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Dice Marga

Con las palabras que se transcriben a continuación, nuestro compañero Américo Schvartzman presentó  el poemario de la escritora uruguayense Marga Presas en la Feria del Libro en Buenos Aires.

Fue en el marco de las presentaciones de la Editorial de Entre Ríos que llevó obras de autores y autoras de la provincia a su stand en la 46ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

El 12 de mayo se presentaron el poemario de Marga Presas (“Una teoría de la precariedad”) y el libro editado por El Miércoles, “Francisco Ramírez, el Supremo ¿Héroe o traidor?”. 

Las palabras de Américo para presentar el poemario de Marga fueron estas:

DICE MARGA

(Una especie de presentación del poemario “Una teoría de la precariedad”, de Marga Presas)

 

 “Escribo

quiero decir: ardo”

dice Marga.

 

Yo no sé mucho de poesía.

Qué digo mucho.

No sé nada.

Sin embargo sé una cosa:

la poesía que me gusta es la poesía que me llega,

la que entiendo,

la que me hace sentir que sé de qué está hablando esta poeta,

o por ahí, me hace sentir

que habla por mí,

que habla de mí,

que me habla a mí.

 

“Yo sé que no me caigo

porque otros sostienen

mis pedazos”, dice Marga.

Y yo,

que he sentido eso mismo tantas veces,

siento que Marga dijo allí

algo que que yo no podría articular,

o por lo menos lo dijo de un modo

en el que jamás esas palabras saldrían de mí.

 

“Escribir es desear algo imposible”, dice Marga.

Que hizo posible lo imposible.

Mi amiga Marga

pergeñó su poemario

en tiempos de pandemia.

Se hizo cargo

abro paréntesis

seguramente fluyendo,

seguramente sin otra cosa en su agenda que el disfrute

de enhebrar esas palabras como quien teje el tiempo

cierro paréntesis

se hizo cargo así

decía,

de uno de los más odiosos mandatos de la era pandémica:

y ahora abro comillas

 “aprovechar la cuarentena”

cierro comillas.

 

Shakespeare, Bertrand Russell, Gramsci,

Wilde, Dostoievsky, Cervantes, Newton

aprovecharon el encierro

–por cárcel o por peste–

escribiendo obras maestras.

Pero para eso

no alcanza la peste o la cárcel.

Y además es necesario ser

Shakespeare, Bertrand Russell, Gramsci,

Wilde, Dostoievsky, Cervantes o Newton ...

 

O ser mi amiga Marga.

Atenti: vale una aclaración.

No estoy diciendo que el poemario de Marga sea una obra maestra comparable a las que escribieron en la cárcel o en la peste

aquellos que mencioné.

No soy quién para decir algo así.

Ya les dije: no sé mucho de poesía

 

Pero ojo:

también “Mein Kampf”

se escribió en la cárcel.

Miren qué bien

aprovechó Adolf el encierro.

 

No.

Lo que quería decir

es que la pandemia fue una época difícil.

Nos proveyó

de ausencias tremendas

de presencias opresivas.

La peor combinación.

Esa época difícil

fue especialmente difícil para mí

temible más bien

–por razones varias–

que no detallaré

–por razones varias–.

Pero nunca encontré las palabras para decirlo.

Marga sí las encontró,

o las seleccionó

y las pespunteó así:

 

“De golpe

ya no fue suficiente inhalar

tomar aire con fuerza

llenar los pulmones

espantar el ahogo.

Como un humo

negro

fétido

el miedo se fue metiendo

por las cavidades nasales

apretó la garganta

tomó posesión de

la laringe

la tráquea

y ganó los alvéolos

el diafragma se contrajo

se hundió el esternón

Ocupó tanto espacio que

hubo que aprender

a respirar de nuevo”.

 

Leo a Marga

y siento que hay poesía

siento que hay poesía

cuando uno siente

emociones de uno

en palabras de otro.

Pero esto no pretende ser una definición,

sino mas bien una descripción

o casi casi

una confesión.

 

¿Qué se hace con el dolor?

Dice Marga:

“Con las aristas de la pena

armar una caja…

guardar muy adentro las ausencias…

perder la llave”.

 

Y no puedo leer

abro paréntesis

ni siquiera en voz baja

cierro paréntesis

el poema IX de Marga

sin que las tripas se me anuden

sin que la garganta se me cierre

sin que los ojos se me inunden.

Si perdí la llave

la encuentro

en las palabras de Marga.

 

Las palabras de Marga

iluminan

ensombrecen

evocan

rastrean

nos piensan

sonríen cómplices

asisten

observan

abrazan

me leen

y al final

me recuerdan

esperanzadamente

que no todo está perdido

esperanzadamente

me dice Marga

que están los árboles

 

“Bajo tierra hay otro mundo

caminos casi infinitos

conectan y comunican

a los árboles entre sí”,

me recuerda Marga.

Y abunda

esperanzadamente:

“Aunque sobre la tierra

compiten buscando la luz

en lo profundo y subterráneo,

cooperan”.

Pero claro

siempre hay una condición

eso solo puede hacerse

“a contraluz, a contrapelo

de los cuerpos atados a las cosas”

dice Marga.

 

Y hay algo

intransferible

algo intraducible en la poesía.

Y en la vida.

Las palabras de Marga

me dan razones.

 

“Hace falta” dice Marga

“una teoría de la precariedad

una doctrina de lo incierto

una tesis sobre la impermanencia

una apología de lo fugaz

para vislumbrar

la felicidad como un horizonte”

 

Paradojas del conocimiento:

la teoría que nos legó

esa incerteza mayúscula

como certeza epistémica

esa religión

tan amable como perturbadora

(y por eso superior a cualquier otra)

esa que inauguró Max Planck

es hoy una útil jerigonza

para vendedores de certezas falsas.

 

Y es que

dice Marga

“Somos inmigrantes en el universo del otro”.

Quod erat demonstrandum,

querida Marga.

 

Por eso la arenga de Marga

la teoría de Marga

la poesía de Marga

disimula casi como sin buscarlo

que en el fondo

en el fondo pero ahi nomás

sin mucho disimulo

la poesía de Marga,

decía,

es un manifiesto político.

 

“No escuchamos”

dice Marga que dijo

“no escuchamos

el grito

de los pobres

y del planeta”.

 

Y aquí termino

mi pobre

mi austera

mi sincera recorrida

por sus treintatrés teoremas.

 

“Nadie”

–también dice Marga que dijo–

“Nadie se salva solo”

 

Gracias Marga,

por tu arenga

por tu teoría

por tu poesía

Y gracias Marga

por invitarme a compartirla.

 

Concepción del Uruguay, 10 de mayo de 2022

 

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