Download http://bigtheme.net/joomla Free Templates Joomla! 3
Inicio » El País » De tábanos y moscardones. Diez reflexiones en el Día del Periodista

De tábanos y moscardones. Diez reflexiones en el Día del Periodista

El festejo del Día del Periodista siempre es una buena oportunidad para reflexionar un poco sobre la importancia de los periodistas y su aporte a una sociedad pluralista. De Sócrates a Alejo Peyret, de Juana Manso a Rodolfo Walsh, de María Abella a Tomás Eloy Martínez, de Max Weber a Carlos González Cardozo, de La Gaceta a la Constitución entrerriana: algunos apuntes para celebrar reflexionando uno de los oficios más apasionantes y más bastardeados.

 

Por AMÉRICO SCHVARTZMAN

Fotomontaje: M.B.

 

Uno

El Día del Periodista se celebra en la Argentina el 7 de junio porque en 1939 un congreso de periodistas decidió homenajear la fecha en la que apareció “La Gaceta” de Buenos Aires, editada por la Primera Junta, es decir, por el primer gobierno independiente que tuvo nuestra región. La Gaceta publicaba las resoluciones oficiales, decretos y otras medidas, junto con algunas noticias de actualidad. Como lo explicaba en su primer número, el 7 de junio de 1810, la misión fundamental era dar a conocer “a las Provincias las medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema”.

¿No es paradójico que sigamos celebrando el Día del Periodista en una fecha que conmemora la creación por decreto del periódico de un gobierno, por más que fuera un gobierno revolucionario, es decir que no era para hacer "periodismo" sino “comunicación oficial”?

Quizás por eso la primera reflexión en este Día del Periodista propone hacer algunas diferenciaciones. Veamos:

  • entre dueños de medios y periodistas
  • entre periodismo y propaganda
  • entre "la comunicación como derecho humano" y "el negocio de la comunicación"
  • entre entrevista y operación de prensa
  • entre cada periodista y los intereses del medio en el que intenta hacer periodismo
  • entre "buen título" y humo
  • entre "dar la nota" y "dar la noticia"
  • entre "buscar la primicia" y revelar lo que el poder quiere que siga oculto
  • entre "yo hago periodismo" y "bueno, hay que llenar la heladera"
  • entre "crítica" y "crisis"
  • entre investigar y simular que manejo datos
  • entre los saludos por el Día del Periodista y los agasajos por la docilidad (o la abierta complicidad) dispensadas.

 

Dos

Según el gran Tomás Eloy Martínez, "el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la realidad, entender el por qué y el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez”.

"Ser periodista no es un apostolado ni es un título honorífico. Hay periodistas miserables, mercenarios, impresentables, capaces de cambiar una entrevista por una publicidad, su honra por un título, su palabra por una información, su dignidad por un canje de compra en un supermercado".

Sigue diciendo TEM: “En el gran periodismo se puede siempre descubrir los modelos de realidad que se avecinan y que aún no han sido formulados de manera consciente”, pero advierte: “El periodismo no es un partido político ni un fiscal de la república. En ciertas épocas de crisis, cuando las instituciones se corrompen o se derrumban, los lectores suelen asignar esas funciones a la prensa sólo para no perder todas las brújulas. Ceder a cualquier tentación paternalista puede ser fatal, sin embargo”.

Porque para el autor de “Santa Evita”, el periodista “no es un policía ni un censor ni un fiscal. El periodista es, ante todo, un testigo: acucioso, tenaz, incorruptible, apasionado por la verdad, pero sólo un testigo. Su poder moral reside, justamente, en que se sitúa a distancia de los hechos mostrándolos, revelándolos, denunciándolos, sin aceptar ser parte de los hechos".

Tres

“¿Por qué lo saludás por el Día del Periodista? Si no estudió, no tiene título de  periodista”.

Esa pregunta me hacía un licenciado en comunicación que ejercía el oficio de periodista, en relación a una persona sin título alguno que ejercía el oficio de periodista en el horario inmediatamente posterior a nuestro programa de radio. Hace ya años de esto.

