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La UTT espera que el acceso a la tierra se apruebe mediante una ley

Desde la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) se muestran esperanzados de que el proyecto de Ley de Acceso a la Tierra sea aprobado por el Congreso nacional.

 

Por EQUIPO DE REDACCIÓN DE EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

Rosalía Pellegrini, secretaria de género de la UTT se refirió a la presentación de la iniciativa legislativa. “Pensamos que hay que generar transformaciones profundas que vayan hacia un modelo agrario más justo, solidario, que produzca alimentos sanos para el pueblo y que brinde acceso a la tierra”, explicó. Fue en una charla con el programa ‘En la Víspera’, que se emite los martes, en simultáneo por LT11 y Radio UNER, producido por la Cooperativa El Miércoles, en la que también abordó otros temas relacionados.

 El culebrón protagonizado por los hermanos Etchevehere en una de sus estancias sirvió para poner sobre el tapete y discutir sobre temas como los latifundios, la reforma agraria, la posesión de la tierra, por ejemplo. En ese marco, Pellegrini charló extensamente con esta cooperativa. “La UTT es una organización que ya tiene más o menos diez años, pero por ahí nos hicimos conocidos en el 2016, cuando hicimos el primer ‘Verdurazo’ en la Plaza de Mayo. Representamos a los que producimos la lechuga, el tomate, parte de la fruta, parte de la carne de cerdo, yerba mate en Misiones... Los que llenamos la mesa en Argentina somos miles de productores y productoras de agricultura familiar y campesina que venimos luchando por un montón de cuestiones, principalmente por la tierra”, explicó al comienzo.

Muchas de esas personas no son propietarias de las tierras trabajan. La UTT acaba de presentar por tercera vez un proyecto de Ley de Acceso a la Tierra, ¿cuáles son sus ejes?

Parte de una necesidad y una necesidad que se transforma en derecho. En Argentina, en el rubro, desde el que yo vendo lo que es la producción de verduras, no solamente en La Plata, sino en Santa Lucía (Corrientes), en el cinturón hortícola de Santa Fe, en Jujuy, hay un montón de esas verduras que dependen de un sector que arrienda la tierra de por vida. La mayoría no es dueña de la tierra que trabaja produciendo ni más ni menos que alimentos. A partir de ahí, nosotros presentamos en 2016, con ese primer “Verdurazo”, esta Ley de Acceso a la Tierra, con el objetivo de que salga. Más que una ley, uno podría decir que es un programa de otorgamientos de créditos para poder acceder a la tierra propia, que se garantice desde el Estado acceso a créditos blandos para que la familia que está ahí, en Santa Lucía, pagando de por vida su alquiler o acá, en Gran La Plata, pagando eternamente el alquiler y no pudiendo proyectarse, teniendo que emigrar todo el tiempo, pueda finalmente llegar a la tierra propia. De eso se trata el Pro.Cre.Ar  Rural, dicho muy brevemente.

Es interesante la idea de asociar lo que se está proponiendo con un programa como el Pro.Cre.Ar., que la población tiene bastante más claro de qué se trata, y habla de lo que se está proponiendo. Digo, para espantar ciertos fantasmas, que no se está hablando de quitarle tierras a nadie, no se está hablando de una reforma agraria, sino que se trata de un plan para habilitar a esos pequeños productores, familia, productoras de alimentos de todo el país, a que puedan acceder a sus propias tierras sin afectar a los propietarios actuales, sean cuales sean las extensiones que poseen, ¿no?

Este proyecto, justamente, está pensado bajo este sistema en el que vivimos. Nosotros, sinceramente, pensamos que hay que transformarlo, que hay mucha injusticia en la mala distribución de las tierras en Argentina. Pensamos que hay que generar transformaciones profundas que vayan hacia un modelo agrario más justo, solidario, que produzca alimentos sanos para el pueblo y que brinde acceso a la tierra. Pero entendemos, obviamente, que todo eso tiene que ir acompañado de una concientización de la sociedad, que también esta reclame por lo que nosotros decimos que es soberanía alimentaria. Entender que los alimentos no vienen de cualquier lado, sino de un sector que tiene que tener derechos y que, a su vez, tiene una propuesta de producción sana. En ese marco presentamos esta ley, que es muy concreta, realizable hoy en día. Y que tiene distintas propuestas de acceso, como la compra a un privado que quiera vender o, también, poner en discusión la cantidad de tierra del Estado que hay en Argentina en mal uso o uso improductivo. ¿Por qué no pensar en poner a disposición esa tierra para la producción de alimentos? Es algo que el Estado tranquilamente podría realizar. No entra en contradicción con intereses. Lo que queremos es un campo sano, que produzca alimentos y también ir hacia una democratización de la tierra.

El proceso por el cual se aprueba una ley es siempre complejo ¿Cómo ves la recepción de parte de la radiografía del Congreso actual, de los bloques que existen, de los legisladores que existen? ¿Qué respaldo vienen tanteando ustedes a esta propuesta?

