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Siete años de Ni Una Menos

Luego de dos años de no poder marchar por la pandemia de Covid 19, el grito de Ni Una Menos tomó las calles de todo el país. En Concepción del Uruguay, esta nueva jornada de lucha declaró con fuerza: “¡Vivas, libres, con trabajo, desendeudadas y transfeministas nos queremos!”.

 

Por CLARA CHAUVÍN de EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

A pesar del día de mucho frío, el calor de la lucha feminista pudo más en Plaza Ramírez donde mujeres y disidencias se encontraron en un nuevo 3 de junio, a siete años de la primera marcha Ni Una Menos. “¡Vivas, libres, con trabajo, desendeudadas y transfeministas nos queremos!” fue el lema principal de la movilización en Concepción del Uruguay y que se replicó a lo largo de todo el país. Desde el primer Ni Una Menos, que fue el puntapié para que las demandas de larga data de los feminismos lleguen a la agenda social, en la Argentina hubo 1995 femicidios y travesticidios, de acuerdo al Registro Nacional de Femicidios del Observatorio Ahora que sí nos ven.

En el documento leído por las organizaciones luego de la marcha, remarcaron: “La histórica discriminación que sufrimos mujeres y otras identidades es la principal causa de que esta violencia no cese, que los números no bajen, sumado a la ineficacia, la lentitud y la complicidad del sistema judicial. Necesitamos mayores esfuerzos, y mayor presupuesto del Estado para fortalecer redes barriales que detecten y prevengan posibles víctimas. Que las áreas creadas funcionen en conexión unas con las otras para un acompañamiento integral e inmediato, evitando el deambular permanente y desgastante dentro de los distintos entes. Que los gastos que representan hacer una denuncia y sostener un proceso legal, pagando un letrado que nos represente, dejen de salir de nuestros bolsillos siendo que los agresores tienen derecho a un defensor gratuito”.

En esta nueva movilización fue clave el protagonismo que tuvieron las identidades trans y no binaries, quienes aún hoy, diez años después de la aprobación de la Ley de Identidad de Género, son víctimas de discriminación, exclusión y violencia.

Debido a la pandemia por Covid-19, la jornada de Ni Una Menos en las calles no pudo realizarse en 2020 y 2021. Andrea Sosa Alfonzo, periodista feminista, expresó: “Los dos años de pandemia en el medio nos impidió estar en las calles y visibilizar nuestras demandas. Sabemos que eso fue un retroceso en muchos aspectos, sobre todo en el incremento de la violencia en el ámbito intrafamiliar, en la demora de la justicia en dar respuestas, en la adecuación del Estado en un nuevo contexto. Creo que hoy estar en las calles es fundamental porque nos encuentra visibilizando las demandas más fuertes que tenemos, que es repensar la reforma judicial en torno a la violencia de género en su máxima expresión con el femicidio. También nos demuestra todos los desafíos que tenemos por delante como el cupo laboral trans, la implementación de la ESI, la urgencia en la implementación de la Ley Micaela en todos los poderes del Estado porque día a día vemos a funcionarios y funcionarias que no han incorporado capacitaciones en perspectiva de género. Y sobre todo pensar el acompañamiento del Estado en torno a las infancias y a las adolescencias, vemos que ahí hay un saldo pendiente no sólo en lo que tiene que ver con la ESI sino también en dar respuestas a les hijes que quedaron sin sus mamás víctimas de violencia de género”.

Decir Ni Una Menos no es solamente un eslogan sino que se convirtió en un punto bisagra para el movimiento de mujeres y disidencias en cada uno de los territorios.

