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La grieta latinoamericana: cómo las urnas en Colombia y Perú sintetizan la polarización extrema de la región

La mínima ventaja del ultraderechista De la Espriella sobre el candidato de izquierda Cepeda desnuda que el país cafetero está partido al medio, como ocurre con el ballotage peruano de Fujimori y Sánchez. Signos de una época de antinomias en una América Latina quebrada.

 

Por GABRIEL MICHI (*)

El último capítulo fue Colombia. Pero antes estuvo Perú. Y antes, Chile. Y antes, Argentina. Y antes, Brasil. Los ejemplos se multiplican. El fenómeno de polarización política extrema en América Latina sumó un nuevo capítulo en Colombia donde, según el recuento provisional del ballotage, el candidato outsider ultraderechista Abelardo de la Espriella le sacó una ventaja de menos de un punto al candidato de la izquierda oficialista Iván Cepeda. Fueron apenas 250.000 votos de diferencia entre 25,6 millones que eligieron entre ambas opciones en los extremos del arco ideológico.

Es decir, un país partido al medio. Entre opciones antagónicas. Algo similar a lo que viene ocurriendo también en el lento conteo de los sufragios en Perú donde la ultraderechista Keiko Fujimori aventaja por apenas 41.000 votos (0,22%) a su contrincante de izquierda Roberto Sánchez.

Lo ocurrido en Colombia y Perú son dos claros ejemplos de ese fenómeno de polarización extrema que sacude a Latinoamérica y que ya tuvo otros ejemplos que en 2025 también definió su destino en un ballotage entre la extrema derecha y la izquierda pero que en ese caso la diferencia fue mucho mayor: José Antonio Kast se quedó con el 58% de las voluntades superando a Jeannette Jara que obtuvo el 42%.

También ocurrió en Argentina en 2023 con la irrupción de un outsider de derecha como Javier Milei que logró superar en segunda vuelta a la fórmula peronista encabezada por Sergio Massa.

Pero quizás el caso que demostró una de las máximas polarizaciones de la región fue el de Brasil en 2022 cuando Luis Inácio "Lula" Da Silva se impuso -con el 50,9%- a Jair Bolsonaro -49,10%-, representando visiones antagónicas de la realidad. Encima en octubre próximo se repetirá el escenario entre el propio "Lula" y el hijo Bolsonaro, Flávio .

 

En ese contexto de hiperpolarización de la región -donde también aparece involucrada la cercanía o no con el gobierno de Donald Trump en los EE.UU.- pareciera que las opciones de centro han desaparecido. O al menos quedaron en un segundo plano en varios países.

El escepticismo en la política tradicional parece haber desterrado a las opciones tradicionales y los discursos más extremizados han ganado terreno. A tal punto que distintos estudios demuestran que Latinoamérica es la región del Mundo más polarizada.

Así surgió, por ejemplo, en un trabajo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que ya en 2023 advertía sobre la intensificación de la polarización política en América Latina y el Caribe, con un llamativo título: “Conmigo o en mi contra”.

Si bien el reporte del PNUD marcaba que en todo el planeta se estaba atravesando una creciente polarización política, en los últimos 20 años el fenómeno explotó con más fuerza en esta zona.

Para graficarlo: a principios de la década de 2000, la región obtuvo un puntaje muy por debajo del promedio mundial y fue la segunda región menos polarizada del mundo, según datos de Variety of Democracies (V-Dem), de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). Pero a partir de 2015, la polarización comenzó a crecer más rápido que el promedio mundial, superándolo alrededor de 2017.

Ese diagnóstico de 2023 fue ratificado en otro presentado por la misma dependencia de la ONU en los últimos días. Allí se señala: “La polarización política se ha intensificado y ha dejado de ser una diferencia de opiniones para convertirse en una dinámica de confrontación entre un nosotros y un ellos”, y donde Latinoamérica vuelve a a aparecer como la región más polarizada del planeta.

Si bien América Latina y el Caribe constituyen el bloque con la "mayor vocación democrática del mundo en vías en desarrollo", al mismo tiempo, la desafección con esta forma de gobierno crece entre sus habitantes. "Las democracias han perdurado, pero su supervivencia en el continente no está garantizada", alerta el documento titulado "Democracias bajo presión".

“La polarización política se ha intensificado y ha dejado de ser una diferencia de opiniones para convertirse en una dinámica de confrontación entre un nosotros y un ellos”, advierte el estudio, que coloca a Latinoamérica como la región más polarizada del planeta.

