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Exportan miel orgánica chaqueña a mercados europeos

La actividad reúne a decenas de apicultores, incorpora protocolos de calidad, certificaciones específicas y procesos de trazabilidad. Además, permite sostener una producción diferenciada en ambientes de monte nativo, con valor agregado en origen y presencia en numerosas provincias argentinas.

La Cooperativa de Productores Apícolas Copap Ltda., con sede en la localidad chaqueña de Margarita Belén, cumplirá 21 años de trayectoria el próximo 4 de julio, consolidando un modelo productivo que combina integración de productores, agregado de valor y certificaciones de calidad. La entidad nació a partir de un programa de Cambio Rural y actualmente reúne a 42 asociados, aunque su actividad involucra a cerca de 80 apicultores de distintas localidades de la región.

Margarita Belén está ubicada en el este de la provincia del Chaco, dentro del área metropolitana de Resistencia. La localidad cuenta con alrededor de 6.000 habitantes y forma parte de una zona caracterizada por la producción agropecuaria y la cercanía con los Humedales del Chaco, un ecosistema de gran biodiversidad que resulta clave para la actividad apícola desarrollada por la entidad.

“Arrancamos como un programa de Cambio Rural y después eso derivó en la conformación de una cooperativa apícola pensando en proyectar el desarrollo de la parte comercial”, recordó Daniel Codutti, técnico y socio de la entidad. Según explicó, el crecimiento alcanzado no se mide únicamente por la cantidad de integrantes, sino también por el compromiso con el trabajo conjunto y el cumplimiento de protocolos productivos.

“Los socios que se van sumando como tales, queremos que realmente valoren el sistema cooperativo y que trabajen en forma conjunta hacia dónde quiere ir la cooperativa. A su vez, tenemos diferentes certificaciones de calidad y trabajamos con protocolos a campo que se deben cumplir”, señaló. Actualmente los asociados manejan unas 3.500 colmenas, de las cuales alrededor de 1.100 corresponden a producción orgánica o en transición hacia ese sistema.

Uno de los principales hitos de la experiencia fue la construcción de una planta propia de extracción y fraccionamiento de miel. “La cooperativa fue la primera entidad en la provincia en contar con una sala y equipamiento para fraccionar, pensando siempre en el mayor valor agregado antes que limitarse a la venta del tambor”, destacó el apicultor. Hoy toda la producción convencional se comercializa fraccionada bajo marca propia y además se presta servicio a otras diez etiquetas comerciales.

La miel orgánica posee un marcado perfil exportador. “Entre el 90 y el 95% de la miel orgánica sale en tambores con rumbo al exterior. El principal destino es Alemania, que es un gran comprador. Sólo entre un 5 y un 10% queda para fraccionado en el mercado interno”, detalló el productor. Para alcanzar esa certificación se exige un estricto control ambiental, trazabilidad completa y separación de procesos dentro de la planta.

“La cooperativa es un lugar donde el productor puede acercarse y conocer los beneficios de trabajar en forma conjunta. El individualismo no nos lleva a nada. Asociarse e integrarse es la forma que tiene hoy un apicultor pequeño y mediano para avanzar y desarrollarse”, concluyó el trabajador.

Fuente: Bichos de Campo.

 

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