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REFLEXIÓN DE VIEJO PERONISTA

Julio Doello, escritor uruguayense y autodefinido "peronista protohistórico", reflexiona aquí sobre una imagen que lo impactó: "carteles enormes pegados sobre algunas paredes de Buenos Aires, una fotografía con un texto que decía" Máximo al Gobierno Cristina al poder" y que mostraban a la Presi y a su hijo fundidos en un abrazo".
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Por JULIO DOELLO (Especial para EL MIÉRCOLES DIGITAL)

Hoy vi en algunos carteles enormes pegados sobre algunas paredes de Buenos Aires, una fotografía con un texto que decía" Máximo al Gobierno Cristina al poder" y que mostraban a la Presi y a su hijo fundidos en un abrazo.
Por supuesto nada tiene que ver esto con la tragedia que ocurrió allá por 1973, período en el cual, la incompetencia de Héctor Cámpora que no contaba con otra virtud que no fuera su relamida lealtad, obligó a Perón a volver a la Argentina y tomar en sus propias manos el poder, para evitar que los comunistas disfrazados de peronistas coparan la Nación. Debió volver para morir, pese a que estaba casi descarnado como él mismo lo declaró.
En ese tiempo la consigna era "Cámpora al Gobierno Perón al Poder". Nada tiene que ver Máximo, quien ni siquiera puede aquilatar la militancia y la cárcel que sufrió Cámpora en Tierra del Fuego por su pura condición de peronista, pese a su pobre capacidad de gestión, y ni siquiera puede exhibir un título de mecánico dental, que lo pudiera asimilar aunque más no sea por conexión de vocaciones, al odontólogo de San Andrés de Giles.
Nada tiene que ver tampoco Cristina con un hombre que volvía de un exilio de 18 años, derrocado, humillado y perseguido, autor de varios libros célebres en los cuales puede uno abrevar en su pensamiento y pelearse o coincidir con el mismo, que nunca fue dueño de Hotesur ni de ninguna otra sociedad que se le parezca, que dejó a discreto resguardo la cuantía de su fortuna, quizás por habilidad y quizás por pudor absteniéndose de mostrar obscenamente, como lo hacen la Presidente y sus hijos una fortuna declarada de $ 100.000.000 que se obtuvieron inevitablemente en el ejercicio de la función pública.
Cuenta Perón en Conducción Política que una vez una turba que iba hacia una plaza de Atenas, para escuchar a un artista que imitaba como nadie el canto del ruiseñor, invitó a unos de esos filósofos típicos de la época que estaba sentado sobre una vereda en actitud de contemplación y le dijo: ¡Ven con nosotros, no te pierdas a este hombre que imita como nadie al ruiseñor! El viejo filósofo apenas levantó la mirada y respondió: “¿Para qué, si yo ya escuché cantar al ruiseñor?”
Eso mismo nos pasa a algunos peronistas protohistóricos, que como el mamut, hemos permanecido incorruptos bajo el hielo. Nadie que racionalmente maneje algunas cifras puede creer que la fortuna de la familia Kirchner se obtuvo ejecutando hipotecas y electrodomésticos o vendiendo inmuebles en Río Gallegos a través de una inmobiliaria, o de " la exitosa gestión de una abogada brillante".
Ni hay tantos inmuebles para vender ni tanta brillantez para exhibir en los humildes tribunales de Santa Cruz, ni alcanza la enjundia ni el número de presentación de juicios ejecutivos contra pobres para justificar tanta fortuna. Perón sufrió un golpe sangriento con cañoneras de la Marina apuntando a las destilerías de La Plata, con lo cual hubiera desaparecido toda la población, para obligarlo a decidir si aceptaba una guerra civil, en la cual contaba con la mitad de las tropas leales a su gobierno, o se subía a la cañonera que lo transportaría a Paraguay. Tuvo que decidir y decidió salvar a la mitad de la Nación porque lo atormentaba la imagen de la Guerra Civil Española, cuyos horrores quedaron para siempre grabados en sus retinas.
Los golpes que denuncia que sufrió la Presidenta, son solo jueguitos virtuales, sin balas y sin sangre y sin que nadie sufra bombardeos que  quiten la vida a niños u obreros en camiones o en micros que los transportaban, y pongan en actitud crucial del alma sus decisiones de poder. Hasta el propio benefactor del General, Jorge Antonio, parece hoy Heidi frente a Lázaro Baez.

Hay que dejar de infatuar y recordar que el viejo Carlos Marx barruntó alguna vez que la historia aparece una vez como tragedia y otra vez como parodia.

Una vez el inolvidable Arturo Jauretche, con su particular estilo, y antes de dejar de ser  un hombre de consulta de Perón, increpó al General diciéndole que si seguía permitiendo ese culto alcahuete a su figura, el “modelo” (que entonces si lo había pero en serio) se iba al carajo. El General, se dio vuelta y le preguntó a Apold, su Jefe de propaganda: “Che Apold, acá Jauretche dice que me están ahogando en baba. ¿Vos que opinás?” Desgraciadamente por debilidad humana, Perón decidió ahogarse en la alcahuetería y basteardeó una gestión que podría haber sido ejemplar. Parece que el “mejor cuadro” del kirchnerismo no alcanzó a leer esta parte de la historia.
Todos los viejos peronistas sabemos esto, pero queremos que por una vez, más de sesenta años después, como si fuéramos un Consejo de Ancianos de la Nación Sioux,  se atienda a un clamor que es producto de una experiencia alimentada por la acumulación de fracasos: Basta de parodia. Basta de infatuación, por favor. Napoleón hubo un solo, (y Perón también) y los que creen que son ellos, se pasearán con la mano hundida en el chaleco y el morrión cruzado sobre sus cabezas, o  se mirarán frente al espejo con sus brazos extendidos y ensayarán una sonrisa amplia, cautivante y socarrona frente a una plaza imaginaria, copada por una multitud de fantasmas que tape el horizonte, en los numerosos neurosiquiátricos del planeta.
Ojalá que no debamos rescatar a Cristina de uno de esos institutos de paredes blancas y acolchonadas para que nos vuelva a gobernar en el 2019, porque ni siquiera el atrevido de  Charly Marx se atrevió a imaginar la parodia de la parodia, como destino final de la historia.
JULIO DOELLO
9/04/2015

 

 

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