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Firmemos el divorcio y recuperemos la libertad

Es altamente probable que gobernantes corruptos no den conferencias de prensa. El periodismo suele picar como el tábano, no siempre está al servicio del régimen colonial como es norma.

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(*) Por DANIEL TIRSO FIOROTTO

Al oficio del periodista se añade el interés de patronales de los medios masivos que compiten con los gobernantes allá, en la alta burguesía, como compiten dos bancos por sus clientes y no dejan por eso de ser fuentes de la usura. Las cosas se confunden.

La pregunta del periodista será genuina, la del periodista. Y ejercerá una presión por transparencia, por coherencia, contra la impunidad. Un gobernante sin transparencia que busca impunidad y sostiene un relato que no condice con los hechos no dará conferencias de prensa, porque en todo momento querrá marcar la agenda, y no permitirá que un cualquiera (un periodista) indague sobre un tema que lo compromete.

Claro, a no engañarse: los poderosos tienen modos, también, de dar conferencias y responder lo que quieren. No hay un sistema infalible, en que el periodista pregunte y el poderoso deba responder el cuestionario con precisión. Ningún poderoso se deja embretar así.

La inexistencia de conferencias de prensa es un síntoma de autocracia, de prepotencia. Cuando el gobernante no tiene valentía para sentarse ante una rueda de periodistas (muchos de ellos honestos), seguramente esconde cosas graves, hay que preocuparse.

Pero tampoco habría que dar demasiado crédito a las conferencias de prensa, que pueden ser usadas para una pátina de transparencia, es decir, engañar por otras vías.

Esta breve introducción con un tema de actualidad, la indiferencia de la presidenta Cristina Fernández ante el trabajo periodístico, subraya la función social del periodista pero con esta salvedad: no es el poder político el que está erosionando el oficio. Es su misma fuente de financiamiento, la propaganda.

Hoy me invitan a reflexionar sobre mi preocupación principal como periodista, con motivo de una fecha que recuerda a Mariano Moreno.

Diría que es la misma preocupación que tengo como persona, como ciudadano: ser testigo de la destrucción del país que soñó Moreno, la destrucción de su biodiversidad, su historia, su cultura, y notar cómo el poder establecido logra engañar a las mayorías a través de la propaganda, para que no haya respuesta.

Una de nuestras preocupaciones centrales es la propaganda, la propaganda de las empresas, las marcas (publicidad), las corporaciones, el gobierno, la universidad, la escuela, los medios masivos, las religiones, de todos los favorecidos por el régimen. Minorías privilegiadas que saquean, como en los tiempos de la colonia, pero atacan al sistema inmunológico de la población mediante la propaganda, para actuar sin obstáculos, sin mayores resistencias. O para hacernos desear y comprar cosas superfluas.

Tenemos que tratar este tema: la fuente que nos sostiene en lo económico. La propaganda. Podemos decir que el periodismo, salvando excepciones, es hijo del régimen, no está en un lugar extra poder o contra poder, si depende de la propaganda. Es un brazo del poder, sea económico, político o corporativo.

La propaganda miente de entrada, toma un aspecto para esconder los otros, ¿qué tiene que ver eso con el concepto que tenemos de periodismo?

A no rasgarse las vestiduras: en gran medida, las noticias empezaron a circular a modo de propaganda, con avisos clasificados, con relatos de batallas ganadas, hace algunos siglos. El periodismo nació mezclado, para qué engañamos.

Muchos nos ilusionamos, sí, pensando que con un abanico de anunciantes tendremos libertad porque si uno se enoja y se marcha, continúan los otros. Eso puede funcionar en casos excepcionales, pero no es la norma.

Es que el poder tiene vínculos, ligazones, interdependencias, que lo convierten en un bloque. Y cuando un poder se enfrenta con otro, los dos bien alejados de la verdad pero en disputa, no hay que esperar de allí que florezca una verdad.

