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En búsqueda de una Gestapo criolla

El ideal de algunos dirigentes políticos consiste en tener una policía secreta bajo su mando. Así lo dijo con toda claridad un ex ministro de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal. Sin vueltas se propone aniquilar sindicalistas. Es fácil colegir que el aniquilamiento podrá abarcar a todas aquellas personas que tengan voces disonantes con respecto al partido gobernante. Estas expresiones dejan en claro un odio clasista construido en estos casi cuatro décadas de vida democrática. En general y con la importante colaboración de medios de comunicación se ha ido horadando la actividad sindical hasta igualarla con el delito.

 

Por ANÍBAL GALLAY de EL MIÉRCOLES DIGITAL

Estas líneas no pretenden justificar a sindicalistas corruptos, porque eso deberá decidirlo los jueces y no una asociación de empresarios, funcionarios y agentes de los servicios de inteligencia.

Las expresiones del ex ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, Marcelo Villegas, deseando dirigir una “Gestapo” para aniquilar dirigentes sindicales, no deberían extrañar demasiado.

La Gestapo era la policía de Adolf Hitler y su finalidad consistía en encarcelar opositores, torturarlos y llegado el caso asesinarlos. Estaba integrada por militares y profesionales del derecho. Esto último parece extraño, pero los expertos en leyes buscaban y encontraban en algún rincón de los códigos, aunque mas no fuera una palabra para respaldar el arresto, la tortura e incluso la muerte. Es conocida la puntillosidad germana.

En los juicios de Núremberg uno de los argumentos más repetidos fue la legalidad de todo lo actuado por los jefes nazis, lo que no podía ser desmentido.

"Cuando el ex ministro Villegas manifiesta su deseo de tener una policía hitleriana bajo su mando para aniquilar sindicalistas, no es un error, ni un exceso, ni las palabras de un ebrio. Es el pensamiento de la dictadura y de los sectores más pudientes. Empresarios, jueces, políticos, dignatarios de la Iglesia Católica fueron grandes colaboradores en la desaparición de hombres y mujeres".

Pero no fue Hitler el inventor de una policía secreta para que los opositores abandonen toda actividad molesta para el gobierno.

En nuestro país, Juan Manuel de Rosas institucionalizó la “Sociedad Popular Restauradora”, más conocida como "La Mazorca". Era una suerte de policía privada dedicada a eliminar adversarios que solían ser los “salvajes unitarios”.

No era muy secreta porque se paseaban orondamente por las calles. Rivera Indarte un rosista fervoroso que luego un más fervoroso unitario, escribió el libro “Tablas de sangre”, donde da cuenta de 20.000 muertos por "La Mazorca".

Rivera Indarte era un ladrón conocido y aceptó dinero para encontrar veinte mil muertos. En verdad fueron doscientos, en los veinte años de gobierno de Rosas, que lo hace igualmente repudiable. Entre los mazorqueros más relevantes estuvo el padre de Leandro Alem.

A comienzos de siglo 20 hubo una andanada antisemita, quizás como reacción ante las oleadas migratorias de europeos de clases sociales bajas.

No era lo previsto ni en la Constitución ni en “el gobernar es poblar” de Juan Bautista Alberdi.

Como suele ocurrir la crisis de 1890 fue atribuida a la voracidad judía por esos grupos que creen o simulan estar defendiendo la Patria. Esta idea prendió con fuerza entre los jóvenes de la oligarquía, que desde ya la iban de criollos y patriotas.

Manuel Carlés, rosarino y hombre de la UCR, fundó la Liga Patriótica Argentina, formada por personalidades como Leopoldo Melo, Ezequiel Gallo, el general Luis Dellepiane y monseñor de Andrea.

Dista de ser sencillo dialogar con quienes ni siquiera simulan un profundo odio de clases.  

Carlés estuvo presente en Río Gallegos para colaborar con la represión, en la que cientos de obreros fueron fusilados. Además, fue condecorado por Alvear (otro niño bien de la oligarquía local), y nombrado interventor de las provincias de San Juan y de Salta.

En 1926 fue atacado por un tal Desiderio Funes. Capturado por la policía, murió en una comisaría tras 57 días de tortura. El país gozaba de un gobierno elegido por el pueblo.

Los hombres de la Liga desfilaban en las fiestas patrias con el beneplácito de don Hipólito Yrigoyen y de don Torcuato de Alvear. Los jóvenes oligarcas, henchidos de patriotismo, salían por los barrios porteños literalmente a cazar judíos. Había publicaciones que avalaban estas prácticas.

En 1973 fue elegido Juan Domingo Perón presidente de la Nación por tercera vez.

Montoneros “la soberbia armada” como tituló el escritor Pablo Giussani, se negó a entregar las armas. Perón reaccionó como un militar ante la insubordinación: una guerra sin cuarteles ni cárceles.

Junto con José López Rega, un par de comisarios de la Policía Federal, militares y civiles conformaron la Triple A. Según las informaciones más precisas la Triple A de Perón y López Rega asesinaron a más de mil personas considerados enemigos políticos. Cientos fueron conminados al exilio.

Esta misma estructura parapolicial se puso al servicio de la dictadura. Aquí se inició una masacre donde cundió un verdadero odio de clases. Fueron tres mil los delegados de fábricas asesinados y desaparecidos, según el informe "Nunca más".

Cuando el ex ministro Villegas manifiesta su deseo de tener una policía hitleriana bajo su mando para aniquilar sindicalistas, no es un error, ni un exceso, ni las palabras de un ebrio. Es el pensamiento de la dictadura y de los sectores más pudientes.  Empresarios, jueces, políticos, dignatarios de la Iglesia Católica fueron grandes colaboradores en la desaparición de hombres y mujeres que tuvieran alguna inquietud a favor de los trabajadores.

Para estos sectores, ahora en un partido de derecha, y a quienes la palabra liberal les queda muy grande, forman parte de una elite antidemocrática y se jactan de tener en sus manos las medidas adecuadas para construir un gran país.

Se suponía, hasta ahora, que era una cuestión de líneas económicas. Pero la propuesta indica que todo aquel que ese atreva a cuestionar privilegios, pretender mejoras en los salarios y condiciones de trabajo, comer todos los días, tener un techo digno, son una rémora para el progreso, y un obstáculo al que se debe arrancar de cuajo.

El combate contra el sindicalismo, el populismo, la demagogia, requiere al parecer medidas radicalizadas.

Una Gestapo criolla aparece como la herramienta adecuada para esta cruzada contra “el aluvión zoológico”, glosando lo dicho hace más de setenta años.

Lo inverosímil de esta derecha, es que por un lado necesita una Gestapo para gobernar y por el otro exige diálogos, acuerdos y consensos.

Dista de ser sencillo dialogar con quienes ni siquiera simulan un profundo odio de clases.

rubengallay@hotmail.com

 

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