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Dicen que no sabemos comer…

En el  siguiente artículo  el médico uruguayense Daniel "Caña" de Michele pone en duda la alimentación que deciden los directorios de 250 empresas en todo el mundo. Y lo argumenta.

 

Por  DANIEL DE MICHELE (*)

 

Cuando Darwin, cerca de sus 40 años estuvo convencido de que toda la vida había comenzado por la evolución de una sola célula que tras millones de años se modificó, se hizo más y más compleja y se multiplicó hasta dar lugar a todos los seres vivos conocidos, nace la Teoría del Evolucionismo para explicar el origen de la vida.

Este hombre fue un católico ortodoxo hasta que comprendió que sus conclusiones tiraban abajo la concepción del ser superior creador de todo lo existente y con ello una teoría nunca antes cuestionada: el Creacionismo.

Evolucionistas y creacionistas discuten desde entonces como apareció la vida en el planeta, pero la ciencia moderna da la razón a Darwin.

El propio Darwin en su libro El origen de las Especies (1859) pide disculpas a la iglesia por sus conclusiones. Si hubiera afirmado esto unos cuantos años antes, la Inquisición con toda seguridad lo hubiera puesto al spiedo en la plaza de los herejes.

Darwin concluyo en que nuestra especie viene de los monos sometidos a un proceso evolutivo de unos 4,5 millones de años.

El primer humanoide fue Australopitecus; bajó de los árboles, se paró sobre sus dos patas y empezó a caminar en Sudáfrica llegando a otras latitudes. Esa situación nos convirtió en cazadores-recolectores nómades, apareciendo la necesidad de movernos en busca de comida y migrar como los animales ante los cambios de clima.

Fuimos vegetarianos casi exclusivos al menos entre 2 y 3 millones de años. Los únicos productos animales disponibles fueron la miel, huevos y el pescado. Casi sin armas apropiadas no fue simple cazar animales.

Esa cantidad de años fue suficiente para que nuestro genoma tomara nota y archivara la información a trasmitir con el mensaje genético “Ud. es un vegetariano nómade” a las generaciones sucesivas.

Sólo hace 10.000 años aprendimos a sembrar, domesticar animales encerrados en corrales y a establecernos en aldeas. Aparece el sedentarismo pues la comida estaba en casa.

Esto generó un cambio radical en la vida y alimentación destacándose el consumo más cotidiano de carne y grasa animal, aves domésticas, huevos y sal como conservante.

Sabemos hoy que las placas de arterioesclerosis que obstruyen nuestras arterias son responsables de los infartos y accidentes cerebrovasculares, las primeras causas de muerte en occidente. La ciencia afirma que ese cambio de hábitos es el responsable de este fenómeno.

O sea, cuando nos establecimos en aldeas dejamos de correr a diario, empezamos a consumir grasa animal y sal pusimos los cimientos de las enfermedades que ahora nos matan.

Patricia Aguirre, una argentina antropóloga de la alimentación afirma que “las dietas del planeta las deciden los directorios de 250 empresas.

Nos dicen que no sabemos comer y debemos aprender a hacerlo. Esta simplificación sirve a los intereses de la industria que sobrestima el rol de la ciencia y olvida la cultura.

Cada civilización tiene una cultura alimentaria y siempre hay una razón que la explica.

Dele a nuestros gauchos de 80 años a caballo un asado sin grasa y vea que le dicen…

Vea esos salamines y chorizos que desayunan y vea los años que viven…

Búsquele una explicación y después me la cuenta…

*eljibaro2002@gmail.com

 

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