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Despenarse

Buceando en la literatura antigua y cercana, nuestro compañero y amigo Mario Daniel Villagra aporta y reflexiona sobre un tema que genera incomodidad a la hora de ser tratado públicamente: los suicidios. Un abordaje que amerita una atención desde todos los ángulos posibles.

 

Por MARIO DANIEL VILLAGRA (*)

Esa bisagra , imagen fotográfica particular que ilustra la portada de esta nota, se encuentra en la mesa de trabajo de la sala verde, o sala del poeta, en Fráncfort, Alemania, y pertenece a la casa museo de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832). Allí nació y vivió hasta sus 26 años, antes de mudarse como invitado por la Corte de Weimar. Fue durante aquel período, en el cual Goethe deambulaba como fantasma por las nocturnas calles de Fráncfort, en el que escribió “Las penas del Joven Werther”; una novela epistolar donde el personaje se suicida, que marcaría la vida individual y colectiva, pionera del romanticismo.

Con Goethe fue la primera vez que me enfrentaba al suicidio; en este caso como desenlace literario, con detalles de los hechos. Cuando, en la actualidad, el protocolo para medios de comunicación sugiere “evitar la difusión de hipótesis y análisis personales sobre los hechos y los métodos”… Todo esto como un acto de prevención del suicidio, justamente, tratando de evitar el “efecto Werther”.

Con esa obra me llegaron las primeras “representaciones imaginativas” del concepto; aptas ante lo que luego sería la experiencia empírica, cuando devienen los sentimientos ambivalentes de ser un familiar de alguien que comete el acto de quitarse la vida. En mi caso, en 2021 y en 2023, mi padre y mi prima, respectivamente. Ahora también me enfrento con que existe un término: “posvención”, que consiste en ofrecer apoyo a la familia y entorno cercano de las personas que han fallecido por suicidio. Este proceso, dicen, es tanto o más importante que la prevención del suicidio. Pero como esto que estoy escribiendo no tiene como objetivo una queja, sino una invitación a pensar en torno al concepto, pasemos a la siguiente pregunta.

¿Cuál sería la relación que puede tener aquella ola de suicidios románticos en 1775 y los que ocurren en pleno siglo XXI?

La obra fue escrita en 1774 y un año después censurada por "incitación al suicidio". En una edición de 1787 Goethe pondría en boca de Werther no seguir “mi ejemplo”. Sin embargo los suicidios siguieron existiendo. Ante uno de ellos es frecuente escuchar decir “¿qué demonio te atrapó?”, desde una cosmovisión cristiana. Aunque ese estado no tenga que ver con lo “demoníaco”, espacio intermedio, más emparentado con el que se le atribuye al caso de Goethe. La palabra daímon designa un “ser intermedio” entre lo humano y lo inmortal; que impregna, en tanto que medio, lo divino y lo humano. Goethe comprendía bien la moralidad de la época, por eso escribe que a Werther se lo sepulta sin que le acompañara ningún sacerdote. Adelantado a su época, ya entendía que el suicidio abarca lo individual y colectivo; que es un hecho social, de algún modo externo al individual y que, por ende, la unidad de análisis del caso es la sociedad, las condiciones sociales del individuo.

Literatura y suicidio, en Argentina, la relación tiene algunos casos. Uno es el de Alejandra Pizarnik (1936-1972). En entre el suicidio y la sublimación, Laura Factury se refiere a las expresiones en los diarios de Pizarnik, desde el punto de vista del psicoanálisis. Subraya que para éste, el proceso de trasformación de una materia de estado sólido a estado gaseoso, la sublimación, es considerado un concepto clave para explorar el misterio de proceso de creación artística e intelectual, y da un ejemplo:  “He aquí el gran misterio de mi vida: ¿por qué no me mato? (...) cada noche me olvido de matarme"[1], hay una romantización de la locura, del delirio, como en un sueño, se sale del mundo, donde el sufrimiento, tal como lo experimenta, en su cuerpo, ya no está presente. Como si pudiera elegir volverse loca... Ella entre la locura y la muerte como posibles soluciones a su sufrimiento", dice Factury.

Podríamos decir que la posibilidad de desarrollar la creatividad es un método preventivo, pero que en el caso de Pizarnik, y en el de otros, no evita el desenlace. En el caso de Goethe, se dice que en la época en la que escribió la famosa obra, se reflejaba en su personalidad una situación anímica de un ser castigado y perseguido, “una espiritualidad alejada de las realidades del mundo” (Ferdinandy, 1961), triste y melancólico.

En cualquier caso, comprendo que se pierde la capacidad de aceptar que todo se trasforma “a sí mismo”; cualidad del sistema molecular capaz de reproducirse y mantenerse por sí mismo, que abarca los seres vivos y culturales. De esto y de la literatura el biólogo Umberto Maturana, a partir de una lectura de Don Quijote, acuña el neologismo autopoiesis.

