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De la portada de "Vida y muerte de López Jordán" de Fermín Chávez.
VEINTE AÑOS DE EL MIÉRCOLES

¿Dónde está López Jordán? (2009)

En esta ocasión, la entrega viene otra vez desde el cyberespacio. Se trata de una detallada nota histórica que se publicó el 12 agosto de 2009 en nuestro sitio El Miércoles Digital. Se trataba de un texto que, contando sobre lo “incorrecto” del lugar de descanso eterno de los restos de Ricardo López Jordán (h), tras su ‘repatriación’, reivindica al caudillo largamente vilipendiado por el urquicismo.

Casi 11 años atrás, este medio difundía en internet otro gran trabajo del profesor Villanova, esta vez sobre parte de los hechos y la historia que reivindican la figura de López Jordán, uruguayense nacido en 1822 en Paysandú, en razón de la persecución que sufría por ese tiempo su padre homónimo. Sobrino de Pancho Ramírez, supo ser héroe de la ciudad, entrerriano y uno de los más encumbrados líderes del federalismo. Pero el urquicismo y el poder de Buenos Aires han intentado minimizarlo, no sin éxito. Pero su memoria sigue siendo incómoda.

Así, compartiendo con nuestros lectores algunas de las más relevantes notas publicadas durante dos décadas, celebramos los 20 años de Miércoles, que se cumplen en este 2020.

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¿Dónde está López Jordán? (2009)

 

El jordanismo, encarnación del federalismo más extremo, se encuentra espantado. Observa en los últimos años de Urquiza una renuncia a los postulados del partido Federal. Sacarlo del medio parece ser la única oportunidad para devolver a la provincia su lugar de preeminencia entre sus hermanas. Eso creen al menos.

 

Por JORGE G. VILLANOVA, especial para EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

No es de ahora, todo habría arrancado en Pavón. En 1864, Evaristo Carriego, ya asumido en el rol de opositor, escribe a su amigo Martín Ruiz Moreno, sintetizando la posición de los jordanistas: “Parece que el general Urquiza se ha propuesto, como dice muy bien usted borrar, todos sus buenos antecedentes. Desde Pavón a esta parte no ha hecho más que seguir una cadena de desaciertos. Pierde el país, pierde a sus amigos y se pierde él mismo. La historia no presenta el caso de una ceguedad igual... Lástima causa verlo en la declinación de sus fuerzas morales y en el oscurecimiento de una gloria que ha podido brillar con tanto esplendor. ¿A dónde va hoy? Va al precipicio que su misma mano ha cavado...”.

Sumemos todos los antecedentes ya tratados y ubiquémonos en el 11 de abril de 1870, con Urquiza muerto. ¿Cómo reaccionó la población?: “Nadie se movió. No se alzó una voz de protesta. Descabezado el gobierno, ni civiles ni militares dieron muestra de desasosiego, de inquietud, de reacción. El pueblo no se conmovió”, dice Aníbal Vásquez.

López Jordán asume la gobernación y no sólo eso, también se hace cargo de la responsabilidad política que le cabe a su movimiento por la muerte del viejo caudillo. Y cuando todo se perfila para una nueva etapa en la Provincia, sobreviene lo impensado: Sarmiento decide que es imprescindible intervenir Entre Ríos.

El presidente, presionado por Mitre, pero no sin poca buena voluntad de su parte, ordena a un ‘ejército de Observación’ ubicado en la zona, proceder al desembarco en la provincia sin autorización legal alguna el día 19. Ubiquémonos en el pensamiento del sanjanuanino y preguntémonos, conociéndolo mínimamente en sus antecedentes: ¿Podía, acaso, Sarmiento -desde su óptica de país- permitirse el lujo de que renazcan las lanzas montoneras? “...(Urquiza) ha sido víctima de su sumisión al gobierno nacional, deplorada su muerte por los que antes fueron sus enemigos y por Buenos Aires, y que ha sido sacrificado por los suyos y sus favoritos, como es casi siempre la suerte de los que se salen de las condiciones ordinarias del poder regular...”, contesta el presidente. Y procede a su manera.

Mientras, el día 14, la Legislatura designa a Ricardo López Jordán para ocupar el cargo vacante. Todos los pasos fueron ejecutados legalmente. Las acciones del nuevo gobernador se desarrollan de acuerdo a esa tesitura: “El mismo jefe oficiaba al gobierno nacional su elevación al poder y manifestaba que aceptaba las autoridades y órdenes del Poder Federal”.