¿Por qué te saludo a vos, que tampoco tenés título de periodista?”, repreguntaba yo. Y agregaba: “Porque el periodismo no es un título, es un oficio. Y a veces una pasión”.

Cada 7 de junio solíamos tener ese intercambio.

La convicción (falsa) detrás de su pregunta era que solo es periodista quien tiene un certificado de estudios vinculado con el periodismo.

¿Por qué falsa? Porque ser periodista no es un título que emite ninguna facultad. Ninguna universidad en la Argentina otorga un título de periodista, y si alguna lo promociona o lo hace, entonces es una estafa. Porque el periodismo es un oficio (y una pasión) y no se estudia en la academia. Se aprende haciéndolo, como todos los oficios.

"Parece un chiste: en Entre Ríos los que están exentos son los empresarios, los dueños de los medios, no los periodistas. Un periodista independiente, que cobra por escribir, tiene que pagar impuestos, y no así el medio que le encarga la nota".

Por supuesto que la universidad puede ayudar a hacerlo mejor. Y para eso se estudian carreras vinculadas con el periodismo y la comunicación: profesorados, licenciaturas, tecnicaturas, incluso postítulos y posgrados  en Comunicación Social, Planificación Comunicacional; en Periodismo (y sus variantes: Periodismo Deportivo, Económico, Ambiental, Cultural, etc.); Comunicación Digital; Comunicación Pública y Política; etcétera. Muchos etcéteras.

Pero nadie emite un título de “Periodista”. Del mismo modo que no hay facultad que emita títulos de “Artista”, de “Literato” de “Filósofo”. Las personas que cursan profesorados o licenciaturas en Artes, Letras o Filosofía, no se gradúan de artistas o literatos, sino de profesores o licenciados en esas disciplinas. El licenciado o profesor de Filosofía no es filósofo o filósofa, los licenciados en comunicación no son periodistas. O no lo son por tener ese título. Si se los considera así es por otra razón.

En cualquiera de esas carreras, uno puede graduarse como profesor, licenciado o técnico en periodismo, en filosofía o en arte. Pero si en alguna de ellas dan un título que diga “artista”, “periodista” o “filósofo”, entonces están estafándote. Perdón por reiterarlo. Es para que se entienda.

Porque periodista se nace. Y un poco se hace. Y mucho se padece.

Cuatro

En Entre Ríos, la provincia donde nací y vivo, los medios periodísticos están exentos de pagar ingresos brutos (el principal impuesto provincial). No importa si pertenecen a un grupo capitalista dominante como puede ser el diario Uno, o si pertenecen a empresarios sospechados de negocios turbios, o testaferros del poder político (como pasa con los diarios La Calle de Concepción del Uruguay o El Diario de Paraná, en ambos casos, es vox populi que entre los dueños de ambos está el ex gobernador Sergio Urribarri, el desvergonzado dirigente peronista que fue uno de los hombres más poderosos de la provincia y hoy se calzará el traje de embajador en Israel).

Vuelvo: los medios, decía, están eximidos de pagar ese impuesto, que grava los ingresos. Los que no están exentos son los periodistas. El Código Fiscal, que exime “la edición de libros, diarios, periódicos y revistas, en todo el proceso de creación, ya sea que la actividad la realice el propio editor o terceros por cuenta de éste”, y extiende igual tratamiento a “las distribuciones y venta de los impresos citados”, no exime a los trabajadores del periodismo que quieran ser independientes.

"Ninguna universidad en la Argentina otorga un título de periodista, y si alguna lo hace, es una estafa. Porque el periodismo es un oficio y una pasión y no se estudia en la academia: se aprende haciéndolo, como todos los oficios".

