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Hace cuarenta años en el Arroyo Urquiza: Pappo y Riff marcaron a fuego el rock en La Histórica

El domingo 20 de septiembre de 1981, en la víspera de la primavera, se realizó un recital en el Arroyo Urquiza, con “Riff” como la banda protagonista, por entonces uno de los grupos más explosivos del rock nacional, con Norberto Pappo Napolitano al frente. Con el tiempo el hecho fue tomando dimensiones míticas, ya sea por el lugar, por los artistas, por el momento histórico que se vivía –plena dictadura cívico-militar– y por el protagonismo que iban asumiendo los jóvenes uruguayenses que buscaban su espacio propio. Aquí con las voces de muchos de los protagonistas que asistieron ese día reconstruimos el recital, los momentos previos, los sucesivos y se rescata la visión de aquellos jóvenes y lo que significó para ellos ese soplo de libertad en medio de una sociedad adormecida por la represión. Al final de la nota una galería imágenes para vivenciarlo aún más.

 

Por JORGE G. VILLANOVA (Especial para EL MIÉRCOLES DIGITAL).

Fotos: (Gentileza de V.E. y G.M).

 

 

Para rastrear el origen del rock pesado en Argentina deberíamos remitirnos a tiempos en que ni siquiera existía tal definición. Si acordamos que en los inicios del rock nacional la troika sagrada la conformaron Los Gatos, Almendra y Manal, también podemos sostener que de las tres, Manal carga con el honor de ser el incipiente adalid de lo que será el movimiento “pesado” por estas tierras.

El bajo oscuro de Alejandro Medina, los riff trascendentes de Claudio Gabis y la batería sólida de Javier Martínez –sumando su ronca voz con la que llenaba todo el espacio que podía quedar– son inmortales.

Si fronteras afuera Black Sabbath, Led Zeppelin y Deep Purple lideraban el espacio que ellos mismos creaban, en nuestro país a Manal lo iban a continuar Pappo’s Blues, Billy Bond y La Pesada del Rock & Roll –una selección que podía jugar en cualquier campeonato mundial– y no es descabellado agregar en esta lista a Pescado Rabioso, en la etapa más hard de Luis Alberto Spinetta.

Luego se sumarían El Reloj y Plus, entre otros grupos. Por supuesto que hubo blues y rock duro fuera de los nombrados, y aunque consideremos que esta era la música más pesada de esos tiempos, lejos se está de poder calificarla como heavy metal, ni tampoco se las puede excluir del amplio abanico del movimiento rockero nacional, de la música progresiva contemporánea tal como se la llamaba por entonces.

El recital de Riff fue uno de esos momentos claves para la historia del rock uruguayense, un hito de esos que con el paso de los años su recuerdo se fue tornando imprescindible.

Norberto Aníbal Napolitano, Pappo a secas, o el Carpo, luego de transitar por dos de las bandas fundacionales que se transformarán en leyenda: Los Gatos y Los abuelos de la Nada, encaró su propio proyecto y a principios de la década de 1970 armó Pappo’s Blues.

Malas compañías

“Yo amo estar en la carretera. Porque es como que me despego de lo cotidiano. Me gusta mucho viajar. Por eso me compré un micro, y lo estoy preparando para viajar grosso, para hacer 5 o 6.000 kilómetros. Ir, tocar, parar, ir a otro pueblo y así… Y me gustaría tener una gente que vaya en auto algunos kilómetros adelante, como para que vaya anunciando que yo estoy llegando. Y tocar en las plazas, en los pueblos, en todos lados”

(Norberto Aníbal Napolitano, 1992)[1]

La inestabilidad del guitarrista, inevitablemente se transfería a las formaciones de la banda. Por ella pasaron algunos de los más reconocidos músicos, tal el caso de Osvaldo Bocón Frascino, Poli Martínez, David Lebón, Black Amaya, Carlos Piñata, Luis Gambolini, Alejandro Medina, Héctor Pomo Lorenzo y Machi Rufino entre otros.

A pesar de los vaivenes del Carpo, Pappo´s Blues editó siete discos en esa década, en ellos las canciones que iban a trascender no se cuentan con los dedos de una mano, ni siquiera de las dos, a modo de ejemplo citamos El viejo, Sucio y Desprolijo, El hombre suburbano, Adónde está la libertad, Blues de Santa Fe, Algo ha cambiado, El tren de las 16, Con Elvira es otra cosa, Siempre es lo mismo nena y podríamos seguir un rato largo nombrando canciones.

En el medio de todo arma Aeroblues, junto a Alejandro Medina y Rolando Castello Junior con el que graba un solo elepé, ni la banda ni el disco tuvieron en su momento mayor repercusión, y aunque hoy es una de las figuritas difíciles para los fanáticos, el Carpo decide rearmar su anterior y probada banda, como siempre con integrantes diferentes.

A fines de la década Pappo viajó al exterior para regresar en 1980. Fue cuando decidió reorientar su estilo musical bajo la influencia de lo que había escuchado mientras vivió en Europa: Saxon, AC/DC, Judas Priest.

Los jóvenes de la comunidad rockera del Este esperando a Riff.

El 14 de noviembre de ese año en la Sala Uno (luego teatro IFT), Pappo organizó un recital bajo el título Adiós Pappo's Blues, bienvenido Riff, que marcó la despedida oficial de la primera banda y la presentación en sociedad de la segunda. Fue el debut de la nueva formación con Héctor Boff Serafine, Víctor Vitico Bereciartúa y Michel Peyronel. Juan García Haymes era el cantante, pero no fue aceptado por el público de Pappo que lo pretendía a él en la voz, poco después Haymes dejará la banda.

“Dijimos que no podía ser que el rock en Argentina fuera Serú Girán, que era muy buen pop pero no era rock”, declaraba por entonces Vitico marcando la cancha.[2]

Si el rock nacional se veía entonces como un movimiento homogéneo, en un solo bloque enfrentando a diferentes adversarios, ya sea la industria musical, el establishment comercial, los medios periodísticos hostiles, las fuerzas vivas de la sociedad y la censura gubernamental siempre presente, comenzaban a notarse las diferencias. Grupos como V8 o Los Violadores no se reconocían dentro del movimiento, es más, lo atacaban y por supuesto recibían del otro lado críticas no menos impiadosas. Un simple repaso por las plumas rockeras de la época deja esto en claro.

Si bien Riff, especialmente Pappo eran parte indisoluble de ese movimiento rockero –de alguna manera también lo era Vitico, ya que había pasado por La Joven Guardia y Alta Tensión- de a poco los cultores del metal, comenzaban a separarse del tronco madre. Nos adelantamos apenas unos meses en el tiempo, para entender lo que estaba sucediendo y lo que iba a producirse.

Luis Ortellado sostiene: “La derrota de Malvinas no solo debilitó al gobierno llevándolo a su fin, sino que también fue un responsable indirecto del auge y del fin del rock nacional entendido como unidad. Este debilitamiento tanto institucional, como cultural abrió la caja de Pandora de nuestro ser nacional, y en ella aparecieron las bondades y miserias de un mundo que cambiaba vertiginosamente.”[3]

Riff entonces significará un enlace entre dos épocas, entre dos maneras de entender la cultura joven del momento, sin ser tan radical como los ya mencionados V8 o Los Violadores, significó una explosión que superaba la propia música. La realidad política  y social necesitaba una válvula de escape. Corría 1980 y la dictadura se mostraba en su esplendor, se atribuía un triunfo militar sobre la guerrilla, ejercía un férreo control de la sociedad con una censura asfixiante e implementaba un plan económico destinado a destruir la industria nacional que aplicaba a rajatabla y que sostenían a punta de ametralladoras y picanas, que no descansaban en ningún momento.