Aunque desde el año 2009 se encuentra vigente la Ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres, fue con la masividad del primer Ni Una Menos de 2015 en que muchas víctimas de violencia de género empezaron a animarse a hablar y pedir ayuda. Ileana Fernández Escobar, directora municipal de Mujeres, Género y Diversidad, remarcó que en la ciudad se observó un incremento de las denuncias: “Lo que no significa que haya más violencia ahora sino que las personas se animan a pedir ayuda y tenemos herramientas para eso. Lo positivo es que nos encuentra a las organizaciones y al Estado trabajando de manera conjunta, los clubes que abren sus puertas para trabajar en prevención con les adolescentes y también en las escuelas. Nos preocupan y nos duelen los números de femicidios y por eso tenemos que seguir gritando unidas y eso acá en Plaza Ramírez es muy movilizante, nos da la tranquilidad que no estamos solas. Que las organizaciones no se sientan solas y que el Estado se pueda apoyar y trabajar en red, creo que eso es lo positivo que tenemos que sacar en este día que es de lucha”.

Una deuda histórica

En esta nueva movilización fue clave el protagonismo que tuvieron las identidades trans y no binaries, quienes aún hoy, diez años después de la aprobación de la Ley de Identidad de Género, son víctimas de discriminación, exclusión y violencia. “Hablemos de la deuda con la trágica historia del colectivo trans, travesti, asesinades por la falta de una decisión política, que se resume en una oración: treinta y cinco años de promedio de vida. Aún hoy seguimos muriendo en la cama de algún hotel de cuarta, enfermas de injusticia y sin un sistema de salud que nos atienda, mal comidas y mal vividas; en la espantosa miseria a la que nos condenan todos los días por ser lo que somos. Hemos pedido, rogado y hasta suplicado al Estado argentino que ponga fin a este genocidio. Pero no se nos escucha. Sí, se conformó una ley que nos abrió las puertas a la civilización, pero nadie nos invitó a comer en su mesa. Cambiar la ley no basta si no cambiamos nuestra cultura, nuestros hábitos, nuestras costumbres sostenidas en la exclusión y el elitismo, en suma, en el miedo al otro”, manifestaron en el documento.

Paris Carballo, activista no binarie, resaltó: “Creo que estamos en un proceso de transformación. Es el primer Ni Una Menos en Concepción del Uruguay donde nos declaramos como transfeminista. Me parece un avance enorme porque desde entonces nos encontramos luchando en conjunto pero con un lineamiento bastante separado que también ejercía una violencia para las identidades no binarias femeninas y para las mujeres trans y lo que logramos hoy es muy importante. Una de nuestros principales reclamos para este año es que se reabra el centro de hormonización trans que cerró hace unos dos años, y que sea de forma permanente porque nuestras hormonizaciones son de por vida y esto repercute en una mala calidad de vida para nuestras compañeras y compañeros trans”.

Cambiar la política

Decir Ni Una Menos no es solamente un eslogan sino que se convirtió en un punto bisagra para el movimiento de mujeres y disidencias en cada uno de los territorios. Lo que comenzó como un pedido de justicia ante los femicidios, fue la posibilidad de hablar de violencia machista es todas sus formas y como un problema estructural e histórico. Pero también para repensarnos como sociedad y apuntar a transformaciones de raíz y verdaderas.

Emilia Giménez, artista e integrante de Voces Sororas, dijo: “Claramente la lucha es sumamente importante. Con Voces Sororas planteamos que hay que empezar a proyectar que ese 2015 fue el puntapié inicial, hoy hay que empezar a ver otros vértices y otras discusiones. Necesitamos empezar a ampliar la visión de qué tipo de sociedad queremos. Las mujeres no solamente estamos para reclamar, también estamos para proyectarnos políticamente en todos los ámbitos. Es necesario que empezamos a debatir política y eso en cada marcha lo venimos planteando. Desde el primer Ni Una Menos de 2015 hay un abismo porque es un movimiento que creció, que logró meterse en el debate y en las nuevas generaciones. Con discusiones y disidencias pero es un tema en boca y eso es una conquista que hemos logrado. El horizonte que planteamos es el transfeminismo y tenemos que animarnos a debatir e interpelarnos y plantear qué país queremos y eso lo vamos a lograr metiéndonos en la política. Una vez una diputada dijo que cuando una mujer entra a la política cambia esa mujer, pero cuando muchas mujeres entran a la política, cambia la política”.

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