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Los gurises no se fumigan

Los gurises vienen de monte adentro, bien guaraní. No es casual que gurises sea lenguaje originario, apropiado y sin fronteras en las provincias y naciones ribereñas de la cuenca del Plata.

 

Por JORGE DANERI (*)

Los gurises no conocen otras escuelas que las públicas en el monte o la pampa sojera en inmunda y brutal expansión. Son aquellos gurises de guardapolvo blanco a caballo, en carretas, caminando de la mano de madres, otras madres o las propias maestras.

 

Los gurises son la reserva ética de resistencia y esperanza de un mundo o miles que no quieren desaparecer y ser olvidados como hoy negados. Van a la escuela en los pueblos fumigados, porque es el último refugio de la libertad y el amor. El amor de los que no se rinden, son la trinchera no violenta de maestras y maestros de otros mundos, aquellos de nuestros viejos criollos, inmigrantes, son universos a escala humana que la bandera de la maldita soja de Syngenta no solo no reconoce, niega, se llevan puesto diversidades todas, como una guerra silenciosa, cobarde y perversa.

 

Ahora, el máximo tribunal del país, en una actitud más que procesal, expone el contenido de una inhumanidad que no resiste más calificativos, hace caer una historia judicial cargada de éticas y resoluciones de magistrados luminosas expuestas en las mesas de jueces independientes, por mujeres colegas valientes que dignifican esa profesión en su “especialidad” por tan pocos asumida, el ejercicio ético del derecho ambiental y su humanidad de derechos que lo refugia.

Pero las niñas y niños, gurises y guainas se quedan en sus escuelas bien de campo adentro, desprotegidos. No saben de poderes y ejecutores. Pero saben que ahora la vida, sus sentidos tendrán que ver con la conformación de democracias participativas sin límites, con construcciones sociales desde los territorios, porque las esperanzas judiciales se fueron desmantelando en los más altos estrados del poder fundido, incendiado.

 

La soberbia y arrogancia de los aviones y mosquitos serán un infierno más, con quemas, desmontes y sequías. La “emergencia ambiental oficial” será para subsidiar como víctimas, a los causantes de quedarnos sin ríos y biológicas como culturales diferencias, distinciones, diversidades.

 

La emergencia de salud y ambiente cuidado para los niños, quedará en el recuerdo indigno de una página miserable de un alto tribunal que perdió todo tipo de credibilidad, de autoridad, de buena madera.

 

Estas reflexiones, nada tienen que ver con el proceso de juicio político a los Corte-sanos o Corte-malos. Nada que ver. Es diferente. Contempla y compromete la intimidad del ser niño, mira la profundidad del amor, el amor que en este infierno de degradación no solo incendia deltas y paraísos de alerces o sierras mediterráneas, incendia el espíritu de la norma constitucional y ambiental, sus principios de prevención, precaución y equidad intergeneracional, incendia la poesía, el canto, la política misma, la independencia de la última apelación, arde la esperanza del ahora y aquí, pero genera la energía vital de la indignación y la alegría mayor de las resistencias y luchas por seguir y compartir.

 

Sucederán impensadas situaciones, pero los gurises y sus maestras, el gremio docente como el Foro Ecologista de Paraná, como todas las organizaciones compañeras, no se entregarán a este golpe bajo. No es un golpe de Estado, es un golpe a la dignidad de la democracia, su independencia de poderes. Es la ratificación de los tentáculos de las corporaciones del agro-negocio de unos pocos mercaderes del extractivismo y el saqueo.

 

Los privilegiados son los niños decía Juan Domingo Perón. Nuestra causa es la causa de los desposeídos, aquél Radicalismo.

 

Hoy los privilegios corren por otros caminos, como sentencia un autor sobre “las islas del tesoro, los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo”. Somos más que nunca, un paraíso fiscal agrotóxico, pero no se robarán el porvenir.

 

El guardapolvo blanco, de la igualdad y la educación pública, el de Matilde Filgueiras de Díaz, instrumentado por Hipólito Yrigoyen, está manchado de una sentencia retrógrada de agrotóxicos sin fronteras, sin humanidades y una política sobre sustentabilidad y salud pública, degradante y sin grietas en esta región de sacrificio y exclusión.

 

Aun así, como la historia de los otros mundos posible lo cuenta, desde esta Colombia y quizás el  Brasil de estos renovados tiempos, los gurises como las juventudes seguirán esculpiendo sus propias líneas de dignidad.

 

(*) Abogado ambientalista, integrante de la Unidad de Vinculación Ecologista (UVE) de Fundación La Hendija de Paraná. Artículo publicado en ERA VERDE.

 

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