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Agentes medioambientales fumigan las calles de la capital de Murcia para combatir el coronavirus. (MARCIAL GUILLÉN EFE)
LA PANDEMIA Y LOS ENTRERRIANOS POR EL MUNDO (III)

Coronavirus en España: "no nos viene bien morir ahora"

Desde España, Diego Martínez –dramaturgo y periodista-- comparte esta nota acerca de cómo se vive la pandemia en aquella parte del mundo.

Por DIEGO DAMIAN MARTÍNEZ (*)

Ver también: Cómo se vive la pandemia en el resto del mundo, en primera persona

Sábado 21 de marzo de 2020, Molina de Segura, Región de Murcia, España

 

Estimado lector, escribo desde donde vivo, un tercer piso de 90 metros cuadrados. Aquí llevo nueve días sin poner un pie en la calle. Con mi familia comenzamos el aislamiento un día antes de que el Presidente de España anunciara el Estado de Alarma. Desde entonces mi única salida al exterior son los pequeños balcones que tenemos en el living-comedor y en la habitación.

Desde mi escritorio, escucho pasar un patrullero policial que nos recuerda, a través de megáfono, la prohibición de salir de nuestras casas; incluso no se permite el traslado a una segunda vivienda. Tenemos permitido solamente salir para casos de necesidad, como comprar alimentos, medicamentos, sacar al perro o ir a cuidar personas mayores.

“NO ME VIENE BIEN MORIR AHORA”

En nuestro caso la que sale a hacer compras, de momento, es mi mujer. El otro día llegó con anécdota propia de estos sucesos: en la despensa más cercana los dueños atienden con guantes y barbijos, y solamente dejan entrar dos clientes a la vez. El resto tiene que esperar afuera, a un metro de distancia de cada uno. Sin embargo, cuando ella ya estaba en el interior del negocio, entró un tercer hombre fuera de su turno excusándose que solo venía por una Fanta. “¡La Fanta, la Fanta, solo vengo por una Fanta, ¿dónde tienes la Fanta?”, repetía mientras caminaba por las góndolas. Desde el mostrador, la dueña le pidió que espere afuera su turno y que tome distancia de la mujer que tenía al lado o iba a llamar la policía. “¡¡¡Ay, la policía, la policía!!! Si total, vamos a morir todos”, respondió cínicamente el irresponsable. “A mí no me viene bien morir ahora”, refutó la comerciante con esa gracia que tienen los murcianos y agregó: “Así que sal afuera o vete a otro sitio”. El hombre entendió que en ese lugar acataban las medidas del Gobierno, como la mayoría de los españoles.

Hasta el momento en que escribo, según el diario El País, ya hay más de 30.000 denuncias y 350 detenidos por saltarse la cuarentena. Una situación que provocó el enojo de un médico andaluz, que expresó su ofuscada indignación en un video que no tardó en hacerse viral. “Estoy yendo a trabajar y veo cientos de personas por las carreteras, ¿pero dónde cojones van? ¡No nos están ayudando para nada! En el hospital no damos abasto”. A pesar de ser un país donde siempre se destacó la excelencia del sistema de salud pública, hoy se encuentra colapsado por donde se lo mire. Debido al faltante de camas por el elevado aumento de infectados en pocos días, el Ejército ha construido hospitales de campaña en varias regiones. Y en Madrid dos hoteles se han convertido en edificios hospitalarios.

"La cuestión más delicada y dura a la vez, en la que se ven comprometidos los profesionales de la salud, es de índole ética y humana: tienen la orden de priorizar la atención porque no hay máquinas de respiración asistida para todos".

Pero la escasez de espacio para atender a los pacientes más graves no es la única desdicha a la que se enfrentan los trabajadores sanitarios. En un grupo de whatsapp de médicos de la Región de Murcia, en el que mi pareja es una de las integrantes, sus colegas van dando fe sobre el faltante de barbijos y vestimenta adecuada. Doctores y enfermeros han tenido que improvisar, con bolsas de basura, ropa de trabajo. Y en la ciudad donde vivimos, Molina de Segura, un taller de confección textil de baja demanda comenzó a fabricar barbijos reutilizables. De todos modos, en las últimas horas, el gobierno central ya ha comenzado a distribuir materiales nuevos que acaban de llegar a la península ibérica.

