Hoy, en ciudades como Concepción del Uruguay, una garrafa de 10 kilos cuesta hasta 20 mil pesos. No es casualidad. Es consecuencia directa de decisiones del Gobierno nacional.
Por JUAN MARTÍN GARAY (*)
Porque mientras el precio “oficial” sigue existiendo dentro del Programa Hogar, en la práctica el Estado se corrió: liberó precios, redujo subsidios y dejó sin control efectivo a un mercado que hace lo que quiere.
El resultado está a la vista. La gente paga el doble de lo que debería.
Y lo más grave: el consumo cae. No porque sobre, sino porque no alcanza. Familias que cocinan menos, que se van a calefaccionar menos en invierno, que empiezan a querer pagar en cuotas algo tan básico como una garrafa.
Eso no es eficiencia económica. Es abandono.
Se podrá hablar de orden fiscal o de sinceramiento de precios. Pero cuando el ajuste llega a la cocina, lo que falla no es el mercado: es el Estado.
La garrafa a 20 mil pesos no es un exceso aislado. Es la consecuencia de un Gobierno nacional que decidió retirarse justo donde más se lo necesita.
(*) Abogado y concejal.
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