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Escrito lo cantado, de Guille Lugrin: poesía para leer, para cantar, para compartir

Los textos del creador, cantautor e investigador uruguayense tienen música, claro, pero también tienen imágenes, ideas, historias, dolor, humor, ternura y una mirada sobre el mundo que vale la pena convidar a otras personas.

 

REDACCIÓN de EL MIÉRCOLES

Fotos y videos: EL MIÉRCOLES

Se presentó este miércoles 21 de octubre el nuevo libro de Guille Lugrin, que reúne poemas y textos de canciones. Fue en La Casa De Costa a Costa, en una velada cargada de emociones y belleza.

Guille es poeta, cantor e investigador folklórico y este es su segundo libro (el anterior fue La Canción del Mundo Entrerriano, sobre la conformación social, poética y musical del cancionero folclórico de nuestra provincia). Se titula Escrito lo cantado y contiene más de treinta composiciones: letras de sus canciones (algunas grabadas y otras inéditas) décimas, coplas y textos libres. El poemario fue editado en conjunto por Editorial Cooperativa El Miércoles y De Costa a Costa Ediciones.

En la ocasión presentaron la obra Alfonsina Kohan —autora del texto de bienvenida del libro—, Américo Schvartzman (a cargo de la edición) y el propio autor leyó textos, con el acompañamiento musical de Facundo Torresán, Lara Marcó, Atahualpa Puchulu y Pini Muñoz.

Américo: "Ojalá este libro ayude a que los versos del Guille sigan saltando alambrados y lleguen a otras comunidades"

 

"Lo bueno de estar entre amistades es que no hay necesidad de mucho protocolo. Todas las personas presentes saben quién es Guille Lugrin. Entonces puedo arrancar con la pregunta (o el desafío) con el que nace este libro: ¿qué pasa si uno toma las letras de las canciones propias, las pone sobre el papel y las deja ahí, sin guitarra, sin acordeón, sin melodía que las acompañe, o que las defienda? ¿Se sostienen solitas, por sí mismas? ¿Pueden seguir diciendo algo cuando las leemos en silencio?", dijo Américo en su introducción.

Y siguió, "la idea, cuenta Guille en su dentre, nació de una observación de Ricardo Maldonado: 'Los textos de las canciones deben sostenerse por sí mismos más allá de la música'. Él se tomó en serio el desafío. Y el resultado es Escrito lo cantado. Como editor, no voy a hablar del objeto-libro en sí, sino de su contenido: me parece que sale muy bien parado de ese desafío. Sus poemas tienen música, claro, pero también tienen imágenes, ideas, historias, dolor, humor, ternura y una mirada sobre el mundo que vale la pena convidar a otras personas".

"Publicar un libro es una manera de intervenir en nuestras coordenadas, en nuestro tiempo y nuestro lugar. Es decidir que una obra merece circular, que una voz merece ser escuchada, que lo que alguien viene haciendo en escenarios, peñas, reuniones, encuentros no tiene por qué quedar limitado a quienes tuvieron la suerte de estar ahí", razonó.

Luego profundizó: "Por eso, para quienes integramos la Cooperativa El Miércoles (y me permito decir que también para quienes integran la Asociación De Costa a Costa) editar este segundo trabajo de Guille tiene un sentido mucho más allá de sumar otro título a nuestro catálogo. Ese sentido late en la convicción de construir herramientas para que voces valiosas encuentren un lugar en el abrumador contexto en que vivimos. Si esperamos que eso ocurra por decisión de otros, van a quedar afuera muchas voces que tienen muchísimo para decir. La obra del Guille es una de ellas".

"Guille escribe desde Entre Ríos, desde sus paisajes, sus músicas, sus personajes y sus tradiciones. El conocimiento para hacerlo no se consigue consultando la IA ni leyendo un folleto turístico. Se logra recorriendo caminos, escuchando a cantores, compartiendo sus mesas y aprendiendo a reconocer (y a valorar) lo que hay debajo de una melodía, de una palabra o de una historia. Y ese trabajo no se hace sin amor. No se puede. Y si hay amor, entonces también hay indignación, hay memoria, hay preguntas. En sus coplas para justificar su verso, escribe el Guille:

Mi verso salta alambrados
y se abraza en las esquinas.
Busca amar, no ser amado
y ser Pueblo mientras sirva.

En esa definición está el Guille poeta, pero también el Guille que una vez decidió cuál sería su forma de estar en el mundo. Un verso que salta alambrados, que se mete en las esquinas, que busca el encuentro y que se propone servir al pueblo. No para dar lecciones desde arriba, sino para ser parte de una experiencia compartida. Gozosa, vital, plena. Por eso mismo, a veces dolorosa", describió.

"En sus poemas aparecen Linares Cardozo, Aníbal Sampayo, Marcelino Román, Abelardo Dimotta, -enumeró-, Guille los nombra, los homenajea, los trae al presente. En esa gratitud hay también una manera de decir que nadie inventa desde la nada, que nadie crea solo. Escribimos con quienes nos precedieron, con las músicas que escuchamos, con las historias que nos contaron. Nos paramos sobre los hombros de los grandes que estuvieron antes, y si lo hacemos bien, nuestro trabajo les añade algo propio a esas herencias y lo proyecta hacia el futuro".

