"La gratuidad en la Universidad Argentina está por celebrar sus 70 años", recuerda el ex decano de la facultad de Ciencias de la Salud de la UNER de Concepción del Uruguay, en este artículo. Y no dejó de vincularlo con la actualidad y con un hecho puntual que lo preocupa: "El examen de ingreso a Residencias Médicas del Garraham, con mediadores administradores de Inteligencia Artificial comunicados vía internet con los aspirantes, abrumó a todos".
Por DANIEL DE MICHELE (Especial para EL MIÉRCOLES)
Foto de portada: Archivo de EL MIÉRCOLES
La Ley Avellaneda (1885) -primera ley universitaria del país- otorgó a los Consejos Superiores de las dos universidades existentes a esa fecha (UBA y UNC), la facultad de fijar los derechos universitarios con la aprobación del Ministerio de Instrucción Pública.
Esto implicaba que cada universidad podía definir sus propios aranceles de matrícula. No existía una ley o decreto que estableciera un monto fijo para cada carrera a nivel nacional. Las universidades, con su autonomía, definían las tarifas de sus matrículas.
Es decir, desde los inicios de la Universidad Argentina -siguiendo la experiencia de la Universidad Europea- la gratuidad no existía. La educación superior estaba sujeta al pago de aranceles o matrículas, que aun sin ser prohibitivos, definían el acceso a la universidad para una élite, ya que los sectores populares y de bajos recursos no podían sostener sus estudios.
Los costos para un estudiante cursando una carrera universitaria, incluían: - matrícula anual: se debía abonar al inicio del año académico para poder inscribirse; - derechos de examen: existían tarifas adicionales para poder rendir los exámenes finales;- aranceles por asignación de materias: algunas facultades podían cobrar un arancel adicional por cada materia en la que el estudiante se inscribía.
En 1947, la Ley Guardo (Ley 13.031) puso fin a la Ley Avellaneda, pero no eliminó el arancelamiento. En su lugar, el Estado comenzó a jugar un rol más activo y se estableció un sistema de becas, qué si bien no eliminaba los costos, buscaba mitigar el impacto financiero para los estudiantes más pobres. Sin embargo, no fue hasta el Decreto Ley 29.337 de 1949 de Perón, que se suprimieron de manera definitiva todos los aranceles universitarios, dando inicio a la era de la gratuidad de la Universidad estatal.
Esto implicó no poca cosa; Perón transformó la educación superior de un privilegio, en un derecho. Por tanto, hoy la gratuidad en la Universidad Argentina está por celebrar sus 70 años. Esa medida tuvo un impacto inmediato, democratizando el acceso a las aulas y provocando un aumento masivo de la matrícula estudiantil. Los cinco Premios Nobel de Argentina son fruto del árbol de la Universidad Argentina gratuita.
En 1970 - quien estas palabras escribe - accedió a la Facultad de Medicina de Rosario gratuitamente (después de aprobar su éxamen de ingreso, sin PC a la vista). En poco tiempo más, la Universidad fue abierta a los estudiantes latinoamericanos.
Llegaron de varios países a cursar Medicina. Nunca olvidaré la comunidad más grande que arribó a Rosario; los garotos brasileros. De pronto, el idioma oficial de Medicina fue el portugués.
Volviendo a la actualidad, el examen de ingreso a Residencias Médicas del Garraham, con mediadores administradores de Inteligencia Artificial comunicados vía internet con los aspirantes, abrumó a todos.
Personajes ilegales invadiendo los sistemas de preguntas de la prueba, fueron asesores intra-examen de los aspirantes. Los examinados, dialogaron on line amablemente con “auxiliares” que sugerían respuestas a las preguntas de la prueba para seleccionar residentes de Medicina: los aspirantes respondieron todo lo requerido en la prueba.
Nuestro vocabulario es demasiado limitado para tomar de él, algún adjetivo que represente lo que hemos sabido que ocurrió, ¿“Bochornoso”, estaría bien rotulado? Lo único que me queda por asegurar, es que el GP (gran perdedor) de todo este desaguisado, es el propio Hospital Garraham (inmerecidamente, por cierto).
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