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A todos nos gusta el arte

Por MARBOT 

Para los que sólo se conectan a Internet para revisar su cuenta de correo en Yahoo o para ver los clasificados del diario La Calle, la historia es más o menos así. Un canal de cable de Bahía Blanca tiene dentro de su noticiero una sección llamada "El Mini personaje del día" donde, como el nombre lo indica, los protagonistas son los niños. Durante las vacaciones de invierno del año pasado, y como suele suceder en muchos lugares, una biblioteca organizaba actividades para el público menudo. En aquella ocasión el entrevistado en cuestión fue el pequeño Juan Sánchez, quien con un léxico propio de una persona de mayor edad no muy común en un nene de doce años, manifestó su gusto por el arte y la literatura.

juan-sanchez-cartelHasta acá, el dato puro y duro. Lo que pasó después es una clásica viralización de fenómeno de Internet con algunas características inexplicables, como el detalle de que el video estaba online hacía un año con un número mínimo de visitas y que de repente hoy tiene más de dos millones de visualizaciones y aumenta minuto a minuto. Como suele suceder en estos casos, no tardó en aparecer una sucesión de fotomontajes y videos paródicos y comenzó a hablarse de cyberbulling. Y es ahí donde quien suscribe, discrepa. No en el hecho en sí, sino en las motivaciones. El dibujante e historietista Ricardo Siri "Liniers" fue una de las primeras figuras públicas que salió en defensa del pequeño, quien en la entrevista se confesaba fanático de "Linierrrrrs" (sic), como así también del artista digital Pablo Bernasconi quien incluso dedicó una de sus obras defendiendo el gusto por el arte de Juancito Sánchez. Más cercano en el tiempo, Liniers y el músico Kevin Johansen -con quien comparte recitales- difundió en su cuenta de Instagram una foto tras bambalinas con el pequeño sosteniendo un cartel que con grandes letras rojas rezaba: "Me gusta el arte, no el bullying".

A ver, recapitulemos. Mucha gente dentro de Internet se rió de un niño que hablaba y se dirigía a su interlocutor con un léxico de persona de mayor edad, como si en lugar de escuchar a un niño uno escuchase a una directora de escuela. Vayamos despejando la equis. Mucha gente dentro de Internet se rió de un niño. Hasta ahí, consideremos eso como cyberbulling. Pero que le guste el arrrrrrte (sic) no se cuestiona de ninguna manera. Por supuesto que siempre existirá una bandita de vivos que se ría por reírse, pero en este caso lo que causó "gracia" es la forma de hablar y no su gusto por el arte. Punto. Juancito Sánchez podría haber dicho "me gustan los karrrrrrrtings", y hoy los que se solidarizarían serían Marquitos di Palma o nuestro Maxi Vivot. Porque aquí el problema nunca fue el arte. Nadie cuestiona la sensibilidad del artista. Este cronista incluso fue en su infancia más Martin Prince que Bart Simpson, y sin embargo es uno de los tantos boludos a los que el diccionario de su smárfon le sugiere "bastanete" en lugar de "bastante". Como corolario, si me lo cruzase a Juancito Sánchez le daría un abrazo y lo felicitaría por su claridad y por tener una pasión tan definida a su corta edad. Y también le diría a él -y sobre todo a sus padres- que, como se dice en la jerga de Internet, dejen de "alimentar el troll". Hasta la aparición de la foto con Johansen, Liniers y el cartel, ya casi nadie se acordaba del niño al que le gusta el arrrrte. Y ahora otra vez todo el mundo está hablando bastanete. Perdón, bastante.

 

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