Allí, en ese contexto, aparece Riff, con su propuesta dura, guitarras a toda velocidad, letras simples, directas, con una estética que incluían cadenas y ropas de cuero. Pronto se lo asociaría con la violencia. “En este país sale todo mal, entonces ¿qué pretenden? Cuando la gente se junta, protesta, no acepta lo que pasa. Acá quieren convencer a todos los chicos de que está todo bien, de que tienen que portarse bien, de que no tienen que hacer ningún escándalo… ‘Se visten con camperas de cuero, son malos’… ¿Sabés qué pasa? Este es el país del disimulo y podés robarte lo que quieras si te vestís con traje, y tener varias amantes e ir a misa los domingos… ¿Y nosotros somos los malos?”, profería un indignado Vitico en la revista Humor a una cuestionadora Gloria Guerrero.[4]

Tiempo distante

Mientras tanto, en el este entrerriano la semilla del rock ya había germinado hace tiempo, a pesar de ello sus ciudades no eran vistas como una buena plaza para las grupos nacionales, de hecho hacia 1981 fueron muy pocos los visitantes en Concepción del Uruguay.

Un rápido repaso nos dice que estuvieron La Banda del Oeste allá lejos en el tiempo, Vivencia en  1977,  Vox Dei en el salón de la Escuela Normal y León Gieco en tres oportunidades. Y eso era todo.

Para entonces ya existía el puente Zárate-Brazo Largo, pero aún quedaban resabios del aislamiento provincial, hecho que pudo haber jugado en contra para las visitas, tanto como los prejuicios contra el rock en una ciudad conservadora, cuidadosa de sus pretéritas costumbres, al menos en la superficie.

Lo real es que en ese entonces los chicos comenzaban a organizarse. En nuestro libro hablamos de esos héroes anónimos que fueron los integrantes de la Comunidad Rockera del Este en la zona sur del ciudad, y también los muchachos del grupo Castalia en barrio Santa Teresita, amén de otros tantos que no pertenecían a dichas agrupaciones, sin embargo, en la Concepción del Uruguay de 1981, todo el mundo se conocía y los rockeros no sobraban como para no compartir momentos, rituales y los pocos espacios comunes que tenían o podían procurarse.

Eduardo Loso Antonena nos contó: “Ahí me empezó a gustar el rock y conocí a los chicos, a Vito Bonus y a toda la banda, porque de mi edad era muy raro encontrar chicos que escucharan rock, así que siempre andaba con los más grandes. Había un rock de Billy Bond y la Pesada que decía: ‘Me voy a ver a un amigo que me espera / caminando a su casa me pongo a pensar / una nueva aventura puede darse / atrás del lunes para soñar’,  entonces esa era la historia; después del colegio ir a la casa de un amigo a escuchar música, a tomar mate; siempre se organizaba algo para los fines de semana.”[5]

Si le queremos poner nombres propios a los gurises de la Comunidad Rockera, además de Loso, recurrimos a Esteban Vito Bonus, conversando con él, nos aportaba:

“En nuestro grupo estaban Guido Morend, Willy Treboux, Trabuco Traversaro, Román Ríos, Loso Antonena, Mamano Peralta, los hermanos Pescio y unos cuantos más. Todos tenían sus preferencias musicales. Incluso algunos escuchaban otras cosas como jazz. Esos eran más abiertos. A otros, como yo, nos gustaba más el rock and roll más duro y el blues, Manal, Pappo, lo más pesado. Pero escuchábamos todo dentro del rock, tanto nacional como extranjero. No como ahora que los chicos están divididos en tribus: la tribu de los Redondos, la tribu de 2 Minutos, la de este, la de aquél. Nosotros escuchábamos desde León Gieco a Riff, pasando por Vox Dei o Porchetto.

El Carpo llegando al recital.

Así presentada la situación, con un panorama que no generaba mayores expectativas, la comparsa Tupinambá, decidida a competir en los fuertes corsos que se desarrollaban alrededor de Plaza Ramírez, eligió la modalidad de organizar recitales con figuras del orden nacional para generar recursos. Esto, para una sociedad ávida de consumir las figuras que conocía solo a través de los programas de Argentina Televisora Color o por las revistas del espectáculo, a priori resultaba una propuesta atractiva, y como mínimo redituable.

El hecho es que para festejar la llegada de la primavera, en septiembre de 1981 la comparsa decidió traer a Riff, la banda de Pappo Napolitano para que brinde un recital en el camping Arroyo Urquiza. Ni tango ni folclore, rock y por si fuera poco ¡heavy metal!  ¿Riff en Uruguay? ¿Y en el Arroyo Urquiza? Imposible, no podía ser, debía ser un error, no se entendía nada. Rofi Gradizuela lo comenta desde el lado de los organizadores:

“Lo de Riff salió porque Tupinambá quería hacer algún evento, estaban todos entusiasmados y además se necesitaba hacer una diferencia para ir a comprar plumas y cosas a Brasil para la comparsa, entonces la gente de Tupinambá, que se reunían en la casa de José Etchepare y de Graciela Bovino, en calle San Martín, muy cerquita de la confitería que yo tenía en la esquina, la que prácticamente era el centro donde se juntaban todos los directivos que fundaron la comparsa, más o menos en el 80. Y salió hacer un recital, alguien tiró sobre la mesa dos o tres ideas, no recuerdo quién fue, y se decidió traerlo a Pappo con Riff. Yo ofrecí el Arroyo para hacerlo allá, y les gustó porque podían concentrar en el Arroyo gente de Concepción y de Colón, ese fue el motivo. No sé si hubo otro, para mí fue ese. Entonces hicimos los contactos con la gente de Riff y se hizo el contrato para el 20 de septiembre. Delante de las ruinas del molino se armó un escenario bastante grande como para que estén ellos y después toda la gente a la vuelta parada y acomodada.

Desde temprano ese día empezaron a llegar muchachos de todos lados, tal es así que por la Ruta 14 se veía gente caminando que venía desde Concepción y de Colón, caminando hasta el Arroyo, yo lo vi. Salió muy bien, no recuerdo la cantidad de gente que hubo porque yo no manejaba las entradas, eso lo manejó la comisión de la comparsa, pero fue interesante, un gran show. Yo sí lo recibí a Pappo con Riff y los alojé en la casa del Molino. Hubo que trancar las puertas porque todos querían entrar y estar con ellos. Allí estuvieron desde temprano, se acomodaron, descansaron, durmieron y después hicieron un show que salió bárbaro. Yo no sé cómo les fue a los organizadores, si hicieron alguna diferencia, lo que sé es que fue un éxito bárbaro.”

"No sé como nos enteramos de lo de Pappo. No me acuerdo. A mí no me dejaban salir. Para salir siempre tenía que inventar algo. Le dije a mi mamá que me iba a San José a la casa de una amiga. (...) Éramos las únicas locas que fuimos, que nos animamos, a dedo en una camioneta, con los pelos todos así. (..). Justo llego, y ¡faaa!  mi tío ahí, era el chofer del colectivo de Riff". (Ana María Verón).

Entonces Vito inmortaliza desde el punto de vista de los incondicionales del Carpo:

“Fue el momento cúlmine, el punto máximo, el hito rockero en Uruguay fue la llegada de Riff. Hoy me acuerdo y me emociono. El hecho empezó para nosotros cuando una noche yo estaba escuchando el programa de Graciela Mancuso, en una radio Carina y Pappo ahí anunció que estaba por tocar en Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. Al otro día lo hablé con los muchachos, pero nadie creía nada; ¿Cómo que Riff iba a tocar en Uruguay, si por estos lados no venía nunca nadie? Además cada tanto aparecían esas noticias medio raras, como una anterior que decía que Santana iba a tocar en Uruguay. Una locura. Una idea increíble. Lo cierto es que a los pocos días la noticia se confirmaba, y el 20 de septiembre de 1981, Riff se iba a presentar en el Arroyo Urquiza, y lo organizaba una de las comparsas de ese momento, Tupinambá. En ese tiempo Pappo había pegado la vuelta desde Europa, donde había estado unos años probando suerte y había llegado a tocar con Motörhead y en esos días dormía en un auto en el asiento delantero, mientras que en el de atrás estaba Peter Green. Era todo un reconocimiento para él que esta gente lo tenga en cuenta, y también para los que como yo éramos sus más fieles seguidores, a los que siempre nos cargaban y nos decían que Pappo era malo y no sabía tocar.”

Mucho por hacer

Como ya vimos, Riff se había formado apenas un año atrás, pronto se transformó en el grupo más potente y convocante. En ese momento solo Serú Girán, la gran banda de Charly García y Spinetta Jade podían hacerle sombra a cualquiera, pero Riff era otra cosa. Riff era Pappo con su historia, su tiempo y su memoria que irrumpía con una fuerza no vista hasta entonces.