El PNUD otorga al continente un 3,4 en su índice de polarización, en el que 0 representa una convivencia amistosa entre los actores políticos y 4 significa una situación extrema y hostilidad máxima, por encima de la media mundial (2,9) y por delante de Europa Oriental y Asia Central (3,1); Asia-Pacífico (2,9); Europa Occidental y América del Norte (2,8); Oriente Próximo y el Norte de África (2,6); y África Subsahariana (2,4).

El organismo de Naciones Unidas plantea: "El desafío central para las democracias de América Latina y el Caribe es que dichas tensiones no deriven en rupturas ni en violencia, sino que puedan procesarse por medio de los canales institucionales”, El PNUD advierte, sin embargo, que los conflictos sociales se han agudizado y son cada vez más frecuentes. La región concentra a cuatro países entre los 10 más afectados por la violencia política. “América Latina es también la región donde la polarización ha crecido de manera más rápida en los últimos años”, explicó Almudena Fernández, economista jefa para América Latina y el Caribe del PNUD.

El PNUD subraya que en este fenómeno de la polarización y del crecimiento de las figuras extremas también aparecen varios actores con tendencias autoritarias que crean narrativas que avivan la polarización, por ejemplo, demonizando a los inmigrantes e intentando capitalizar el odio, la xenofobia y el racismo. En promedio, un 51,4% de los habitantes de Latinoamérica y el Caribe cree que la llegada de inmigrantes es perjudicial para sus países.

A eso se suma el efecto de caída en la imagen de las instituciones por la falta de respuesta a la violencia generada por el crimen organizado, como también su influencia en la política. En ese aspecto Alicia Montalvo, vicepresidenta de Cooperación y Alianzas de CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe), expresa que el avance de la delincuencia “favorece el respaldo a respuestas autoritarias”.

Quizás el ejemplo más concreto sea el del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien con su "mano dura" contra las maras y los encarcelamientos masivos ha logrado convertirse en el presidente con mejor imagen hacia dentro de su país en comparación con el resto de los mandatarios latinoamericanos.

Por otro lado, la desigualdad, la corrupción y las brechas en la inclusión y representación política en la región tienen también agregan desconfianzas y hartazgo entre los ciudadanos de la región, lo que lleva a que el 64,7% de quienes viven en América Latina y el Caribe se dicen insatisfechos con la democracia, casi el doble (un 32,6%) de quienes tienen una opinión favorable, indica el informe. Lo cual resulta particularmente peligroso. Y que deja todos los interrogantes planteados cuando se ve cómo esa polarización extrema está afectado a América Latina, la región con más antinomias del planeta.

 

 
LA MIRADA DE UN EXPERTO
 Según el experto Daniel Zovatto, politólogo y experto en elecciones, gobernabilidad y democracia, además de director y editor de Radar Latam 360, “la hiperpolarización tóxica en América Latina no es un fenómeno coyuntural ni exclusivamente ideológico. Es el resultado de la convergencia de varias fracturas estructurales que se han profundizado durante la última década y que la pandemia aceleró significativamente”.

Y continúa: “En primer lugar, destaca la persistencia de la desigualdad y el agotamiento de los mecanismos tradicionales de movilidad social. América Latina sigue siendo una de las regiones más desiguales del Mundo, y cuando amplios sectores perciben que el sistema ya no ofrece oportunidades reales de progreso, el voto deja de ser una elección programática para convertirse en un instrumento de rechazo. El elector ya no vota necesariamente por una propuesta, sino contra un adversario al que considera responsable de sus frustraciones”

En declaraciones al diario La Tercera (de Chile), Zovatto agregó: “En segundo lugar, existe una profunda crisis de representación. Los partidos tradicionales han perdido capacidad de intermediación, identidad ideológica y credibilidad. Ese vacío ha sido ocupado por liderazgos disruptivos que ofrecen respuestas simples a problemas complejos. Aunque desde posiciones ideológicas opuestas, fenómenos como Javier Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, De la Espriella en Colombia, Noboa en Ecuador reflejan una misma dinámica: el rechazo a las élites políticas tradicionales y la búsqueda de alternativas percibidas como transformadoras”.

Zovatto también reflexionó: “Un tercer factor es la creciente preocupación por la seguridad, la inflación y la expansión de la economía informal. La combinación de crimen organizado, deterioro económico y precariedad laboral genera una demanda social por soluciones rápidas y contundentes”. Y apuntó además al mal uso de las redes sociales potenciadas ahora por la Inteligencia Artificial , algo que “ha amplificado estas tendencias”. “Más que una polarización clásica entre izquierda y derecha, la región enfrenta una polarización afectiva e identitaria. El adversario político deja de ser un competidor legítimo para convertirse en una amenaza existencial, un enemigo al cual se lo describe y descalifica con los peores adjetivos. La política se transforma así en una disputa emocional donde las identidades pesan más que los programas de gobierno”, añade.

 

 

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