Claro que Sarmiento no estaba para este tipo de sutilezas por más legales que fueran. Y en una proclama del 20 de abril señala: “Un general de Entre Ríos oculta su espada para tomar el puñal del asesino, y premedita una muerte eligiendo sus adeptos entre aquellos que el crimen ha hecho más famosos. Atraviesa con ellos una larga distancia, se aposta en un lugar vecino y envía a sus sicarios...”, y agrega: “La Legislatura se reúne después bajo el estupor de este crimen, y estando presentes los que lo habían cometido, eligió cediendo a sus intimidaciones al general López Jordán... En Entre Ríos no hay administración de justicia, porque los criminales se han apoderado del gobierno...”.

Ahí se prenden los urquicistas y van a los números. Sobre 23 diputados, asisten 12 y de ellos dos votan en contra, señalan.

Justo José de Urquiza.

Una carta del legislador Francisco Crespo al Ministro de Guerra, Martín de Gainza, refiriéndose acerca de la revolución, es nota interesante de repasar: “Querido Martín: No pertenezco a los que la hicieron ni remotamente la esperaba, pero simpatizo con ella porque espero tendremos un gobierno más liberal y menos despilfarrador que el anterior. La tranquilidad que reina en toda la provincia, la prontitud y alegría con que fue recibida y cumplida la primera orden del nuevo gobierno (...) me hace creer que piensa como yo la mayoría del pueblo entrerriano (...) Tal vez se diga a ustedes que en la elección del general López ha habido cohecho, pero esto es falso (...) Tengo también la persuasión de que se intentará hacer creer en ésa que López Jordán en el poder es una amenaza para el gobierno nacional. Yo no lo creo. Antes que todo es argentino y ambiciona, me consta, para su patria, engrandecimiento, libertad y progreso, bienes que no se obtienen sino con la paz y el respeto a la Constitución...”.

Otra opinión autorizada será la de Onésimo Leguizamón, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, quien en 1877 reconocerá: “La intervención fue a Entre Ríos, terrible i desoladora como la manejaban los mejores generales del imperio, es decir Mitre (...) López Jordán vivía i me era odiado. Su causa mala en sus formas, era, sin embargo, justa en su derecho”.

Obviamente que López Jordán reaccionará, y el 23 convoca a cadena provincial y atiza al pueblo, con su conocida proclama: “¡Entrerrianos! Os acabo de dar libertad y derecho. Nuestros eternos enemigos no lo quieren reconocer, trayéndonos la guerra, y aquí me tenéis con la lanza en la mano para defenderlos. Si queréis ser esclavos permaneced en vuestras casas. Si queréis ser libres, venid a acompañarme...

¡Entrerrianos! Vuestros representantes me han elegido para defender la Constitución; y esos infames enemigos desconocen y pisotean vuestro gobierno, vuestros representantes y la Constitución. ¡La guerra pues! Esto manda el honor y la libertad”.

Y a los gobernadores de las provincias hermanas, en un extenso cartapacio, les comunica, entre otras cosas: “Hace 30 años que Entre Ríos cumple con la noble misión de fecundizar con su sangre el árbol de la libertad, a cuya sombra viven felices, ricos y prósperos los pueblos hermanos, mientras él, sacrificado en dilatadas campañas, volvía a su hogar a encorvarse bajo el yugo del despotismo personal.

Jamás le alcanzaron los beneficios de la libertad que llevaba con sus armas victoriosas al otro lado del Uruguay y al otro lado del Paraná, y como hijo i desheredado de la justicia y el derecho, el pueblo grande y generoso, gemía bajo la mano férrea que había oprimido a dos generaciones... Entre Ríos quería ser libre, necesitaba ser libre. Y por santo amor a la libertad, esa aspiración sublime de los pueblos que los lleva hasta el martirio, esa conciencia de su derecho por tanto tiempo hollado y desconocido, armó su brazo en el glorioso movimiento revolucionario del 14 de abril en que se dispuso a poner término a su prolongado sufrimiento”.

“Si al decretar la intervención militar de la Nación en Entre Ríos, Sarmiento supone que sus planes han de verse secundados por una parte de la población entrerriana, se equivoca, pues mientras los principales vecinos de Gualeguay, Concepción del Uruguay y otras poblaciones reclaman el retiro de las fuerzas nacionales, por considerar que los habitantes disfrutan de plenas garantías, los comandantes militares de los departamentos se ponen incondicionalmente a las órdenes del nuevo gobernante”, afirma Newton.

Hasta la insospechable Beatriz Bosch reconoce que la mayoría del pueblo se alinea tras el nuevo gobernador: “Por un momento los entrerrianos olvidan la muerte inicua del Organizador. Sólo piensan en detener a los invasores. Provistos de escasas y rutinarias armas comandan las huestes Carmelo Campos, Mariano Querencio, Bartolomé Castañeda, Alejandro Leiva, Robustiano Vera, Juan Luis González”.