Don Quijote decía “la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos desear”, y así resolvía su dilema que era si debía dedicarse a la producción de cuentos de caballería o a la caballería misma. Sea cual sea la decisión, él estaría en el centro.

¿Cómo hacer cuando no está presente esa capacidad creativa de trasformar, quizás por inercia del discurso de la depresión y la melancolía, y encontrar justificativos para seguir viviendo, no poder convivir con ese daímon?

Es claro que el abordaje debe contemplar “estrategias de apoyo psicosocial y de psicoeducación”, pero también es menester tener cuidado en decir “el familiar tiene derecho de guardar silencio, si así lo quiere”. Pues, si bien se evita la difusión y el juicio social hacia la persona, no menos cierto es que el juicio social tiene que ser, desde mi punto de vista, a las causantes que subyacen. No es lo mismo hablar del suicidio romántico al estilo Werther, que de los suicidios que conozco, muchas veces acorralados por presiones económicas; por una sociedad con múltiples síntomas de violencia doméstica, arrastrados y no resueltos, o con hechos de violencia medical, bajo una violencia de la que nadie habla, silenciosa, cotidiana, la violencia económica/política. No es por “acentuar el dramatismo”, pero la realidad del teatro de la vida es lo que se está configurando estructuralmente dramática. Por suerte las estructuras de abren, se rompen, se vuelve a armar.

Existen redes de contención, leyes y protocolos elaborados para la inclusión de esta problemática en las agendas cotidianas. Todo hace pensar que estamos ante un tabú. Hablar del tema es considerado una “herramienta clave en materia de prevención, orientación y disminución de riesgos”[2]. Ahora bien, lo que no sé si llegamos a hablar es de que nuestra sociedad, no quiere reconocerse en ese “enfermo”, que ella encierra y aparta, en términos de Foucault (1991, p. 87), “sin ver en el medio humano del enfermo su condición real de existencia”.

En este contexto, hay un momento donde los “flagelos de las enfermedades mentales”, donde se ubica al suicidio, deja de ser simplemente un discurso; y el mismo discurso de la salud mental explora sus límites. Colapsa en el punto mismo cuando se dice estar ante un “tabú”, mientras se está hablando de él. Así, el supuesto tabú refracta las condiciones de existencia del flagelo, brindando una falsa conciencia sobre el sujeto-objeto. Se prohíbe, por poco, hablar del “acto deliberado” cuando, en realidad, es válido preguntarse cuan deliberado es si se admiten los causantes externos; aquí están los tabúes.

 

Y tu pobre alma, que sufres el mismo tormento

 

Ilustración ubicada en la casa museo Goethe.

“Las penas del joven Werther” fue escrita en 1774, esa frase aparece en el prólogo de aquella edición. Ten calma, te lo ruego; no te desesperes… dice al final Werther. Aquellos momentos en que Goethe escribiera, no parecen ser tan diferentes a los que Durkheim lo hiciera sobre el suicidio. Con archivos de 1841, éste concluiría con que “existirían sociedades suicidógenas”, y que las causas de estos hechos sociales se las puede buscar en la llamada por él: anomía social.

La anomía, como estado social, dice, suele aparecer en épocas en las que el individuo se corresponde con un desconcierto o inseguridad o lo que hoy se suele definir como alienación o pérdida de identidad. (Durkheim, 2008 p. XXV)[3].

Así dicho, como generaciones vivas, pareciera que siempre nos toca transitar una etapa similar; ésta, similar a aquella en que las personas esclavizadas, al volverse conscientes de que no pueden ser propiedad de otro, al volverse conscientes como sujetos, la esclavitud ya sólo sigue vegetando en una existencia artificial y ya no puede subsistir como base de la producción. Como diría el profesor Azcurra, con quien discutimos este asunto, las campanas en la actualidad tocan y redoblan a muerto para este sistema del capital. Durará aún, pero ya está condenado. Morirá cuando los pueblos le den sepultura. Así podremos inventar nuevas leyes y valores, modos de habitar.

Por ello, comprendo que no hay que descartar del todo aquellas explicaciones que justifican los actos suicidas en problemas económicos, de drogadicción, de conflicto armado, entre otras; justificaciones que el mismo Durkheim descartó. Porque, en consecuencia, concuerdo que solo en la historia podemos descubrir las condiciones de posibilidades de las estructuras psicológicas (…). Todo aquello forma parte de la estructura, del fondo donde nosotros somos parte. De lo contrario, estos aspectos pueden ser subestimados por la sociedad que ya no sabe reconocerse en su propio pasado (…) porque no se puede reconocer en su presente (…) porque aún no puede reconocer el sentido de su actualidad y de su porvenir. (Foucault 1991, p. 102). En síntesis, la psicología de un individuo se forma en un sociedad; individuo y sociedad conviven en una relación dialéctica.

