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1963

La mamá del Che, presa en Concepción

En 1963 Celia de la Serna, la madre de Ernesto Guevara, detenida en Concordia, estuvo diez días en la cárcel pública de Concepción del Uruguay a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Se la acusaba de portar “material de propaganda comunista” y de ser “la madre de un reconocido comunista mundial”. La defensa estuvo a cargo de conocidos abogados locales, entre ellos el reconocido escritor Delio Panizza.

Este texto forma parte del libro Historias casi desconocidas de Concepción del Uruguay (Editorial El Miércoles, 2019), que fue producto de un trabajo de compilación de Américo Schvartzman, Jorge Villanova y Clara Chauvín.

“A la citada señora de Guevara, Libreta Cívica Número 0352501, pasaporte Número 884621, procedente de Salto, ROU, a bordo de la lancha de turno uruguaya Leopoldina, se la detuvo por portar material de propaganda de tendencia comunista...”. El acta de secuestro –redactada a las 11.20 del 23 de abril de 1963– enumeraba el “material apátrida” que se le incautó a Celia de La Serna de Guevara.

Facsímil de la nota de designación de abogados defensores por parte de Celia de la Serna de Guevara.

 

Los títulos más destacados: Reforma Agraria en el Uruguay de Vivian Trías, Los caminos del hambre de Jorge Amado, El Plan Kennedy y la revolución latinoamericana, también de Trías, Autocrítica de la Revolución Cubana, de Fidel Castro y folletos de los dirigentes peronistas Andrés Framini y John William Cooke editados en Buenos Aires. También las revistas Panorama Económico Latinoamericano y Mitrans, ejemplares del periódico Marcha, distintivos de la “Brigada Alfabetizadora Conrado Benítez”, una insignia de papel con la foto de Fidel Castro y otros materiales considerados “propaganda comunista”.

Apenas pisó suelo entrerriano fue identificada por una empleada de la Subprefectura, y al abrir su bolso brotaron, entre la ropa, algunos de los libros con los que la incriminarían. Celia fue encarcelada en Concordia, donde estuvo dos noches y luego fue trasladada a Concepción del Uruguay. Le imputaron que llevaba material subversivo en un momento de pleno macartismo, pero el motivo de su detención estaba claro: ser la madre del Che Guevera.

Celia de la Serna de Guevara era una mujer conocida ya en todo el mundo. Ser la madre del revolucionario la ponía en la consideración de todos, pero fue mucho más que eso. Nacida en una familia de alta alcurnia, educada en un fino colegio porteño, por su casa desfilaron renombrados escritores que compartían amistad con sus padres: Gabriela Mistral. Victoria Ocampo, Roberto Arlt, entre muchos. Su aristocrático pasado no le llamó mucho la atención y tuvo una temprana militancia política en favor de la causa republicana, por la que tomó partido cuando la Guerra Civil Española desangraba la península de sus antepasados. Entre Ríos era parte de su mundo también, al que llegaba periódicamente de visita a algunas estancias, según revela Julia Constenla en su libro Celia, la madre del Che. “La detención de la madre del Che es comentada no sólo en los diarios de provincia y en algunos medios nacionales. También en Cuba la revista Bohemia publica el mismo 17 de mayo información que recibe de Prensa Latina. La nota termina diciendo que la encarcelan por madre y revolucionaria”.

La madre del mítico guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara regresaba de un extenso periplo: venía de Cuba, de La Habana, en donde permaneció alrededor de un mes visitando a su hijo; y de Europa, donde recorrió distintos puntos, entre ellos París, ciudad por la que sentía especial atracción por su condición de profesora de francés. De regreso llegó a Montevideo, desde donde se dirigió a Salto para pasar en lancha la frontera. En Concordia fue detenida por las fuerzas de seguridad que cumplieron a pie juntillas los términos de una circular secreta dictada por el presidente José María Guido el 28 de marzo de 1963.

Hacía un año había sido derrocado el presidente Arturo Frondizi, y Guido era (por un tiempo) la cara legal de un gobierno ilegítimo. Días de enfrentamientos entre “azules” y “colorados” en el Ejército, de libertades y derechos conculcados, de prohibiciones y proscriptos. El periodista Jorge Masetti, con el mote de guerra de “Comandante Segundo”, organiza una guerrilla en el norte argentino. Meses más tarde, las urnas –y la proscripción del peronismo– posibilitarán a la fórmula Illia-Perette el triunfo que, por poco tiempo, devolvería la democracia al país.

