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El cristianismo pide perdón

Seis mil niños aborígenes canadienses murieron a lo largo de un siglo en los internados regidos por la Iglesia Católica en sociedad con el Estado. Se trataba de niños aborígenes arrancados de sus hogares para ser internados en instituciones católicas con el objetivo de civilizarlos. La internación consistía en integrarlos a la cultura de los blancos, además de “salvar su alma” por supuesto.  Murieron seis mil niños víctimas de desnutrición, enfermedades, malos tratos y abusos de toda índole. Los niños muertos eran sepultados en fosas comunes sin identificación alguna. El Papa viajó a Canadá y pidió perdón.

 

Por ANIBAL GALLAY de EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

Francisco es el jefe de la iglesia católica, principal rama del cristianismo. En sentido estricto es el obispo de Roma, a la que se agrega su condición de “primus inter pares”. Dicho de otro modo, su jerarquía es idéntica a la de un obispo. Por razones burocráticas el resto de los obispos del mundo (incluyendo cardenales) le reconocen una primacía que lo eleva a jefe de la Iglesia.

El Papa se saca la responsabilidad al indicar que fueron “miembros de la Iglesia”, cuando el programa tenía el aval oficial de toda la jerarquía, y participaba la Iglesia como institución.

Francisco ha andado por Canadá con la misión de pedir perdón por hechos ocurridos durante la colonización europea.  En este aspecto la iglesia cristiana romana tiene una lentitud asombrosa. Tardó 4 siglos en reconocer su error con respecto a los planteos científicos de Galileo Galilei. El cristianismo se maneja  partiendo del supuesto que la Biblia fue escrita por Dios o inspirada por el Espíritu Santo. Se deduce fácilmente que la verdad está en la Biblia porque Dios no puede mentir. Y entre las verdades bíblicas figura la obligación de evangelizar a todos los habitantes de este mundo.  Quien no reconoce a Cristo como su  salvador irá al infierno por toda la eternidad. Con ese bagaje argumental se ha justificado cualquier atrocidad.

En Canadá se organizó una estructura educativa entre el Estado y la Iglesia Católica destinado a eliminar la cultura aborigen que se consideraba muy inferior a las traídas por los colonizadores.  Destrozar esas culturas era al fin y al cabo cristianizarlos y ponerlos en la senda de la salvación eterna.

Aunque suene monstruoso el trabajo de cristianización tenía como objetivo salvar sus almas, sin importar los padecimientos El sufrimiento material no tiene demasiada importancia si se compara con el logro de acceder a la eternidad junto al mismísimo Dios. Para el cristianismo en general las personas se dividen en aquellos que han aceptado a Jesús como salvador y a quienes permanecen en la ignorancia, la oscuridad y la idolatría.  Se los suele denominar paganos y deben ser convertidos. Ese proceso se suele denominar evangelización.

El Papa viajó a Canadá y expresó:

"Pido humildemente perdón por el mal cometido por tantos cristianos contra los pueblos indígenas", agregando que “muchos miembros de la Iglesia han cooperado en la destrucción cultural y la asimilación forzada".

Miles de niños indígenas fueron separados de sus familias e  internados en casas dirigidas por sacerdotes y religiosas católicos desde finales del siglo XIX y hasta la década de 1990, como parte de un programa que pretendía una integración de los nativos con la cultura blanca gobernante.  En esos llamado hogares, los niños eran forzados a vivir allí, y se ha comprobado que murieron por enfermedades no atendidas y desnutrición. Hubo también sistemáticos malos tratos y abusos de todo tipo. A todo este sistema se lo denominaba “integración cultural”. Ello con la finalidad que los aborígenes canadienses aceptaran el modus vivendi traido por los europeos. Y no podía faltar la manipulación religiosa, para que estos paganos conocieran al verdadero Dios, aun ejerciendo violencia. Nada más valioso que la salvación del alma.

El Papa se saca la responsabilidad al indicar que fueron “miembros de la Iglesia”, cuando el programa tenía el aval oficial de toda la jerarquía, y participaba la Iglesia como institución. Un cálculo indica que en el transcurso de un siglo murieron seis mil niños producto de los malos tratos y fueron enterrados en fosas comunes sin ninguna identificación.

Al parecer la Iglesia se hará cargo de algún resarcimiento monetario, pero el año es irreparable, aunque se pida perdón.

(Fotografía tomada de la página de la BBC).

 

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