Sabemos que pasado, presente y futuro están conectados. Lamentablemente, eso que decía Don Ata, “las penas son de nosotros. Las vaquitas son ajenas”, sigue siendo una realidad, y no solamente las vaquitas. Eso es, cabalmente, el enajenamiento de la posibilidad de encontrar, creativamente, una solución. Ajenos al saber, accedemos a todo lo que nos quieren hacer creer, y allí comenzamos a pensar que “un problema” no tiene solución, y comenzamos a aceptar, pagar y comprar. De manera más o menos explícita, esto existe entre los “motivos” del suicidio. Que es eso, y no otra cosa, que vivir en “sociedades suicidógenas”; aquellas sociedades que, por la incoherencia o la contradicción en el juicio y establecimiento de sus leyes y reglas, donde se señala la existencia de ciertas determinaciones psíquicas para el suicidio que pueden ser encontrada en los discursos de los pueblos[4].

A propósito, un diario español difundía la siguiente frase: “El suicidio es una solución eterna para lo que a menudo no es más que un problema temporal”, la cual me parece opinable. Principalmente, porque el problema no existe, uno crea el problema. De manera tal que uno puede ver un hecho como posibilidad antes que un problema o, en efecto, una solución a ello. Entonces, el suicidio no es ninguna solución, pues no elimina ningún problema.

Entre Ríos tiene el promedio más alto del país en términos de suicidio;  supera 12 a 8 entre 100 mil habitantes.

De manera tal que el problema, en tanto posibilidad de existencia del suicido, sigue existiendo. Vivimos en la época historia de la transición hacia otra sociedad. Algunos le pusieron socialista, pero póngasele el nombre que se quiera. Lo que tiene que cambiar es la relación con uno mismo, con los otros y las cosas. Necesitamos revolucionar nuestros sistemas: sistema de producción y distribución de lo que ya son, recordemos, nuestros derechos: a una buena alimentación, a un sistema de viviendas, donde el derecho laboral no se limite a “pedir trabajo”, pues el trabajo, esa capacidad de transformar que debemos atesorar, es de cada individuo. Así, salud mental será una trama de sistemas de oportunidades, con la posibilidad de pensar, al menos teóricamente, un mundo donde nadie se sienta con la necesidad de despenarse.

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Recomendaciones en adolescentes

Entre varias acciones, Unicef aconseja:

* Sensibilizar a la población acerca del suicidio adolescente, con campañas que busquen informar sin alarmar.

* Visibilizar la acción de las organizaciones que trabajan en la temática.

* Fortalecer las líneas telefónicas de ayuda existentes y crearlas cuando no existan.

* Reforzar las redes entre los actores intervinientes, a los fines de generar dispositivos que garanticen intervenciones conjuntas y eficientes.

* Incentivar la formación de líderes adolescentes en la temática del suicidio adolescente, a fin de fomentar y fortalecer el trabajo entre pares.

Teléfonos útiles - El Miércoles Digital (elmiercolesdigital.com.ar)

Por cuestiones de atención de salud mental llamar al siguiente 0800:

Referencias:

-Magnitud y tendencia del suicidio en Entre Ríos 2001-2016, Ministerio de Salud de Entre Ríos.

-Abordaje de la problemática del suicidio en los medios: claves para una comunicación responsable, Ministerio de Salud de la Nación.

-Descripción de la problemática del suicidio durante el periodo 2016-2020 en la provincia de Entre Ríos.  

[1] Pizarnik A. (2010), Journaux 1959-1971 (A. Picard, Trans.). Paris : Ibériques, Editions corti, p. 78

[2] Abordaje de la problemática del suicidio en los medios: claves para una comunicación responsable

[3] Durkheim, Émile. El Suicidio. Ed. Akal. España. 2008. Pág. V – XXXI, en LA COMPRENSIÓN CLÁSICA DEL SUICIDIO. DE ÉMILE DURKHEIM A NUESTROS DÍAS* Andrés Felipe Palacio**

[4] Idem.

 

(*)Sobre el autor

Mario Daniel Villagra nació el 24 de febrero de 1987, en Villaguay, Entre Ríos, Argentina (actualmente reside en París, Francia). Se recibió en junio 2020 en el Master Études Hispaniques et Hispano Américaines, parcours Recherche (Sorbonne Nouvelle - Paris 3). y Licenciado en Com. Social, de la Facultad de Ciencias de la Educación (UNER).
En 2015 publicó «Poemas del Principiante» (Ed. Árbol Animal, Buenos Aires) y en 2018 "Benavento" (Azogue Libros, Paraná), dedicado a la vida y obra del maestro y escritor. Entre 2014 y 2018 realizó tres films sobre poetas: "Marta Zamarripa, una poeta en pie" (2do Premio del Certamen Miradas 2016); "Miguel Ángel Federik, el poeta descalzo" y "Arnaldo Calveyra, tras sus huellas".
 

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