La docente y activista falleció este domingo 14 de junio a la edad de 95 años. Estaba internada en el Hospital Italiano.
Sus lazos con Entre Ríos
Por medio de su mamá Alicia Uranga, venía de una familia tradicional de la capital entrerriana. Su tío, Raúl Uranga, fue gobernador de la provincia. Incluso, en reiteradas ocasiones Almeida llamó a Entre Ríos "su pago chico", expresando un sentido de pertenencia y afecto por la tierra de sus ancestros maternos.
En esas ocasiones, Almeida dejó contundentes reflexiones sobre memoria, juventud y justicia. (Ver video). En uno de los testimonios más emotivos, la militante por los derechos humanos destacó el valor de escuchar las historias personales y el compromiso de las nuevas generaciones: “Es muy importante que se conozcan las historias de vida con su profesión. Uno habla desde adentro, desde el sentimiento, desde las vísceras”.
Y agregó: “Tenemos una juventud maravillosa, que está demostrando que ellos son los que van a continuar cuando ya no estemos”.
El comunicado de las Madres
Minutos después de que la familia de Taty Almeida confirmara en un breve mensaje su fallecimiento, Madres de Plaza de Mayo emitió el siguiente comunicado.
«Con un dolor muy profundo, nos toca compartir la noticia más triste: hoy partió nuestra querida Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo-Línea fundadora.
Las palabras no alcanzan, se nos quedan cortas, se nos hace un nudo en la garganta. Tan inmensa que no hay manera de contarlo.
Gracias por enseñarnos que amar es resistir, que la única lucha que se pierde es la que se abandona y que no existe fuerza más grande que la del amor.
Gracias por tu compromiso, por tu militancia, por tu ternura y por cada palabra que siempre será un refugio y un abrazo.
Gracias también por esa capacidad tan tuya de hacer más livianos los momentos difíciles sin perder nunca la profundidad de tus convicciones. Nos enseñaste que la lucha también puede abrazarse con alegría.
Tuviste además la enorme sabiduría y capacidad de caminar junto a los más jóvenes, acompañando y escuchando siempre.
Con una generosidad inmensa abriste caminos, supiste construir puentes, sembrar compromiso y hacernos parte de una causa colectiva mucho más grande que uno mismo.
Prometemos cuidar tu memoria y la de Alejandro, llevando tu legado a cada rincón. Y cada vez que alcemos la voz por los 30.000, también te haremos presente.
Nos queda la responsabilidad de seguir contando la historia para que nunca vuelva a repetirse; de seguir gritando bien fuerte que “Nunca Más”; de defender la memoria, la verdad y la justicia como vos nos enseñaste.
Te recordaremos en cada “Presentes, ahora y siempre”, en cada pañuelo, en cada ronda, en cada abrazo y en cada caricia.
Gracias, Taty. Tu ejemplo, tu lucha y tu amor se quedan entre nosotros.
Hasta siempre. Presente, ahora y siempre
Una vida comprometida
Referente ineludible de la lucha por los derechos humanos en Argentina, dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de justicia por los crímenes de la última dictadura cívico-militar y se convirtió en una de las voces más reconocidas del movimiento de derechos humanos.
Nacida en Buenos Aires en 1930 bajo el nombre de Lidia Estela Mercedes Miy Uranga, conocida popularmente como Taty Almeida, se desempeñó como maestra antes de iniciar un camino de militancia marcado por la desaparición de su hijo Alejandro Almeida. El joven fue secuestrado por la Triple A el 17 de junio de 1975 y permanece desaparecido desde entonces. A partir de ese momento, Taty transformó el dolor en una incansable lucha colectiva. Se convirtió en una figura emblemática de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y en símbolo de memoria, verdad y justicia.
Desde ese momento, hace casi 51 años, no se cansó de buscar lo que llamó "justicia legal": que el Estado argentino le dijera dónde estaba su hijo, qué había pasado con él. Murió sin saberlo, pero en el camino ayudó a cientos de otras madres y familiares a reencontrarse con sus hijos, hijas, nietos, nietas, o incluso con una dolorosa verdad.
