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Cuarentena y clases virtuales: cómo se vive desde la labor docente

Están en cuarentena pero no de receso. Al contrario: en este informe, una docena de personas que trabajan en diferentes niveles y contextos educativos cuentan cómo están sobrellevando las clases virtuales. Las respuestas también permiten asomarse a la forma en que educadores y educadoras afrontan una situación excepcional que transformó por completo su manera de trabajar.

 

Por A.S. de EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

Aunque las escuelas están cerradas, la actividad docente no se detuvo. Por el contrario: parece haberse multiplicado y complejizado, con una improvisada y repentina inmersión en el mundo de la tecnología, a partir de la ambiciosa intención de continuar el ciclo lectivo pese a la pandemia y la cuarentena.

Docentes de todos los niveles –desde el jardín de infantes hasta el nivel superior– cuentan en esta nota la forma en la que su vida cotidiana se ha revolucionado en medio de la pandemia. Sus realidades son distintas: cada nivel, cada escuela, cada familia tiene sus particularidades. Quizás nunca antes haya estado tan claro el concepto de “trayectoria”, que tiene que ver precisamente con identificar que cada persona recorre de un modo diferente su camino escolar.

“También hay aspectos positivos: responder por audios y no con lápiz y papel es favorable para ciertos estudiantes” (Valeria P.)

Aunque el impacto en la vida cotidiana de todas estas personas ha sido enorme, en sus respuestas se visualiza que sus principales preocupaciones no tienen que ver con su propia situación sino con sus estudiantes: por ejemplo, coinciden en señalar la desigualdad en la que se encuentran sus alumnos y alumnas, muchos de los cuales carecen de conectividad. En la primaria por ejemplo, asegura un maestro entrevistado, la mayoría de los niños y niñas no están recibiendo materiales.

Otra preocupación se da respecto de la ruptura de los vínculos, que no hay manera de suplir con el entorno virtual: jardines, escuelas, colegios están cerrados “y con ellos se fueron los tiempos libres en el parque, los juegos en grupo, las ganas de compartir con los compañeros y realizar todos los proyectos que se tenían para este año”. Varios marcan que Internet o la virtualidad son una gran herramienta pero que nada sustituye el modo presencial.

“En una escuela participa un 80 por ciento del alumnado y en otra un 10 por ciento” (Adrián).

Entre las personas entrevistadas –todas docentes en actividad– hay quienes no poseen computadora, evidenciando que esa carencia no se restringe a la gurisada. Por supuesto muchas de ellas son madres o padres, de modo que también viven desde ese rol la excepcionalidad actual.

Entre las preguntas se incluyó qué pedirían a las autoridades políticas del área, y también en este punto hay consensos: la prioridad es garantizar la conectividad, es decir que toda la comunidad educativa (docentes y estudiantes de todos los niveles) tengan computadora pero también internet. La conexión aparece ya no solo como un servicio público, sino como un derecho humano.

Otra coincidencia potente es en relación con el futuro: la idea de que lo que llamamos “normalidad” no estaba bien es una de las que subyace en las respuestas. Por eso varias de las personas entrevistadas plantean que lo que se necesita es un cambio total en la educación: “tenemos una escuela del 1800 en pleno siglo 21”, sintetiza Giselle. Y también aparece la precarización laboral, como le pasa a Carla, que cobra como monotributista la vergonzosa suma de 18.000 pesos. O la impresionante pérdida del poder adquisitivo: Adrián lo tiene medido en dólares, y calcula que “de ganar 1.000 dólares a comienzos de 2018, hoy con suerte llego a 300”.

“Es muy difícil contener a la familia que te dice que perdió el trabajo o que su hijo tiene una regresión en el control de esfínteres”. (María Alejandra)

A continuación, las respuestas de Valeria P., María Alejandra, Valeria G., Adrián, Carla, Manuela, Eliana, Franco, Américo, María, Patricia y Giselle.

 

“Es difícil sostener el vínculo con cada estudiante”

Valeria tiene 38, es MOI (Maestra Orientador Integral) en nivel inicial y en primaria. Explica que no es fácil sobrellevar las clases virtuales, porque “se dificulta sostener el vínculo con cada estudiante. No todos tienen conectividad, por ejemplo. O no están emocionalmente disponibles en este contexto, o se les hace difícil disponer un espacio y tiempo en casa exclusivo para el trabajo. Hay muchas dificultades”. ¿Qué aspecto positivo ves en la virtualidad educativa? “Bueno, los dispositivos tecnológicos posibilitan el acceso a estudiantes que transitan su escolaridad tradicional con múltiples barreras: por ejemplo, responder por audios (en vez de lápiz y papel) es favorable para ciertos estudiantes”. ¿Qué les pedirías ahora mismo a las autoridades del sector? “Que se avance en programas de conectividad con las correspondientes capacitaciones para docentes y no docentes”. ¿Y cuando vuelva la normalidad? “Sostener algunos de los dispositivos que resultaron favorables para sostener las trayectorias individuales acompañadas”.

