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Deuda externa: Olmos Gaona explicó los (des)manejos de gobiernos militares y democráticos

El investigador, historiador y escritor no ahorró críticas a gobiernos democráticos de diferentes facciones ideológicas, como también a los militares, por el irresponsable manejo de la deuda externa argentina desde 1976 -cuando comenzó la última dictadura- hasta el período actual. Remarcó que los bancos, la burguesía, y los sectores especulativos son los beneficiarios y el gran perjudicado el pueblo. Siempre.

 

Por JORGE RUBÉN DÍAZ de EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

El salón de actos ‘Alejo Peyret’ fue escenario, el miércoles 31 de octubre, de la charla que brindó Alejandro Olmos Gaona. El público, compuesto mayoritariamente por estudiantes del nivel medio y de la Facultad de Gestión de la Uader, aprendió -gracias a su buen sentido didáctico, con lenguaje simple y ejemplos concretos- sobre una temática que no es bien difundida por los grandes medios de comunicación y la clase política en general, ya sea por desconocimiento o por conveniencia.

Introdujo su disertación “sobre un sistema económico y financiero que no funcionó y que se están viendo las consecuencias”.

Invitó a reflexionar el por qué “de la sistemática violación de la ley” en la Argentina desde hace años. Incluso citó el libro de Juan Carlos Nino ‘Un país al margen de la ley’, donde los diferentes atajos en los contratos firmados siempre han beneficiado al interés privado en perjuicio del interés público.

 

“UN PAÍS QUE NACIÓ ENDEUDADO”

Su charla se convirtió en una clase. Como buen docente que también es, lo hizo en orden cronológico desde “la Argentina que nació endeudada”, empezando por el ‘empréstito Baring Brothers’ de un millón de libras esterlinas, de 1824, otorgado por los ingleses tras los frustrados intentos de las invasiones de principio del siglo XIX, para reemplazarlo a un proceso de dominio a través de la economía, no sólo de nuestro país sino de todos los países americanos y “no para beneficiar a los pueblos sino a los banqueros, que hicieron grandes negocios”.

“Argentina no tiene esas disquisiciones si es fraudulenta o no, si hay funcionarios involucrados en grandes fraudes con el Estado, jamás ningún gobierno ha querido cuestionarla”.

Para quienes no lo sepan de ese primer ‘crédito’ al país, por los diferentes descuentos de los usureros más gastos administrativos, llegaron sólo 96 mil libras esterlinas del millón otorgado, y a lo largo de 80 años con todos los intereses terminamos pagando cinco millones de libras esterlinas recién en 1903 con el gobierno del General Julio Argentino Roca.

Algo similar ocurrió en Ecuador, país del cual fue auditor del presidente Rafael Correa (2007-2017), “al investigar toda la historia de la deuda de ese país se encontró que recién en 1976 terminaron de pagar una deuda también contraída en 1824, tras permanentes refinanciaciones que generaban cada vez más intereses. Fue insólito”, graficó.

En su exposición jamás cayó en descalificaciones, pero fue lo suficientemente sutil para poner en duda el comportamiento de la clase dirigente argentina y no tildarlos directamente de corruptos: “A veces es duro hablar de las retribuciones que perciben ciertos funcionarios del Estado, de cómo se someten al sistema financiero, de cómo creen que hacen un gran negocio, que lo hacen con la plata del pueblo argentino, no de ellos”.

Aclaró que la Argentina siempre contrajo deudas pero que, en muchos casos, fue bien utilizada “porque una cosa es contraer deuda para emprendimientos productivos, como construir ferrocarriles, puertos, caminos,  etcétera, y otra cosa muy distinta es contraer deudas para pagar otras deudas en beneficio de un sector minoritario que hizo grandes negocios con esas supuestas inversiones”.

“Al presupuesto 2019 ¿quién lo lee?, los que entendemos algo de economía y sólo lo básico".