Un ejemplo palpable es la disputa de un grupo de poder concentrado llamado Clarín y otro grupo de poder concentrado llamado Kirchner. Ambos son súbditos del modelo Monsanto, del modelo capitalista depredador, minero, al servicio de las multinacionales, pagador compulsivo de la deuda externa fraudulenta; ambos tienen atrás un respaldo financiero que impide que hablemos de los temas importantes. Por ejemplo, del capital financiero, de la deuda externa fraudulenta, del capitalismo, de las expresiones del imperialismo. Porque ellos mismos son expresiones del régimen, no son las dos caras, son la misma cara, la sociedad económica y política con el régimen. Hay otras caras vinculadas a la colonialidad, la cultura, otras corporaciones, la educación, en fin, que son peores que estos dos grupos facciosos porque son más hondas y más permanentes.

Si aceptamos a la propaganda como sostén económico, así como así, sin revisar alternativas, deberemos admitir que el periodismo tiene en su ADN el gen del engaño y de la destrucción.

Días pasados se suscitó en Paraná un caso grave, cuando El Diario recibió una solicitada firmada por una vecina, la cobró, y al día siguiente no la publicó. Censura sin escrúpulos.

El Diario censura, no es una novedad. Usa la máscara de la prensa para difundir un boletín del partido gobernante. Es una trampa.

Para ese mundo, romper un contrato es cosa de todos los días, porque no tiene ningún compromiso.

Ahora bien, analicemos esta frase: “ni pagando se puede publicar ya en El Diario”.

¿Por qué naturalizamos esto de darle al dinero una entidad, un poder?

A los periodistas, ¿qué nos importa que alguien no pueda publicar pagando, cuando en verdad el dinero es fuente de males y engaños? La frase que nos interesa es esta: “la verdad no se puede publicar”.

La verdad es lo que nos importa, pagando o no pagando, y está siempre lejos del dinero.

Si admitimos que por lo menos pagando la noticia o el comentario serán publicados, ¿quién tendrá siempre más espacio? Obvio: el gran capital.

Claro que este planteo de fondo se topa con asuntos inmediatos: los medios hoy se sostienen con propaganda, sea de las empresas o del estado. Es que, en este régimen autodestructivo, el fundamento es la ganancia, pero resulta que ni siquiera pagando se puede publicar una noticia, una opinión, lo que evidencia una doble contradicción.

No estamos de acuerdo con las reglas de juego, pero si nos allanamos a jugar con estas reglas de juego, nos cambian las reglas para que tampoco podamos jugar.

Son arbitrariedades de hoy, y pasan demasiado a menudo.

Podríamos dar cien ejemplos pero nos quedamos con éste. El régimen, que en política lleva los nombres de Cristina Kirchner y Sergio Urribarri, censura, atropella, y sostiene un camino más o menos aceitado a sus arbitrariedades.

Si el régimen tiene que amordazar al periodismo, es porque el periodismo todavía guarda principios que nada tienen que ve con la propaganda. Es más, están en las antípodas de la propaganda.

No hemos tocado fondo. Agonía sí, no muerte. Será mucho peor cuando el régimen ya ni siquiera censure. Ese día, con todos satisfechos en el mismo régimen, buscaremos una pala para sepultar al difunto.

Los periodistas debemos divorciarnos de la propaganda. Divorcio es libertad. El que nos hizo creer que debemos ser brazos del sistema es el que maneja las marionetas.

Divorciarnos de la propaganda, y tratarnos con algún experto la dependencia psicológica que nos va enfermando. La búsqueda de amo a quien servir es un síndrome que se contagia por saliva, correo electrónico, teléfono, cuando hacemos demasiado contacto con los poderosos. Salud, en el periodismo, es sinónimo de libertad, de no amos, de rebeldía. Un periodista sano pelea el título, pelea la nota, pelea el tema, y sin perder la calma y cuando corresponde echa al patrón y al ministro a la misma mierda.

Iniciar un prudente distanciamiento puede ser un remedio. Pero con la propaganda no hay que tomar distancia, hay que romper y separar bienes.

Ahora la pregunta obvia: ¿con qué sostener el periodismo? Eso es otra cosa. Podemos tener alguna duda sobre las características de nuestro novio, pero sin la menor duda no elegiremos al que nos estrangulará.

 

(*) Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información. Presidente del centro de estudios Junta Abya Yala por los Pueblos Libres –JAPL-. Para AIM.

 

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