 

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“Nada se compara con la reciprocidad en el contacto real con el otro”

Carla tiene 29 años, es profesora de educación especial y trabaja como MAI (maestra de apoyo a la integración) con una sola alumna, en Nivel Primario y en escuela privada. Dice que sobrellevar las clases virtuales “depende mucho del Internet, si hay buena cobertura podemos llevar adelante una comunicación 'fluida', pero nada se compara con la reciprocidad del contacto con el otro, las miradas, gestos y movimientos corporales”. Asegura que se trabaja mucho más, “en mi caso dependo de la docente de grupo que me envía las actividades, yo las adapto de acuerdo a la alumna que acompaño, las envío al equipo interdisciplinario externo para que las validen, corrijan o sugieran, luego nuevamente a la docente de grupo con las adaptaciones pertinentes… Ésta se lo envía al equipo directivo y me devuelve una respuesta, para ‘bajar’ a la familia de la alumna y comenzar las actividades a través de videollamadas... En la realidad del aula es muy diferente, voy adaptando de acuerdo a las actividades que la seño trae para ese día, y dependiendo de las particularidades de la alumna, su estado de ánimo, respetando sus tiempos, los emergentes que surgen y el contexto áulico...”.

 

“Basta de precarización laboral”

 ¿Algún aspecto positivo? “La virtualidad es todo un desafío, en un aspecto nos permite sentirnos más cerca y poder acompañarnos desde el lugar que estemos. En mi caso me permite seguir trabajando, ya que lo estoy haciendo desde acá pero el acompañamiento de la alumna es en una escuela de CABA. Además permite reforzar aprendizajes a través de medios digitales que ya existen en la web o yo misma crear, editar... lo cual te lleva muchas horas, pero nos permite llegar desde un lugar más motivador para la alumna.” ¿Qué pediría en lo inmediato? “Que nuestro trabajo sea más valorado y mejor remunerado. En mi caso que soy monotributista, basta de precarización. Estamos cobrando 18.200 pesos, una vergüenza, y con pagos que demoran de seis meses al año”. ¿Y después, modificaciones? “Millones. Un total cambio de paradigma”, concluye Carla.

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“Necesitamos acceso a internet gratis, porque hoy no se llega a la mayoría de los niños”

Américo tiene 42 años y es maestro de ciclo en Nivel Primario. No duda en su respuesta: “La verdad que las llevo mal, porque no se llega a la mayoría de los/as niños/as. Las clases populares y los desclasados del sistema no pueden acceder a la virtualidad, por distintos agentes, no tienen internet en su celular, no tienen una PC, se llevan los padres el celular para el trabajo, ni entrar en detalle de otras aplicaciones como zoom, etc.” Por eso no duda en cuál sería el planteo inmediato hacia las autoridades “para que la cosa sea un poco igualitaria: que, todos/as tengamos accesos a internet gratis para poder realizar una red virtual con nuestra gurisada. Demasiada plata ya se llevaron las multinacionales como para que no puedan darnos acceso a internet gratis. Américo dice que cuando vuelva la “normalidad” se precisa un cambio profundo, y no modificaciones. “Lo que venimos peleando hace décadas las organizaciones con conciencia de clase: que la educación sea de calidad para todos, por que hoy con esta pandemia quedó mucho más plasmada la desigualdad social”.

 

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“Siempre sentís que hacés poco por ellos”

Alejandra es profesora de Nivel Inicial, tiene 39 años y está a cargo de sala de 4 años en la ciudad. Pero hasta hace poco trabajaba en el jardín de infantes en una escuela rural, y lo primero que dice es que no sabe cómo haría si aún estuviera allí: “Muchas veces debías caminar hasta agarrar alguna señal”. ¿Cómo sobrellevás las clases virtuales? ¿Qué dificultades te generaron? “En nuestro caso mandamos actividades una vez a la semana, hacemos videos con canciones, educación física, adivinanzas, todo por celular, porque no todas las familias cuentan con computadora”. Cuenta que todo el tiempo, a cualquier hora y día llegan mensajes, audios o videos de niñas y niños y “siempre trato de responderles para entusiasmarlos y que sientan que estoy cerca y pensando en ellos. A veces es muy difícil contener a la familia que te dice que perdió el trabajo o que su hijo está manifestando una regresión en el control de esfínteres, por ejemplo. Te agradecen por escucharlos... pero siempre sentís que hacés poco por ellos”.

 

“No es una sensación, realmente trabajamos mucho más”

“No es que se siente, realmente trabajamos mucho más. Hay días y horarios para conectarnos con los directivos, después entre las docentes de sala de 4 para armar las actividades. Hay que pensar, discutir y preparar propuestas que no generen gastos a la familia, que no impliquen salir de sus hogares, que sean para realizar en familia, con elementos reciclados y que tengan en casa. Y después, grabar, mandar y recibir todos los mensajes… Todo eso lleva mucho tiempo”. ¿Qué aspecto positivo ves en la virtualidad educativa? “Además de estar en tu casa, no pasar frio, calor, limpiar las salas, etc , el aspecto positivo es que puede ser saludable este ‘preguntarse’, para resignificar y reinterpretar nuestras prácticas”. ¿Qué les pedirías ahora mismo a las autoridades del sector)?  “Que nos escuchen, que nos acompañen, que también somos personas que estamos atravesadas por la situación y a veces solo piden y piden… ahí estamos nosotras tratando de atajar todo”. Cuando vuelva la normalidad ¿qué modificaciones te parece que habría que encarar? “¿Por dónde comienzo? Creo que por modificar el marco normativo y las salas no estén sobrecargadas de niños. En otros países las salas de nivel inicial tienen la mitad de niños que tenemos nosotras. Que el gobierno envíe partidas de limpieza todos los meses y con un monto acorde a la inflación. Que compañeras no tengan que viajar varias horas para llegar al lugar de trabajo porque van a dedo, porque el código de traslado cubre 10 días o porque los colectivos no tienen horarios disponibles... Y la lista sigue”.