Parece un chiste: los que están exentos son los empresarios, los dueños de los medios, no los periodistas. Un periodista independiente, que cobra por escribir, tiene que pagar impuestos, y no así el medio que le encarga la nota. Así que amigos/as periodistas, a ver si lo van entendiendo. La única manera de “zafar” es dejando de ser periodista, es decir inscribiéndose como “editor de un medio”. De modo que, como lo entendimos los integrantes de la cooperativa El Miércoles (la única cooperativa de periodistas, por ahora, por estos pagos) conviene que los periodistas y trabajadores de la comunicación seamos nuestros propios dueños.

Sí, en la provincia en que nací y vivo estamos llenos de paradojas, de aporías, como dirían los antiguos griegos. “Aporía” significaba “dificultad para el paso”. Acá sobran “dificultades para el paso”. En especial si querés hacer periodismo. Y con más razón si querés hacerlo libremente.

Cinco

“El periodismo es libre o es una farsa”, escribió Rodolfo Walsh.

Claro que no es fácil hacer periodismo libremente.

Y nada más lejos del periodismo que las dos variantes perversas que hemos visto en la Argentina en los últimos años, y que desgraciadamente gozan de perfecta salud, como puede verse simplemente recorriendo los canales “informativos” cualquier nochecita de éstas: el “periodismo de guerra” y el “periodismo militante”.

El concepto de "periodismo militante" es, como mínimo, una redundancia. Todo periodismo “milita” por determinadas causas. Y si no lo hace conscientemente, bueno, qué pena. Pero periodismo sin causas, periodismo sin valores, no es periodismo.

En cambio eso que quisieron vender como "periodismo militante" no era más que un eufemismo para disimular que eran voceros de prensa, propagandistas. Lo mismo del otro lado: el penoso concepto de "periodismo de guerra" no es más que una justificación atroz para no hacer periodismo, sino guerra.

Por supuesto que esto no significa que el periodismo deba ser neutral. La neutralidad no existe, lo neutral siempre está a favor de quien domina. El periodismo (como cualquier otro oficio vinculado con la palabra, con la comunicación, y por ende con los derechos humanos, como la docencia, el ejercicio del derecho, la ciencia, la filosofia, etc) debe ser veraz. No neutral, no "militante", no “guerrero”.

"Nada es tan útil para un ciudadano que quiera ser parte de las decisiones como la información crítica, a tiempo, completa, veraz. Por eso el periodismo independiente de verdad es, como quería Sócrates, una especie de tábano sobre la ciudad, a la que cada tanto debe picar para mantener despierta, viva, activa, a su comunidad".

“Periodismo de guerra” y “militante” son lo mismo con distinto nombre. De hecho, la primera acepción del diccionario para el verbo “militar” es precisamente “Servir en la guerra”. Y ya lo había dicho Esquilo (o al menos dicen que lo dijo): “En la guerra, la primera víctima es la verdad”.

Y el periodismo no es otra cosa que la búsqueda de la verdad. En especial, de aquellas verdades que los poderosos no quieren que se conozca. Por eso la veracidad es compromiso, como lo dejaron claro Bertolt Brecht, Rodolfo Walsh, Osvaldo Bayer y tantos otros.

Seis

A veces el periodismo es una pasión. “A veces” en este caso, significa: “para algunas de las personas que lo ejercen”. No para todas. Sería una zoncera creer eso. Ser periodista no es un apostolado ni es un título honorífico.

Hay periodistas miserables, mercenarios, impresentables, capaces de cambiar una entrevista por una publicidad, su honra por un título, su palabra por una información, su dignidad por un canje de compra en un supermercado. Hay periodistas que creen que en su trabajo corren los horarios, y que cuando el reloj marcó la hora se terminó la labor. Hay periodistas que no sienten nada cuando entrevistan a alguien que sufrió una tragedia, que espera que esa entrevista le dé alivio, o un poquito de justicia. Hay periodistas que actúan con todos los vicios de los militantes políticos, y los hay que actúan como servidores de quienes les paguen porque es lo menos malo que encontraron para sobrevivir pero podrían dedicarse a cualquier otra cosa y no sienten ningún amor especial por ese oficio.