"Pero Escrito lo cantado nos muestra también un Guille que se indigna, que no acepta como natural lo que ciertos designios ajenos nos imponen. Por eso en 'Se fueron yendo', habla sobre lo que perdemos cuando se arrasa con una forma de vida.

Porque se sabe que la mano al desmontar

siembra la soja y no leyendas del Montiel.

En esos versos hay dos dimensiones que casi siempre se toman por separado: la defensa del ambiente y la defensa de la cultura. Marti, el cubano, José, escribió que 'No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza'. El Guille lo sabe. El monte no es un conjunto de recursos naturales para que usemos hasta agotarlo. Es también cuna de modos de vida, de palabras, de músicas y de memorias. Cuando se destruye ese mundo, perdemos árboles y perdemos cultura".

Recordó que "En 'Sin Estribillo', Guille le presta su voz a quienes cargan con el destierro, el hambre y el hacinamiento en las ciudades. La tradición del Martín Fierro reaparece ahí para hablar de problemas muy presentes, en un sistema que sigue condenando a muchos a vivir en condiciones indignas. En 'Por los que no están', la chamarrita que recuerda a las víctimas uruguayenses del terrorismo de Estado, Guille escribe sobre ¡palabras que son caricias' y sobre 'verdades incandescentes', porque entiende el canto como una responsabilidad.

No quiero el silencio encima.

Soy cantor porque no tengo

dónde callarme la vida.

Me parece una definición hermosa, que me recuerda al Atahualpa de 'le tengo rabia al silencio', el que recomienda 'que no se quede callado quien quiera vivir feliz'. Pero esa definición también es una decisión incómoda, que se hace cargo de que hay historias (pasadas o presentes) que otros preferirían olvidar y que quizás molesten a poderosos".

"En los textos del Guille también hay ternura, humor, nostalgia, amor por su compañera, por los hijos, por la familia y por las amistades. Está la alegría del encuentro, y el dolor por la muerte de un alumno, el homenaje a un amigo que se fue y la evocación de los viejos cantores, la sonrisa cuando el Guille se permite hablar de sus (supuestas) limitaciones como guitarrista:

Los amigos que la pulsan

sacan luces de su cuerpo. (...)

Pero en cambio la seduzco

con el jardín de los versos.

Versos que dicen mucho sobre él: hay modestia, humor y una confianza enorme en la palabra, en la palabra dicha, escrita e impresa".

Américo planteó "y si escribir es un trabajo colectivo, cómo no lo sería editar! Alguien escribe, alguien corrige, alguien diseña, alguien imprime, alguien distribuye. Y antes de todo eso, se necesita una decisión: qué voces queremos ayudar a que circulen, qué obras creemos que vale la pena poner en común, qué cultura queremos construir entre todos. Creo que El Miércoles y De Costa a Costa asumimos esa responsabilidad desde nuestras posibilidades, que son las que son. No tenemos una gran maquinaria detrás. Tenemos trabajo, convicciones, afectos y la certeza de que si no publicamos a nuestros autores, los que perdemos somos nosotros mismos.Por eso me alegra este libro, me alegra especialmente que sea un libro del Guille, un amigo con quien compartimos ciertas obstinaciones que creo que nos definen".

Por último deseó: "Ojalá este libro ayude a que los versos del Guille sigan saltando alambrados y lleguen a otras comunidades, a otras personas que todavía no lo conocen. Me gusta imaginar que alguien abre estas páginas, encuentra una canción que no conocía y siente ganas de buscar su música. O que descubre que esa poesía también tiene música al leerla en el silencio. O que, si sabe tocar la guitarra, se la apropia para compartirla en una rueda de mate y canción, para que siga saltando alambrados... Y ojalá sigamos haciendo lo que nos toca: publicar, compartir, escuchar, cantar. Es que la identidad y la cultura se construyen así: alguien escribe, alguien canta, alguien publica y alguien toma en sus manos un libro que tiene palabras que lo estaban esperando. Gracias, Guille, por escribir lo cantado. Gracias por convidarnos a compartirlo".

 

Alfonsina Kohan: "Son letras para ser compartidas"

 

Y esta tierra, que es mía,

Se hizo amable en mis dedos,

Se metió en mis entrañas

con la piedra y el árbol del sendero,

con el calor del nido y de la mielga,

con la bondad del trigo y del centeno.

Entre Ríos: mi carne, tierra tuya,

Copió la hondura de tus sentimientos,

Y fui un pájaro más en tus cuchillas

Y un ceibo más, música y caireles,

La tierra mía se deshace en versos.

