrera y estar donde están; para eso somos los docentes de la escuela pública, para sostener esa movilidad ascendente que nos posibilitó todo este desarrollo”.

Fuente: Medios Uner.

 

Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectores

Sumate a la comunidad El Miércoles mediante un aporte económico mensual para que podamos seguir haciendo periodismo libre, cooperativo, sin condicionantes y autogestivo.

[fbcomments]

Destacado

Arene, Tobar García y la Expo Rural recibieron aportes

La Municipalidad de Concepción del Uruguay realizó este jueves una nueva entrega de aportes económicos …