Entre Ríos estaba intervenida desde el golpe de estado que desplazó al gobernador Raúl Lucio Uranga. El general Carlos Jorge Rosas y el capitán Leandro Ruiz Moreno actuaron como interventores entre 1962 y 1963. En Concepción del Uruguay el intendente era el doctor Salvador Trigos, en reemplazo del electo Dr. Juan E. Lacava, depuesto al mismo tiempo que las autoridades nacionales y provinciales.

La detención de Celia se produjo el 23 de abril quedando “la citada” a disposición de la Subprefectura del Puerto de Concordia y junto con ella “el material de propaganda comunista que conducía en su equipaje”, como se lee en el expediente número 30.032 del Juzgado Federal de Concepción del Uruguay.

Las razones de la detención se fundaban en el decreto-ley 8.161 que penaba “introducir al país material de difusión y propaganda extremista”. La mamá del Che permaneció detenida e incomunicada a disposición de la Justicia Federal durante diez días, hasta el 3 de mayo. El sumario lleva el número 13/63 y forma parte del voluminoso cuerpo del expediente del caso. Dos días después de la detención fue indagada por el juez federal Daniel César Albornoz Suffern.

La burocrática prosa judicial detalla que la señora “de la Serna de Guevara, hija de Juan Martín de la Serna y de Edelmira Llosa, de cincuenta y seis años de edad” aclaró al juez que el material incautado estaba compuesto en su mayor parte de “estudios económicos de Latinoamérica”. También dijo que quería conservar el ejemplar de la revista cubana Mitrans “por contener un artículo escrito por mi hijo”. Entre lo secuestrado había fotografías familiares íntimas de su hijo, acompañado de su esposa e hijos, que “por su pequeña cantidad y por el hecho de haber sido traído como unidad en ningún momento puede ser considerado propaganda ni pensarse que puedan ser utilizados para ello”.

Celia y su hijo el Che.

En su declaración, Celia de Guevara negó pertenecer a algún grupo o partido “filocomunista” y señaló que su “única participación política” fue en ocasión de afiliarse al minúsculo “Movimiento Nacional de Liberación – MNL” que a comienzos de la década de ‘60 trataba de obtener personería jurídica en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. En su testimonio manifestaba desconocer los “alcances del decreto 8.161 por encontrarse fuera del país al momento de dictarse” y calificaba la situación “como un atropello”, dando cuenta de “su más formal protesta”.

El MNL o “Malena” como le decían sus integrantes, fue uno de los muchos intentos de nuclear a los distintos grupos de la izquierda que se venían fragmentando a pasos acelerados. Surgió al calor de la Revolución Cubana, de los primeros intentos de comprender al peronismo (ese “hecho maldito del país burgués”, según J.W. Cooke...) y contó con la participación de algunas figuras que luego tendrían trascendencia en la política y la cultura argentinas: dirigentes políticos y sindicales, militantes provenientes de varios partidos tradicionales: peronistas, radicales, socialistas, comunistas... Intelectuales como Ismael y David Viñas, Pedro Milesi y Susana Fiorito, el entonces desconocido escritor Juan José Saer, el director de cine Fernando Birri, el dirigente estudiantil Guillermo Estévez Boero, Francisco Urondo y el uruguayense Horacio Poggio. El grupo se disolvió en 1969.

El pedido de Celia de que la defendiera Roberto Guevara –hermano menor de Ernesto– no prosperó, por eso fueron designados los abogados uruguayenses Delio Panizza, Roberto Perinotto, Héctor Rodríguez Monzón, Miguel Ángel Marsiglia, Lucilo López, Hugo Bacigalupo y Roberto Uncal. Estos inmediatamente tomaron en sus manos el caso y pidieron al juez la inmediata libertad de la detenida. En el primer escrito explicaron que la documentación secuestrada era de uso personal y sin fines de propaganda. El 3 de mayo el juez Albornoz Suffern resuelve la libertad “por falta de mérito” y dispone el sobreseimiento definitivo de Celia, aunque la declara “a disposición del PEN”.