Y hay periodistas que en el momento menos pensado tienen una idea para una nota y sienten cómo en su cabeza y en su cuerpo y en sus manos crece un cosquilleo que termina siendo energía indetenible y no se quedan quietos hasta que pueden darle forma a esa idea y que pueden dedicar horas que nadie les pagará a entrevistar a decenas de personas y recorrer lugares y viajar y llamar por teléfono y revisar archivos sin fijarse día y hora y una vez que armaron el rompecabezas y tienen el título y la bajada en la mente apenas si pueden controlar la ansiedad que les produce el impulso de sentarse a escribir y plasmar todo lo que los obsesionó durante esos días o semanas o meses o años y por fin dar “enter” y cerrar ya mismo la nota y de repente se dan cuenta de que es madrugada y no tiene sentido publicarla o mandarla ahora y en ese punto descubren que el tiempo voló y en ese vuelo se olvidaron de su familia, de sus amigos, de sus amores, de sus necesidades, de su descanso, de su sueldo, de sus deudas...

“Periodismo de guerra” y “periodismo militante” son lo mismo con distinto nombre: la primera acepción del verbo “militar” es “servir en la guerra”. Y ya lo había dicho Esquilo: “En la guerra, la primera víctima es la verdad”.

Eso es la pasión por el periodismo. Ése es el periodismo que apasiona, pero que se padece. El libérrimo. El que no admite ataduras. El que no le interesan los horarios ni los jefes. El que no respeta límites insensatos ni publica aquello que no tiene certeza. El que sabe que ese fuego interior crecerá y no lo dejará en paz hasta que no escriba lo que bulle en su sien y atormenta su cerebro. El que tiene claro que no se vive del periodismo sino por el periodismo y que si aparece la chance de vivir “del periodismo”, bienvenida, pero que jamás vivió esa pasión como un laburo de esos que no se eligen, de esos que hay que hacer para sobrevivir, de esos en los que se cumple horario, de esos que requieren fines-de-semana y vacaciones. El que nunca, aun cuando tuvo que hacer otros trabajos y criar hijos y hacer changas y saltar de una escuela a otra para tener unas horitas de clase y obra social, o vender cosas para comer, nunca, ni aún en esos momentos, dejó de ser periodista y de hacer periodismo, en alguna de sus variantes, aunque más no fuera pasándole un dato, una perspectiva, una mirada acerca de algo, a ese otro amigo periodista que él sí podía sentarse a escribir. Ese que sin periodismo no respira, no come, no coje, porque nada tiene mucho sentido.

Ese periodismo es pasión, y es arte, y es compromiso. Pero sigue siendo, sobre todo, oficio. Y se padece.

Siete

“Participar en el trabajo, en cualquier trabajo, es trabajar, y para trabajar, en cualquier trabajo, es lo normal tener que aprender a trabajar, y a trabajar, en cualquier trabajo, no se aprende más que poniéndose a trabajar bajo la dirección de quien ya sepa hacerlo, lo que implica: trabajar en aquello mismo en que trabaja aquel bajo cuya dirección se va a aprender a trabajar; ver cómo trabaja éste, tratar de imitarlo, ser corregido por él, ir trabajando cada vez mejor, más personalmente, más originalmente, hasta poder prescindir del maestro, e incluso renegar de él, rectificándolo, superándolo, en suma, innovando.  No hay otro camino o método. Y no lo hay, porque aprender a trabajar es adquirir unos hábitos, y los hábitos no se adquieren por pura información teórica, sino tan solo por ejercitación práctica: por el ejercicio o la repetición 'sin prisa y sin pausa'. Esto es aplicable a cualquier trabajo. Incluso al intelectual. Incluso al que pretende tradicionalmente ser el más intelectual del intelectual: al filosófico”.

Eso decía el gran filósofo español José Gaos, exiliado en México durante el franquismo. Y si es aplicable a cualquier trabajo intelectual, entonces es aplicable a ese formidable y desafiante trabajo intelectual que es el periodismo.