“Imaginate si no terminaste el secundario, hace 10 o 15 años que no tocás un libro y de repente tenés que ayudar a tu gurí no solo en la materia sino con lo tecnológico para participar o enviar un trabajo... Los padres también hacen un esfuerzo terrible y es de valorar” (Adrián)

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“Es urgente que cada docente y cada estudiante tenga netbook y conexión a internet”

Franco cumple 29 en estos días. Es profesor de Geografía en el Secundario. Dice que lleva bien las clases virtuales, pero las dificultades “tienen varias aristas”, como la pérdida de la presencialidad, que elimina “el cara a cara, fundamental para el proceso de enseñanza-aprendizaje. En la frialdad de lo virtual se pierden gestos, expresiones, chistes, debatir e intercambiar durante el desarrollo de las clases”. Otro aspecto es la salud: “Estar expuestos durante horas a pantallas acarrea cansancio, dificultades en la vista y dolores musculares”. ¿Se trabaja más o menos? “En el sentido de la movilidad, es menor el esfuerzo. Como todo docente de poca antigüedad, la falta de estabilidad laboral me hace trabajar en varias instituciones. El traslado diario de una a otra requiere esfuerzos que, en esta situación, no se realizan. Pero adaptar los contenidos a la virtualidad y corregir cientos de trabajos semanalmente es un esfuerzo enorme que antes no teníamos, porque en las clases presenciales, el diálogo y el intercambio ‘en vivo’ juegan ese rol”.

 

“Es momento de pensar la telecomunicación como servicio público y como derecho humano”

Franco anota entre los aspectos positivos de la virtualidad que “ejercitás la creatividad para desarrollar clases y contenidos. Y para las y los estudiantes es también un ejercicio para conocer nuevas dinámicas de aprendizaje y cursada. Los prepara para la educación superior, donde plataformas, PDFs y videos son moneda corriente”. ¿Qué les pedirías ahora mismo a las autoridades del sector)? “Urgentemente políticas públicas de conectividad. Conectar Igualdad fue positivo pero no se acompañó con capacitación, todavía hay muchos docentes y estudiantes que no saben usar programas básicos o navegadores de internet. El CGE y los sindicatos deben trabajar en conjunto para garantizar a cada docente y estudiante su netbook y conexión. Siempre se dijo que era importante para el futuro. Esto nos demostró que es imprescindible para el presente. Es momento de pensar el acceso a la telecomunicación como servicio público y como derecho humano”. Pero a la vez reconoce: “El escenario actual hace difícil imaginarlo: desde la robótica que prometía Macri a la realidad de las escuelas que hacen ferias para pagar los insumos básicos, hay un abismo de diferencia. Como comunidad debemos exigir cambios y ser partícipes activos de esos procesos”.

 

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 “Ninguno de mis estudiantes tiene computadora”

También hubo docentes que amable pero firmemente rechazaron el convite. María, por ejemplo, que trabaja en primaria de jóvenes y adultos, fue terminante: “Por ahora, paso. Estoy tapada de trabajo, tengo los ojos hinchados de estar en la computadora... Yo tengo muchas carpetas de actividades y niveles, y además de estar el día entero preparando las actividades, después tengo que hacérselas llegar”.  Eso implica salir pagar cadetes para que le lleven algunos o salir en su auto, con el riesgo de que la retengan. “Ninguno de mis estudiantes tiene computadora, a lo sumo teléfono, y los más jóvenes tienen un teléfono que es de los padres, y que recién cuando vuelven de trabajar pueden usarlo, así que yo termino a las 11 de la noche explicándole por whatsap lo que les había mandado con un cadete. No quiero hacer más extras, para ninguna otra cosa...”

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“La empatía debe ser la premisa en todos los órdenes”

Giselle tiene 36 años, es docente tallerista de Inglés en el nivel primario. “Trabajo con videos que hago con un programa desde mi celular y con algunos archivos de Word para que mis gurises copien. Cuando envío archivos, hago una captura de pantalla para enviarles por imagen, porque muchas familias no tienen Word en sus celulares o no saben abrirlo. Trato de que sen actividades sencillas que apunten a trabajar con las demás materias. Que no sea una carga y que puedan enriquecer y fortalecer otros conocimientos a través del idioma”. Giselle coincide en que una dificultad central tiene que ver con la conectividad, porque no todas las familias cuentan con Internet, o tienen solo whatsapp. Pero además interfieren otros factores: “Las condiciones económicas, la situación emocional, la jerarquización que se hace ante la sobrecarga de material: la mayoría prioriza lengua, matemáticas, sociales y naturales a la hora de la entrega de la actividad. Y por último, el vínculo: estoy trabajando con gurises que no conozco o que vi una sola vez en la escuela. Y no es lo virtual la mejor forma para fortalecer ese vínculo”.