Las acciones de guerra son conocidas, los combates también: Santa Rosa, Don Cristóbal. Ñaembé, el 24 de enero del 71, será el final del jordanismo. Derrotado por el joven Julio Roca, su ex alumno en el Colegio, López Jordán marchará al exilio. Pero es el fin. Los dos intentos posteriores no tendrán sentido. López Jordán lamentaba haber sido derrotado por un puñado de muchachos, pero no fue así. Ni siquiera fue abatido por los Remington ni por los cañones Krupp, ni por los sobornos, ni por el precio que impuso Sarmiento a su cabeza. En verdad había sido vencido por el nuevo país que conformaba la antigua oligarquía vacuna de Buenos Aires, bajo la protección del comercio británico. Donde los caudillos federales, a la vieja usanza, no tenían cabida. Con todo lo que eso implicaba.

 

“El cañón toca milonga

y hay que saltar la cuja

con su poncho se tapuja

del fiero viento los fríos.

¡Y revoleando los sables

gritemos: Viva Entre Ríos!”

 

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“Vengo a tabear de nuevo con mi pueblo

pero de amores fuertes, no de chala:

vengo a pintar mi pena en una bala.

 

Hay hombres que se venden como anillos

y que le vienen como anillo al dedo

al unitario que pagó su credo.

 

Hay hombres que disparan cuando hay fuego

y están enfermos para la pelea

porque adentro ya tienen manea.

 

Hay un hombre en Montiel recién volteado:

lo manearon de aquí los setembrinos

cuando él durmió su corazón alzado.

 

Voy a tabear de nuevo con mi raza,

con mis amigos de tendón celoso,

con mi pueblo chasqueado, con mi casa.

 

Voy a calzar mi amor americano

como a un pozo de huesos insondables

donde nadie ha llegado con su mano.

 

Trotando voy hacia mi corazón.

Y le garanto, amigo, que esta tarde

medio toruno me dejó Pavón.

 

Voy a hablar con soldados montaraces,

con hombres de pereba y esos otros

con ojos negros como mangangases.

 

Dicen que el hombre les llovió del cielo,

que ya no asusta dicen los salvajes;

pero si él se vendió, yo no los pelo...”,

 

...dicen que borronea el poeta Fermín Chávez. ¿O es el mismo Ricardo López Jordán, que no entiende derrotas propias y ajenas cuando no son derrotas? O entiende que existe la derrota pero no es la de las armas, que es otra, mucho más profunda. Es la de un hombre, la de un partido, una provincia, o un país, o lo que es peor la de un proyecto que se escapa, que ya no será. Tal vez no entiende de los nuevos tiempos de campos llenos de vacas, ovejas y alambrados, de ferrocarriles y de mercancías británicas, del por qué ese progreso no lo incluye a él ni a sus pares. Ni por qué arrasarán a sangre y fuego las provincias internas, y por qué caerán sus amigos Peñaloza y Varela. Sí, sabe quiénes son ellos y sabe quién es él, y por eso no los pela.

Escribe Susana Cogno: “La historiografía y literatura liberal, para negarle al gaucho y al trabajador del presente la capacidad de enfrentar opositores políticos con plena conciencia de su destino como clase y componente de la Nación, crearon el mito romancesco de los gauchos tomándolos como personajes pintorescos, alejándolos de los compromisos y luchas por un proyecto de nación soberano contra las élites de la oligarquía. Así intentaron sacar del debate la marginación de la que son objeto por parte del proyecto unitario y liberal”.

Faustino Sarmiento.

Y entonces, si tomamos esta definición por cierta, caen todos. Desde Artigas, pasando por Ramírez, López, Quiroga, Peñaloza, Varela y, por supuesto, López Jordán. ¿Y quién era Ricardo López Jordán?: “Fue un luchador de la causa federal, un auténtico militante de esa causa. Y no era ningún ignorante, fue profesor en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. En la parte militar, se conservan las actas de los exámenes”.

En la misma línea, Aníbal Vásquez agrega: “Él era el caudillo de la nueva causa; pero no el caudillo ramplón, grosero e inculto que presume la gente desaprensiva, sino aquel que había definido sus capacidades y aptitudes civilistas en la Cámara de Diputados de la Confederación, en la Presidencia de la Legislatura local, en la integración de las mesas examinadoras del Colegio Histórico del Uruguay, en el ejercicio interino y reiterado del gobierno de la provincia”.

