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Proponen al libro como antídoto contra el debate empobrecido

Advierten que la circulación superficial de conceptos, usando ideas sin conocer su origen, deteriora la discusión pública. Frente a esto, resaltan el valor de la lectura para recuperar tiempo propio y profundizar el pensamiento, más allá de las lógicas de velocidad actuales.

 

Desde el sector cultural advierten que el libro se enfrenta hoy a lógicas que le son ajenas: la inmediatez, la velocidad y la sobreestimulación. “El libro requiere tiempo, concentración y un ritual que se va perdiendo o transformando”, explicó el secretario de la Cooperativa de Trabajo Madreselva Ltda., Leonardo Rodríguez, al reflexionar sobre el lugar de la lectura en la actualidad.

 

El dirigente señaló que las editoriales culturales trabajan en una doble dimensión. Por un lado, como empresas de propiedad compartida que deben ser sostenibles; por otro, con un material sensible como son las experiencias humanas. “Producimos bienes culturales que tienen que ser rentables, pero que no responden a la lógica de lo inmediato”, sostuvo Rodríguez.

Según el cooperativista, uno de los principales conflictos aparece incluso en el vínculo con autores y autoras. “A veces cuesta explicar que un libro no puede salir en quince días. Hay procesos editoriales largos, y un texto que se lee hoy es el presente de alguien, aunque haya sido escrito hace años”, afirmó.

La realidad económica actual profundiza las dificultades. Con un entramado cultural deteriorado y un mercado reducido, la mayoría de quienes integran el proyecto editorial combina el trabajo cooperativo con otros empleos. “Somos ocho personas asociadas y casi todas tenemos un segundo trabajo. En el mundo del libro, el pluriempleo es muy común”, indicó el referente.

En cuanto al público lector, el trabajador precisó que el perfil mayoritario ronda los 35 años y cuenta con formación universitaria, aunque aclaró que depende del género editorial. “En los libros infantiles, por ejemplo, hay un doble público: el niño y el adulto que decide la compra”, explicó.

El dirigente manifestó preocupación por el empobrecimiento del debate público y la circulación superficial de conceptos. “Muchas veces se usan ideas sin saber de dónde vienen. Eso empobrece la discusión y después se traduce en todos los órdenes de la vida, desde cómo nos alimentamos hasta cómo votamos”, reflexionó.

Frente a este panorama, destacó el valor del cooperativismo como sostén colectivo. “Elegimos este formato porque nos permite apoyarnos cuando baja la recaudación, generar ideas nuevas y sostener una mística que en otros espacios no siempre está”, remarcó Rodríguez. Y agregó: “Hay discusiones que en el cooperativismo ya están saldadas”.

La decisión de organizarse bajo esta forma jurídica respondió a una definición ideológica. “No queríamos tener empleados ni ser patrones. Queríamos democratizar los procesos y demostrar que no perseguimos el lucro, sino un bien social”, explicó el cooperativista.

Pese a las dificultades, el cooperativista se mostró esperanzado en una posible vuelta a la lectura como refugio personal. “Tener un libro es recuperar tiempo para uno. Y regalar un libro es regalar algo importante”, sostuvo.

Fuente: Elaboración de El Portal de las Cooperativas a partir de entrevista realizada en Radio Nacional Bariloche (Bariloche, Río Negro).

 

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