“Estamos a pasos de una pandemia que afecte a la visión”

¿Se trabaja más? “Se trabaja diferente”, dice Giselle. “Hay que garantizar no sólo que la actividad llegue, si no que sea significativa, que le guste y le saque provecho. Al no tener a los gurises alrededor, una busca las mil formas de atraparlos mediante las actividades virtuales. Es lo más difícil, ya que no sabemos si le está gustando o no. A veces al no tener respuesta me digo: esto no funcionó, y cambio la estrategia a la semana siguiente. Pero todo lleva una preparación que en tiempo y en esfuerzo es igual a la que lleva una planificación para el aula.  Sólo cambian las formas”. Pero ademas cambió el uso de los tiempos: “En mi caso estoy 24/7 como se dice ahora, disponible a consultas o también a recibir las actividades. Me ha pasado que me mandan a las 23 un sábado, corrijo inmediatamente y envío mi devolución. También cuando preparo mis vídeos lo hago después de las 12 de la noche muchas veces, ya que vivo con dos pequeñas y espero a que se duerman. El agotamiento es visual. Creo que estamos a pasos de una pandemia que afecte a la visión. Hoy por hoy pasa todo por el celular. Y es imprescindible que las infancias puedan acceder a un tiempo de recreación en cualquier espacio abierto o público, al aire libre. Que salgan a la vereda o al patio. Que miren el cielo y no un rectángulo con letras o vídeos. Que aprecien la amplitud de un paisaje...”.

“¿A las autoridades? Que también estamos atravesadas por la situación. Y a veces solo piden y piden… y ahí estamos nosotras tratando de atajar todo”. (María Alejandra).

“No deberíamos volver a ninguna normalidad”

Pese a todo, Giselle ve aspectos virtuosos, “siempre y cuando contemos con conectividad”. Entre sus gurises, muchos “han trabajado más y mejor la oralidad ya que al grabarse y estar solos, sin la mirada de sus compañeres, se animan a hablar. También, en la parte creativa, han desarrollado más aptitudes artísticas a la hora de representar o interpretar”. Por otro lado, Giselle enfatiza que el Estado debería garantizar la conectividad “tanto a alumnes como a docentes. Se invirtió en cuadernillos para quienes no tenían acceso a Internet, que hubo que adaptarles los contenidos dependiendo de cada provincia o institución, y tal vez lo ideal hubiese sido invertir en conectividad”. A las autoridades les pediría que “tengan en cuenta que la situacion de encierro y crisis económica, emocional, social, cultural, no es la favorable para obtener los resultados que se esperan. Nos han pedido como docentes acompañar a nuestra comunidad educativa y no focalizarnos tanto en la evaluación. Pero eso es algo que deberíamos hacer siempre”. Y, ya hablando “más como mamá que como docente, les pido eso a mis colegas, a los directivos, supervisores y funcionarios de la educación: esto nos sobrepasa a todes y cada familia lo sobrelleva como puede. Por eso la empatía debe ser la premisa en todos los órdenes”.

“El fracaso de la escuela ya lo estábamos viviendo antes”

¿Y para el regreso a la “normalidad”? “Primero creo que no deberíamos volver a ninguna normalidad. Escucho que se quejan de esta modalidad virtual, las familias y les docentes. Y a todes les pregunto lo mismo: ¿vos crees que antes daba resultado la escuela tal y como estaba? Es una pregunta que me hago a mí misma. Para mi no estaba bien, el fracaso de la escuela ya lo estábamos viviendo. Esa grieta entre familias y docentes se profundizó ahora. Si bien las familias acompañan, la escuela no logra acercarse a ellas. Antes de la pandemia ocurría lo mismo. La modificación tiene que venir por ese lado. Tratar de acercarnos, de replantearnos si lo que hacíamos estaba bien. Qué pretendemos como educadores y cómo lo logramos. Por separado no vamos a llegar a lograr nada. Debemos unirnos entre docentes y con las familias. No tengo la receta, no creo que las haya. Cada institución es distinta, así como cada lugar geográfico. Pero esta situación atípica, tiene que servir para replantearnos todo. Tenemos una escuela del 1800 en el siglo 21. Y eso se ve en las prácticas docentes y en los programas de formación. En cuestión de contenidos, la escuela secundaria no esta formando para que quien egrese sepa qué quiere hacer realmente y para qué”.

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“Hay familias que no tienen internet o para comer, y la escuela suma una presión más”

Adrián tiene 42 y es docente en Historia en secundaria. Tiene 14 años de antigüedad. Además es periodista. Dice que en un primer momento no estaba de acuerdo en la forma de trabajar: “¿Por qué debería darles mi mail privado a los alumnos? ¿No debería mediar la escuela? Como me dijeron que era imposible me hice otro mail. Es más, compré otro chip, mi celular es dual así que ahora tengo dos líneas y dos whatsapp, con uno específico para el trabajo con los chicos, con un grupo para cada curso que tengo (en el caso de primer año están los padres). Ahí recibo trabajos prácticos y consultas, todo con "normas" para agilizar y ordenar el trabajo”. Sobre las dificultades, Adrián siente que son infinitas. “Antes corregías las cuatro preguntas con un alumno y si estaban bien preguntabas a los demás si tenían igual. Hoy recibís las cuatro respuestas de treinta alumnos, leés una por una (si es que envían todos, en una escuela participa un 80 % del alumnado y en otra un 10%). En otros casos solo anotas ‘entregado’, porque entre la letra ilegible y la foto mal sacada, no hay modo de ver las respuestas. Y las condiciones no son como para exigir, entonces acordás que en cuanto se retomen las clases lo volvemos a ver”.