LA BISAGRA DE 1976 Y LA DICTADURA

Olmos Gaona considera esencial a la etapa que se abrió el 24 de marzo de 1976 con el golpe de Estado: “Uno de sus primeros actos fue modificar el Código Civil y Comercial, que en su Artículo 1º establecía que ante cualquier pleito que tuviera la Nación Argentina tenía que ser juzgado en los tribunales del país, más allá que la Constitución también lo establecía. El cambio consistió en que prorrogamos nuestra jurisdicción a favor de cualquier juez extranjero”. El país empezó a pedirse préstamos a Estados Unidos y Gran Bretaña, y nos exigieron que ante cualquier litigio fuéramos a los tribunales de sus propios países.

Recordó que en la década del 70 empezó a regir una operatoria inexistente hasta entonces: “Los países árabes no sabían qué hacer con el dinero del petróleo y lo pusieron en bancos europeos y norteamericanos, que empezaron a prestar plata indiscriminadamente, pero antes se aseguraron que ante cualquier problema para cobrarse fuésemos a litigar en Estados Unidos”.

Tanto Estados Unidos como Gran Bretaña modificaron sus legislaciones para que cualquier país que se sometía a la Justicia extranjera podía ser juzgado en esa jurisdicción. “A partir de ese momento la soberanía argentina empezó a ser relativa y no absoluta”, destacó.

Y ahí profundizó un poco más sobre lo peligroso que eso significa: “Los contratos de deuda no fueron contratos convencionales. Todas las cláusulas siempre estuvieron a favor de los acreedores, no había posibilidad de que el Estado nacional pudiese defenderse”, lamentó.

El dinero del endeudamiento durante el Proceso de Reorganización Nacional se utilizó únicamente para los negocios especulativos. “Esto no lo digo yo -afirmó-, fue luego de la pericia que pidió mi padre (Alejandro Olmos) en plena dictadura, los peritos de la Justicia Nacional, que eran tres académicos importantísimos de la Facultad de Ciencias Económicas, determinaron que esa deuda no tenía justificación económica, financiera, ni administrativa y que no se sabía los destinos de esos fondos, aunque años después se supo que el 40 por ciento se fugó del país, el 30 por ciento se utilizó para pagar intereses de la fuga y el 30 por ciento se utilizó para compras de armamentos e importaciones no declaradas”, detalló.

“Los propios economistas que han defendido las políticas del actual gobierno se dan cuenta que estamos en un callejón sin salida”.

Fueron 45 mil millones de dólares en los que los jerarcas militares y sus cómplices civiles endeudaron al país desde 1976 hasta 1983.

“¿Por qué el problema de la deuda está invisibilizado y no se quiere recordar la historia de la deuda?”, se preguntó en varios pasajes de su exposición, y él mismo respondió: “Porque de esa deuda, el 45 por ciento era de empresas privadas que en 1982, a través de una serie de resoluciones de Banco Central, fue estatizada y transferida al Estado Nacional. Es decir, a toda la comunidad. El entonces presidente del BCRA era Domingo Felipe Cavallo”. “Las empresas beneficiadas no fueron pymes ni de los obreros, fueron las grandes empresas internacionales y nacionales. Toda esa deuda fue en su gran parte fraudulenta, ficticia, creada deliberadamente por un conjunto de empresas para beneficiarse ilícitamente. Esa deuda la seguimos pagando al día de hoy”, agregó.

“También se entró en la falacia de creer de que hay dos deudas: la vieja de la dictadura y la nueva del 85 en adelante. Está probada que es exactamente le misma deuda permanentemente refinanciada”, aclaró.

“NINGÚN GOBIERNO RECLAMÓ A LAS EMPRESAS LA DEUDA QUE PAGAMOS TODOS”

Cuando asumió Alfonsín en 1983 se inició una investigación sobre esa deuda privada con unas auditorias en el Banco Central, “pero las autoridades de la entidad intentaron que fracasara -informó- pero a pesar de la precaridad de la investigación, en 1985 tuvieron que archivarla porque se habían puesto en claro el fraude de todas esas empresas. Entre las que estaban Ford, Renault Argentina, las del Grupo del actual Presidente de la Nación que tenía tres: Fiat Sevel, Sideco Americana y Socma, más Celulosa Argentina, Papelera Río Paraná, Pérez Compact, etcétera. Todas las empresas que hoy se ven en los medios criticando ciertas políticas, que la Argentina debe tener cierta seguridad jurídica, todas ellas defraudaron a la comunidad y nunca ningún gobierno les reclamó el dinero que había pagado por ellos”.

