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Gestionar el placer de comer

El tiempo de cuarentena como la mejor oportunidad de nuestras vidas para ser productivos es el engaño más instalado que nos dio el capitalismo. La nutricionista Irene Schvartzman (UNLP- MP 5731) reflexiona sobre la alimentación en tiempos de aislamiento preventivo.

 

Por IRENE SCHVARTZMAN (*) especial para EL MIÉRCOLES DIGITAL

 

Estos meses parece que fueron los mejores para aprender uno, dos o varios idiomas; pintar esa biblioteca, tomar clases de crossfit, stretching, zumba; grabar videos en TikTok con tu pareja, cocinar esas comidas que nunca hiciste porque no tenías tiempo, volverte vegano, ver todas las series y documentales de Netflix, probar el ayuno intermitente, la dieta cetogénica, el té con limón en ayunas y cuanta pavada se haya atravesado por la internet.

Y cuando de alimentación se trata, hemos visto de todo: famosas reluciendo su figura luego de hacer dietas restrictivas e imposibles -Adele y la dieta Sirtfood-, nutricionistas afirmando que la pandemia es el mejor momento para hacer “dieta”, influencers haciendo de nutricionistas, nutricionistas haciendo de policías de la alimentación, médicas como Mónica Katz proponiendo que la solución a no poder controlar algunas comidas es directamente no comerlas, personas que subieron más de 3kg, nuevos trastornos alimentarios… y más.

El problema sigue siendo el mismo; y es que nunca hablamos de lo que sentimos en relación a la alimentación. Nos hemos enfocado en las calorías de los alimentos, en gastar energía para mantenerse en peso -como si el descenso de peso fuera el objetivo de todos-, en qué alimentos tienen que estar siempre para tener una “dieta óptima y adecuada” y nos olvidamos total y completamente de lo que nos significa comer.

Antes de la cuarentena ya teníamos una relación tóxica con la comida. Tóxica porque la utilizamos para sentirnos bien cuando nos sentimos mal. Tóxica porque la utilizamos para festejar cuando nos sentimos bien, y para castigarnos cuando nos sentimos mal. La alimentación y el estado de ánimo tienen una relación de reciprocidad e interdependencia donde la primera influye sobre la segunda y a su vez la segunda influye sobre la primera.

Entonces, como nutricionista, me pregunto: ¿Cómo, en un contexto de encierro, libertades limitadas y emociones a flor de piel, este es un buen momento para hacer dieta?

Mi propuesta es, en principio, tomar con pinzas las opiniones de todas las personas que hablan de alimentación en tiempos de cuarentena; sean matriculadas o no.
En segundo lugar y hablando de la nutrición específicamente:

  • Asegurar la presencia diaria de alimentos como frutas, verduras y cereales integrales como el trigo, la avena gruesa, el maíz y el arroz integral.
  • Aumentar el consumo semanal de legumbres como las lentejas, garbanzos y porotos.
  • Disminuir diariamente la presencia de carnes y productos animales.
  • Prestarle especial atención a la cantidad de productos industrializados que consumimos como galletitas, bizcochos, postrecitos artificiales, sopas instantáneas; y empezar a reemplazarlos por sus versiones caseras.

Siempre es importante consultar con personas especializadas en el tema que nos puedan ayudar a lograr una alimentación saludable sostenida en el tiempo, ya que cada persona es distinta y definitivamente sus necesidades también; incluso en tiempos de cuarentena.

"El problema sigue siendo el mismo, y es que nunca hablamos de lo que sentimos en relación a la alimentación. Nos hemos enfocado en las calorías de los alimentos, en gastar energía para mantenerse en peso (...) y nos olvidamos total y completamente de lo que nos significa comer".

Por último, y no menos importante: darle lugar al placer. Sí, el placer de comer. Propongo no reprimirlo sino “gestionarlo”. ¿Cómo sería gestionar el placer de comer? Bueno, eligiendo un momento específico del día o de la semana para comer eso que te gusta tanto, haciendo con tus propias manos esa comida, compartiendo tu creación culinaria con las personas que puedas, investigando sus ingredientes y pensando si hay versiones más sanas de esa misma preparación original –como por ejemplo reemplazar una harina blanca por una harina integral, o cambiando una parte de azúcar blanca por azúcar negra o stevia, aceite vegetal en lugar de manteca o margarina, condimentos en lugar de sal, etc-, disfrutando de comer sin sentirte mal. Gestionar el placer de comer es importante para evitar atracones, sentimientos de culpa, frustración o depresión luego de no hacer las cosas que tendríamos que haber hecho. Ahora, esto no significa que nuestra alimentación sea primero placentera y luego nutritiva. Primero debemos asegurar nuestro estado nutricional y luego gestionar el placer.

No es lo mismo "comer bien" que "comer rico". El primero piensa en nutrientes, el segundo en placer. La alimentación saludable que se sostenga en el tiempo debería contemplar tanto los nutrientes como el placer del gusto, de la textura, del sabor. Sería bueno encontrar un punto medio donde la comida que nos nutre también nos de placer. En síntesis, gestionar el placer para comer rico... y bien.

 

(*) Irene habla sobre nutrición todos los martes 10:30  en Radio Classique de La Plata.

 

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