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Europa: rebelión en la granja

Europa atraviesa una verdadera "Rebelión en la(s) granja(s)". Un abanico de razones y reclamos llevaron a los productores rurales a protestar en distintos países de la Unión Europea (UE). En todos los casos, el fondo es económico. Pero las medidas a las que combaten pueden ser diferentes. Muchas de ellas tienen que ver con regulaciones que apuntan a preservar el medio ambiente y se inscriben en los compromisos asumidos por los gobiernos en materia de lucha contra el cambio climático.

 

Por GABRIEL MICHI (*)

Es así como los productores agropecuarios europeos se han convertido en adversarios muy fuertes de los ambientalistas. Además, pelean contra las importaciones desmedidas de productos que les compiten e incluso plantean su rechazo a un acuerdo con el MERCOSUR, algo que abriría las fronteras comerciales a productos del campo que podrían desplazar a los propios. Ya en 15 países de la UE se multiplicaron las protestas en los últimos 18 meses.

En las últimas horas la noticia se centró en lo que está ocurriendo en Francia, donde miles de agricultores tomaron y cortaron las autopistas que llegan a París con sus tractores, hasta casi dejar sitiada a la capital gala y con la amenaza de dejar a toda la sociedad sin alimentos y productos básicos. Esa es la punta del iceberg de algo que también florece en otras naciones europeas. Los granjeros locales exigen a las autoridades medidas para enfrentar la inflación y los efectos de la guerra en Ucrania, pero también que frenen algunas de las políticas medioambientales impuestas en los últimos años para combatir el cambio climático, en el marco de los compromisos asumidos por las diferentes naciones.

La protesta se tradujo en cortes en varios tramos de ocho autopistas en Francia, cuyo gobierno ya anunció una serie de medidas para paliar la situación y enfriar el conflicto. A tal punto que el propio presidente Emmanuel Macron está estudiando dejar sin efecto el subsidio al diésel que usan los productores rurales, una de las principales demandas de los manifestantes. Además reclaman por as demoras en los pagos de los subsidios por parte de la UE o la competencia que suponen las importaciones, particularmente de Ucrania y también la amenaza que para ellos significaría un acuerdo con el MERCOSUR. Los granjeros plantean que está en juego su supervivencia y que no frenarán las protestas hasta conseguir sus objetivos, aún cuando haya un total desabastecimiento en territorio galo. “Vamos a paralizar a Francia. Mantendremos un asedio a París, para presionar al gobierno. Los parisinos van a pasar hambre. El objetivo es matar de hambre a los parisinos. Eso es todo”, fue el duro diagnóstico de uno de los ruralistas, pese al fenomenal despliegue de fuerzas de seguridad realizado por las autoridades.

El efecto dominó de las protestas de los agricultores -que hoy está extendida en 15 países- comenzó hace un año y medio en los Países Bajos con numerosas concentraciones contra el plan del gobierno de reducir las emisiones de nitrógeno mediante la reducción del número de cabezas de ganado. Como una mancha venenosa, ese mismo reclamo se extendió a Irlanda y Bélgica.

Por su parte, en Rumanía y Polonia, los agricultores denuncian las importaciones de cereales ucranianos no tasados, que desestabilizan sus mercados. Y en Alemania, atacan el fin de la exención fiscal del gasóleo en 2026 y las normas medioambientales de la UE. La consigna es similar en Francia.

Sea cual fuere el origen del reclamo, en toda la Unión Europea el común denominador tiene que ver con la caída en los ingresos de los ruralistas y la perspectiva de mayores perjuicios a futuro, con en encarecimiento de sus insumos y el aumento de la competencia internacional. Según Luc Vernet, de Farm Europe, "hay más demanda de protección del medio ambiente y, al mismo tiempo, el apoyo público ha caído en picado. Si hacemos un simple cálculo, entre 2003 y 2023 el valor de las ayudas directas habrá caído un 37%. Y estas ayudas representan más de la mitad de la renta agraria en la media europea".

El llamado "Pacto Verde" de la Comisión Europea acumula todo tipo de tensiones y choques con el sector agrícola. Por ejemplo, con el programa "De la granja a la mesa", que plantea la necesidad de avanzar hacia una agricultura más sostenible. En ese sentido, en declaraciones a Euronews, Vernet sostuvo: "Inicialmente, el proyecto 'De la granja a la mesa' se concibió como una estrategia para imponer normas que forzaran el cambio, partiendo del supuesto de que, al pasar a una agricultura más sostenible, los consumidores pagarían y los banqueros, con su dinero barato, financiarían las inversiones de los agricultores. Hay que decir que esta ecuación no es posible hoy en día. Los consumidores se alejan de los productos más caros y el sector ecológico atraviesa serias dificultades. Y hoy, el periodo de dinero fácil que habría permitido la inversión ha desaparecido. Es cosa del pasado".

Por eso, en las más altas esferas se está analizando replantear algunas de esas políticas y promesas. De hecho, la Presidencia belga del Consejo de la Unión Europea propone una revisión de la actual Política Agrícola Común (PAC). Así lo expresó David Clarinval, ministro belga de Agricultura: "Vamos a hacer un análisis comparativo de cómo estaban las cosas el año pasado. Y obviamente, a partir de este análisis comparativo, tomaremos las mejores prácticas que sean eficaces y también las corregiremos, y en cualquier caso iniciaremos el proceso de corrección a nivel europeo". Pero no es un tema menor ya que la PAC sigue siendo la mayor partida de gastos de la Unión Europea y los productores agrícolas dependen directamente de ella.

El principal desafío para los miembros de la UE es encontrar un equilibrio entre los compromisos climáticos y las necesidades y reclamos del sector agrícola-ganadero. Además del aumento de las restricciones de las importaciones, aún con el riesgo de que eso aumenten los precios internos y la inflación. Pero también ante los peligros que eso significa ante el aprovechamiento de los sectores de extrema derecha -con posiciones ultranacionalistas y negacionistas del cambio climático- que cada vez colectan mayor apoyo en los productores rurales. Encima, en junio hay elecciones para el Parlamento Europeo y este enojo puede verse reflejado también en las urnas. Todo un cóctel letal que plantea encrucijadas difíciles de resolver. En medio de una gigante y creciente "rebelión en la(s) granja(s)".

(*) Artículo originalmente publicado en mundonews.com.ar. Se reproduce por gentileza de su autor.

 

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