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VEINTE AÑOS DE EL MIÉRCOLES

"No queremos tocar de traje negro y anteojos" (2005)

En esta entrevista del 23 de marzo de 2005, con el semanario El Miércoles, Eduardo de la Puente y sus Tristemente Célebres se explayaban sobre su música y el post Cromañón, la tragedia que ocurrió en un boliche de Buenos Aires y que signó el futuro de las presentaciones de las bandas argentinas. La charla con el grupo que lideraba el CQC, unos minutos antes de tocar en un pub uruguayense.

La nota principal de aquel número 156 (15 años atrás) abordaba un tema discutido y candente, como lo sigue siendo, y el título ilustraba esa realidad: “Aborto: despenalizado de hecho”. En esa misma edición, dentro, en Pan & Circo, una sección fija que abordaba temas culturales, se publicaba una entrevista a Tristemente Célebres, una banda porteña encabezada por Eduardo De La Puente, uno de los conductores de CQC, programa televisivo de Mario Pergolini de gran audiencia por entonces. Antes de mostrar su arte en El Arca, los músicos charlaron con El Miércoles contando lo que hacían y el ‘síndrome post Cromañón’.

Así, compartiendo con nuestros lectores algunas de las más relevantes notas publicadas durante dos décadas, celebramos los 20 años de Miércoles, que se cumplen en este 2020.

 

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ENTREVISTA CON TRISTEMENTE CÉLEBRES

 

«No queremos tocar de traje negro y anteojos» (2005)

 

Unos minutos después de las ocho de la noche, los Tristemente Célebres llegan a El Arca y saludan con familiaridad a los que estamos merodeando por ahí. Por supuesto, todos miran a Eduardo de la Puente que, si bien es “uno de los guitarristas”, también es la cara mediática de la banda por su labor periodística en CQC (televisión) y Cuál es? (radio). Los músicos descargan equipos e instrumentos; arman y luego se sientan a charlar con nosotros en una mesa del pub. He aquí la nota.

 

Por JAVIER KOLKER

 

HONESTIDAD BRUTAL

“Empezamos a tocar en septiembre, unos días antes de la salida del disco, y es la segunda vez que venimos al interior –dice De la Puente-, lo que tocamos es principalmente hard rock con polenta, aunque hay bastante variedad dentro de las canciones”.

¿Quién hace las canciones?

DLP: Son composiciones colectivas, porque un tema llega a la sala de ensayo de una manera y cuando se le van metiendo arreglos queda completamente diferente, aunque sea compuesto por uno de nosotros. Total, por derechos de autor no se va a salvar nadie (risas).

¿Por qué quieren evitar tener el rótulo de ser “la banda de De la Puente”?

German Wintter: No lo queremos evitar. Sabemos que está Eduardo, que es una cara junada, pero somos una banda y él es uno de los guitarristas.

DLP: Es cierto que sería mucho más fácil, pero sería deshonesto, una mentira enorme. Soy uno de los tres miembros fundacionales, soy el menos músico de todos y no quiero decir que soy el que corta el queso, el que decide. También sería injusto intentar vender a la banda por algo que no es la música, que es lo más importante que tenemos. No queremos tocar de trajes negros y anteojos.

GW: El prejuicio va a estar siempre, pero es bueno derribar esos prejuicios.

¿Cómo trataron el disco los medios especializados?

DLP: Las críticas que vimos fueron todas buenas y, si bien mencionan que estoy yo, se basan en el análisis de la música. La peor que tuvimos fue de Inrockuptibles, donde el periodista aclaraba que a él no le gustaba el hard rock, pero igual hablaba muy bien del disco. Yo he charlado con gente como Ricardo Mollo, a quien conozco desde hace veinte años y con el que tengo una relación muy frontal. Él me podría haber dicho: “Mirá, me parece que el disco es una cagada por tal y tal cosa”. Y no. Me contó que lo había escuchado en ocho equipos distintos y que le gustaba. Y los otros dos Divididos me vinieron a putear por no haberles dado el disco a ellos.