El grupo había editado su primer disco llamado Ruedas de metal, y era lo que estaban promocionando. Para fin de año lanzarían Macadam 3… 2… 1… 0… La compañía grabadora era Tonodisc, que tenía un buen acuerdo con ATC, logró por lo tanto que en el programa Música Total se pasara el video clip del tema Sordidez. Como consecuencia, la banda se potenció en conocimiento y publicidad, multiplicando sus seguidores en el interior del país.

El paso siguiente se caía de maduro, era efectuar una gira por las provincias. En Firmat, provincia de Santa Fe, tocaron en un colegio secundario y lo que empezó con chicos sentados, casi asistiendo a un acto escolar terminó con desenfreno, aullidos y revoleo de remeras.

Esto no era común en un recital de rock, donde ni siquiera era habitual bailar. “Desde ese día –dice Mundy Epifanio– yo vi una transformación en el público. A partir de cuatro o cinco shows como estos, se generó un boca a boca en el interior que hizo que todo el mundo quiera que Riff vaya a tocar a su ciudad. Era la liberación: Riff fue el primer amago de libertad que hubo en la Argentina en la época de los militares; antes que Mercedes Sosa, antes que Piero.”[6]

Un dato curioso es que la revista Pelo anuncia en su número de septiembre lo siguiente: “Las ruedas de metal comienzan a girar por el interior del país, Riff se presentará el 18 de septiembre en San Juan y un día después en Mendoza, el 26 del mismo mes el grupo integrado por Mitchell (sic), Pappo, Vitico y Boff estará en la localidad de Salto…” ignorando olímpicamente la actuación de la banda en Entre Ríos.[7]

En su edición anterior en la sección discos había hablado sobre el disco editado por la banda: “Ah… el rock pesado. Una pasión que no descansa, siempre agazapada esperando su momento. El problema es la originalidad ¿Qué se puede decir en un género en el que ya todo fue dicho? Pappo es un veterano del ‘Heavy Metal’ vernáculo, un músico que sigue aferrado a las mismas creencias e ideas musicales del pasado, algo bastante lógico por el tipo de música que toca. Evidentemente la renovación del género –suponiendo que fuera posible– no va a venir por el lado de Riff… Lo peor: que Pappo cante, y las letras que son tan pero tan infantiles, lo del canto se puede obviar, ya que los fanáticos del Carpo seguramente quieren escucharlo a él y solamente a él.”[8]

El Loso, los Scala y la gente de Caseros.

Históricamente la relación entre Pelo y Pappo había sido mala, para entonces no había cambiado en nada.

Quién esto escribe escuchó a Vitico en un reportaje radial, en el cual recordó el recital del Arroyo Urquiza, el que aún tenía presente a pesar de las décadas pasadas, no tanto por lo artístico en sí, sino por las dificultades que muchas veces encontraban para poder tocar en algunas provincias, y citó específicamente la nuestra, donde destacaba la presión de la curia cada vez que se presentaban. El periodista Sergio Giambruni, en esa misma línea escribió: “Riff inicia el año nuevo con una gira por el interior del país. En Paraná (Entre Ríos) y otros tantos puntos del mapa, la Iglesia, la municipalidad y entidades intermedias solían oponerse a su presencia allí”[9].

No pasa nada en esta ciudad

En este contexto van a llegar a estos pagos. ¿Y cuál era la situación en Concepción del Uruguay? ¿Podía llevarse a cabo un recital así en esta ciudad con la banda más explosiva y convocante del momento? De hecho cuando Rofi puso el lugar, alejado 23 kilómetros del centro de la ciudad, se tuvo en cuenta, como vimos, que se trataba del límite exacto de los departamentos Uruguay y Colón. Consultado Guido Morend para este informe, contaba algunos pormenores de los chicos, pero también describía la situación en general:

“Corría el año 1981 y la rebelión en Cedelú no tenía un canal público para interactuar, era todo lo contrario. La ciudad, más todo un país estaban sumergidas en el terror y ese monstruo no tenía intenciones de retirarse. Libertarios nos reuníamos para escuchar muchos géneros de música que la dictadura prohibía. La multipartidaria la comenzábamos a gestionar de forma clandestina en los barrios, los Centros de Estudiantes emergían, la Cooperativa de Estudiantes Itapé era una primavera y los conciertos comenzaron a convertirse en un encuentro directo con personas que no estábamos de acuerdo con el momento actual. Era algo más que música.

El señor Rofi Gradizuela, empresario de Uruguay, toma la valiente iniciativa de contratar a Pappo y su grupo Riff. Arroyo Urquiza el lugar elegido, sonaba increíble, pero era verdad. Con la intención de no perdernos este evento histórico y ser protagonistas, nos fuimos con unos días de antelación. Recuerdo que en esa aventura se sumaron Perico Pérez, Puré Gobbi, David Nolo Gallay, Willy Treboux, Pichuco Bonnín y no recuerdo si había alguna persona más en los tres días anteriores al recital. Luego fueron llegando ¡todos…! ¡Sí, todos! Poca cosa llevamos, una carpa que ya era compañera de las aventuras que llamábamos ‘La imbécil’, fabricada con bolsas de cebollas, una olla y por supuesto algún paquete de arroz y fideos que sutilmente retiramos de las alacenas de nuestras madres. El poco dinero que teníamos lo destinamos para damajuanas de vino, del más barato y los clásicos Particulares 30 que no podían faltar en las tertulias. Para cerrar nuestra actitud contestataria acampamos al otro lado del alambrado del Arroyo Urquiza y ahí con el fuego que alimenta las charlas, recibimos el memorable concierto. La previa al concierto contó con improvisaciones musicales que buscaban encontrar identidad al momento especial que vivíamos…”

El recital de Riff fue uno de esos momentos claves para la historia del rock uruguayense, un hito de esos que con el paso de los años su recuerdo se fue tornando imprescindible.

Compartimos la apreciación de Vito Bonus, luego de hablar con mucha gente y pasado tanto tiempo de aquel hecho: “Ese día, y en esto vamos a coincidir todos, se puede decir que estuvimos todos los rockeros de Uruguay, pero todos, no faltó nadie”.

Así de tajante e incomprobable a la vez, pero elegimos que sea verdad, que se transforme en leyenda o aportar a ella. Ninguno de los asistentes al recital ha olvidado ese día. Quien más, quien menos tiene una evocación de ese momento, y lo más notable es que muchísima otra gente que no fue al Arroyo Urquiza también recuerda la visita de Riff, e inclusive cuentan anécdotas de la misma.

Vito ha relatado mil veces ese día y cada vez que lo hizo fue posible encontrarle algo diferente. Un detalle, un nombre, una sensación. Entrevistado originalmente a fines de los 90, mantenía el mismo entusiasmo en la voz, como si el hecho hubiese sucedido apenas unos días antes.

Osvaldo Fernández, Maroma, ya rondaba los treinta años y vivía en San José. Era músico y durante años había tocado con Los Vikings, legendaria agrupación de Concepción del Uruguay. Con todos los prejuicios del mundo que nos caben, nadie podría pensar que estando en una banda que trabajaba en bailes y acontecimientos sociales, la que por entonces se podía denominar comercial, Fernández no solo adoraba el rock, sino que se definía como un incondicional del género, y aún más, era un fanático de Pappo:

“Del recital de Riff, me enteré que se hacía por medio de los amigos cuando fui a Uruguay, porque ahí tenía una banda con gente de Concepción, llamada Los Viking’s. Yo ese día los filmé con Super-8, me había subido a una escalera de dos patas y de ahí filmaba. La verdad no sé donde pudo haber quedado ese registro, lamentablemente. Por estar filmando no pude sacar fotos. Yo era y aun soy un fanático de Pappo y fui exclusivamente a verlo a él, no a Riff. Yo ya lo había visto en la Sociedad Rural de Buenos Aires con Pappo’s Blues, cuando el bajista era David Lebón. Fue un momento inolvidable.”[10]

Las cintas aún no aparecieron públicamente, la esperanza de encontrarlas se mantienen, pero el tiempo juega en contra.

