BNA
Inicio » Cultura » Recursos de lo cursi (2004)
VEINTE AÑOS DE EL MIÉRCOLES

Recursos de lo cursi (2004)

El 25 de febrero de 2004, la nota más importante de la tapa del entonces quincenario El Miércoles era sobre el polémico (ahora ex) intendente de San José, Eduardo Gorila Jourdan, que poco después de su asunción ya había nombrado casi cien funcionarios políticos, entre otras “desprolijidades”. En esa edición también, entre otras notas sin desperdicio, el Negro Vicente nos enseñaba cómo se usan Recursos de lo cursi, al cierre de esa edición.

 

Los artículos principales de aquel número 130 -16 años y medio atrás- eran un informe sobre los desmanejos de la Municipalidad de Villa San José, a cargo de Jourdán desde hacía un par de meses, donde había designado allegados en casi cien puestos políticos, con periodistas y la oposición que denunciaban “aprietes”, que se violaba la división de poderes, revanchas que se tomaba el jefe comunal y “un gigantesco negocio inmobiliario” que éste facilitaba. Casi al final, Ignacio Néstor El Negro Vicente (asiduo colaborador de esas páginas), con una nota de opinión daba cátedra sobre los «Recursis, o cómo escribir mucho sin decir un carajo».

Así, compartiendo con nuestros lectores algunas de las más relevantes notas publicadas durante dos décadas, celebramos los 20 años de Miércoles, que se cumplen en este 2020.

------

 

Recursos de lo cursi (2004)

(«Recursis», o cómo escribir mucho sin decir un carajo)

El Negro Vicente nos envió este texto en el que se hace el difícil pa’ escribir, hasta con citas latinas, pero habla de todo un poco: de la manipulación de la información, de los intentos de husmear en medio de la hojarasca... En fin... Para disfrutarlo con el Larousse en la mano.

 

Por IGNACIO NÉSTOR VICENTE

 

Dormitorio, morgue, museo, cementerio. Lo cierto es que en él duermen vocablos que no esperan despertar; se exhiben vocablos que no esperan que los admiren o no, que los aprueben o no, que los desempolven o no. Yacen vocablos y no esperan que los visiten o los recuerden; cada renglón: una tumba... Así estamos, entonces. Así vamos. Por desgracia -o por fortuna- tengo dónde ir, aunque no me esperen. La desgracia de chocar, cada vez que voy, con mi ignorancia. Pero después veo que no es tan grave. Y no lo será mientras no trate de inculcarla. Mientras no la publique. La fortuna de poder ir y después poder ponerme a zaragutear a renglón lleno... Y siempre avisando, ¿vio? Porque creo que si una ignorancia consciente –la mía– no me hace reír, por lo menos, estamos jodidos, negro. Más jodidos cuando los resabidos se mofan de aquellos que, a pura voluntad y vocación, nos quieren mostrar una porción de la realidad que, por inédita, no debería ser desconocida... (veritas odium parit). Estos son los jactanciosos que nos dan la verdad diariamente; los que seleccionan qué mostrar y qué ocultar; los que, insultando nuestra inteligencia, nos faltan el respeto. Y en esa mezcla de cobardía y necedad aures habent et non audient; pero mejor, digo: tienen ojos y no verán, tienen voz y no hablarán. Desconocen la objetividad, nada de sine ira et studio. Un triste servum pecus. Su actitud adulatoria les imposibilita reconocer los propios errores (asinus asimun fricat). Claro, sin sentido del humor, es más difícil. Mucho más difícil si ignoran que aliquando bonus dormitat Homerus, aunque no poseen gran talento. Por lo demás, lo que antes era promesa de mar profundo, hoy sólo es charquito de orina... de cualquier animal (¡yo no fui!), aunque haga hablar a otro como negro (honores mutant mores).

Creo que si una ignorancia consciente –la mía– no me hace reír, por lo menos, estamos jodidos, negro. Más jodidos cuando los resabidos se mofan de aquellos que, a pura voluntad y vocación, nos quieren mostrar una porción de la realidad que, por inédita, no debería ser desconocida... (veritas odium parit). Estos son los jactanciosos que nos dan la verdad diariamente; los que seleccionan qué mostrar y qué ocultar; los que, insultando nuestra inteligencia, nos faltan el respeto.

Ahora, sin ponerme en advocatis diavoli, sí resueltamente cursi de toda cursilería, sólo para resguardar el estilo entonado y farandulero. Por pretencioso y por ridículo, pero sin pretender revezarlo o reverenciarlo. Sin meterme en su redil, ya tengo el propio y se parece más a una porqueriza... En mi barrio y sin agua no es novedad heder. Un rapto de cursilería, nada más, procurando no inquinarme, es decir: salpicando, sin salpicarme.

Suceden estas cosas cuando la objetividad no es independiente. No sé, no me imagino, si ahora el alcahuete resabido, en su independiente orfandad, y en honda resignación, dirá para sus intestinos: Dominus dedit, Dominus abstulit; sit nomen Domini benedictum. Cosas que no pueden subsanarse mandándolo, uno, a exonerar el vientre.