Gaspar L. Benavento

Escrito lo cantado del Guille Lugrin, porque es “el Guille” y no Guillermo —y de ninguna manera el nombre de pila va, en este caso, sin el artículo precediéndolo— a primera vista podría parecer un libro que contiene canciones. Sin embargo, es más que eso, es poesía entrerriana pensada y escrita para ser cantada, para envolverla de música y ritmo, para salir al mundo en festivales, tertulias literarias y folclóricas, peñas y conciertos, y por supuesto, en reuniones de amigos y familia.

Son letras para ser compartidas en cualquiera de esas situaciones pero que, sobre todo, invitan a juntarse, me imagino que en círculo y alrededor de un fueguito o de alguna comida, de unos vinos y muchas ganas de disfrutar.

El poemario está compuesto de cuatro partes: “Coplas y décimas”, “Canciones y decires”, “Por alguien, por cualquiera” y “Se dicen libres”, cada una de ellas está integrada por un grupo de textos unidos “para entrar en un ritmo de lectura que te va llevando”, al decir del Guille. Puede pasarle a quien no sabe nada de música, como es mi caso, que al leerlas reunidas en cada apartado sienta que lo traspasa una especie de aura de experiencia vital, de aprendizajes, decepciones y esperanzas fecundas. Por ejemplo, cuando habla de su guitarra a la que sus amigos le sacan luces y él torpemente solo acordes, en cambio y muy ciertamente, la seduce con sus versos.

En cuanto a los tópicos que recorren uno y otro segmento, la temática va desde un homenaje único y muy logrado al inmenso “patriarca de nuestro chamamé entrerriano, Abelardo Dimotta” como lo llama el propio autor de este libro, pasando por lo que prácticamente son cartas de amor como la que escribe a su compañera, a su hijo, a sus padres, deteniéndose en la lucha y reivindicación ligadas a las profundas convicciones como “Chamarra, tierra y mujer” o “Se fueron yendo”, hasta las que revelan un profundo y desgarrado dolor, como la que llora ante la muerte de su alumno, Iván Barreto: “Dulce desgarro, lágrima helada/ Niñez dormida en el basural”. Sin dudas, un puñal en el alma, una sobrecogedora despedida.

Guille nació en Concepción del Uruguay y como cada uno de los que buscamos construir una historia propia, fue andando diversos caminos. Primero, se trasladó a Buenos Aires –como Cervantes en el Quijote de ese lugar o esa marca, no quiero acordarme-. El corazón lo llevó a Europa y lo encontró enseñando y bailando tangos en París, Zurich o Moscú. Regresó a vivir en Paraná, donde mudó su voz varonil y tanguera de zorzal para entregar toda su energía a pensar la entrerrianía, en el Movimiento de Costa a Costa. Y al fin, sus propios pasos lo llevaron de vuelta a su ciudad natal para dedicarse con fuerza a la cultura.

Este cancionero da cuenta de ese constante retorno al origen, a ese “volveré y volveré” que le ha cantado a su madre, tal como enuncia en “Sol de pueblo”, canción en la que sus “...pasos de arroyo buscan/ la azul chamarra del Río Uruguay/ la que tiene por bordonas/ tamboras de libertad [...] Nuestro canto ya no espera,/ en bolichos hizo tiempo./ Ya asoma con este Sol /¡el Entre Ríos eterno!”

Pero no solo regresa a su pueblo, a su cuna, a su seno, también se multiplica en generosidad. Lo que me recuerda a la descripción que hace Juan José Manauta de uno de sus personajes femeninos, diciendo que no le ponía “límites a su generosidad y padecía un desenfrenado afán de dar”. Así veo al Guille desde que lo conocí, cada vez que lo escucho en un escenario, en cada encuentro en que deliramos juntos literatura y folclore entrerriano, en los que retomamos nuestra convicción de militar la provincia, luchar por lo nuestro; así lo siento y leo, generoso y con un “desenfrenado afán de dar”.

Es un artista que entrega su alma en cada momento en que comparte lo que sabe hacer. Para explicar su canto dice en unas coplas “Canto porque veo a la Tierra/ Salirse de mi voz, maldita/ Y regresar bendecida/ Si es con versos y melodías”, el suelo lo llama y él le devuelve poesía y voz, lo que hace sin corsé normativo porque afirma: “Mi verso salta alambrados/ y se abraza en las esquinas./ Busca amar, no ser amado/ y ser Pueblo mientras sirva”.

Por todo esto, espero que puedan acercarse a estas canciones hechas de poesía e imaginen en la lectura en voz alta, el fluir de la música como nuestros ríos imparables. Deseo que al adentrarse en este libro perciban el amor por nuestro suelo, por nuestros orígenes, por algunos de nuestros inmensos artistas como Marcelino Román, Linares Cardozo, Aníbal Sampayo, el Negro Castro, Raúl Ponce, Aldo Muñoz, el Poni Rosalez o el querido Forna Osvaldo Fornasari. Que sientan lo que yo, que Escrito lo cantado es un convite para conocer un poquito al Guille, pero también una bienvenida a Entre Ríos, a nuestra provincia hecha de verdes, montiel, coraje, canto y poesía.

 

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