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Nuestros gurises juraron lealtad a la Bandera

El pueblo uruguayense honró la memoria del creador de nuestro mayor símbolo patrio, el Gral. Manuel Belgrano, a 203 años de su fallecimiento. Más de 800 estudiantes se hicieron presentes en Plaza Ramírez para prometer lealtad a la Bandera Nacional. También soldados del Ejército Argentino y voluntarios del Cuartel de Bomberos, juraron su lealtad a la Bandera.

Como todos los 20 de junio, la jornada comenzó temprano, a las 8 de la mañana, con el izamiento del Pabellón Nacional en Plaza Ramírez. La comitiva se trasladó posteriormente al busto que recuerda a Manuel Belgrano en plaza Ramírez sobre calle 25 de Mayo, donde se depositaron dos ofrendas en nombre del Pueblo y Gobierno de Concepción del Uruguay y también de la Asociación Educacionista la Fraternidad – UCU.

Pasadas las 9 de la mañana, el epicentro histórico de la ciudad, comenzó a llenarse de personas que llegaban con su mate en mano, para ver el acto o acompañando a las y los estudiantes que participaron de la multitudinaria ceremonia, no solo abanderadas, abanderados y escoltas, sino también, ante la promesa de Lealtad de la Bandera que realizaron – como todos los años – estudiantes de cuarto grado de las escuelas primarias de la ciudad.

En el marco del sesquicentenario de la Escuela Normal Mariano Moreno, se dirigió a los presentes, la alumna Luján Sobral de 6º 1ª de Ciencias Sociales Turno Mañana del establecimiento educativo, quien hizo referencia a la vida profesional de Belgrano y sus legados educativos vinculados a la historia de la Escuela Normal, próxima a celebrar sus primeros 150 años de vida educativa.

Sin ningún lugar a dudas que uno de los momentos emotivos que se vivieron en la mañana de este martes, fue la promesa de Lealtad a la Bandera de los cuartos grados de las escuelas de nivel primario de la ciudad, promesa que estuvo a cargo de la Directora Departamental de Educación, profesora Ana María Díaz, acompañada por el Intendente y las supervisoras de distintos niveles que la acompañaron.

Posteriormente, Juraron a la Bandera, los soldados del Ejército Argentino y también voluntarios del Cuartel de Bomberos Uruguay, jura que fue tomada por el Jefe del Batallón de Ingenieros Blindados 2, Teniente Coronel Pablo Roberto Lara.

La vida de Belgrano

Otro de los pasajes de la ceremonia realizada en el marco del 203º aniversario del Paso a la Inmortalidad del Gral. Manuel Belgrano, fueron las palabras de la presidenta del Honorable Concejo Deliberante, Viviana Sansoni, quien en nombre del Pueblo y Gobierno de Concepción del Uruguay, destacó: “Manuel Belgrano nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. En estos días, de tanta discusión e incertidumbre, resulta necesario recurrir a aquellos que pensaron el país antes que nosotros... Recurrir al ideario de uno de nuestros padres fundadores, el primero que pensó económicamente estas tierras, a las que soñó… al decir del historiador Felipe Pigna: ‘distintas, prósperas y justas’.

Belgrano estudió en el Colegio de San Carlos y luego en España, en las Universidades de Valladolid y Salamanca. Llegó a Europa en plena  Revolución Francesa y vivió intensamente el clima de ideas de la época.

En 1794 regresó a Buenos Aires con el título de abogado y con el nombramiento de Primer Secretario del Consulado, otorgado por el Rey Carlos IV. El Consulado era un organismo colonial, dedicado a fomentar y controlar las actividades económicas. Desde ese puesto, Belgrano se propuso poner en práctica sus ideas. Había tomado clara conciencia de la importancia de fomentar la educación y capacitar a la gente para que aprendiera oficios y pudiera aplicarlos en beneficio del país. Sus ideas innovadoras apuntaban a fomentar la industria y modificar el modelo de producción vigente. Desconfiaba de la riqueza  que prometía la ganadería, porque daba trabajo a muy poca gente, desalentaba el crecimiento de la población y concentraba la riqueza en pocas manos. Su obsesión era el fomento de la agricultura y la industria.

En uno de sus últimos artículos en el Correo de Comercio, resaltaba la necesidad imperiosa de formar un sólido mercado interno, condición necesaria para una equitativa distribución de la riqueza.

Pero la economía no fue solamente su materia de preocupación como labor de desarrollo. Entendiendo la importancia de ponerse al servicio de la Patria donde hiciera falta, participó como militar en el Regimiento de Patricios. En 1810, la Primera Junta lo nombró jefe de la expedición militar al Paraguay; más tarde estaría a cargo de las expediciones libertadoras de la Banda Oriental junto a Artigas, y el 13 de febrero de 1812, el mismo día que hizo flamear la bandera argentina por primera vez, fue nombrado Jefe del Ejército del Norte por el Primer Triunvirato.

Belgrano se encontraba en Rosario, fortificando las orillas del Paraná cuando debió partir hacia el Alto Perú para auxiliar a las provincias norteñas.

En esta expedición tuvo lugar la Batalla de Salta, episodio fundamental en las guerras por la independencia. Luego vendrían las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y su reemplazo por el entonces coronel José de San Martín en la Posta de Yatasto.

Los años posteriores transcurrieron entre misiones a Europa y nuevas batallas, hasta que luego de tres años tuvo que regresar a Buenos Aires por su delicado estado de salud.

Las dolencias que padecía desde hacía tiempo habían minado su organismo, y al decir de Don Manuel Antonio Castro (en Cruz Alta, poblado del sur de Córdoba): ‘ví al General Belgrano postrado en su lecho de dolor dentro de una choza mal cubierta; cuando ví a los jefes del ejército pisando el lodo dentro de sus tiendas; cuando ví soldados desnudos y hambrientos sufriendo lluvias y escarchas, entonces conocí el precio de los servicios de un buen militar en campaña’.

Así evoca los últimos días de Belgrano el Profesor Alberto Masramón:

‘Van pasando las postas. En ellas, nadie reconoce al General Manuel Belgrano. Aquel hombre de rostro pálido, enfermo, es el mismo que transitó hace algunos años al frente de su tropa; el mismo que creó la bandera, el vencedor de Tucumán y Salta. Pero el hombre entonces victorioso va ahora como un fugitivo, hacia otro rumbo, hacia el desenlace final. El primer aletazo del otoño lo encuentra en plena Pampa. Y en las postas, la misma indiferencia, sintiendo un frío que es como un anticipo de un invierno que no alcanzará a ver iniciado’...

Su vida terminó el 20 de junio de 1820 y muy pocas personas acompañaron este momento. Buenos Aires se debatía en una cruel anarquía y el héroe se fue calladamente... “Hoy un viento de banderas lo recuerda, banderas que se agitan en esta tierra que él amara tanto”.

 

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