Sin embargo, la cuestión más delicada y dura a la vez, en la que se ven comprometidos los profesionales de la salud, es de índole ética y humana: en la comunidad madrileña, los médicos tienen la orden de priorizar la atención porque no hay máquinas de respiración asistida para todos. Es decir, entre un enfermo con pocas posibilidades de sobrevivir y otro con un cuadro de probabilidades de mejoría, deben optar por el segundo. No obstante, siguen atendiendo al primero, pero con menor asistencia. “Es un estado de guerra”, repiten varios médicos y enfermeros. La semejanza a una situación bélica también se da con el creciente número de muertos, tanto en pacientes como en agentes sanitarios y policiales.

BAJO UN SOLO MANDO

El estado de alarma que el primer gobierno de coalición de izquierdas en la historia de España tuvo que decretar, tiene una característica muy particular: todos los servicios públicos de salud, transporte y de seguridad quedan bajo el mando de los respectivos ministerios del gobierno central. Es un caso especial para un país con una organización política muy diferente a la de Argentina. La Madre Patria está dividida en Comunidades Autónomas (Galicia, Andalucía, Euskadi, Cataluña, Región de Murcia, Madrid, Castilla-La Mancha, etc) y cada una de ellas cuenta con bastante autonomía en su gobierno. Es decir, cada servicio público de cada Comunidad lo administra cada uno de los gobiernos autonómicos. Por lo tanto, el hecho de que ahora esté todo bajo la administración central es un caso extraordinario que se está dando por segunda vez en la democracia española.

"Todos los servicios públicos de salud, transporte y de seguridad quedan ahora bajo el mando de los respectivos ministerios del gobierno central".

Esta situación provoca encontronazos entre algunos de los presidentes de las Comunidades y el presidente del país, Pedro Sánchez (PSOE); a pesar de que Sánchez es un defensor de los gobiernos autonómicos. Esta falta de costumbre de acatar la orden de un único gobierno no se entendería si se ignora cómo está organizada España. Esto sumado a los conflictos de independentismo, diversidad cultural e idiomática, partidos políticos con una marcada identificación izquierda o derecha, e incluso una viva discusión sobre la “identidad nacional”. Motivo por el cual el Presidente hizo una fuerte alusión y llamamiento a la unidad. Igualmente, el decreto está en marcha y las demás esferas gubernamentales están acatando con normalidad. Y la sociedad española se une a las 20 horas de cada día para aplaudir, desde los balcones, la labor de sus agentes sanitarios.

Suerte contraria recibió el Rey cuando dio un discurso por televisión en alusión al coronavirus. Una gran mayoría de sus conciudadanos acudió a un método made in Argentina: cacerolazo, también desde los balcones. No es para menos, ya que en medio de esta crisis, renunció a una herencia monetaria de parte de su padre con acusaciones de irregularidades financieras; dando a entender que la Corona admitía esas sospechas. Muchos pedían la donación de ese dinero a la salud pública. Pero en su intervención, no dedicó ni una palabra a los oscuros ingresos de Juan Carlos I.

QUEDARSE EN CASA

Habrá crisis económica en España, al igual que en otros países europeos. En consecuencia, las últimas noticias recibidas de parte de la Unión Europea están vinculadas a este aspecto. La entidad ha expresado que no se estimarán gastos para paliar las consecuencias en materia de economía de sus Estados miembros.

Sin menospreciar ni desvalorizar el alcance que pueda llegar a tener una crisis de cualquier país de la UE, lo más probable es que poco tenga que ver con los resultados que el coronavirus puede provocar en Latinoamérica. La fortaleza de este agente infeccioso reside en su rapidez de contagio y su tardía manifestación. Argentina reaccionó lo más temprano que pudo. Es poca cosa, pero más que suficiente y necesario, lo que cada uno, desde su lugar, debe hacer para reducir los efectos desastrosos que dejará este virus: lavarse repetidamente las manos con jabón, taparse con el codo al estornudar o toser, mantener distancia de un metro entre personas y, la más efectiva de todas, quedarse en casa. Algo tan simple como eso hará que el después no sea tan duro para todos.

 

 

(*) Dramaturgo, guionista y comunicador social, reside en España desde 2017.

 

 

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