“Lo cierto es que el viernes 18 una avanzada hizo base en el arroyo y acampó, a la espera del recital –continuamos el relato de Vito-, otro grupo se acercó el sábado y el grueso de la horda llegó el domingo. Algunos fueron en el camión del Tino Guarina y otros fuimos en colectivo, porque los organizadores habían contratado a una de las líneas de la ciudad. La mañana se pasó con música y guitarreadas. A las trece llegó el grupo en un colectivo amarillo al que le habían pintado un Riff inmenso, nosotros fuimos todos sobre el colectivo. Primero bajó una rubia vestida con ropa de leopardo, infartante, y tuvo algún encuentro o mejor dicho recibimiento, más que amable por parte de algunos muchachos. Después fueron bajando los músicos, subieron y dieron el recital. Estaban presentando su primer disco, Ruedas de metal, que tenía temas como No detenga su motor, era el tiempo en que Riff salía con cadenas en los recitales.”

Eduardo Antonena recupera imágenes de gente conocida en coincidencia con los relatos anteriores y dice: “Hoy ese recital toma otra dimensión, es historia. Lo que recuerdo –y en esto coincide con Bonus–  es haber escuchado un reportaje en un programa de radio de Buenos Aires, no sé cuál sería ese programa, que promocionaban toda la gira de Pappo. En eso Pappo dice que iban a tocar en Entre Ríos, en un arroyo donde había un molino. La alegría que me produjo escuchar eso fue inconmensurable. El día del recital creo que estábamos todos los que gustábamos del rock, no éramos muchos pero estábamos todos y todas. Yo veía a esos amigos arriba del escenario, con banderas, abajo, tomamos mucho alcohol también”.

"Cuando Riff bajó del colectivo lo hicieron en un estado deplorable, Pappo se ve que tenía una chinche, no sé qué le habría pasado, malhumorado, los otros no, los otros eran unos divinos" . (Viviana Scala).

Y a continuación Loso vuelca su sensación personal y espiritual: “El tema con el que promocionaban a Pappo era uno que decía ‘No detenga su motor e investigue su interior, si el mundo da vueltas, nosotros también, para qué separarse de su ser’. Para mí era una letra muy profunda, que hoy la veo como una iniciación de todo lo que ha florecido después a través de internet, profetas, sanadores, gurúes, chamanes, un montón de información para todos los habitantes del planeta. Por entonces yo venía leyendo Lobsang Rampa, Herman Hesse, Krishnamurti. Esa literatura que me llegaba, ni siquiera la buscaba, me llegaba, y que Pappo cante eso, y Luis Alberto (Spinetta) cante ‘las escaleras bajo sin mirar…’ y había todo un mundo con Espíritu, Aquelarre, que sumaban a toda una gran iniciación de vivir, y después de tantos años –o nada según de dónde lo mires–, pienso que fue un recital épico para nosotros”.

Para Horacio González –guitarrista de Tragaldabas– quienes asistieron ese día fueron buscando otra cosa a lo que se encontraron. Para él los uruguayenses fueron en algún punto, por la historia del líder de la banda: “Me acuerdo varias cosas, pero no de muchas personas que conociera porque no tenía amigos rockeros en ese momento. Me acuerdo que Willy Treboux estuvo toda la tarde dado vuelta, haciendo bardo hasta que alguien lo tranquilizó. Todos los rockeros principalmente de la zona del Puerto Viejo habían ido a escuchar más Pappo’s Blues que a Riff y pedían insistentemente temas viejos. Parecía que nadie se copaba con Riff. Yo conocía todos los temas porque teníamos en casa el primero de Riff y presentó La dama del lago y Profanador de tumbas que aún no habían editado. Por último tocó el Blues de Santa Fe, no sé si como último tema, pero sí después de varios temas y del pedido insistente”.

César Román tenía entonces unos veinte años, es decir pertenecía a los primeros oyentes de rock en la ciudad, y coincide en la visión de Horacio: “Ya había para mí un público de rock bastante importante. Ese día el público fue más vasto, ya estaba la Banda Rockera del Este, que se fundó en esos días, en esos años. Hubo un poco de pogo y de sainete antes de empezar el recital, yo me subí al escenario, le di un abrazo a Pappo, todo ese tipo de cuestiones. Nosotros lo esperábamos a Pappo, al Pappo’s Blues Volumen I, II y III, que es para mí uno de los clásicos del rock de guitarras y Pappo vino a presentar Riff. En realidad yo no entendí bien lo que estaba haciendo en ese momento Pappo, pero era tan grande lo anterior, tan grande el cariño que tenía yo por ese músico, por Pappo, y subrayo, por Pappo’s Blues, que ahí estaba. De todas formas ya había discusiones entre nosotros, por ejemplo Hugo Luna, por ejemplo Cacu Romero y otros compañeros ya tenían una orientación un tanto distinta, más cercana al Flaco Spinetta. Quiero decir que ya había cierto debate porque ya no éramos adolescentes, ya éramos hombres jóvenes, teníamos características de adolescentes porque la dictadura no nos dejó crecer, en mi caso no pude volver a la escuela secundaria hasta que vine a vivir a Mar del Plata”.

El otro aporte que realiza Horacio a esta historia, que casi todos pasaron por alto, fue la presencia ese día de una banda  telonera de Riff:

“También recuerdo que tocó Prólogo, así se llamaba, un grupo que hacía los temas del momento en inglés, en el cual tocaba el bajo Jorge Schaaf que era vecino mío. Este grupo venía a ser soporte. También hubo un problema entre los plomos de este grupo con los de Riff porque el equipo de Pappo tenía un problema y sus plomos fueron a sacarle el equipo del Tonga Rodríguez, guitarrista de Prólogo, pero como fueron de mala manera, no se lo prestaron. El equipo de Vitico también tenía un problema, al parecer con un parlante que sonaba como roto. Así que el sonido no fue el mejor”.

A Prólogo además del Tonga, lo integraban Silvia Castrigniani, una chica de Concordia, Yaqui Schaaf[11] y el Tano Dellagiovanna.

Rubén Pietroboni echa un poco más de luz sobre el incidente con los Riff: “Lo que paso con el Tonga y los equipos no fue que se le habían roto a Riff. Ellos tocaron antes, y Pappo que ya había llegado, es decir todo el grupo había llegado, escucharon que el grupo del Tonga sonaba aceptablemente y, la verdad que a la gente de Riff le convenía no bajar sus equipos, y tocar con los que ya estaban instalados. Entonces Pappo actuó tipo porteño, por más que sea un ídolo fue todo un porteño, y le dijo al Tonga ‘Che pibe yo toco con tu equipo’, pensando que el otro se iba a derretir de alegría, y el Tonga entró a sacar cuentas y pensó: si se me quema el equipo me muero”.

El propio protagonista del incidente da una versión diferente, dice Tonga: “Todo el conflicto empezó en el comedor del camping. Cuando Pappo llegó a comer con todos los músicos y asistentes nos hizo levantar a nosotros que ya estábamos ahí. No quiso compartir la mesa con nosotros, entonces levantamos el platito y nos fuimos a otro lado. A mí eso me dio bronca porque yo creo que somos todos iguales, y no porque seas Pappo sos diferente. Justo se le rompe el Twin Reverb y yo tenía uno igual, el mismo origen americano, igualito, y cuando se le rompe el equipo pregunta ‘¿a ver el colega si me puede prestar el equipo?’ y yo le hice seña que no, que no se lo prestaba, y no se lo presté simplemente porque me pareció de mal gusto el habernos hecho levantar de la mesa”.

El Canciller firmando autógrafos.

Más allá de las diferencias en el relato, el tiempo y la memoria a veces no se llevan bien, hay un denominador común en ambos narradores: Rubén remarca la actitud de superioridad de Pappo como porteño que era y Tonga al contar el acontecimiento en el comedor está diciendo lo mismo, hace notar un dejo de soberbia en las actitudes del Carpo, un rasgo en la personalidad de Pappo que alguna vez se ha señalado.