Eso es lo que quería decir desde el comienzo. No se aprende a hacer periodismo de ninguna otra manera que no sea haciendo periodismo. Periodista se hace.

Claro que el riesgo de hacerse al hacerlo es enorme. Se puede empezar a hacer periodismo en un diario que publica solo las noticias que favorecen a los dueños del poder de la provincia, y quizás pasarse la vida creyendo que eso es periodismo. O se puede creer que el periodismo es eso que uno ve cuando recorre unos minutos los programas "periodísticos" de la noche en la televisión argentina. En casi todos ellos, porque no hay "grieta" alguna en eso, se aprenderá que el periodismo es lo que hacen el insoportable Gustavo Sylvestre, el pelado vociferador de Crónica, el patético Alfredo Leuco, o los columnistas desaforados de cualquier otro canal "informativo" abierto o de cable: todos machos gritones, en muchos casos, secundados por conductoras mujeres cuya principal condición es que sean perfectas “barbies” y su función prioritaria asentir la boludez que dijo el varón rampante que tiene a su lado; tonos imperativos y ululantes adjetivando todo el tiempo, enfatizando hasta la exasperación, diciéndonos lo que debemos pensar, lo que debemos valorar como importante, queriendo imponernos no solo sus banales y binarias miradas sobre lo existente, sino incluso las emociones que debemos sentir.

Un espanto absoluto. Los predicadores de la medianoche y ellos parecen tener el mismo coach.

O se puede hacer otra cosa. Otro periodismo.

Ocho

– ¿Cómo? ¿Qué la Constitución provincial dice qué cosa?

El sociólogo recientemente fallecido Erik Olin Wright decía que “el mundo no está preparado para ir hacia una forma alternativa basada en la solidaridad, la igualdad y la democracia. Nosotros debemos preparar el mundo para eso. Las alternativas son creadas por seres humanos que se reúnen y deciden”. Por eso se dedicó a estudiar “utopías reales”, como por ejemplo las cooperativas de trabajo, las “empresas recuperadas” de la Argentina. “Una forma de convertir una empresa capitalista en una cooperativa gestionada por sus trabajadores. Hay dos formas diferentes en las cuales se forman las cooperativas. Una forma es cuando un grupo de gente se junta y decide empezar un negocio con lógica de cooperativa más que desde las bases capitalistas convencionales. Entonces, los trabajadores autogestionan una firma democráticamente y toman sus propias decisiones. Otro modo se da cuando los trabajadores transforman una empresa capitalista existente en una cooperativa”.

Wright opinaba que ése es el camino por el cual la humanidad va a avanzar en formas de organización social diferentes, y que ese camino ya comenzó a ser transitado. Y no precisamente por lideres revolucionarios o populistas. Para que se entienda mejor, daba un lindo ejemplo imaginario:

“Si se piensa en quinientos años atrás, no ocurrió que un grupo de comerciantes, banqueros y artesanos se sentaron alrededor de la mesa y dijeron: ‘Odiamos el feudalismo, ¿cómo podemos destruirlo?’. No. Construyeron alternativas al feudalismo en las ciudades, en pequeños espacios, donde pudieron, y luego expandieron esos espacios y lo hicieron en colaboración con segmentos de la clase feudal, que encontró ventajoso permitir que el capitalismo surgiera y se desarrollara a pesar de que en el largo plazo su surgimiento y desarrollo socavaría las bases del feudalismo. Así que mi visión en pos de transformar el capitalismo tiene ese carácter. La idea de ‘utopías reales’ combina esfuerzos para resolver problemas dentro del capitalismo y neutralizar los daños con el esfuerzo de erosionar el capitalismo mediante la construcción de alternativas.

¿A qué viene todo esto, en el Día del Periodista? Bueno, a la Constitución entrerriana. En particular, a dos de sus artículos:

ARTÍCULO 70: El Estado (…) desalentará, mediante políticas activas, la conformación de monopolios, oligopolios o cualquier otra forma de concentración de los medios de comunicación social en el ámbito provincial. Promoverá la propiedad y gestión de medios de comunicación social por parte de organizaciones sociales, cooperativas y comunitarias sin fines de lucro.