Esa auditoria fue presuntamente destruida en 1992. “Afortunadamente, pude reconstruir parte de ella porque varios de los que intervinieron tenían duplicados oficiales de lo que habían investigado. Fue presentada a la Justicia, pero en estos momentos está más preocupada por los ‘cuadernos’ y otras cosas antes que ese monstruoso fraude que en 1985 era de 23 mil millones de dólares”.

Un resumen del avance de la deuda externa en el país. (Imagen: Mario Bottarlini).

 

LA ÉPOCA MENEMISTA Y LA VERGÜENZA DE YPF

“Lo primero que hizo (Carlos) Menem fue dictar una ley de reforma del Estado, con lo que se vendieron todos los bienes públicos. Se instrumentaron una serie de cambios en la carta Orgánica en el Banco Central”, recordó.

La deuda que había seguido creciendo en 1992 llegó a 62 mil millones de dólares. El entonces Presidente se acogió al Plan Brady, instrumentado en EEUU, por el cual todo país que aceptaba someterse a ese plan vería disminuida su deuda en un porcentaje determinado, alrededor de un 35 por ciento.

“Este año se van a pagar 746 mil millones de pesos de intereses de la deuda, en cambio para salud y educación, viviendas, agua potable, ecología, medioambiente, etc,  hay apenas  500 mil millones de pesos. Hay 246 millones más para el pago de la deuda”.

Allí detalló Olmos Gaona lo que sucedió con las empresas públicas: “Se determinó que con sus ventas cualquier tenedor de bonos podía comprarlas a un 17 por ciento de su valor nominal. Por ejemplo, si una empresa salía mil millones podían comprarla a 170 millones. Así se vendió YPF, Aerolíneas, Agua y Energía, los teléfonos.  El caso más emblemático fue YPF, que en 1930 era una de las petroleras más importantes del país que construyó escuelas, hospitales, organizó ciudades en los lugares más lejanos. Cuando asumió la dictadura tenía una deuda de 363 millones de dólares y la elevaron a seis mil millones de dólares”, contó sobre el endeudamiento forzado de la empresa emblemática.

Ese Plan Brady fue apoyado por la banca internacional siempre y cuando el Gobierno vendiera todos los bienes públicos. En 1995 no quedó nada de las riquezas argentinas “que a pesar de su burocracia y los argumentos de siempre, ‘que había demasiado personal, etcétera’, acá no hubo reestructuración de nada, simplemente se vendió la empresa”, lamentó.

Aquí Olmos Gaona dijo algo central para tener en cuenta: “Los que colaboraron para que se vendiera la empresa fue la propia dirigencia política de la Argentina. Cuando se vendió YPF, salvo honrosas excepciones, fue votada por unanimidad en ambas Cámaras del Congreso”.

Las evidencias demostraron que esas políticas ocasionaron la enorme decadencia del país que comenzó en 1976 y sigue hoy de manera indetenible. Cuando Menem se fue la deuda era de 145 mil millones de dólares y además a esas empresas no las teníamos más.

 

DE LA RUA, DUHALDE, KIRCHNERISMO

Cuando asumió Fernando De La Rúa (1999) firmó un megacanje endeudando nuevamente a la Argentina en una enorme cantidad de dinero. Después llegó Duhalde y las cuentas públicas empezaron a mejorar porque la deuda se dejó de pagar, se pagaron las obligaciones pero el grueso de la deuda que eran 82 mil millones de dólares no se pagó y creció la economía en esos años.