Héroes del asfalto

Regresamos a la narración de Vito Bonus: “Cuando comenzaron a tocar la locura ya era total, algunos gritaban, saltaban, otros se arrodillaban y aullaban invocando no sé a qué dioses. Yo lloraba de la emoción, ¡No podía creer que Pappo estaba ahí! Para mí era lo máximo, era... como estar viendo a Boca en una final de la Copa del Mundo. Esa tarde algunos perdieron remeras, otros perdieron zapatillas, otros perdieron el colectivo pero nadie se quejó. Incluso la gente que estaba apostada en el camping no podía creer lo que veía. Ese día, y en esto vamos a coincidir todos, se puede decir que estuvimos todos los rockeros de Uruguay, pero todos, no faltó nadie".

Uno de los chicos asistentes al recital, Pablo David Pescio, recordó: “Fuimos con Gustavo Efron. Me acuerdo que fuimos temprano y se armó un partido de fútbol en el Arroyo mientras esperábamos a Riff. No mucho más que eso, tenía 12 años apenas. No me acuerdo mucho del recital en sí. Ni idea la cantidad de gente que había, para mí no más de cien porque estábamos al lado del escenario. Fuimos de mañana, en un colectivo que salía de la calesita, si mal no recuerdo tocaron a la tarde”.

Entonces Gustavo Efron agrega un dato que siempre circula acerca de los recitales y que tiene que ver con las groupies: “¡Yo también me acuerdo perfecto! Me acuerdo que se hablaba que Pappo esperaba después a las chicas atrás de su casa rodante... ¡Mitos del rock!”

Mitos siempre hubo y chicas hubo pocas en ese recital. Y aunque la realidad indica que los presentes no fueron tantos, con el paso de los años, el auditorio fue creciendo en proporción a la leyenda, tal como sucedió con el mítico gol de Grillo a los ingleses. Si anotamos en una libreta cada uno de los asistentes, no da el espacio del camping para albergar toda la gente que estuvo esa tarde en el Urquiza.

Uno de los que estuvo esa tarde fue Hugo Bianchi, como muchos otros recuerda los pormenores que la memoria le acerca: “El día que vino Riff como a las 12 del mediodía nos fuimos con dos amigos de la facultad al arroyo Urquiza, munidos de un buen mate en el Renault 6 de mi viejo. Me pareció un viaje larguiiiisimo, claro con la ruta 14 de dos manos y bastante chota. Lo primero que nos sorprendió fue la escasa cantidad de público, ya que esperábamos muchos más, calculo unas 150 personas. Estaban todos los abanderados del metal de la época como Vito, Puré Gobbi, Rober Pescio, Roberto Figún, Yaqui –tremendo violero-, los hermanos Maddalena, los hermanos Merelle, Milly Rey, Mamano y Rodi Peralta, Loso, Willy Treboux, Andrea y Viviana Scala, etc. El recital fue un gran quilombo. Cuando subió Pappo, totalmente dado vuelta, y comenzó a sonar Riff los vagos volvieron locos y comenzaron a subirse al escenario. A Vito los custodios lo bajaban y se volvía a subir, hasta que en una de esas lo empujan. Los que estaban en el pogo lo abarajaron. La banda sonó como Riff con toda la polenta y Pappo la descosió con la guitarra. Para mí fue toda una locura escuchar esa aplanadora que fue Riff. El corazón a dos mil y la adrenalina a tope. Si bien yo escuchaba a Pappo desde los 13 años y tenía toda la colección de discos, nunca había escuchado Riff.”

Ana María Verón vive en Colón, siempre escuchó rock y desde que tiene memoria  se alineó al heavy metal que se escuchaba entonces, Led Zeppelin y AC/DC la banda de Bon Scott eran de sus preferidas, por eso no extraña que haya sido una de las pocas chicas que estuvo ese día en el recital con un par de amigas, y si bien pudo ver mil veces a Riff cuando en los ochenta se trasladó a Buenos Aires, esa vez en el Arroyo Urquiza fue la primera e inolvidable ocasión.

“No sé como nos enteramos de lo de Pappo. No me acuerdo. A mí no me dejaban salir. Para salir siempre tenía que inventar algo. Le dije a mi mamá que me iba a San José a la casa de una amiga. La tarde del recital inventamos que nos íbamos a tomar mate a la plaza. En el termo en vez de poner agua pusimos vino blanco. Fuimos a la plaza y empezamos a caminar hacia la ruta e hicimos dedo. Nos levantaron y llegamos al Arroyo. Era a la siesta. Cuando llegamos ya estaba todo el despliegue. Mucha gente. Creo que estaban los de Uruguay, pero medio ya habíamos tomado así que no veía mucho. Pocas chicas, de Colón no, solo nosotras, de otros lados había. Éramos las únicas locas que fuimos, que nos animamos, a dedo en una camioneta, con los pelos todos así.”

“Como no me dejaban salir me había escapado, y estaba en falta. Justo llego, y ¡faaa!  mi tío ahí, era el chofer del colectivo de Riff. ‘¿Ana qué hacés acá?’ me dice. ‘No, vine a ver a Pappo. Por favor si vas a casa no le digas a mi viejo que me viste acá’. ‘No, no, no’. Cuando termina el recital me dice ‘Lo querés ver a Pappo?’ ‘Si claro’. Entonces me hizo pasar entre todos, que estaban enardecidos. Me acuerdo que pasé por entre un montón de gente al costado y todos me gritaban ‘¡Eh, Eh, Eh!’ como diciendo ¿Por qué a ella la dejás pasar?  Habían terminado de tocar y había unas mujeres ahí y yo los saludé, le di un beso a cada uno, y Pappo me firmó un papel. Y listo, yo me quedé mirando y dije, bueno me voy. Y salí y me decían de todo porque no los dejaban entrar, pero eso era porque estaba mi tío que era el chofer.”

“Después me entero: me comentaban mis compañeros de colegio. ‘Che rockera te vimos en el boliche’. ¿Cómo? Sí, dicen. Hay una filmación que estás. Yo voy al otro sábado y sí, estaba en la filmación. La pasaban en Topo’s, en la pared. Estaba el recital y yo así en primera plana. Bien de frente, con los pelos así. Era rarísimo, mis propios compañeros se asombraban.”

En Uruguay entre el grupo de rockeros se destacaba Milly Rey, y al igual que Ana coincide que eran muy poquitas las mujeres que asistieron, pero que en realidad eran muy pocas las chicas que adherían al rock: “Me acuerdo de estar vestida con un pullover azul y un jean bombilla con botas, sentada en el escenario con el Vito mamado como siempre; y me acuerdo porque el Vito tenía esa foto en la cocina, en la que estoy sentada en el escenario con ese pullover azul, hermosa, y atrás los Riff tocando. Había ido juntas con dos o tres chicas, una era novia de Merelle, la hermana de ella y yo, las tres en mi 4L”.

El relato de Milly, los recuerdos, están atravesados por las sensaciones de ese día: “Abajo del escenario estábamos como en comunidad, hasta teníamos el distintivo de la Comunidad Rockera del Este, que era un triangulito y estábamos como identificados, y era como que nos adueñábamos de la banda y que los otros chicos que habían ido nos venían a ver también a nosotros, eso sentía. Lo de estar sentada en el escenario lo recuerdo tanto, tanto, porque ya habíamos estado con ellos, eso era ser parte, no era como ir a ver una banda de lejos, estábamos ahí y era ser parte de esa comunidad con los músicos. Tenerlos cerca era la gloria misma, por eso digo lo de la comunidad, todos juntos, no había una división entre  los músicos y nosotros, éramos todos uno, eso hacía que nos sintiéramos como en familia.”

Viviana Scala fue temprano, con su hermana Andrea y sus padres. Viviana tiene un tesoro increíble: fotos de ese día nunca antes publicadas capaces de remover el fondo de la historia. “Esa magia de la fotografía, que nos trajo recuerdos, vivencias, amistades, diversión, música y seguro muchas otras cosas”, escribió Alejandra Heit cuando se encontró en ellas.

"El poco dinero que teníamos lo destinamos para damajuanas de vino, del más barato y los clásicos Particulares 30 que no podían faltar en las tertulias. Acampamos al otro lado del alambrado del Arroyo Urquiza y ahí con el fuego que alimenta las charlas, recibimos el memorable concierto". (Guido Morend).

Ale pertenecía a la vanguardia de Villa Udine que había asistido al recital junto a los hermanos Magri, también de Caseros. En las fotos se ven los músicos vestidos de cuero, muy distendidos, firmando autógrafos, sacándose fotos con la gente que estaba en el predio,  y la mancomunión en ese día soleado de primavera.