Como te decía, el proyecto de ley se presentó en 2016 durante otro gobierno. Es importante decir que la gran mayoría de los que firmaron, que estaban en la oposición y que apoyaban este proyecto, hoy por hoy son gobierno. Hoy son ministros, cancilleres... Ministros de las principales carteras, como la de Agricultura, Desarrollo Social y otros ministerios, incluso de la provincia de Buenos Aires. Entonces, digo: “Si esos diputados firmaron la Ley, se supone. A mí, la cuenta campesina me da que esto tiene que avanzar”. Tendría que estar avanzando. No era lo mismo en un contexto en el cual, por ejemplo, el ex ministro de Agricultura era el polémico Luis Etchevere, del que ahora tanto se está hablando. Había otro contexto más asociado a un campo vinculado a la concentración de la tierra, a pensar la agricultura en función de los negocios para unos pocos y no para el bien común, contrario a lo que se supone que se tendría que dar ahora. De todos modos, pensamos que, en última instancia, siempre la capacidad de presión, la lucha, el diálogo con todos los sectores de la sociedad es lo que va a hacer empujar el proyecto. Entendemos que están las fichas presentadas para que avance.

Las potencias cuidan la población rural

Pensaba en Europa y en el propio Estados Unidos, donde el Estado protege y defiende a sus productores, no consideran razonable despoblar su propia ruralidad. En nuestra región, Brasil, hace pocos años, accedió a que pequeños y medianos productores accedieran a la tierra, ¿hay referencias en ese sentido o el proyecto se para en la realidad argentina sin inspirarse en otras iniciativas cercanas o lejanas?

Todo movimiento popular recoge su trayectoria de las historias de lucha de los pueblos. Nosotros, como organización campesina, no estamos exentos. El proyecto está pensado en una realidad concreta argentina, inclusive en el modelo agropecuario de hoy en día. Por supuesto que, claramente, procesos de reformas agrarias hay integrales, como dicen las organizaciones como el Movimiento Sin Tierra. Hablan que no solamente hay que distribuir las tierras, sino que hay que generar acceso a la educación en el campo, derecho a la vivienda, propuesta de producción más sanas, agroecológicas. Nosotros también pensamos que hay que ir a una organización colectiva, como sociedad, debatiendo todos los sectores hacia una transformación del agro. Por supuesto que recogemos todas estas tradiciones, aunque este proyecto está pensado para nuestra realidad. También es bueno rescatar experiencias que se dieron acá, en Argentina. La provincia de Buenos Aires tuvo un proceso de colonización y otorgamientos de tierras. Yo vivo en el Parque Pereyra, que fue formado por el gobierno de (Juan) Perón en el marco de entender un espacio verde, con biodiversidad y también con productores y productoras produciendo alimentos. En algún momento hubieron acá, en Argentina, experiencias así, que está bueno recoger.

Aquí, en la región, hay una experiencia que fue casi legendaria: la de las colonias impulsadas por Alejo Peyret en tierras que eran de (Justo José) Urquiza de la que surgieron buena parte de los colonos que emigraron a nuestra región. A fines del siglo XIX hubo gobiernos, con los que uno puede tener enormes diferencias en otros aspectos, que impulsaron planes que implicaban darle tierras a la gente dispuesta a trabajarlas y, a su vez, alimentando la posibilidad de que se asociaran, formaran cooperativas. Hoy parece algo lejano, por eso nuestro interés en la insistencia de la UTT en presentar la propuesta. ¿Qué vinculación tiene todo el laburo que vienen haciendo y, por supuesto, el proyecto de ley, con la cuestión de la soberanía alimentaria como aspiración?

Si bien la soberanía alimentaria es una bandera de lucha construida por el movimiento campesino internacional, nosotros hicimos carne en la propia piel en la soberanía alimentaria cuando salimos a luchar en aquel 2016, con la lechuga en la mano. Fue ese gesto de querer mostrarle a la gente quiénes somos, lo que después hizo que se nutriera esta consigna tan importante y este proyecto estratégico, que es la soberanía alimentaria. Porque es empezar a acercar lo que es el campo a la ciudad, a reflexionar juntos qué es lo que estamos comiendo, qué hay detrás de lo que pongo en el plato todos los días y quizás no soy consciente. Argentina es un país que se muestra a sí mismo como muy urbano, y que le da la espalda al campo y a quienes vivimos en el campo. Pensamos que eso no es casual. Esa cultura de pensarnos por siempre urbanos, como si Argentina fuera la ciudad de Buenos Aires también tiene que ver con la estrategia de dejar ese territorio riquísimo culturalmente, esa tierra tan rica, para que hagan negocios, para el extractivismo, para el vaciamiento, para el saqueo. Si no podemos reflexionar acerca de lo que comemos, desde este lugar que parece tan político, pero a la vez es tan simple... ¿Este tomate cómo se produjo? ¿Cómo viven aquellas personas que lo produjeron? ¿Tienen vivienda? ¿No tienen vivienda? ¿Cómo lo producen? ¿Bajo qué modelo de producción? ¿Dónde se consigue la semilla? Si no empezamos a tomar conciencia de ellos como sociedad entera, los del campo, los de la ciudad, no vamos a poder pelear por un proyecto en común de soberanía alimentaria. Es eso, la soberanía alimentaria: es abrir los ojos y tomar conciencia de con qué nos nutrimos, ¿no? Algo tan importante como es el alimento.

