Buscan cumplir estándares que permitan agregar valor a su producción. Adecuan procesos, espacios y colmenas en el sur santiagueño, donde el monte ofrece condiciones naturales para la apicultura.
Desde sus inicios, impulsados por la necesidad de organizar la producción y fortalecer el trabajo colectivo, se consolidaron como un actor clave de la apicultura en el departamento Choya. Con alrededor de 30 socios y socias activos y una producción que en buenos años supera las 60 toneladas de miel, la Cooperativa Apícola, Agropecuaria, Granjera y/o Avícola La Friense Ltda. refleja el valor del trabajo en equipo en una región atravesada por desafíos climáticos y grandes distancias.
En el sur de Santiago del Estero, en la zona de monte aledaña a Frías, la apicultura se adapta a los ritmos de la naturaleza. La historia de la Cooperativa comenzó hace 25 años, cuando un grupo de productores decidió unirse para potenciar la actividad y mejorar sus condiciones de trabajo. Con el paso del tiempo, muchos de sus fundadores se retiraron, pero el espíritu colectivo se mantuvo firme.
La producción apícola local está fuertemente condicionada por el clima. Las floraciones del algarrobo, el mistol, el tala y el quebracho marcan el pulso de cada cosecha, aunque las lluvias pueden alterar ese ciclo. Cuando la flor no logra abrirse por las precipitaciones, las abejas no pueden realizar su tarea de polinización y la producción se resiente. Aun así, la miel sigue siendo un producto noble, valorado por su pureza y durabilidad.
En sus comienzos, la Cooperativa también desarrolló actividades porcinas, pero con el tiempo la apicultura se consolidó como eje principal. Hoy, además de los socios, se suman productores “trashumantes” de otras provincias como Buenos Aires y La Pampa, que instalan sus colmenas en la zona durante la temporada, ampliando así el volumen de producción.
El trabajo cooperativo permite reducir costos y mejorar la logística en un territorio alejado de los grandes centros urbanos. La compra conjunta de insumos y herramientas resulta clave para sostener la actividad. “No es lo mismo trabajar de manera individual que hacerlo en grupo”, destacó uno de sus integrantes, Sergio Medina.
En cuanto a la comercialización, la mayor parte de la miel se vende a granel a acopiadores, quienes luego la distribuyen tanto en el mercado interno como en el exterior. Una pequeña porción se destina al consumo local y regional, mientras que el resto puede llegar incluso a mercados internacionales como Europa.
Actualmente, la Cooperativa La Friense avanza hacia un objetivo ambicioso: la producción orgánica certificada. Para ello, trabajan en la adecuación de sus procesos, colmenas y espacios productivos, buscando cumplir con los estándares necesarios que les permitan agregar valor a su producción.
Fuente: Elaboración propia a partir de entrevista realizada en Radio Municipal Zárate (Zárate, Buenos Aires)//El Portal de las Cooperativas.
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