Lo interesante además del documento invaluable de las fotografías, es la voz disidente de Viviana con respecto a lo sucedido ese día. Para ella no fue un buen recital, todo lo contrario: “Los fanáticos pueden llegar a romantizar el relato. Cuando Riff bajó del colectivo lo hicieron en un estado deplorable, Pappo se ve que tenía una chinche, no sé qué le habría pasado, malhumorado, los otros no, los otros eran unos divinos. Cuando subieron a tocar, el micrófono de la voz no andaba y sonaban horribles, realmente te lastimaban los oídos. Llegaron a tocar tres canciones me parece, y sin voz, porque él cantaba y no se escuchaba, solo la música, además Peyronel no le pegaba una con el ritmo. Y bueno, a la cuarta yo creo que Pappo dijo basta y se fueron, no tocaron más, o sea que del recital… y encima llegaron como cuatro horas más tarde de lo previsto. Yo cuento lo que vi y viví, no voy a romantizar absolutamente nada.”

La cosa no quedó ahí, Viviana envió una carta a la redacción del diario La Calle contando que se sentía disconforme con lo poco profesional que le pareció la actuación de Riff.[12]

Necesitamos más acción

Guido Morend, como vimos, participó de la avanzada que había llegado días antes, y en ese campamento, típico de las costas entrerrianas, las líneas y plomadas se cambiaron por guitarreadas y canciones de fogón.

También es de los pocos que tiene fotografías del recital.  En una de ellas se lo ve a Loso arriba del escenario con una bandera que dice Pappo en letras rojas, al lado de él con una guitarra está Jorge Guampa Lescano y a punto de saltar del tablado, Vito con una vincha y una remera blanca donde se lee un enorme Pappo’s Blues.

En otra foto el grupo ya es más grande, tirados en el pasto se los distingue a Pichuco Bonnín, Puré Gobbi, Fabián Merelle, Perico Pérez, el mismo Guido, Rubén Pietroboni, Loso y Vito haciendo la V.

Mucho jeans, chalecos, la infaltable guitarra criolla para acompañarse en los fogones, símbolos de la paz y un jarrito que circula con alguna bebida que proviene de una damajuana de vino. Si algo atravesó este recital, destacan todos los comentarios, eso fue la amistad.

“El brebaje de esa damajuana –dice Rubén Pietroboni– era una versión autóctona de la caipirinha. El recital fue en septiembre del 81. Nosotros habíamos ido en enero al Mundialito de Montevideo, con Vito y el Chivo Calivari, el Flaco Barreto se echó atrás y no fue. Allí conocimos a los brasileros y pudimos apreciar la caipirinha, que se puso de moda en el grupo para la época del recital. Habíamos arrancado a las 9 de la mañana esperando los colectivos que nos llevaban al Arroyo en  la parada de la calesita, y mientras esperábamos nos calentábamos con esa bebida.”

La gente, la banda, todos juntos.

José Vinzón recuerda lo mismo “Era algún brebaje, alguna bebida blanca que Rubén había llevado y  preparado. Me acuerdo lo que tardó Pappo en empezar a tocar del pedo que tenía cuando asomó en el colectivo. Una linda croteada todo el día”.

Entonces Rubén recuerda que “José  fue quien me llevó y me trajo. Yo no lo escuché al recital, justo cuando sonaron los primeros acordes quedé nocaut. Me sacaron y no escuché nada, me subieron al colectivo y me llevaron a casa.”

Otro de los asistentes, Rodolfo Fito Rodríguez cuenta: “Fuimos en un Jeep Willy, que era de Fabián Raimundo, había muy poquitos en Uruguay, tal vez era el único, gris, plateado con un bidón de plástico que hacía de tanque de nafta.  Fuimos cuatro en ese Jeep, es decir que no fuimos en el colectivo, éramos Fabián, mi primo Guillermo Dunat,  Mario Valdunciel y yo. Fuimos a la mañana y nos quedamos todo el día allá seguramente llevamos algunas milanesas para comer. Fue algo muy bizarro todo eso, no estábamos acostumbrados a ver algo así, fue algo diferente. Estaba el Willy Treboux, cierro los ojos y lo veo al loco moviendo las manos para que se calmaran,  algo había pasado y se armó algún revuelo, producto del alcohol seguramente. Ya había tocado el grupo soporte y los Riff no venían, y Treboux estaba a los manotazos, a las señas con las manos, ´Loco, loco, cálmense sino no van a tocar’ y le tiraron con naranjas y todo eso. Al rato salieron de la casa los integrantes de Riff y tocaron. Estaban presentando un LP nuevo que se llamaba Ruedas de metal y también tocaron Profanador de tumbas. Fue algo totalmente diferente llegar a ver a ese grupo ahí, en ese ambiente sobre todo”.

Mario Fernández recuerda entonces que un grupo entró por el puente de la ruta14. “Antes de comenzar a tocar se puso espeso el ambiente, uno del grupo subió al escenario y esbozó un ‘vinimos a escuchar música, no a imponer un ideal…” y voló una bolsa con un sándwich de milanesa”.

Otros gurises, a quienes no les interesaba asistir al recital, también aportaron su anécdota personal sobre la visita de Riff, tal como fue el caso de Américo Schvartzman, que se mantuvo ajeno al hecho: "Yo no fui a ver a Riff al Arroyo Urquiza pero me acuerdo que andando por la plaza me crucé con uno de ellos, no sé cuál de todos, pero no era Pappo. Todo vestido de negro, mucho cuero y lleno de tachas y porquerías que le colgaban. Y entre todo eso tenía colgada una esvástica. Yo quedé mirándolo asombrado como diciendo ‘¿Y esto? ¿Qué le pasa a éste tipo?’ Seguramente para él significaba un chirimbolo más y no tenía mucha idea del significado de la esvástica. En el rock algunos la usan como para decir: 'Mirá que malo soy, yo soy un duro de verdad'".

Probablemente la conclusión es correcta; un conductor de TV que cortaba manzanas llegó a tildarlos de “grandotes con esvásticas” sostiene en su informe sobre la banda el periodista Sergio Giambruni, que además afirma que el “grupo nunca usó esa insignia ni hiciera apología jamás, acerca del nazismo.”[13]

Pedro Parpagnoli, también un adolescente por entonces, cuenta que: “En el Arroyo éramos cuatro gatos locos. Yo fui con Charlie Izaguirre, el hijo del viejo Masoko y el Gordo Heavy. A la noche terminamos en La Taberna de Búfalo cuando era solo al fondo. Hasta jugamos un pool con el Carpo, ¡Un grande!”

Si bien el relato del hoy profesor Esteban Bonus, hace centro en la fiesta que se producía bajo el escenario, y parece haber sido muy descontrolada, memorias menos apasionadas sostienen que no fue para tanto, que hubo una especie de orden dentro del desorden:

"Al año siguiente estando el Guido Morend en Mar del Plata, trabajando en un restaurante, lo vio entrar a Pappo, y por supuesto, él fue a atenderlo. Entonces le preguntó si se acordaba del día que había tocado en Uruguay, en el Arroyo Urquiza. Un año después Pappo seguía pensando que estábamos todos locos. Lo que para él había sido un recital más, para nosotros fue lo más grande que nos había pasado. Ese día le dejó de propina un billete de 5.000 pesos, de esos azules, que tenían a San Martín que no sé de qué ley eran. Guido le pidió que se lo firmara para mí. Después me lo dio y hoy no sé dónde mierda lo metí y cada vez que pienso que se me perdió, me amargo”.

En la ciudad del Gran Río

Hasta aquí ya alcanza para conmemorar solemnemente el cuadragésimo aniversario de la visita de Riff a la costa entrerriana, pero como siempre sucede, preguntando por aquí y por allá, surgen nuevas puntas que no hacen más que enriquecer la historia.

La caja de Pandora trae del fondo de los tiempos el recuerdo de una segunda llegada de Riff, que si bien se produjo, contenía la peor de las frustraciones para sus seguidores: Riff vino y no tocó. La fecha no la obtuvimos, pero de los testimonios se desprende que fue en 1982.