Los tránsgénicos

En nuestra región, la Pampa húmeda (Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe), ¿cuántas hectáreas se necesitan para que una familia o un productor pueda subsistir y empezar a producir para comercializar?

Calculamos una unidad productiva de 1,5 hectárea por familia. Decimos que en una hectárea y media por familia podemos producir alimentos, verduras, aproximadamente para 300 personas. Derechos para una familia productora significa verduras sanas para 300 personas. Nuestro proyecto tiene una estrategia de comercialización del productor directamente al consumidor. La revinculación del consumidor con la tierra, con el alimento sano, que es el alimento campesino, que es muy importante a la hora de pensar esa 1,5 hectárea de producción.

Eso es central porque si no, cuando hablamos de soberanía alimentaria termina siendo un eslogan y plantear sólo la consigna termina siendo vacío.

¡Sí! ¡Tal cual! Todas esas transformaciones que venimos hablando se llevan adelante con decisión y políticas públicas. Nosotros, desde la UTT, venimos construyendo aquellos que decimos, demostrando que lo hacemos. Lo que ha hecho mella en este tiempo es esa constancia nuestra, lo que decimos lo hacemos. Pero siempre demandando. No tiene que ser experiencia sólo de la UTT, tiene que transformarse en políticas públicas. El derecho a la tierra tiene que ser ley. El Estado tiene que velar porque haya alimentos sanos y agricultores viviendo con acceso a las tierras y acceso a la vivienda. Así iremos encaminados a un bienestar de conjunto que es lo que queremos construir, con mayores niveles de igualdad y mayores derechos.

¿Cómo ven, desde la UTT, el acuerdo que se impulsa desde el Ministerio de Relaciones Exteriores de nuestro país, con el que se ha embanderado el ministro Felipe Solá, en relación con la aprobación de los transgénicos en Argentina y qué alcance tiene hacia los pequeños productores?

Alcance, por ahora, ninguno. Tuvimos una reunión en Cancillería a partir de nuestra convocatoria a juntarnos en la puerta a reclamar. Cualquier decisión que tenga que ver con la agricultura, con nuestros suelos, con nuestras tierras, con nuestro ecosistema, tiene que atravesar un proceso informativo, de consulta, de impacto ambiental. La sociedad cada vez come menos vidrio. Podríamos decir que “come menos soja transgénica”. A cualquiera vos le preguntas qué te parece la soja transgénica y te dicen: “Y, la verdad que me parece que es mala”. Hemos logrado niveles de información a la sociedad y también hay un resto del mundo “rico” que no habilitó la soja transgénica por algo, ¿no? Entonces, de alguna manera estamos cansados de que nos vendan soluciones mágicas a los problemas de los argentinos y argentinas cuando después lo que nos quieren vender es un paquete que nosotros coincidimos que hizo tanto mal a nuestro territorio y a nuestro pueblo. En primer lugar, lo que planteamos es si se inicia un proceso, un acuerdo que va a impactar tanto en la agricultura, en los pueblos de nuestro país. Es informar impacto ambiental y todos los estudios que sean necesarios. Y también plantear cómo va a ser la incorporación de sectores pequeños y medianos que, justamente, crían animales bajo otros métodos, métodos más sanos, no los que plantean bajo el acuerdo. Queremos discutir cómo va a ser.

¿De qué manera creés que impacta el conflicto de la familia Etchevere para que se apruebe el proyecto de Ley?

Espero que no impacte en nada. Creo que la propuesta nuestra es muy clara, muy concreta y no me da miedo decirlo. Este sistema en el que vivimos y que siempre queremos transformar y en este sistema se puede dar la Ley de Acceso a la Tierra. Quisiera la democratización plena del acceso a la tierra y un montón de cuestiones más que será un proceso y estamos en eso, luchándola. Así como está la ley, no. Lamento un montón todos estos fantasmas que se construyen, estos miedos que terminan capitalizando la profundización de un pensamiento conservador. Para nosotros, nuestro norte es la Ley de Acceso a la Tierra, los “verdurazos”. Hace cinco años nosotros también ocupamos tierras, tierras del Estado, tierra improductiva en base a un proceso de trabajo de tres años de gestión, propuesta y trabajo en agroecología, y cuando vimos que la negociación se empantanó decidimos avanzar y recuperamos esa tierra que ayer era un baldío y en la que hoy se producen casi 40 hectáreas de alimentos agroecológicos. Vecinos y vecinas van a ese campo de 80 hectáreas, que incluyen montes, y que ahora toda la comunidad está orgullosa de ese lugar. Lo que nosotros hicimos fue construido en un contexto con mucha paciencia, con mucha organización, mucha base social y producción. Creemos que ese es el camino.

 

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