Los prejuicios ideológicos del juez Albornoz Suffern aparecen con claridad en los considerandos de su resolución: considera “deleznables” las excusas que presentó la detenida, pone en duda las actividades y objetivos de la señora de la Serna de Guevara en sus viajes, y afirma que “otros son los fines de ese deambular activo y costoso, abrevado por siempre misteriosos y generosos canales”.

En otro párrafo el juez deja en claro que la mujer “es madre de un comunista mundialmente conocido”, reprochándole “haber militado en un partido de idéntica filiación comunista –por el MNL– por más que se pretenda disfrazarlo de nacionalismo local”, dato que a juicio del magistrado es un elemento suficiente de prueba como para dictaminar la “culpabilidad” en lo que respecta a la filiación de la detenida. No obstante, “no puedo empero encontrar sanción penal” por ser reconocida la “carencia de validez” del decreto en cuestión por “no lucir las firmas necesarias ni estar encabezado por la forma sacramental de rigor para esta clase de instrumentos legales”.

Fue esa “falta de validez” la razón por la cual la madre del Che Guevara recobró su libertad, aunque por poco tiempo. Casi de inmediato el presidente Guido firma un decreto por el cual la traslada detenida a la cárcel correccional de mujeres del barrio de Monserrat, en la ciudad de Buenos Aires, donde permanecerá dos meses más.

En marzo de 2000, algunos de los defensores de Celia, la mamá del Che, compartieron sus recuerdos con El Miércoles. Miguel Ángel Marsiglia rememoró: “Conversé con la madre del Che Guevara en dos o tres oportunidades cuando estuvo detenida en la unidad carcelaria local; la recuerdo como una señora muy respetuosa de carácter firme, siempre erguida en su posición y vestida de negro. Ella decía que era injusto que se la detuviera por tener cartas y documentos”.

Hugo Bacigalupo se había recibido dos años antes. “La vi una sola vez en una ocasión en que la fuimos a visitar. Era una mujer amable. Pero no mantuve un diálogo fluido”. Tanto Marsiglia como Bacigalupo coinciden en señalar que por aquellos años el Che todavía no había adquirido la proyección que logró con el paso de los años. “Para nosotros fue un caso como cualquier otro, porque defendimos bastante gente en esa situación, de todo tipo de corrientes políticas. No le dimos la trascendencia que adquirió con los años”.

También Miguel Pepe visitó a Celia en la cárcel. Y recordaba: “El doctor Roberto Uncal es el hombre importante en este acontecimiento porque la defendió de una acusación injusta. Ella no traía ningún tipo de contrabando, ni literatura peligrosa ni nada en contra del régimen militar. En una de las oportunidades que la visitó, Uncal me pidió que lo acompañara porque éramos muy amigos y trabajábamos juntos. Tuvimos la posibilidad de dialogar a solas con ella durante unos minutos. Uncal buscó a algunos abogados de nuestra ciudad, lo que es muy meritorio ya que los escritos fueron firmados por varios profesionales que respondían a distintos partidos políticos. Recuerdo que ningún abogado cobró un peso, por lo que ella quedó muy agradecida. Después le envió una carta muy elogiosa a Roberto Uncal con algún recordatorio”.

Así fue el paso por Concepción del Uruguay de la madre del mítico revolucionario, condición que para la época consideraba un grave delito. Queda un añoso expediente en los archivos del Juzgado federal y el recuerdo de quienes estuvieron cerca de la detenida por aquellos días.

Autores: Américo Schvartzman y Jorge Villanova. La nota original se publicó en el número 2 de El Miércoles, en marzo de 2000, con la firma de Gustavo Sirota y colaboración de Jorge Díaz y Adrián Pino. En esta versión se consultó además la narración que realiza Jorge Riani en su libro “Entre Ríos secreta” y el ensayo biográfico de Julia Constenla “Celia, la madre del Che”.

El expediente se encontró a raíz de una investigación del historiador cubano Froilán González García, quien en 1995 solicitó una copia completa en el Juzgado Federal. Hay abundante bibliografía sobre el Che, pero no tanta sobre su madre. El libro de Julia Constenla es recomendable para quienes quieran conocer más sobre ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

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