Para Lucho Ardetti uno o dos años después del recital del Arroyo Urquiza, existió un intento de traer la banda a para que toque en Unión Deportiva Ferroviaria el que fue suspendido por la poca ventas de entradas.

Lo raro de todo esto es que Riff ya había viajado y se enteraron acá de lo que pasaba. Lo concreto es que los músicos no subieron al escenario de Ferro –otra versión como veremos, sostiene que iba a ser en el Coloso Uruguayense– y luego se los vio pasear por la ciudad, comiendo primero en la Parrilla Filippini, y más tarde en la confitería La Delfina, sin demasiado apuro en partir.

Lo cierto es que esa frustrada visita para muchos quedó en el olvido y son pocos quienes la recuerdan. Entre ellos es Vito quien se encarga de relatar ese momento en su particular estilo:

“No me acuerdo quién lo traía pero iba a tocar en club Rivadavia. La tardecita del día anterior nos habíamos juntado en la casa del querido amigo Mariscal Gobbi, donde hacíamos las escuchatas y estábamos con el disco nuevo que había sacado Riff, el que tenía Pantalla de un mundo nuevo, que era una locura y así esperamos toda la noche, imbuidos como se debía de una escuchata bien pesada de rockanrol y sendas botellas de licor que conseguíamos en la panadería El Despertar del Obrero, el Tres Plumas. A la tardecita de ese día ya nos impulsábamos para ir a verlo al maestro y habíamos estado de escuchata varias horas y el padre de Horacio, el Mariscal, no sé como se enteró pero nos dijo ‘Pappo no viene, se suspende’ o una noticia así de funesta. Encerrado en la pieza del Mariscal, dicen que se escuchó un grito desgarrador, y dicen que era yo, que no podía entender que mi máximo ídolo no pudiera arribar a esta pálida ciudad donde a veces no salía el sol. Salimos de ahí, éramos cuatro en patota hacia el club Rivadavia, vociferando  algunas cosas y maldiciendo a todos los dioses el Olimpo, porque ya veíamos venir mal la cosa, que era cierto que no iba a tocar,  todo esto después de haber escuchado 85.500 veces el álbum, que habíamos ido a e buscar a la mañana a la disquería del Sapo Lacava.[14] Y ese incunable que no sé donde está, quizás fue expropiado por las fuerzas del mal, nos marcó toda una noche para ponernos en precalentamiento para escuchar al maestro. Llegamos a Rivadavia y no había nada, obviamente la ira iba en aumento. Parece que hubo unos personajes que no querían que venga Pappo, toda una campaña mediática en su contra, de que eran los encadenados, la banalidad del mal, bla bla bla, aunque todo esto nunca lo pudimos comprobar. Por lo tanto fuimos amablemente expulsados. Después supe que anduvieron por el centro, por lo’Morend o lo’Filippini. Posiblemente no hubo mucha difusión o había escasas entradas vendidas y no pudieron o quisieron tocar, hubo un combo de hechos que determinaron que el gran maestro del blues y el metal no pudiera presentarse en la culta Concepción del Uruguay.”

Mi carroza mueve sus ruedas de metal

En aquel momento se acusaba a Riff de violento. En alguna ocasión  Pappo –que era más lúcido que la imagen que pretendía imponer de sí mismo– ante una pregunta sobre el tema, respondió: “Un recital de rock, comparado con una cancha de fútbol, es un bebito de seis meses tomando leche”[15], y no le faltaba razón.

Pero entonces la violencia estaba en las instituciones, el poder había sido tomado por un grupo minoritario y se lo sufría en el día a día a través de los abusos de autoridad, de la prepotencia en los organismos públicos, del disciplinamiento básico en los colegios, de las requisas de documentos, de  la censura sobre el pensamiento, entre otras cientos de maneras de ejercer la violencia, a través de un autoritarismo y el derecho del más fuerte, llegando al punto bestial de asesinar y desaparecer personas.

Hacia 1983 la situación política comenzó a cambiar. Los días duros fueron dejando paso a los esperanzados por venir de una naciente democracia, que prometía restaurar las libertades perdidas. A ese cambio pretendió acompañar el rock y no fue ajeno. El mismo Pappo declaró “Basta de cadenas, basta de violencia. Los tiempos han cambiado para todos, y para mí también.”[16]

Rubén Pietroboni, ahora, pasados cuarenta años de aquel encuentro, realiza una mirada más amplia, se focaliza en el grupo de muchachos que eran, de alguna manera, su relato muestra la movilidad y las inquietudes que un chico, cualquiera, va atravesando la vida, entonces se pregunta: “¿Qué era lo que nos unía, lo qué nos movía a los que estábamos en ese ambiente?” y el mismo se responde sin escapar al momento histórico: “No es nada novedoso, éramos gente que tenía ganas de hacer cosas, de expresarse, de llevar adelante cosas, en ese momento estaba prohibida la actividad política por lo tanto no nos quedaban demasiados caminos o posibilidades,  y ahí encontramos un ambiente, que no era una cosa masiva pero podíamos hablar de forma libre. Era un grupo más bien cerrado, era más un buen microclima, muy grato y que nos contenía. Justamente en ese año ‘81 ya venía  afirmándose el tema político, tal es así que en marzo del año siguiente se armó la primera gran movida contra el gobierno militar, con esa famosa huelga general que planteó (Saúl) Ubaldini, donde la represión mató al menos a tres personas que participaban de las protestas, en distintos lugares de la nación. Nosotros acá también participamos, desde fines el año anterior ya veníamos juntándonos de forma extraoficial y fuimos a la plaza, ahí empezó la movida grande.  Inmediatamente vino Malvinas que nos movilizó, yo ya estaba estudiando en la UTN, donde armamos una guitarreada para juntar fondos para Malvinas. Fue una cosa que no tuvo solución de continuidad, fue todo una sola cosa ver que nos iban llamando, a los compañeros le llegaban telegramas, los convocaban y se tenían que ir de a uno, a mí no me llegó. Cuando termina la Guerra de Malvinas, al mes, explotó toda la realidad política, incontenible ya, tanto dentro de la vida universitaria como afuera”.

Esta apertura política fue fundamental, las inquietudes empezaron a canalizarse por otro lado. Compartimos con Verdesio eso de que “sigue siendo válida la caracterización del rock argentino como un fenómeno que distó mucho de ser lo suficientemente politizado como para hacerle algún daño a la dictadura”[17]

"Desde temprano ese día empezaron a llegar muchachos de todos lados, tal es así que por la Ruta 14 se veía gente caminando que venía desde Concepción y de Colón, caminando hasta el Arroyo, yo lo vi". (Rofi Gradizuela).

En el caso de Pietroboni, esto fue comprendido muy rápidamente. El grupo de amigos, rockeros, rebeldes, contraculturales, no alcanzaba ya para involucrarse en los nuevos tiempos, si hasta entonces el rock había sido un refugio, ahora había que actuar en los canales que comenzaban a abrirse en la pelea por la democracia: “En mi caso particular no es que abandoné el rock,  pero sí la organización de eventos en el ambiente del rock y me desplacé hacia la parte política. Integré el primer centro de estudiantes de la UTN,  el primer CEICU, que fue el que redactó el primer Estatuto de centros de estudiantes de por acá a la vuelta, que fue tomado por algunos otros centros de estudiantes terciarios o universitarios como modelo, por ejemplo en Don Bosco y en el Colegio Nacional también. En Don Bosco armando el centro de estudiantes estaba Chicho Lepratti, Claudio, que después en Rosario fue conocido como Pocho, pero para nosotros era Chicho. Como yo estaba en grupos de actividades juveniles y sociales en Don Bosco, tenía una relación directa con Chicho. Así fue que abandoné la actividad del rock para dedicarme a la parte política.”

