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Negros de mierda

Dice la autora de esta columna que hay quienes encuentran una forma de solución, restauración de la calma o recuperación de lo perdido en la frase “a estos negros de mierda hay que matarlos a todos”. Pero afirma que no es necesario: la lógica del sistema se ocupa de ese pedido, por varias vías….

 

Por VANESA LEOPARDO (Colaboración especial para EL MIÉRCOLES DIGITAL).

 

“Hay que matarlos a todos...”

Pero sí, hay que bajar la imputabilidad, vas a ver que en cuanto maten dos o tres, se van a empezar a cuidar –dice Alejandro, que recién le pasó un quinientos al inspector de tránsito para que no le quiten el auto porque su nivel de alcoholemia supera tres veces lo permitido e iba a 120 por la calle.

Si tienen edad para salir con un revólver, tienen edad para que los metan presos o los bajen de un tiro –sostiene el Rolo, que cada vez que puede le mete mano a su hijastra de catorce años.

Ni necesitás pedir balas para todos y todas, la propuesta del capitalismo los va matando: les lleva las hijas a las negras de mierda, les mata los hijos de hambre, de drogas, de sus propias balas o las de la poli; les cierra las puertas del mercado de trabajo, del hospital, de la escuela.

A esos pendejos lo que les faltó fue una buena garroteada, como las que nos daba mi viejo – pontifica Carlos, que trabaja en una farmacia y se afana los medicamentos vencidos para venderlos a mitad de precio.[1]

Hay quienes encuentran una forma de solución, restauración de la calma o  recuperación de lo perdido en la frase “a estos negros de mierda hay que matarlos a todos”.

No es necesario, vivimos bajo una lógica que los va matando a todos.

Nos convierte en mercancía, autómatas, esclavos del consumo. No importa si consumiendo o muertos de deseo por consumir, para el caso da igual. Pone a los pibes en la calle y los va dejando afuera de los circuitos de acceso a la cultura, al trabajo, a la ternura, al uso de la palabra;  lejos de los vínculos que te salvan.

A distancia de las oportunidades.

Pero premia el mérito. Individual, fuera de todo contexto.

Luego podemos discutir si al decir afuera decimos caídos, al margen, excluidos, vulnerables, flotantes, invisibles…igualmente “todos los caminos conducen a Roma”: se trata de un dudoso ejercicio de Derechos Humanos.

Pero nosotros merecemos vivir más seguros, con menos violencia… así que habría que matarlos a todos.

Ni necesitás pedir balas para todos y todas, la propuesta del capitalismo los va matando: les lleva las hijas a las negras de mierda, les mata los hijos de hambre, de drogas, de sus propias balas o las de la poli; les cierra las puertas del mercado de trabajo, del hospital, de la escuela.

Una especie de efecto derrame, derramando muerte en todas sus formas y colores.  Sin urgencias y con perspicacia.

De verdad te lo digo, el Sujeto de Derechos se extingue, posta.

¿Cómo? Tal vez una de las maneras es que de a poco se van convenciendo de que su vida no vale nada. La tuya tampoco.

No obstante, ahí estamos nosotros para aplaudir cuando dicen: “más presupuesto para seguridad, menos para educación”; corroborando -en la sutileza del aplauso- la funcionalidad de la fabricación de ‘negros de mierda’.

Ningún número en el sorteo del capital cultural, sin sortija en la vueltita por el acceso a la educación.

En la educación son desertores…

Cabría pensar cómo sostener un tránsito educativo de quien mira hacia atrás y ve, en las tres generaciones que lo anteceden, que “educarse" no ha sido ni escalón, ni puerta, ni llave, ni trampolín hacia un mundo mejor.

Y la única variable de análisis que aparece es que no se han esforzado lo suficiente. Porque cuesta mucho mas hablar de nuestra llegada tarde eterna en la vida de los pibes.

Nosotros, con una efervescencia y preocupación nunca antes vista, sentenciando que hay que matarlos a todos, o debatiendo –cada tanto– si cárcel a los 16, a los 15, a los 14 y así… (hasta salita amarilla no paramos). Ignorando el librito de cuentos pero leyendo completo el código penal.

Sé que hay quienes van a decir que no se puede vivir comprendiendo. Pero quizá tampoco se puede vivir sin medir las consecuencias sociales de nuestra posición frente a las cosas: aquello que no es un problema mientras está fuera de mí, hasta que se convierte en un peligro para mí y por eso adquiere entidad.

Tal vez la gran tarea es definir donde está el problema, y la urgencia es que eso suceda de ojos bien abiertos (lo dejo a tu criterio).

Quizá… como dicen: desde “nuestro lugarcito"[2] fijarnos que lo que pedimos, lo que ignoramos y lo que aplaudimos, genera significados que son políticos.

“Hay que matarlos a todos”...

¿Quién dispara?

[1] Cecilia Solá, docente, escritora y activista en Ni una Menos Resistencia, Chaco. Nació en La Paz, Entre Ríos. En sus libros se ve compromiso y lucha por los derechos humanos, contra la violencia hacia las mujeres y en torno a distintas problemáticas sociales.  SI PODES LÉELA.

[2] Nuestro lugarcito: diminutivo utilizado para minimizar la potencia que tienen nuestros actos o su omisión (desde un lugar insignificante y pequeño es seguro que lo que haga no logrará provocar algo importante o distinto. Por tanto, mi inacción tampoco). Es un YO ABSUELTO.

 

 

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