ARTÍCULO 76: El Estado estimulará la tendencia cooperativista, mutualista, asociativista, y la conformación de empresas de la economía social, basadas en los principios del bien común y en la gestión solidaria. (…) Alentará la propiedad y gestión cooperativa de empresas por sus trabajadores.

¿En serio la Constitución provincial dice eso? Ajá. La Constitución Provincial dice eso.

Por eso viene bien para la reflexión en nuestro día. A ver, los y las periodistas, qué hacemos con eso. La letra está a nuestro favor. ¿Lo vamos a usar? ¿Vamos a empezar, aunque más no sea inventando una cooperativita que haga, mínimo, un programa de radio semanal? ¿O sumándonos a alguna cooperativita que ya exista, y haciéndolo desde allí? ¿Nos animaremos a empezar al menos, sin renunciar a nuestros laburos o proyectos personales-empresariales? ¿Seremos capaces, nosotres periodistas –que en gran proporción nos consideramos gente de izquierda, progresistas, transgresores, transformadores, revolucionarios, o como se autoperciba cada uno?

"Porque el periodismo no es eso que uno ve cuando recorre los programas 'periodísticos' de la noche en la TV argentina, esos machos gritones, de tonos imperativos y ululantes enfatizando hasta la exasperación, diciéndonos lo que debemos pensar, queriendo imponernos no solo sus banales y binarias miradas sobre lo existente, sino incluso las emociones que debemos sentir".

¿O seguiremos siendo funcionales en nuestra principal actividad –es decir, en la forma que producimos comunicación (o conocimiento)– a las formas capitalistas de producción que cuestionamos o decimos combatir?

Nueve

Cuando se celebra el Día del Periodista, uno acepta sumarse a los brindis, las felicitaciones y los buenos deseos, (aunque no a todos, es cierto) por una razón central: no sobran buenas noticias en esta profesión de inventarlas y contarlas.

De hecho, una de las pocas satisfacciones que la labor le depara a la sufrida humanidad del que auténticamente ha decidido dedicarse al periodismo, sin dobleces, sin agachadas, sin lamer zoquetes a nadie (es decir, a esa inmensa minoría de periodistas que merece todo nuestro respeto), es la de repasar ese reconocimiento de una parte importante de sus vecinos y vecinas, en ocasiones como ésta. En las páginas (de papel o virtuales) de un medio como El Miércoles Digital, conviven la información vital cotidiana de los entrerrianos y entrerrianas junto con las reflexiones más profundas sobre las problemáticas globales de la civilización actual, o de la crisis civilizatoria actual. El resultado de una maratón o el nuevo caso de Covid-19 con una propuesta para terminar con el problema de la contaminación de los cursos de agua de la provincia. La recuperación de una anécdota histórica poco conocida del pasado entrerriano y el debate sobre cómo debe funcionar la CARU. El impacto de un tornado sobre los galpones de un pequeño productor y la reflexión sobre la necesidad de una renta básica universal. La broma del Día de los Inocentes y la recuperación histórico-periodística de una figura local maltratada o ignorada por los medios hegemónicos de la zona.

Hay lugar para todo. ¿Cómo era que nos enseñaba Carlos González Cardozo, el querido periodista fallecido hace poco? Ah, sí: “Formar, informar, entretener”. Una fórmula que El Miércoles adoptó –quizás inconscientemente– desde hace años y que honra cada día.

Creo sin falsa modestia que el rol de medios cooperativos, autogestionados por sus propios periodistas, es muy relevante para una democracia profunda, una democracia como la que soñaron Artigas y Alejo Peyret, el Pocho Lepratti y Teresa Ratto: una democracia igualitaria, participativa, deliberativa, horizontal, transparente. Nada es tan útil para un ciudadano que quiera ser parte de las decisiones como la información crítica, a tiempo, completa, veraz. Por eso el periodismo independiente de verdad es, como quería Sócrates, una especie de tábano sobre la ciudad, que cada tanto deben picar para mantener despierta, viva, activa, a su comunidad.