El profesor César Román puso en contexto político y social aquel momento histórico, compartimos plenamente que el rock no puede estar ajeno al conjunto de la sociedad: “En el período, 76–77 en adelante, en lo que tiene que ver con Uruguay, lo más importante tuvo que ver con la organización de algunos eventos importantes. El primero es que viene Vox Dei a Concepción, porque lo que pasaba es que estos grupos como Vox Dei y otros no podían tocar directamente en Buenos Aires por el clima militar, entonces tocaban en el interior del país, en algunos lugares donde más o menos podían tocar, con poco público, en fin. Por distintas circunstancias y bastante ayudado por el profesor Pochola Arditti, vienen a Concepción del Uruguay y el recital se hace en el salón de la Escuela Normal, en plena dictadura. Algo muy loco y contradictorio, pero las cosas siempre son así. Willy Treboux, estuvo muy metido en la organización de todo esto. Y el otro gran recital es el que organiza Mon-Cherí, es decir el Rofi Gradizuela en el Arroyo Urquiza, donde organizó el recital de Pappo, cuando Pappo andaba con Riff. Fue impresionante ese, esto si ya me parece que era 1981, donde si bien es cierto la dictadura siempre fue la dictadura, lo que hay que tener en cuenta que no todo era homogéneo. Ahí habían aflojado un poco los controles, sobre todo en la etapa de Viola. Después en la etapa de Galtieri vuelven a ponerse rígidos los controles, de represión y no es casualidad que termine en el tema de Malvinas. Aquí ya es un período tremendamente contradictorio donde por una parte el rock está prohibido, no lo pasan más por la radio, pero por otra parte nosotros en los hogares lo escuchábamos muchísimo.” [18]

A 40 años de aquel recital inolvidable, el mundo se transformó irremediablemente. El rock que no puede ser ajeno a esos cambios  y sus cultores tampoco. De aquellos gurises que asistieron al Arroyo Urquiza a los chicos que hoy escuchan Wos, existe una distancia enorme. Muchos ya no están, unos cuantos se transformaron en los  tangueros que no querían ser, otros que ya ni canas peinan siguen manteniendo aquel espíritu y no dejan nunca de pensar adonde está la libertad, es que los cambios han sido tan profundos y tan violentos que el mundo es otro. Si aquellos chicos soñaban con crecer en un universo más igualitario y más libre, eso hoy parece una utopía aún mayor que entonces.

Hace 16 años que Pappo ya no está, antes de irse visitó un par de veces la ciudad dando dos recitales inolvidables, en Lanús y en los galpones del puerto, y en ellos aún se pudo ver algunos de los jóvenes-viejos presentes en aquella primavera del 81 que, seguramente buscaban esa línea conductora a la edad en que todo estaba por hacerse.

Escuchamos muchas voces para recrear este informe y nos quedamos con lo heterogéneo de las opiniones. Parece que cada hecho puede tener dos o más versiones, a veces los nombres no coinciden y las apreciaciones no solo son diferentes sino que se contraponen completamente.

Todas las versiones enriquecen la historia, y a pesar de las diferencias en el fondo lo que emerge es el sentimiento que se vivía entonces, la necesidad de expresarse, de liberarse. Fuesen los chicos y chicas conscientes o no, ese tarde en el Arroyo Urquiza se respiró libertad.

Pappo irreconocible, con 31 años lideraba la banda de rock pesado más importante del país.

¿Fue el mejor recital? ¿Fue el mejor sonido? ¿La performance de la banda resultó insuperable? No, nada de eso, pero fue el mejor concierto al que podían aspirar los jóvenes de Uruguay y Colón por entonces –también de  Villaguay, Villa Elisa, Nogoyá, Caseros e infinidad de lugares– y eso es lo que se rescata.

Guido no niega que el sonido fue malo: “Era al aire libre, no era Barock y tampoco el anfiteatro de La Falda Rock. Ahora bien los q íbamos a conciertos por el resto de país, sabíamos de las dificultades de equipamientos y de técnicos especializados. Fue un concierto de Rock de los 80 al aire libre y no una ópera en el Colón, pero fue un concierto-encuentro, visto desde hoy  fue y es romántico en su concepto global, por todo el espacio de necesidades e inquietudes que cubrió.”

Riff era la banda que se plantaba ante la dictadura, por estética, por las cadenas, por la explosión que desataba entre los chicos era un vehículo expresivo que se manifestaba abiertamente.

Otros intérpretes lo hacían desde las letras, Serú Girán por ejemplo, y lo tenían muy en claro. Riff sabía que su propuesta no era esa, que pasaba por otro lado, y por eso acompañó y representó a muchos jóvenes de entonces.

El Carpo en acción.

Cuando el país cambió, a fines del 83 la banda fue superada por sus seguidores y no pudo continuar. La historia parecía reclamar otra cosa. Un breve repaso por los grupos exitosos de los primeros años de la democracia lo demuestran. La primavera alfonsinista no iba a soportar las cadenas.

En Concepción del Uruguay hace 30 años se editaba una revista independiente llamada Bar2 (Bardos), una patriada de gurises comprometidos con el arte, patriadas de las que también deberán rescatarse. Allí Alejo Carbonell llevó al papel un recuerdo del recital de Arroyo Urquiza por primera vez, justo es decirlo.

Más acá en el tiempo en 2019, en el programa Viejos Ratones del Tiempo, que se emite  por la radio comunitaria Sapukay de Colón, Luis Marandino y Mario Evangelista evocaron el histórico concierto de Riff.  Guido Morend, Daniel y Diego Becker, Lucho Ardetti y el mismo Mario Evangelista, entre otros recordaron con anécdotas ese día que hoy repasamos.

Hoy lo hacemos nosotros en éstas líneas, agradeciendo enormemente a todas las personas que dieron su testimonio y aportaron con datos, fotos, recortes, o consultaron a otras en nuestro nombre: Loso Antonena, Vito Bonus, Horacio González, Rofi Gradizuela, Guido Morend, Rubén Pietroboni, Tonga Rodríguez, Jorge Schaaf, Ana María Verón, Milly Rey, Mario Fernández, Carlos Iriarte, César Román, María Laura Martínez, Maroma Fernández, Lucho Ardetti, Hugo Bianchi, Viviana Scala.

Citas y bibliografía

[1]- Claudio Kleiman, Pappo: Genio & figura, citada en Juan Ortelli, Vida y obra de Pappo, Ed. La Nación, Buenos Aires, 2015, Pág. 42
[2]- Marcelo Fernández Bitar, 50 años de rock en Argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 2015, Pág. 116
[3]-Luis Ortellado, La política de los perdedores, Una lectura sobre la utopía heavy en los 80, Clara Beter ediciones, Buenos Aires, 2019, Pág. 43
[4]- Luis Ortellado, Ob. Cit. Pág. 101 y Gloria Guerrero, La historia del Palo, La Urraca; Buenos Aires,  1995, Págs. 41-48
[5]-Jorge Villanova, Una de rockeros, El Miércoles, Concepción del Uruguay, 2018, Pág. 228
[6]-Sergio Marchi, Pappo el hombre suburbano, Planeta, Buenos Aires, 2011, Pág. 238
[7] Revista Pelo N° 151, Giran Ruedas, Septiembre 1981, Pág. 6
[8] Revista Pelo N° 150, Agosto 1981, Pág. 46
[9] -Sergio Giambruni, Riff precursores del rock pesado en Argentina, Efecto Metal N° 39, diciembre 2019, Pág. 25
[10]- Entrevista a Osvaldo Fernández, realizada por María Laura Martínez en Colón,  septiembre 2017
[11] Según Schaaf, en la formación  de Prólogo que actuó ese día no se encontraba Silvia Castrigniani.
[12] No pudimos acceder a esa carta ni saber si en los días anteriores se publicó algún informe de la llegada de Riff en diario La Calle. El tomo correspondiente a la fecha no se encuentra en la hemeroteca del Museo Casa Delio Panizza.
[13]- Sergio Giambruni,  Ob. Cit., Pág. 26
[14]- El 20 de octubre de 1982 aparece el álbum Contenidos, el tercero de la banda, que contiene el tema mencionado. Por lo tanto, especulando que fueron a comprarlo en la fecha más cercana a su salida, podemos ubicar el relato de Vito Bonus a fines de octubre de ese año o principios de noviembre.
[15]-Rock N' Shows Nº 2, Pappo, Buenos Aires, diciembre 1993, Pág. 17
[16]- Ídem, Pág. 16
[17]- Gustavo Verdesio, No es solo rock and roll, Estuario editora, Montevideo, 2017, Pág. 52
[18]- Jorge Villanova, Ob. Cit., Págs. 241-242

 

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