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OPINIÓN

Un 17 para la nostalgia

Cada 17 de octubre ocurren pequeños temblores dentro del peronismo. Resulta llamativo que siga en pie un suceso ocurrido hace ochenta años. Pero así ocurre porque esa movilización a Plaza de Mayo fue el hecho de mayor trascendencia del siglo 20. La Argentina cambio lo suficiente para transformarla en país moderno. Más allá de la cuestión social, el peronismo encabezó un proyecto industrial sin precedentes, Los gobiernos posteriores a 1955 destruyeron todo lo posible, y durante los 90 recibió el tiro de gracia. Hoy, el 17 de octubre se parece a esas lagrimas que se vierten ante el paraíso perdido.

● Por ANÍBAL GALLAY de EL MIÉRCOLES DIGITAL

El 17 de octubre de 1945 ocurrió para los argentinos el hecho más trascendente del siglo 20. Los años han generado algunas interpretaciones antojadizas y en otros casos, mitos.

Lo ocurrido ese día fue bastante sencillo, aunque novedoso. Estando el coronel Juan Perón detenido, sectores sindicales conducidos por Cipriano Reyes decidieron salir a la calle en apoyo de Perón. Fue sorpresa para todos, y muy especialmente para los sectores más conservadores.

El diputado por Entre Ríos Ernesto Sanmartino  tildó al peronismo como “una aluvión zoológico” . La expresión hacía referencia al triunfo electoral de la formula Perón Quijano el 24 de febrero de 1946. Scalabrini Ortiz lo vio como “el subsuelo de la patria sublevado”.

Fueron los obreros de los frigoríficos radicados en la zona de Berisso y Ensenada quienes encabezaron la movilización. Cipriano Reyes un socialista fundador del Sindicato de la Carne cobró inusual protagonismo. Algunos historiadores como Fermín Chávez desmerecen su contribución.

La bandera de la justicia social trocó en patéticos “planes” para paliar el hambre.  La Argentina es un país con hambre, pobreza e indigencia y una inflación que pulveriza los salarios. La distribución de la riqueza es apenas un eslogan para que algunos dirigentes lo repitan una y otra vez enancados en el mítico 17. Pero solo palabras porque nada cambiará.

Otros afirman que fue Eva Duarte la heroína de esos días, en un relato poco fundado. Reyes fue además fundador del Partido Laborista y llevó como candidato al coronel Perón. Otro tanto hizo medio centenar de pequeños partidos, sumándose socialistas, comunistas, anarquistas, radicales, conservadores y nacionalistas de todos los colores. Se fueron convirtiendo en peronistas, a secas durante el primer gobierno de Perón. Cipriano Reyes enfrentó esta decisión del partido Único y defendió siempre la autonomía sindical. Esto le costó cárcel y torturas durante 9 años. Al fin Reyes salió del encierro en 1955.

¿Por qué ocurrió el 17 de octubre? Pueden hacerse conjeturas más profundas, pero por lo pronto los trabajadores aceptaron que un coronel (y el gobierno de facto) pusiera en concreto las antiguas reivindicaciones de mejoras en las condiciones de vida. Algunas habían sido puestas en marcha como el tope de ocho horas (1929) pero la medida no alcanzaba al personal doméstico ni al sector rural. Los legisladores mostraron su costado miserable.

No es el caso de analizar los posteriores gobiernos peronistas sino tender una mirada sobre esta jornada que fue una bisagra en la historia moderna de la Argentina.

El país dejó de ser un mero productor de pasto (al decir de Carlos Pellegrini) y se lanzó a generar un país con producción industrial.  No fue un invento de Perón, ya que el ministro Federico Pinedo en 1940 propuso un plan que contenía la necesidad de la industrialización como complemento de las tradicionales exportaciones. El Plan no fue aprobado en diputados, integrado en buena parte por estancieros y burgueses ricos.

Los tradicionales partidos confluyeron en la Unión Democrática para enfrentar a cincuenta pequeños partidos que apostaron por la renovación de la política argentina.

Ochenta años después el 17 de octubre es más bien un recuerdo nostalgioso de un “paraíso perdido”. El peronismo agonizante ya no piensa ni en la industria, ni en planes de viviendas, ni en la nacionalización del comercio exterior, ni en las obras publicas. Ni siquiera hay una mirada hacia los “únicos privilegiados”.

La bandera de la justicia social trocó en patéticos “planes” para paliar el hambre.  La Argentina es un país con hambre, pobreza e indigencia y una inflación que pulveriza los salarios. La distribución de la riqueza es apenas un eslogan para que algunos dirigentes lo repitan una y otra vez enancados en el mítico 17. Pero sólo palabras porque nada cambiará.

rubengallay@hotmail.com

 

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