¿Y Mario Pergolini?

DLP: Mario es mi amigo desde el ‘85 y es despiadado cuando te mandás un moco. El tipo no te va a dorar la píldora jamás. Y también le entró el disco. A lo mejor le doy más valor a esas críticas no publicadas, porque sé que son de gente que no me va a venir a franelear.

GW: Estamos muy conformes con el disco.

¿Quién escribe las letras?

DLP: Me tocó a mí porque soy el único que sabe dónde se ponen los acentos (risas). Igual, para mí hacer letras es una mierda. Me gusta el resultado final, pero no el proceso de escribir. Creo que no quedaron mal. Al fin y al cabo, soy el único que terminó la primaria (risas).

¿Tenés referentes a la hora de escribir?

DLP: En Argentina hay muchos letristas grossos. Me gusta mucho como escribe Cerati, creo que Spinetta hace unas letras increíbles. Divididos también son buenísimos.

SÍNDROME POST-CROMAÑÓN

¿Qué les pareció la postura que tomaron la mayoría de las bandas después de la tragedia de Cromañón?

DLP: Quiero hacerme cargo de mi opinión, esta no es una opinión de la banda. Cuando salió el primer disco de Callejeros no me gustó y me cayeron muy mal. Noté una cuestión de demagogia tan grande en lo que decían y un facilismo tan grande para hacer las cosas, que me pareció irrespetuoso musicalmente. El hecho de que cierta ambición desmedida haya terminado en lo que terminó, confirma lo que yo sentía respecto a la banda. Eduardo Fabregat, de Pagina/12, decía en una nota que cuando tus shows se tienen que convertir en una fiesta, es porque musicalmente tenés poco para ofrecer. Yo si quiero fiesta voy a una fiesta. Si voy a un show es porque hay una banda que me está rompiendo la cabeza.

Hay muchas bandas que hacen creer al público que son parte del show...

DLP: Podés ser parte del show sin tirar bengalas. Yo voy a escuchar y disfrutar. Hay mucha hipocresía de parte de Callejeros y también de parte de otros músicos, que prefieren no hablar del tema y cuando hablás con ellos en privado te dicen que los quieren matar a los Callejeros porque nos dejaron sin laburo, porque en Buenos Aires no hay lugares para tocar. Hay músicos, sonidistas, iluminadores, plomos, que se quedaron sin trabajo.

¿No le podría haber pasado a cualquier banda lo que le pasó a Callejeros?

DLP: Sí. Hace pocos días estábamos repasando los lugares en que tocamos y... ¡Mamita!, eran ratoneras, se prendían fuego y no quedaba nadie vivo. Lo que pasa es que depende en gran parte del que está arriba del escenario. Cuando Skay (ex guitarrista de los Redonditos de Ricota) fue a tocar a Cromañón, le dijeron de vender tres mil entradas y Skay dijo: “No. Vas a vender 2200 entradas y me sacás la media sombra porque no toco”. Así de corta. Creo que tenemos que aprender algo, y los que tenemos que aprender somos los músicos y el público. A los empresarios y al gobierno les importamos tres carajos y van a seguir corruptos como siempre. Preferiría que los de Cromañón no sean 200 víctimas, sino 200 mártires.

 

Bengalas

«Cuando tocamos en El Teatro, con Horcas -dice De la Puente-, pasó algo curioso, que recién con lo de Cromañón entendí. Fuimos a probar sonido a las seis de la tarde y uno de los pibes de seguridad me dice: “Negro, te tengo que revisar el bolso”. Empezó a mirar, sacar cables, y a mí me dio risa y le pregunté qué era lo que estaba buscando. “Bengalas “, me dijo. Y yo pensé que cómo iba a traer bengalas yo, que venía a tocar. ¿OK? ¿Se entiende?».

 

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