“Estoy tapada de trabajo, tengo los ojos hinchados de estar en la computadora...” (María)

Hay otros aspectos: “En las cuatro escuelas que trabajo tienen metodologías distintas, así que utilizo bastante tiempo en buscar links porque así lo quiere la escuela X, sacar fotos y enviar a la otra escuela por mail, y al grupo de la escuela porque a los chicos les queda más fácil, enviar por Classroom las actividades porque se organizaron así y la última finalmente prefiere fotos o links por mail”. ¿Algún aspecto positivo? “Ninguno. El sistema educativo está improvisando, no está preparado para esto. Los alumnos de secundaria en general tampoco están listos para ese cambio. Y eso es bueno porque significa que los docentes en el nivel secundario todavía somos imprescindibles. No así en la universidad, ese cambio tiene que venir para todas las universidades porque como dirían los chicos, ‘es la que va”.

 “Es un momento para hacer lo que los haga felices”

Adrián señala que hay mucho esfuerzo de parte de docentes pero también de padres: “Compañeros utilizando sus datos del celular para cumplir con las escuelas, sin notebook, algunos que se la compraron porque sino es imposible, padres con inconvenientes económicos y psicológicos por el encierro ayudando a los chicos como pueden. Imaginate si no terminaste el secundario, hace 20 años que no tocás un libro y de repente tenés que ayudar a tu gurí no solo en lo específico de la materia sino en lo tecnológico para enviar un trabajo... Ellos también hacen un esfuerzo terrible y es de valorar”. A las autoridades les pediría “que dejen de pedir actividades para que enviemos a los alumnos. Es un momento para hacer lo que los haga felices: si le gustan las plantas que plante, si le gusta investigar algo en google que lo haga, incluso a aprender lo que le gusta, a relacionarse más con su familia. Como profesor envío tareas porque me lo piden los directivos, a ellos se lo pide la supervisora y así sucesivamente. Pero hay familias sin internet, otras no tienen para comer, amargados por la situación económica, desempleados y pensando en qué le van a dar de comer a sus hijos… y la escuela manda tarea y suma una presión más a la familia. Tal vez para justificar nuestros sueldos, o el de ellos, la verdad que no sé bien el porqué”.

“Estoy trabajando con gurises que no conozco o que vi una sola vez. Y lo virtual no es la mejor forma para fortalecer ese vínculo” (Giselle)

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“No tengo la tecnología en casa”

Eliana tiene 33 años y es profesora en Historia, trabaja en secundaria en tres escuelas. Es  uno de los muchos casos de docentes sin computadora: “Las clases virtuales las llevo más o menos, porque no tengo la tecnología en casa, sólo dos celulares y tengo tres chicos en edad escolar. Si yo tuviese una PC y una habitación para mí, sin hijos, podría hacer clases con zoom todos los días y no puedo, pero mando audios. Cuando puedo, a la madrugada a veces armo todas las clases y las mando. Creo que se trabaja más que antes, sí. Porque a veces los alumnos mandan preguntas fuera de horario. ¿Qué le veo de positivo? Si todes tuviésemos la tecnología adecuada, wifi, etcétera, se podrían hacer cosas muy buenas, como videos que ya han hecho mis alumnos. A las autoridades les pediría que tengan consideración por los chicos que no tienen Internet y que no supongan ni etiqueten... Y para después, la escuela debe cambiar mucho: en principio, aumento de salarios, wifi y tecnología adecuada en cada establecimiento y en cada casa. Las clases deben cambiar, las relaciones docentes-alumnos, salir del conductismo porque ya no va más... Los alumnos se aburren y los docentes también. Y cambiaría las condiciones edilicias. Hay escuelas que ni agua tienen, menos jabón...”

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“La sensación es que a pesar del esfuerzo siempre falta algo, vernos las caras en vivo y en directo, los gestos, las voces y las miradas”

Manuela tiene 40 años, es profesora y trabaja en secundaria y nivel superior. Además es madre, por lo cual tiene también la experiencia “del otro lado”. “Sobrellevo las clases virtuales como puedo, con mucha intensidad y esmero, y otras veces con impotencia, de frustración por lo que no se puede lograr, o a quiénes no se puede llegar”. Las dificultades son muchas: “La convivencia del tiempo laboral con el tiempo personal, el de familia y el de ocio. Se corrige mientras se cocina, se contestan mensajes mientras se juega con los hijos, un mail o un informe durante el fin de semana. Me he encontrado explicando una consigna a un alumno a las dos de la mañana, porque antes de ir a dormir revisé el correo, y si ese es el horario en que está haciendo sus tareas y necesita ayuda, entonces te quedás respondiendo”. Otra dificultad “pasa por las situaciones sociales que están saltando a la vista en estos momentos, la gran desigualdad social, la vulnerabilidad de montones de chicas y chicos que la están pasando muy mal, por situaciones económicas, familiares, anímicas, etc… Y estas desigualdades se reflejan en  dificultades técnicas, la falta de acceso a un dispositivo para comunicarse, o la falta de acceso a internet. También se reflejan en el acompañamiento que encuentran o no, en sus hogares. No todos cuentan con algún adulto en el hogar que los pueda acompañar, alentar, motivar, cosa que hacemos –o intentamos hacer– a diario en el aula”.