Una mujer de familia militar en el laberinto de la dictadura
Taty conocía bien el mundo militar: su padre había sido un teniente coronel de caballería. Su hermano Carlos llegó a coronel. Sus hermanas se casaron con pilotos de la Fuerza Aérea. También su marido, Jorge Almeida, venía de familia militar, y se encaminaba a integrar las fuerzas armadas cuando un accidente fortuito le cambió el destino y lo convirtió en despachante de aduanas.
Tuvieron tres hijos: Jorge, Alejandro y Fabiana. En 1970, después de divorciarse, Taty se consiguió dos trabajos: uno como secretaria de un médico, y otro haciendo encuestas. A sus hijos les pidió que acomodaran los horarios de sus estudios para poder colaborar también; a Alejandro le consiguió trabajo en Télam, la agencia de noticias del Estado, a través de uno de sus tíos, interventor por parte de la Revolución Argentina.
En 1974, Alejandro entró a trabajar en el Instituto Geográfico Militar. Para ese momento, ya estudiaba medicina y miltaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
"Mamá, ya vengo", las últimas palabras que Taty escuchó de su hijo Alejandro
Taty estaba por servir la cena el 17 de junio de 1975. Se enojó cuando oyó que Alejandro le decía eso, señal de que estaba por salir. Fue lo último que escuchó de su boca.
Empezó a buscarlo preguntando a los militares cercanos a su familia, como Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy, Ramón Camps y Orlando Ramón Agosti. Cuando la junta militar tomó el poder en marzo de 1976, Taty pensó que llevarían orden y se reencontraría con su hijo. Pero no fue así.
Tardó bastante en acercarse a las Madres de Plaza de Mayo: temía que la tomaran por una espía, por el hecho de tener familia militar. La recibieron con una pregunta: "¿A vos quién te falta?". Taty lloró y entendió que no era la única en esa situación.
Hasta su último día, siguió viviendo en el mismo departamento de Palermo en el que preparaba la cena cuando su hijo se despidió sin despedirse.
"Yo me siento parida por Alejandro": la construcción de una referente de los derechos humanos
La vida de Taty empezó de nuevo con la desaparición de Alejandro. Se convirtió en un pilar central del movimiento de Madres de Plaza de Mayo. En 1979, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos vino a investigar las denuncias de crímenes de lesa humanidad, hizo fila para dar cuenta de la ausencia de Alejandro. Años después, también dio su testimonio ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep).
“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió", decía. "Yo era una gorila fatal. Me afeité. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, declaró en una entrevista que forma parte del Archivo Oral de Memoria Abierta.
Desde 2024, Taty presidía Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Nunca se perdía un acto; tras la muerte de Norita Cortiñas, era la referente más reconocida del movimiento. Fue la persona que se puso al hombro la enorme tarea de unificar al movimiento argentino de derechos humanos de cara a la marcha del 24 de marzo pasado, a 50 años del golpe militar de 1976. En abril pasado, la Universidad de Buenos Aires la distinguió con un doctorado honoris causa.
"Fortaleza, coraje, su risa y su mirada chispeante, su voz infaltable en cada acto, todo eso era Taty. A cualquiera que la escuchara, en los más diversos ámbitos, porque dedicó la mitad de su vida a brindar testimonio, le decía: 'No olvidar'”, dice el texto de despedida que le dedican la organización Abuelas de Plaza de Mayo.
Taty Almeida nunca perdió las esperanzas de encontrar a su hijo. “Es mentira eso que te dicen que el tiempo cura las heridas, yo cada vez lo extraño más", dijo en la misma entrevista. "Yo querría tener aunque sea un huesito de Alejandro”.
Fuentes: El Once,Infobae, Tiempo Argentino, Perfil.
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