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Una dosis de AstraZeneca, por favor

Desde Santa Fe, Natacha Matzkin reflexiona en este breve relato sobre la espera de la vacuna, "quiero una, la que sea, la que me devuelva la sensación de que existe un mañana. No me importa si está hecha de fetos abortados, si me implantan un chip, si quedo imantada, si se me achica o se me agranda alguna parte del cuerpo, si me da una trombosis, si me convierto en lobizona, si no me dejan ingresar a Europa".

 

Por NATACHA MATZKIN (Desde Santa Fe, colaboración especial para EL MIÉRCOLES DIGITAL)

 

Te felicito, te likeo y te meimporteo, te mando emoticones de brindis y aplausos, te hago llover corazones y fuegos artificiales. Me pongo feliz por vos. Vos sí que tenés suerte, con tu asma crónica, tu diabetes, tu obesidad tipo 3.

Ahora que da puntaje sumar años y factores de riesgo, resulta que no soy lo suficientemente vieja, por un pelín subcincuentona; fumar desde los quince no me provocó hasta ahora ninguna enfermedad respiratoria; pese a verme redonda, mi índice de masa corporal no da todavía obesidad y de pronto es un bajón que los valores de glucemia me hayan dado normales.

Al pedo me cuidé cuando cuidarse significaba no excederse con el pucho, el alcohol y las comidas. Si no me hubiera restringido, ahora estaría felizmente obesa, con EPOC o cirrosis y vacunada. Me sacaría una foto con el barbijo puesto, las canas brillantes, las carnes derramándose de la silla y el certificado de vacunación, para que me llenen de likes y de felicitaciones, como si me hubiera casado o ganado un premio.

Mientras escribo esta nota, reviso el celular para ver si hay mensaje de la Provincia, y nada. Entro a la página oficial, vuelvo a meter mis datos, ya me aprendí de memoria el número de trámite del DNI, y aprieto el botón de “enviar”: “su turno no está disponible”.

Veo en las redes cómo despiden a gente que se llevó la pandemia. Pongo “me entristece”, porque me entristece. Es difícil encontrarle a esto ningún lado bueno, ni encontrar humor, ni siquiera del negro. Pienso que a las reacciones le falta una que diga “me aterra”.

Quiero una vacuna, la que sea, la que me devuelva la sensación de que existe un mañana. No me importa si está hecha de fetos abortados, si me implantan un chip, si quedo imantada, si se me achica o se me agranda alguna parte del cuerpo, si me da una trombosis, si me convierto en lobizona, si no me dejan ingresar a Europa.

Mientras tanto mis peques, que hacen la escuela virtual en la cocina, entre el desparramo de lápices y restos del desayuno, intentan hacer sumas y restas de tres cifras, comprender textos, entrar al link de inglés y play the game, hacer los ejercicios de música por zoom.

Gritan mamáaaaaaaaaa, cada dos minutos: ayudame que no entiendo, dame una tostada con manteca, quiero otra leche, Maite me pegó, Tomi me pellizcó, no me presta la tablet y yo corro desesperada desde el escritorio a la cocina y también les grito: hagan las cosas, dejen de joder, busquen la goma, hacer va con H y con C, si no hacen la tarea no hay Tablet. Soy un meme con mis pelos revueltos, las raíces desteñidas, las pantuflas, la frustración, el miedo.

La décima vez que entro en el día a la web de la provincia, está mi turno. Me vacunan el lunes en “La esquina encendida”. En los noventa era el campo de deportes de la UNL donde nos juntábamos a comer asados, guitarrear, chupar tetrabreak, bailar cumbias; después el socialismo lo  transformó en centro cultural comunitario y la pandemia en vacunatorio.

Me emociona la noticia. Comparto la foto del turno con mis ex compas de facultad y amistades clase 71 y 72, que también están citados para estos días.

Elijo el atuendo y lo presento sobre la cama: el pantalón engomado, la polera, el saco, las botas. Me plancho el pelo para disciplinar las canas, me pinto un poco los ojos, el resto de la cara se oculta bajo el barbijo. Chicos y chicas de mi edad, vamos pasando, como si nos abrieran las puertas del boliche, nos marcan una dosis de AstraZeneca como antes nos marcaban un gintonic o un destornillador.

Salimos a la calle con un orgullo raro, como si hubiéramos cumplido los dieciocho. Hoy nadie quiere ser más joven. Dicen que se vienen para les vacunades tiempos de desenfreno sexual y récord de match en las app de citas.

Hola, ¿me mostrás tus puntitos? ¿Vos cual tenés?

 

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