“Es momento de pensar el acceso a la telecomunicación como servicio público y como derecho humano” (Franco).

¿Sentís que trabajas más o menos que en las clases presenciales? “El trabajo del docente siempre implicó mucho trabajo en el hogar. Desde planificar clases o proyectos anuales, preparar actividades, corregir, cuestiones administrativas y burocráticas (escribimos mucho, todo el tiempo, en todos lados: en planillas, formularios, agendas, computadoras, cuadernos, pizarrones, y montones de etcéteras). Pero en estos días el trabajo es diferente, porque lo que uno hacía oralmente, ahora se hace por medio de otras herramientas, a veces uno por uno, dispositivo mediante. El feedback lleva otros tiempos. Y la sensación es que a pesar del esfuerzo, no es suficiente porque falta algo, falta vernos las caras en vivo y en directo, los gestos, las voces y las miradas. Eso no se reemplaza con cámaras, audios ni con palabras escritas”. ¿Algún aspecto positivo? “La virtualidad ofrece herramientas y oportunidades buenísimas, por ejemplo, para estudiar una carrera a distancia, un idioma, un curso alternativo. Pero no es suficiente para la educación formal obligatoria, al menos con los más chicos: inicial, primaria y secundaria”.

“Han quedado expuestas las grandes desigualdades, y una es el acceso a la cultura”

 ¿Qué les pedirías ahora mismo a las autoridades del sector? “Que nos cuiden en todos los aspectos en que se debe cuidar a los seres humanos. A los estudiantes de todos los niveles, en tanto sujetos de derecho, se les debe cuidar, abrigar, sostener. Y a nosotros, los trabajadores de la educación, también. Esto requiere que se escuchen los reclamos por mayor presupuesto en educación. No se trata de una mera cuestión salarial. Se trata del presupuesto que se destina a las escuelas, al estado edilicio de las instituciones, a  la higiene, el presupuesto destinado a las actividades culturales. Se deben brindar y recuperar espacios de acceso a la cultura, como los CAI, las orquestas juveniles, y otros tantos. En estos días de aislamiento han quedado expuestas las grandes desigualdades, en montones de aspectos, y el acceso a la cultura es una de ellas”. Sobre el futuro, Manuela cree que la vuelta a clases presenciales no va a ser una vuelta a la normalidad: “Creo que deberemos atender muchas cuestiones, más ligadas a lo emocional, a la distancia física que estamos atravesando. Yo extraño a familiares y amigos, pero también las aulas, el contacto diario con chicas y chicos, con colegas… y pienso cuánto más deben extrañar los chicos y chicas su espacio cotidiano de socialización, los recreos, los momentos compartidos. Creo que deberemos ser muy cuidadosos de la salud emocional de todos los estudiantes. Si volvemos a las aulas pensando solo en recuperar los contenidos que no llegamos a dar, puede ser muy dañino. Sobre todo para los alumnos que estén más vulnerables. Creo que también encontraremos, en esta misma línea, diferentes situaciones: aquellos chicos o chicas que no hayan tenido los medios para ‘llevar al día’ las clases virtuales,  aquellos que teniendo los medios puedan haberse sentido sobrecargados, aquellos a quienes les afectó el aislamiento en sí mismo, independientemente de la virtualidad y los trabajos escolares”.

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“Que sepan que la profe está ahí, y que a pesar de tantas cuestiones a solucionar, la escuela pública nunca te deja a pata”

 

Valeria tiene 42 y es profesora en el Nivel Secundario, en tres escuelas, con el máximo de horas y alrededor de 200 estudiantes en sus materias. Primero hace un poco de memoria: “Lo vivo como lo que es: una excepcionalidad. Recién comenzábamos el ciclo lectivo, con un conflicto salarial que se reflejaba en las calles y con 72 horas de paro que seguro iba a continuar. El 13 de marzo se modificó todo el escenario, y de repente nos vimos con nuestro trabajo interrumpido, y con nuevos desafíos en nuestro rol docente”, resume. “En algunas oportunidades me sentí bastante perdida, sobre todo por las exigencias, no tan claras, desde los equipos directivos y de conducción tanto a nivel local como provincial. Se pretendía o pretende que se viva esta situación como una normalidad, cuando sabemos que no lo es. Con el correr de los días opté por priorizar mi salud personal y la de mi familia (convivimos dos docentes junto a dos adolescentes en edad escolar, con limitados recursos tecnológicos y algunos obsoletos) así que decidí priorizar una relación no solo pedagógica sino más bien humana, que sepan que la profe está ahí, que representa a la escuela pública, y que a pesar de cuestiones a solucionar a corto y largo plazo, la escuela pública nunca te deja a pata”.

