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Los huérfanos de Cotagú y de Cotapa llorando sobre la leche derramada

El paulatino cierre por décadas de tambos chicos y medianos desemboca en la clausura de las cooperativas, insignias de la economía solidaria.

 

(*) Por DANIEL TIRSO FIOROTTO

 

De Cotagú la amistad, el encuentro, la rueda de mate; de Cotagú el amor por las cooperativas, que eran nuestras aunque pagaran un peso menos, convicción asumida a los tropiezos en una sociedad deformada en el individualismo y la competencia, y contra gobiernos que reservan su mejor sonrisa para la sociedad anónima.
Toda nuestra infancia y adolescencia giró en torno de la Cooperativa Tambera Gualeguaychú, la querida Cotagú que hoy estamos velando. Es de imaginar nuestra pesadumbre.
De Cotagú nuestras botas de goma, nuestras capas en madrugadas de tormenta, nuestros conocimientos del oficio desde gurises; y las botas, las capas, el oficio de nuestros hermanos, primos, primas, vecinas, vecinos.
Con el tiempo supimos historias de Cotapa en Paraná y aledaños, principalmente a través de Pedro Aguer, y las hicimos propias. Por eso hablaremos de nuestra relación con Cotagú pero esa experiencia abraza dos de las empresas sociales entrerrianas alabadas por la Constitución y destruidas mediante su incumplimiento hecho rutina.
 
 
LA RASTACUERA
La musculosa economía concentrada, que ha dado gritos de victoria en estos lustros (sea en la banca y las tierras como en las patentes, los insumos y el comercio), acaba de asestar un cross de derecha a las cooperativas tamberas entrerrianas.
No por previsto y pronosticado menos lamentable el resultado de las políticas de Estado en el país y la provincia. Políticas que no solo dependen de leyes y reglamentaciones de los ministerios, sino principalmente de la educación pública, indiferente a las cooperativas.
De Cotagú eran los tachos de aluminio, las semillas, las tecnologías de innovación, el inseminador montado en un Citroën todo terreno para mejorar el plantel, el ingeniero agrónomo de pata al suelo para asegurar las pasturas e incorporar hierbas desconocidas.
De Cotagú los implementos del ordeñe, las cremas para la salud de las vacas y las curaciones, y hasta un libro con nombres propios sugeridos para las lecheras: Rastacuera, Proserpina, aparte de los que salían a primera vista (Guampa suelta, Negra, Blanca, Petisa, Colorada). Pero de Cotagú, principalmente, el orgullito manso de sentirnos en familia con la vecindad, de compartir austeridades, y la excusa para el encuentro, cada mañana, con el sol apenas asomando o a oscuras, para entregar los tachos rebosantes con el fruto de la jornada y detenernos un rato en el humor y los sucedidos.
 
RICOS DE FIESTA
La vida en la chacra no es mejor ni peor que en las urbes. Es sencillamente distinta. Y si hay un rubro que arraiga es el tambo. Pero los gobiernos se empecinaron, sucesivamente, en matar los tambos, matar el trabajo y expulsar a las familias. La concentración de la propiedad y del uso de la tierra no es casual, la economía de escala no es casual, todo ha sido pensado y ejecutado puntillosamente en Entre Ríos por gobiernos de distintos signos, hermanados en el sistema de destierro que lleva décadas y rige hoy.
Dirigentes de la democracia o del poder de facto sumados a la burocracia sindical que es norma, y como si fuera poco, una masa de cooperativistas de angaú, de mentiritas, todo para formar la tormenta perfecta que arrasó con nuestros sueños y está diciéndonos que el poder se hace en la Constitución.
Todos los halagos para la Constitución del 33, y lo mismo para la de 2008, se chocan con la verdad: el pueblo está velando a Cotapa y a Cotagú, y a los responsables de este desatino no se les cae un pelo.
El artista Miguel Ángel Martínez diría, con razón: “Es el capitalismo, es el imperialismo capitalista”, en resumidas cuentas. Por eso no nos rasgamos las vestiduras: este es el sistema, y el cooperativismo apenas sobrevive. Se pinta de sociedad anónima o camina a los tumbos, mendigando y callando para congraciarse con el verdugo que cada tanto le tira un subsidio y se saca dos fotos.
¿Cómo le ha ido a Walmart en estos tiempos? ¿Y a Carrefour? ¿Y a los Eskenazi con los bancos privatizados y la concesión extendida sin consulta a nadie? ¿Cómo les ha ido a Monsanto y Bayer y Cargill? ¿Y los terratenientes se fundieron?
Preguntas retóricas: la muerte de tambos chicos y el cierre de los supermercados locales en manos de los híper y las cadenas fueron anticipando la agonía de las cooperativas. Nadie ignoraba que se venía la noche.
“Más claro echale agua”: vida a las multinacionales, muerte a las cooperativas. Todo al ritmo de los que se llenan la boca de “pueblo” y “patria” y “justicia social”. Y no son los primeros farsantes que se ordeñan el país.
(Artículo publicado en el diario UNO el domingo 14 de octubre).
Foto de portada: EL DÍA.

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