¿Será que los farragosos cagarrutas nunca llegarán a ser una cosa modesta y ciscona? ¿Se habrán borlado los unitos a los otritos, aunque nunca hayan superado su dislexia? ¿Se tratará, acaso, de un necio rebujal de onagros hipócritas, de esos que pierden el pelo pero no la sarna?

Sabido es que «no hay peor ver que el de aquel que nos quiere ciegos». Y como la necedad tiene muchos disfraces pero ninguno –ni siquiera el Photoshop– llega a disimularla, siempre –¡por buenaventura!– será un espejismo... nunca un espejo. ¿Entonces? ¿Por qué los ilustrados, coprófagos alquimistas, siguen negando a este precipuo quincenario?

Suceden estas cosas cuando la objetividad no es independiente. No sé, no me imagino, si ahora el alcahuete resabido, en su independiente orfandad, y en honda resignación, dirá para sus intestinos: Dominus dedit, Dominus abstulit; sit nomen Domini benedictum. Cosas que no pueden subsanarse mandándolo, uno, a exonerar el vientre.

Y para acabar, seguiremos comiendo de este bodrio. El Abyecto Prestidigitador (Epicúreo, Onanista, s. V o X?) lo sentenció: «Que la excitación y la urgencia no te cieguen, así sólo verás la paja en el pene ajeno» (?). ¿Qué nos quiere decir este maestro de lo primario? ¿Qué carajo habrá querido decir con esto que, más que una sentencia, parece un lapsus cálami; aunque aparezca claro el leitmotiv? Forzando una interpretación, es decir: trayéndola de los pelos (a medios pelos). Digo, v. gr.: tomándola suave, delicadamente por las pestañas, podemos inferir (?) que nos advierte: «Despacio, tiernamente, sólo así podrás disfrutar del placer y la felicidad culminatorios que –a manos llenas– te ofrece la vida» (?). Como «postre», una letra del mencionado A.P. que, debido a que su rutina manual le insumía casi todo el tiempo, fue transmitido oralmente... perdón, quiero decir verbalmente. Los cronistas de la época hablan maravillas de A.P. citándolo como uno de los más bellos de ese siglo (¿esos siglos?). Leyendo el texto se pone en evidencia lo ciegos que eran estos... alcahuetes, viciando las crónicas de ridículo exaltamiento: «El Abyecto, si bien no tenía una formación musical, sus textos carecen de ringorrangos aunque están enriquecidos con imágenes y ritmos urbanos (?). Textos difíciles de hallar, por eso –suponemos– de verba volant, scripta manent. Asimismo, con la cotidianidad de sus manos crea esto, que ignoramos si será tango o chacarera; balada o rock; chamarrita o chamamé; son o salsa; sandwich o albóndiga; minué o joropo; samba o candombe; soda o champán; vino rosado o granadina aguada; jocoque o yogurt; sandunga o cumbia; cerveza o mate; cuévano o mochila; longaniza o salame; bofe o molleja; charquicán o locro; Pelé o Maradona; gazpacho o licuado; Pepsi o Coca; tinto o blanco; Raid o Fuyí; jácara o copla; carraspada o caña con ruda; flamenco o malambo; nido de hornero o camoatí; mayéutica o la cana; osso buco o piltrafa; camarón o calamaro; tomatito o salinas; falerno o garnacha; tonada o blues; spiritual o vidalita; moco o goma de mascar; murga o jazz; Horangel o Squirru; cebiche o sushi; twist o carnavalito; vernissage o tertulia; ukelele o cuatro; shullo o morrión; hachis o marihuana; mangual o cachiporra; tuareg o piqueteros; silfide o bagre; etcétera o viceversa. Lo que haya sido, pero algo le pegó mal y nos dejó esto que, quizá, sólo se trate de una triste endecha; ¡aunque la métrica y la asonancia no den ni a palos! Aquí, su Réquiem pa’ la canícula.

¿Recitado?

Allí donde se recrea

y rumia el necio rebujal

crece el fárrago como marea...

de bueno?, nada. Todo mal.

¿Cantado?

Por estas calles deshechas

a pesar de la turbonada

y presagios de marejada

me iré cantando endechas.

Y si me asalta un estornudo

será sólo exceso de frío.

Así irán mis mocos al río

porque sí y por tan boludo.

Ya famélico y trémulo aguilucho

empapado iré cantando endechas

navegando por calles deshechas

sobre barquitos de periodicucho.

¡Che!, los El Miércoles, les quisiera aclarar, si se puede todavía más, que cualquier parecido con alguna realidad será producto de la esquizofrenia ajena. El texto de arriba es producto de la mía y ya tengo demasiado con eso. ¿Felicitarlos? ¿Pa’ qué? ¡Sigan haciendo! (¡Gracias!).

Recursis de lo cursi

 

 

 

Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectores

Sumate a la comunidad El Miércoles mediante un aporte económico mensual para que podamos seguir haciendo periodismo libre, cooperativo, sin condicionantes y autogestivo.

Deja tu comentario

comentarios

Destacado

Quedan diez días para participar del certamen Entre Orillas

Hasta el 24 de julio, escritores y escritoras de todo Entre Ríos pueden enviar sus …