 

“Se nota la ausencia del Plan Conectar Igualdad”

¿Las dificultades? “En un país con una brecha de desigualdad importante, y luego de cuatro años de un gobierno neoliberal que ajustó por todas partes, y en educación en particular, se nota la ausencia del Plan Conectar Igualdad, que posibilitaba a acceder a su primera computadora y para muchas familias la única en la casa. Hubiera sido muy eficaz en este contexto. Con más de sesenta días de Aislamiento Social Preventivo y obligatorio ya pudimos organizarnos y atender de alguna manera las particularidades de los y las estudiantes (conexión, recursos, tiempos) que es lo primordial, sobre todo atender las desigualdades que siempre y lamentablemente están presentes”. ¿Se trabaja más? “Se trabaja diferente. El aula se disfruta. El trabajo virtual se hace más dificultoso. Un contenido que en el aula se desarrolla en 40 minutos u 80, requiere más tiempo al buscar estrategias y materiales novedosos, dinámicos y atractivos. Es diferente. Se disfruta la comunicación interpersonal con adolescentes, que es tan particular. De hecho, opté por pedirles que me manden sus tareas por audios así escucho y luego les hago devoluciones y me escuchan a mí”.

“No todas las infancias y adolescencias viven la misma realidad, algunas están preocupadas por las tareas, otras conviven con sus agresores, otras están pensando qué comerán”

¿Ventajas? “En este momento la virtualidad acerca a chicos y chicas a la escuela, y es muy importante para ellos y sus familias, siempre siendo conscientes de que cada estudiante y cada familia lo vive como puede”. A las autoridades les pediría “que valoren el rol docente, que no nos ninguneen con salarios de pobreza, que dignifiquen nuestro trabajo. Que entiendan que estamos atravesando esta pandemia con los mismos miedos e incertidumbre que el resto y que no nos sobrecarguen de responsabilidades ni de presiones porque no queremos llevar más incertidumbre a las familias de nuestros estudiantes”. ¿Y cuando vuelva la “normalidad”? “Seguir atendiendo las desigualdades que se presentan en la escuela y que con esta excepcionalidad salieron aún más a la superficie. No todas las infancias y adolescencias viven la misma realidad, algunas están preocupadas por las tareas, otras conviven con sus agresores, otras están, con suerte, pensando qué comerán esta noche”.

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“En la comunidad donde trabajo, la escuela es la institución primordial”

Patricia tiene 56 años y trabaja en una escuela primaria alejada del radio urbano de Concordia, llamada Colonia Roca. Lo primero que dice es que “lo virtual ya no es la herramienta, es el contexto que hoy tenemos. La pandemia nos sorprendió y tuvimos que reinventarnos como podíamos ya que habíamos empezado las clase hacía cinco días debido a que tuvimos paros de 72 horas reclamando temas salariales, acuerdos paritarios y demás”.  Es maestra titular de cuarto grado y tiene 23 chicos a su cargo. “En donde trabajo no hay conectividad. Es un contexto muy humilde, sus casillas son de madera y en su mayoría son grupos numerosos. Las familias se manejan con los datos móviles, y en muchas hay niños de distintos niveles y un solo celular que lo llevan los padres al trabajo, en las quintas, cosechadores, en aserraderos, o trabajan en casas de familia, o hacen changas”. Así que muchas veces solo los fines de semana pueden hacer las actividades. “En la comunidad donde trabajo la escuela es la institución primordial, hay tres turnos desde nivel inicial pasando por primaria hasta secundaria. La escuela no tiene conectividad, de hecho ni siquiera funcionaba la computadora. Las actividades las hago desde el celular, vía whatsapp. Primero empecé escribiendo una hojita de cada área, y a su vez los profes de música, artes y educación fisica me mandaban y yo reenviaba. A su vez se le manda a la directora. Nosotros no podemos mandar videos porque se gastan todos los datos móviles, entonces es audio cortitos o fotos. Y te puedo decir que a veces da muy buen resultado, hoy los protagonistas del acto del 25 de Mayo fueron ellos, yo les mandé la idea y ellos hicieron todo con sus familias. Por supuesto que una está en constante comunicación y no hay feriado ni fin de semana...”

“Lo virtual es una herramienta, lo fundamental es el maestro con sus gurises, en el aula o en el patio...”

“A veces se nota el desgano, porque a veces en la familia no hay trabajo. Y lo fundamental es la presencia del maestro, a eso lo virtual no lo va a reemplazar, no hay manera. Hay muchos temas que no se pueden trabajar a la distancia. Falta el lenguaje corporal, falta la mirada, y los niños de primaria son muy cariñosos, así que falta el abrazo… No es lo mismo a través del celular. Tenemos un grupo entre los maestros, que lo usamos mucho para no decaer, para no bajonearnos. También cambiaron los plazos, hay semanas que por todo lo que te conté, los chicos no pueden con las actividades, así que no los atosigo, voy respetando los tiempos de los niños y las familias. Por ejemplo, los mapas. A mí me toca enseñar Entre Ríos, la fauna, la flora, las leyendas, los departamentos… Entonces mando mucho material, pero es muy importante también la ayuda de las familias. También ayuda mucho la comuna, para las fotocopias por ejemplo. El aspecto positivo es lo humano, la unión de la familia y la comunicación del docente con los niños y con sus familias. Lo virtual es todo dificultad: se me satura el celular, en casa somos dos docentes, mi hija y yo, tenemos problemas con la impresora, o la computadora… Lo virtual es una herramienta, lo fundamental es el maestro con sus gurises, en el aula o en el patio, bajo el árbol o en esta situación excepcional...”

