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Cuando el éxito no alcanza: una edición floja de la Fiesta de la Playa y los desafíos que vienen

La Fiesta Nacional de la Playa volvió a ocupar un lugar central en la agenda cultural y musical de la región, con cinco noches consecutivas de espectáculos y una grilla integrada por artistas de reconocimiento nacional y bandas anfitrionas. Sin embargo, más allá del despliegue técnico y de la convocatoria lograda, esta edición dejó la sensación de haber sido una de las más débiles de las organizadas desde el inicio de la segunda gestión del intendente José Lauritto.

 

Por PEDRO PARPAGNOLI de INFOCELDU

 

Es innegable que el festival sostuvo estándares profesionales en materia de sonido, iluminación y montaje escénico. El escenario y la puesta técnica estuvieron a la altura de grandes eventos del país, permitiendo que más de 180 músicos pasaran por el Predio Multieventos en condiciones adecuadas. Artistas como Pim Pau, Topa, Las Pelotas, Damas Gratis, DJ Alan Gómez, La Joaqui y Luck Ra ofrecieron shows de calidad, y el público respondió con entusiasmo, especialmente en la noche de cierre.

No obstante, la fortaleza artística y técnica no logró disimular una debilidad estructural que atravesó a toda la edición. La fiesta pareció carecer de una identidad clara y de una narrativa renovada que la proyecte más allá de una sucesión de recitales exitosos. En ese punto comenzó a notarse el desgaste de un modelo que, si bien funcionó durante años, hoy parece necesitar una actualización profunda.

«Resulta importante subrayar que quienes hoy llevan adelante esta floja edición son los mismos equipos que, en ediciones anteriores, lograron catapultar a la Fiesta de la Playa a convertirse en una de las fiestas más importantes de la región, no sólo por la calidad artística de sus grillas,

La percepción sobre la el impacto real de la fiesta no se vincula únicamente a la grilla musical, sino también a las consecuencias que el evento provoca en la ciudad.

En este contexto, no puede dejar de considerarse la incidencia del escenario económico general, tanto a nivel local como nacional. La situación del país, marcada por restricciones presupuestarias, caída del consumo y un clima de prudencia financiera, pudo haber condicionado el desarrollo de esta edición. Del mismo modo, el cuidado extremo de los recursos por parte de la comisión organizadora —orientado a garantizar la continuidad del evento y evitar desbordes económicos— aparece como un factor que posiblemente influyó en decisiones artísticas, logísticas y comunicacionales.

La percepción de una fiesta débil no se vincula únicamente a la grilla musical, sino también al impacto real que el evento deja en la ciudad. La pregunta que sobrevuela esta edición es qué le aporta hoy la Fiesta de la Playa a Concepción del Uruguay más allá del entretenimiento puntual. ¿Genera identidad propia? ¿Refuerza el sentido de pertenencia local? ¿Deja un legado cultural, turístico o simbólico duradero?

A esto se suma una sensación creciente de repetición: artistas que recorren la región sin diferenciar demasiado cada plaza, menciones confusas sobre ciudades vecinas y una falta de anclaje claro con la historia y el sentido original de la fiesta, que nació ligada al río Uruguay y a un escenario natural que hoy quedó relegado. El traslado definitivo al Predio Multieventos, si bien resolvió cuestiones logísticas, también parece haber diluido parte del espíritu fundacional del evento.

La debilidad de esta edición instala así un interrogante hacia adelante. Con el próximo año como el último de la actual gestión municipal, queda abierta la incógnita sobre si habrá una apuesta fuerte para relanzar la Fiesta de la Playa o si continuará un esquema que muestra signos de agotamiento. Renovar caras, ideas y formatos no debería interpretarse como una crítica destructiva, sino como una necesidad natural cuando los modelos no se actualizan y comienzan a cansar.

También aparece aquí una reflexión necesaria sobre el rol de los medios de comunicación. Señalar falencias y abrir debates no debería entenderse como un ataque, sino como parte de una función social que busca contribuir a mejorar aquello que es patrimonio de toda la comunidad. Decir la realidad no debería ofender cuando el objetivo es fortalecer.

La Fiesta Nacional de la Playa sigue siendo un evento importante, convocante y con potencial. Pero esta edición dejó señales claras de que algo necesita replantearse. Reconocer las falencias, comprender el contexto económico y animarse a pensar nuevas estrategias puede ser el punto de partida para recuperar la fuerza, la identidad y el sentido de una fiesta que supo destacarse no solo por sus artistas, sino también por su organización, su proyección y su capacidad de sorprender.

 

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