Por eso quien hace periodismo en serio, con ideas y valores, no tiene que caer simpático. No es esa su función. Por eso pioneras del periodismo feminista, como Juana Manso o María Abella, fueron tan antipáticas para su época. Y quizás por eso hoy mismo no se las recuerda demasiado, aunque sus méritos son incomparablemente superiores a tanto varón "ilustre" que nos presenta la historia.

"Quien hace periodismo en serio, con ideas y valores, no tiene que caer simpático. Por eso Juana Manso o María Abella fueron antipáticas para su época. Y quizás por eso no se las recuerda aunque sus méritos son  superiores a tanto varón ilustre que nos presenta la historia".

 

Diez

No obstante, siempre siento que la comunidad valora poco el indescriptible trabajo de periodistas que hacen lo imposible para sostener medios decentes, ya sea individualmente, o medios cooperativos como El Miércoles Digital. Por el contrario, por comparación o por conocimiento directo de quienes son (quizás) lo peor del periodismo, suele imponerse una idea bien diferente de lo que es un periodista. A veces, más que tábano, el o la periodista son vistos como moscardón. De esos moscardones que (por alguna razón no necesariamente arbitraria) vinculamos con los restos, la basura, los residuos, lo que se pudre.

Nadie señaló mejor esa diferencia que el gran Max Weber, el sociólogo alemán padre de esa disciplina moderna, quien dejó un párrafo notable sobre los periodistas:

“El periodista pertenece a una especie de casta paria que la sociedad juzga siempre de acuerdo con el comportamiento de sus miembros moralmente peores. (…) No todo el mundo se da cuenta de que, aunque producida en circunstancias muy distintas, una obra periodística realmente buena exige al menos tanto espíritu como cualquier otra obra intelectual, sobre todo si se piensa que hay que realizarla con prisa, por encargo y para que surta efectos inmediatos. Como lo que se recuerda es, naturalmente, la obra periodística irresponsable, a causa de sus funestas consecuencias, pocas gentes saben apreciar que la responsabilidad del periodista es mucho mayor que la del sabio y que, por término medio, el sentido de la responsabilidad del periodista honrado en nada le cede al de cualquier otro intelectual. (…) Para todos los Estados modernos, parece válida la afirmación de que el trabajador del periodismo tiene cada vez menos influencia política, en tanto que el magnate capitalista de la prensa tiene cada vez más. (…) Lo asombroso no es que haya muchos periodistas humanamente descarriados o despreciables, sino que, pese a todo, se encuentre entre ellos un número mucho mayor de lo que la gente cree de seres humanos valiosos y realmente auténticos”.

"¿Usaremos lo que dice la Constitución entrerriana o seguiremos siendo funcionales al producir comunicación a las formas capitalistas de producción que decimos cuestionar?".

Parece escrito ayer ¿verdad? Sin embargo, Weber escribió estas palabras hace cien años exactos.

Empezamos haciendo algunas diferencias. Terminemos entonces deseándoles “Feliz Día” a quienes hacen la diferencia, que felizmente son muchos y muchas. En este Día del Periodista, día de “seres humanos valiosos y realmente auténticos” va el saludo cordial, celebratorio, para mis compañeros y compañeras de la Cooperativa El Miércoles, y para cada periodista que con su trabajo cotidiano hace posible una democracia mejor en sus ciudades y en la región.

 

 

Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectores

Sumate a este equipo de Miércoles mediante un aporte económico mensual para que podamos seguir haciendo periodismo libre, cooperativo, sin condicionantes y autogestivo.

Deja tu comentario

comentarios

Destacado

Proteger los ambientes desde adentro

Las áreas naturales protegidas públicas y privadas siguen siendo la herramienta fundamental para proteger nuestros …