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Veinte años es todo

Frente a todo el negacionismo climático que circula, no es válido dar estos pasos hacia atrás. Tras un invierno en el que pasamos días veraniegos con temperaturas rondando los treinta grados, absurdamente nos encontramos teniendo que escuchar a uno de los candidatos a presidente que afirma la inexistencia del cambio climático: “Es un invento del comunismo”, dice. Insólito, pero real y con consecuencias muy graves. Porque no se trata de una afirmación arrojada al aire sin más “por un loco”, como se escucha por ahí.

Por VALERIA BERROS (*)

En medio de esta Argentina turbulenta, visité mi Rafaela natal y busqué ese libro en el que recuerdo, había leído por primera vez sobre los gases efecto invernadero. Lo encontré. Era como lo recordaba: con muchos dibujitos, cuadros y datos. Un libro de 1996, época en la que yo era una adolescente a la que ya le inquietaba el tema ambiental. Había muchos otros problemas listados en el libro. Me tomé el trabajo de revisarlos bajo la lupa contemporánea y, tristemente, comprobar que los pronósticos que se asociaban a los diferentes temas se han convertido en nuestro presente.

 

Estamos viviendo en un mundo cada vez más desigual en el que las consecuencias de los problemas ambientales presionan en los mismos territorios y a las personas más desprotegidas sobre todo en el sur global, mientras que otras latitudes y quienes acumulan capital sostienen un estilo de vida imposible.

 

El cambio climático es esto: no tener más agua disponible por la sequía, convertirte en una persona desplazada porque tu lugar ya no es apto para la vida, inundarte asiduamente y de manera cada vez más violenta, tener que agarrarte fuerte (¿de qué?) cuando irrumpe un tornado, perder cosechas en el campo, respirar humedales consumidos en incendios permanentes, atravesar temperaturas extremas. Sólo por mencionar algunas imágenes que, por cierto, son parte de las noticias del mundo a diario. Es bastante recomendable mirar un poco más allá de las narices propias para ver que no somos los únicos que sufrimos.

 

Volviendo a este candidato y sus planteos, aquí algunos aportes para estar prevenidos y un pequeño granito de arena en una coyuntura inimaginable años atrás.

 

Los científicos y científicas del mundo ya no saben más que hacer. En algunos casos directamente se están encadenando en sus laboratorios a ver si alguien escucha lo que están diciendo hace décadas y empiezan a tomarse medidas urgentes. Negar el cambio climático es también una afrenta contra las ciencias. Volviendo a Argentina, no resulta raro entonces que se catalogue a la considerada mejor institución científica de América Latina, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), como un espacio estatal prescindible.

 

A su vez, el cambio climático copó la parada de la agenda ambiental. No es que no existan otros temas ambientales, pero es tanta su centralidad que decir que el calentamiento global no existe directamente lleva a otro punto: ¿Para qué tener partes del Estado atendiendo una ficción?

 

Este mismo candidato también propone hacer desaparecer el Ministerio de Ambiente, en una aberrante traición a nuestra propia historia. Argentina fue precursora en este tema en Latinoamérica y en 2020 aprobó una ley de capacitación integral en ambiente para las personas que se desempeñan en la función pública conocida como “Ley Yolanda” en homenaje a Yolanda Ortiz, quien fuera la primera Secretaria de Ambiente de la Nación allá por 1973. Cincuenta años más tarde parece que aún falta aclarar un tema básico: eliminar el Ministerio de Ambiente es regresivo y, por tanto, inconstitucional.

 

En otras palabras: no es válido dar estos pasos hacia atrás. Tenemos un deber constitucional frente a las generaciones futuras: nuestras infancias y quienes van a sucederlas. Esas que ya van percibiendo (y sufriendo) el planeta degradado que estamos construyendo y dejándoles. Este deber y este legado del que somos responsables se relaciona con políticas, instituciones, decisiones que han avanzado en la tutela del ambiente y sobre las que no es posible volver atrás sino a costa de violentar nuestra propia Constitución Nacional.

 

Por último, también circula en estos tiempos otra agenda que excede a lo ambiental pero que lo atraviesa: mercantilicemos todo. El gran problema de la contaminación es que los ríos no tienen valor de mercado, afirman. Esto atrasa siglos. Justo en este momento, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, más conocida como Ipbes, que nuclea a expertos y expertas de todo el mundo, afirma que no es por ahí. Por el contrario, y haciéndose eco de lo que reiteradamente plantean pueblos indígenas, comunidades locales y mujeres, el camino está en otro lugar que no es justamente el enfocarse en el valor instrumental de la naturaleza. Además, ¿realmente vamos a mercantilizar el agua que es un derecho humano?

 

Me llevé el libro de 1996 a Santa Fe, ahora está en nuestra biblioteca. ¿Será que mi hijo, que tiene hoy 5, cuando tenga 25 encontrará que veinte años son nada o son todo? En esta elección, también se juega eso.

 

(*) Abogada especialista en Derecho de Daños – Conicet Sana Fe. Publicado en Pausa.

 

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