En el 2003 asume Néstor Kirchner como Presidente, quien también tuvo un manejo “irresponsable” sobre la deuda. “Kirchner hizo una reestructuración de la deuda que critiqué mucho porque en su decreto de marzo de 2004 estableció tres pautas que eran las mismas de antes: 1) que los contratos de deuda se sometían a la soberanía extranjera renunciando a su identidad soberana, 2) aceptaba la intermediación de EEUU y 3) recontrató como abogados externos de la Nación en Estados Unidos a un estudio de abogados de Nueva York que, curiosamente, siempre habían sido abogados de los acreedores y siempre defendieron sus intereses. Y lo más grave es que tuvo el aval del procurador general de la Nación, que avaló el dictamen determinado por los acreedores e incluso argumentó que, como no conocía la legislación norteamericana, confiaba en la palabra de los abogados de los acreedores: estaban negociando 32 mil millones de dólares”, remarcó. Y continuó: “En 2012 y 2013, gobierno de Cristina Kirchner, en plena discusión con los ‘Fondos Buitres’, cuando les informé de quiénes eran esos abogados y cómo se manejaban, me contestaron que sí, que era muy problemático lo que yo mostraba pero que sabían bien qué eran buenos abogados. Así nos fue en la Corte de Nueva York y con el juez (Thomas)  Griesa, de buenos abogados que eran”, ironizó.

Finalmente, después de las dos reestructuraciones de 2005 y 2010, la deuda externa bajó pero la interna creció porque se usaron fondos de la Anses para financiarla, y esa deuda se modificó. “No es que el país se desendeudó como falsamente se afirma. Las cuentas públicas son irrefutables, se pagó acá pero nos endeudamos por allá. Por supuesto que es más fácil deberle al Anses que al Citybanck, a Morgan, etcétera, pero esa modificación determinó que se cambiaran bonos por otros, intervinieron el Indec para simular el índice inflacionario”. Resultado final: en diciembre de 2015 la deuda pública del país era de 240 mil millones de dólares, de acuerdo a la información oficial del Ministerio de Economía.

 

LA ERA MACRI Y UN ENDEUDAMIENTO SIN PRECEDENTES

Para concluir, el investigador dedicó unos cuantos minutos de su oratoria para referirse a estos tres años de la gestión Cambiemos: “Su primer acto de gobierno fue mandar una ley al Senado y Diputados para pagarle a los ‘Fondos Buitres’. La deuda con ellos había arrancado en noviembre de 2003, los gobiernos kirchneristas no tuvieron consciencia de la peligrosidad de esa deuda, dejaron que el proceso avanzara y cuando vino la primera sentencia dijeron que no la iban a pagar. Cuando llegó la de la Corte de Nueva York hicieron los mismo y, si la Argentina aceptó someterse a otras jurisdicciones, debe cumplir con los fallos pese a las apelaciones”, puntualizó. “Macri siempre quiso pagarles a los ‘Buitres’ y a todos, porque para su mentalidad privatista era fundamental cumplir con los usureros. Expuse ante los senadores del Congreso y les dije que lo que se estaba negociando era un fraude, pero la voluntad era pagarles para seguir endeudando a la Argentina”, razonó.

Además, explicó el manejo irregular de la aprobación de la Ley de Endeudamiento donde se reconoció el pago de una deuda a determinados acreedores “que oscilaba entre 842 y 848 millones de dólares, sin precisar el monto, total lo pagaba el pueblo”, dijo para demostrar la liviandad e irresponsabilidad de nuestros gobernantes. “Lo votaron mayoritariamente los senadores de todas las fuerzas políticas. Esa ley generó una emisión de bonos de 16 mil millones de dólares. A partir de ahí empezó a generarse una deuda que no tiene antecedentes en la historia del país. Jamás un gobierno emitió tanta cantidad de deuda como el actual, y esto es información oficial que responde a información pública, que está en el Ministerio de Economía”, subrayó.

Es tan grave que si consideramos que la Dictadura endeudó al país en siete años en 37 mil millones, el Gobierno actual en dos años hasta el día de hoy emitió deuda por 140 mil millones de dólares, que sirvió una parte minoritaria para pagar obligaciones anteriores, pero una enorme cantidad para la especulación que conocemos, la fuga de capitales y para las obligaciones de gastos corrientes pese a la ley que lo prohíbe.

“El Gobierno actual en dos años hasta el día de hoy emitió deuda por 140 mil millones de dólares”.