Después de las insurrecciones, la cárcel y el exilio, “lo mataron en Buenos Aires, en la calle Esmeralda al 500, por un enviado de los hijos de Urquiza. El asesino, llamado Aurelio Casa, utilizó una infamia, diciendo que Jordán había matado a su padre, y al padre de Casa lo habían matado sus propios partidarios, por traidor”.

A principios de los años 90, durante el siglo pasado, el entonces presidente Carlos Menem, decidió repatriar los restos del brigadier Juan Manuel de Rosas como parte de una política de unidad nacional. Un tema que se presuponía espinoso. En verdad, salvo algunas pocas voces, nadie puso reparos.

Una de las consecuencias del hecho fue la instauración del método ‘repatriemos a todos’, que continuaron los corifeos de Menem. Así, Entre Ríos, con su gobernador Jorge Busti a la cabeza, decidió que ya era hora de que los restos de Ricardo López Jordán descansen en la provincia. Así se hizo, y el antiguo general -o lo que quedaba de él- fue a descansar al cementerio de Paraná. En realidad, el lugar correcto donde hubiera correspondido depositar sus restos, hubiera sido Concepción del Uruguay. Pero tal vez esto hubiera sido demasiado irritante para el sentimiento urquicista que aún se mantiene en La Histórica.

“EDICTO: El Gobierno del Pueblo de la Provincia de Entre Ríos y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires comunican a los familiares de quien en vida fuera el Gral. Ricardo López Jordán y a los titulares de la bóveda formada por los lotes 7/9, tablón 7, de la Sección 18, del cementerio de la Recoleta, donde se encuentran inhumados los restos de dicho prócer, que los mismos serán trasladados el día 21 de junio de 1990 a la Provincia de Entre Ríos. Le otorgan cinco (5) días corridos para formular las oposiciones del caso, de lo contrario se procederá a su traslado en la fecha indicada. 16/6/1990”.

Por supuesto, pasado el tiempo de los actos rimbombantes y especulativos, sucedió lo que debía suceder: los mismos que intentaron un acto hueco y vacío de contenido -no incluimos aquí a Fermín Chávez-, en pos de sus propios intereses políticos, le dieron el golpe de gracia al pensamiento legítimo y revolucionario del caudillo autonomista:

 

“López Jordán

Señor director: En la edición de La Nación del 12 de julio hemos podido leer la carta del único nieto con vida del caudillo entrerriano Ricardo López Jordán, el señor Jorge Eduardo López Jordán, y enterarnos de la voluntad de sus ancestros de dejar que sus restos descansen en Buenos Aires. Voluntad que evidentemente fue desoída por las autoridades entrerrianas.

¿Qué dirá López Jordán nieto si un día resolviera venir a Paraná para conocer la nueva morada de las cenizas de su ilustre abuelo? No la hallaría. Aquí ha pasado al anonimato.

Ninguna autoridad acompañó la cureña con los restos en el trayecto que va del palco de actos centrales hasta la necrópolis. Una vez allí, fue depositado en un mausoleo anónimo y finalmente trasladado al panteón de la familia Martínez de Forte, sin que se colocara en su exterior referencia alguna. Si no hay quien guíe a quienes desean visitar la tumba, es imposible hallarla. (...) Apagados los ecos del acto político en el que reiteraron discursos dos precandidatos de la interna entrerriana, el general López Jordán descansa anónimo... Y quizás olvidado en poco tiempo más.

Luis Egidio Jacobi, periodista, Yrigoyen 1213, Crespo, Entre Ríos”.

 

Citas y fuentes

- Carta de Evaristo Carriego a Martín Ruiz Moreno en enero de 1864, en Roberto Iñigo Carrera, ‘Sarmiento y López Jordán, Revolución en Entre Ríos’, CEAL, Buenos Aires, 1981, Pág. 261.

- Aníbal Vásquez, 'Periódicos y periodistas de Entre Ríos', Dirección de Cultura de Entre Ríos, Paraná, 1970, Pág. 105.

- La República del 14-8-1870.

- Fermín Chávez, ‘López Jordán regresa de Pavón’, en Crisis Nº 25, Buenos Aires, Mayo 1975, Pág. 47.

- Susana Cogno, ‘Caudillos y montonera’, Uno, Paraná, 9-9-2001.

- Fermín Chávez, ‘Hablando bien claro’, reportaje de Aníbal Vicentín en Análisis Nº 624, Paraná, 29-7-04, Pág. 28-9.

- Aníbal Vásquez, ‘Periódicos y periodistas de Entre Ríos’, Dirección de Cultura de Entre Ríos, Paraná, 1970, Pág. 103.

- Chávez, ‘Hablando...’

- La Nación 16-6-90.

- La Nación 29-7-1990.

 

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