“Para volver a las escuelas tienen que estar en condiciones”

“Vamos priorizando, por supuesto que no se cumple todo el programa, tratamos de que los niños puedan tener los temas más importantes. La ubicación de dónde vive, análisis de algún texto, las actividades estético-expresivas, las cuatro operaciones básicas, donde la división por ejemplo, no se puede enseñar a distancia… ¿Qué les pediría a las autoridades? Es difícil… Para volver a las escuelas, tienen que estar en condiciones y no están. En la escuela no hay picaportes, no hay puerta, no hay vidrios… Los baños son antiguos, se quedan sin agua. Todo el mundo lo sabe, por eso para volver a las escuelas primero hay que ponerlas en condiciones. Lo ideal sería hacer escuelas nuevas. Faltan escuelas. Hay escuelas abarrotadas de niños. Yo tengo 23 estudiantes, de los cuales cinco niños tienen una flexibilización curricular, es decir que tengo que hacerles actividades distintas a los demás, porque tienen otros tiempos y otras necesidades. Para ellos tengo que armar aparte, y mandarles por separado. Es un trabajo arduo, constante y que lleva más tiempo, pero es lo que nos tocó en esta crisis y la vamos llevando adelante en la medida que podemos. Y nos damos cuenta de que no tenemos todas las herramientas, vamos aprendiendo sobre la marcha. Hay cosas que yo no sé y me ha ayudado mi hija. El mismo problema de conectividad que tienen nuestros estudiantes, lo tienen muchos docentes. Se van a tener que rever muchas cosas, primero el espacio de la institución al recibir a los niños, el alcance de lo virtual que necesita el docente”.

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“La falta de ocio hizo que mi trabajo, que me apasiona y me gusta, se vuelva tedioso y aburrido”

Martina, 31 años, maestra y profesora en francés, nivel primario, secundario y universitario. “Hay días en lo que todo colapsa, pero en general, tuve que reorganizar, cambiar y borrar casi todas las clases de todos los niveles, por lo que el tiempo dedicado a esta revisión fue muchísimo. Muchas horas frente a la compu y sentada, generaron dolores de espalda, cabeza, en la vista. También sacó tiempo de mis hobbies y pasatiempos. Sobre todo en los primeros días del aislamiento, después me pude armar mejor de herramientas, horarios y entender mejor las clases online y las programadas, así como las actividades que enviaba (sobre todo, el tiempo de corrección posterior). La falta de ocio hizo por momentos que mi trabajo, algo que me apasiona y gusta muchísimo, sea tedioso y aburrido”. ¿Trabajas más o menos que en las clases presenciales? “Al principio, sentí que trabajé de más. No es lo mismo pensar la clase en un aula física que en una virtual, actividades nuevas o reformuladas. Luego lo tomé con más calma, al extenderse el aislamiento, y me dediqué más a indagar sobre el bienestar de mis alumnos y alumnas, apuntando a las actividades que me dicen que les gustan, revisando si van bien con lo que les propongo o si quieren sugerir algo distinto”.

“Hay que poner patas para arriba la educación tal y como la conocimos hasta aquí”

¿Qué aspecto positivo ves en la virtualidad educativa? “El acercamiento, tanto con las familias como con mis gurises. En las clases virtuales, videos o audios enviados, suelen inmiscuirse las particularidades de cada hogar, y surge el feedback sobre todo eso, hasta sobre las mascotas. También el hecho de tener que enfocar más sobre lo esencial, la pregunta constante sobre qué le interesa más, algo que en la vorágine del día a día presencial y con muchas horas a cargo, solemos olvidar un poco. La virtualidad además ha metido de lleno a la tecnología en la educación y creo que es algo que no vamos a descartar una vez que volvamos a la ‘normalidad’”. ¿Y cuando eso pase, qué modificaciones habría que encarar? “Todas. Hay que poner patas para arriba la educación tal y como la conocimos hasta aquí: con aulas abarrotadas de gente, docentes con muchas horas frente a un aula, estudiantes agotados, censurados, presionados por tutores, que exigen lo imposible, y por profesionales, que pierden de vista el sentido del estar frente a un aula. El centro de todo tienen que ser los niños, niñas y adolescentes, y en el nivel universitario, las personas adultas que tendrán que ser no solo excelentes en su profesión, sino además empáticos, buenos ciudadanos y respetuosos de las otras personas”.

“Demasiada plata ya se llevaron las multinacionales como para que no puedan darnos acceso a internet gratis” (Américo).

Y concluye Martina: “Tenemos que encarar eso con la misma urgencia con la que salimos a armar classrooms, moodles, grupos de whatsapp y actividades virtuales para continuar en contacto con nuestres alumnes”.

 

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