“Si bien es deuda que emitió el Gobierno es conveniente plantear que todos los decretos del presidente Mauricio Macri autorizando la emisión de bonos y todas las resoluciones de la Fiscalía de Finanzas y del Ministerio de Hacienda están fundadas en el presupuesto, aprobadas por la mayor parte de la dirigencia política, porque argumentan que el país no puede quedar sin presupuesto. El senador Miguel Ángel Pichetto (PJ)  afirmó que “sería un papelón que la Argentina no lo tuviera’”.

Para Macri es la única manera que tenemos para financiarnos, porque si no debemos emitir moneda y eso es generador de inflación y que el déficit no siga siendo lo que es. “Pareciera que la deuda no es generadora de déficit-razonó Olmos Gaona-, siempre se habla de un déficit primario y no el financiero”, acusó.

 

LAS TRAMPAS Y LA INDIFERENCIA

Hizo hincapié en un elemento para nada menor: la indiferencia popular ante tanta tecnocracia y complejidad con que se plantea la macroeconomía, pero que, de todos modos, repercute en nuestro presente y condiciona el futuro. “Al presupuesto 2019 ¿quién lo lee?, los que entendemos algo de economía y sólo lo básico, nos damos cuenta de algunos puntos fundamentales. Hubo algo que no pasó del tratamiento en Diputados, por suerte. Querían modificar un artículo sobre la Ley de Administración Financiera, donde el Gobierno puede reestructurar la deuda pública siempre y cuando se mejoren los plazos, las tasas y los montos”, recalcó, y dio un ejemplo concreto para entenderlo: “Bueno -indicó como poniéndose en el lugar de quien debe dinero- ‘voy a reestructurar la deuda pero trataré de que los plazos sean mayores, las tasas de interés sean menos’, pero ellos quisieron modificarlo para reestructurar la deuda de acuerdo (a las pautas) del sistema financiero. Si bien no lo lograron, entró todos lo demás. Este año se van a pagar 746 mil millones de pesos de intereses de la deuda, en cambio para salud y educación, viviendas, agua potable, ecología, medioambiente y todo lo fundamental para el valor de un país  hay apenas 500 mil millones de pesos. Hay 246 millones más para el pago de la deuda”, detalló.

Y, después, profundizó: “Afinando el lápiz vemos que además de pagar todo eso que debemos pagar, en 2019 el Gobierno se endeudará en 26 mil 600 millones de dólares más, por un lado, ¿y por qué digo por un lado?, porque existen las trampas: el artículo 41 de la Ley de Presupuesto establece que el Gobierno va a emitir 800 mil millones de pesos en Letras del Tesoro que, por supuesto, es deuda. Lo ponen aparte porque es supuestamente para el pago de obligaciones durante el año, y si esa deuda no se cancela se convierte automáticamente en deuda pública, y la historia nos demuestra que se convierten en deuda porque no son obligaciones que se cancelan. O sea que el país va a endeudarse alrededor de 46 mil millones de dólares más. Sumados a los 331 mil millones al 30 de junio de este año, y sumados al FMI que nos dio 56 mil millones de dólares para que no entremos en default y podamos pagar a los acreedores. El Presupuesto será aprobado por el Senado porque tiene asegurado la mayoría del PJ, más Cambiemos con la UCR y volveremos a entrar a ese laberinto de la deuda pública”.

Ahondó sobre las últimas intervenciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) en nuestra economía: “El Gobierno firma un acuerdo con ellos, nos dieron 15 mil millones de dólares, de eso no quedó nada porque gran parte de la suma fue comprada por los especuladores de siempre y se fue del país. Por otro lado, las políticas de las autoridades económicas determinaron que los mercados, es decir los usureros y especuladores, hicieran grandes negocios, empezaron a jugar con el dólar, y el Gobierno para evitar que siguiera subiendo empezó a emitir Lebac que son letras del Banco Central a exorbitante tasas de interés, y es tan demencial la política que llevaron a cabo que el gobierno kirchnerista dejó en diciembre de 2015 25 mil millones de dólares en letras en Lebac a tasa de interés que iba entre el 22 y 24 por ciento a 365 días; el Gobierno actual duplicó esa cifra, y en un momento llegó a 60 mil millones de dólares llegando al 60 por ciento de interés. Después descubrieron otro mecanismo más, las Leliq, que son letras cada siete días al 73 por ciento de interés según las últimas colocaciones”.

Cualquier país necesita deuda pública y privada, ahora ¿quién va a invertir en la Argentina cuando al comprar Leliq les pagan a un interés que no se paga en ningún país del mundo, “siquiera en los países más atrasados del África negra”, resaltó y amplió: “La otra semana emitieron 75 mil millones de pesos en letras: 35 mil millones al 4 por ciento y 40 mil millones al 3.75 por ciento; y la semana pasada otros 75 mil millones, ¿alguien sabe de esto?, yo me entero porque leo el Boletín Oficial todos los días con las resoluciones. En estos momentos hay letras emitidas por 600 mil millones de pesos, imagínense al 73 por ciento ¿quién paga esto?, ¿el Gobierno?, no, toda la comunidad argentina”.

“Durante el kirchnerismo no es que el país se desendeudó como falsamente se afirma”.

“El FMI nos ha querido obsequiar, no para el crecimiento del país sino para garantizarle a los acreedores. Si bien es a un bajo porcentaje, el 4 por ciento anual, no presta un centavo sino consigue extremados condicionamientos, y aquí ya lo habían anticipado en diciembre, como ser modificar la legislación laboral, acortar la inversión pública, ajustes de la estructura del Estado, que es lo que puso en funcionamiento. Son condicionamientos que el Fondo impuso en varios países y nunca obtuvieron resultados positivos y el caso de Grecia fue ejemplificador.  Los mismos informes del FMI en la Argentina vienen alertando que pueden haber grandes problemas en el país como estallidos sociales, y a pesar de eso nos prestan plata por la influencia decisiva de Estados Unidos, porque ese país quiere que todos los que han invertido en bonos en la Argentina cobren.  EEUU es el principal accionista del FMI y es el único país que tiene poder de veto”, señaló.

“Emitir un bono a cien años en un país que no se sabe que pasará mañana, y endeudar a varias generaciones parece una incoherencia absoluta. Tengo un problema con los economistas -confesó-: cuando ellos hablan de la deuda tienen dos visiones fundamentales, si se puede pagar se paga y si no se refinancia, si los contratos son truchos, si se violó el orden legal en la República, si se desconoció la Constitución, etcétera, no les interesa. Ahora van a empezar a preocuparles porque los propios economistas que han defendido las políticas del actual gobierno se dan cuenta que estamos en un callejón sin salida. Acuerdensé de estas palabras: vamos hacia una inexorable crisis de la deuda, extremadamente grave el año que viene. Vamos a una nueva reestructuración, a nuevos acuerdos, a nuevas acumulaciones de intereses, a nuevos pagos, nuevos ajustes y siempre los que pagan son los sectores más vulnerables, siempre se ven afectadas la educación pública, la creación de empleo, la generación de viviendas. Hay un sagrado respeto por el sistema financiero y como dicen algunos ‘la deuda hay que honrarla’, y ¿por qué hay que honrarla?, la deuda si se debe hay que pagarla y si no se debe no se paga, pero no se honra. Argentina no tiene esas disquisiciones si es fraudulenta o no, si hay funcionarios involucrados en grandes fraudes con el Estado o no, es como que el tema de la deuda jamás ningún gobierno ha querido cuestionarla”.

En sus diferentes visitas y charlas a donde sea que lo convoquen, como a ésta organizada por la Facultad de Gestión de la Uader y su centro de estudiantes, Alejandro Olmos Gaona no se propone caer en la cobarde generalización de que “son todos iguales”, aunque las principales figuras que ostentaron el poder hayan tenido un denominador común: la irresponsabilidad en el mejor de los casos, y complicidad en el peor, sobre el sistemático endeudamiento de nuestro país. “No hablo mal de la política, hablo mal de los malos políticos”, lanzó. Para que quede claro.

 

 

 

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