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El historiador entrerriano Juan Vilar cuenta el período de Roca en su nuevo tomo de la historia argentina

Uno de los más destacados investigadores entrerrianos presenta un nuevo tomo de su obra en la que narra la historia argentina y regional con una mirada federal y social. En este nuevo trabajo revisa las dos décadas fundadoras de “La Argentina Moderna”, sin edulcorantes ni obcecaciones.

 

Por DANIEL TIRSO FIOROTTO (*)

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¿Cuántos interrogantes que plantea esta Argentina del siglo XXI encuentran respuesta en la fundación del nuevo estado-nación a fines del siglo XIX y principios del XX, centrada en la habilidad militar y política del Zorro, Julio Argentino Roca? El investigador Juan Antonio Vilar presenta en la Facultad de Educación un libro que desempolva dos décadas fundadoras de “La Argentina Moderna”.

El racismo, el relato amañado de la realidad, el encumbramiento de sectores de poder, la reducción del país a productor exportador, el crecimiento vigoroso de la producción y las exportaciones atado a intereses imperiales; la corrupción, el fraude, la ingeniería electoral, que cruzan gobiernos y generaciones, encuentran una fuente principal de inspiración en los primeros años del país centralizado con capital en Buenos Aires, que acalló a los disidentes e invadió a los vecinos a sangre y fuego. Un país con décadas de crecimiento abrupto de la producción y con saldos ultra favorables en la balanza comercial, en una matriz colonial y dependiente que se pagaría con crisis sucesivas más adelantes, hasta hoy.

Esta es la interpretación del sexto tomo de historia argentina editado por la Editorial de la Universidad Nacional de Entre Ríos -Eduner-. La obra del entrerriano Juan Antonio Vilar se titula “La Argentina Moderna. El Roquismo. 1880-1904” y resume los cambios diametrales del país a fines del siglo XIX y principios del XX con las campañas contra las comunidades indígenas, la apropiación de tierras y de personas tras la Guerra al Paraguay, un aluvión de inmigrantes y la presencia preponderante del capital angloamericano en la economía nacional.

Con esta entrega, Vilar resume 400 años de vida en nuestro territorio y en todo el Abya yala, como él llama (y llamamos) al continente también denominado América), y estamos sin dudas ante un clásico de la historiografía argentina, de un autor que repele la partidización y que no se acomoda ni con la historia oficial de mayor difusión ni con el revisionismo.

Con 277 páginas, éste es el más voluminoso de la saga, y el primero que ingresa en el siglo XX. Complementa así las obras: “Otra interpretación de nuestro pasado. (Los primeros pobladores. Invasión europea y coloniaje español)”, que es la primera en el orden cronológico. Seguida por “Revolución y lucha por la organización. (Primera y segunda décadas de la revolución. 1810-1829”. Luego “La Confederación Argentina. (Época de Rosas. 1829-1852)”. El cuarto tomo se titula “Hacia la derrota Federal. (La Confederación Argentina. 1852-1862). El quinto: “El Estado Nacional Argentino. 1862-1880”. Y el sexto es el recién salido del horno, centrado en las presidencias de Julio Argentino Roca.

“Tengo listo para entregar a Eduner el tomo siguiente (séptimo) que abarca hasta la Ley Sáenz Peña. También el borrador siguiente -casi terminado- de los gobiernos radicales (tiempos de Irigoyen), y empecé a fichar la década siguiente del ‘fraude patriótico’”, nos comenta Vilar.

Lo presentan en el auditorio

El libro será presentado el jueves 28 de septiembre a las 18 en el Auditorio Rodolfo Walsh de la Facultad de Ciencias de la Educación, calle Buenos Aires 389, de Paraná. En el acto hablará la decana de la Facultad, Aixa Boeykens, y el autor conversará con Gustavo Martínez, director de la Eduner.

Fiel a su estilo, Juan Antonio Vilar no esconde aspectos positivos de los considerados villanos ni aspectos negativos de los considerados héroes.

El libro, como los cinco que lo preceden, se enfoca en la historia argentina y ofrece amplios capítulos sobre la situación en todo el continente, país por país (México, Perú, Colombia, Venezuela, Chile, Cuba, Uruguay, Brasil, Ecuador), y también sobre las peculiaridades de cada provincia argentina (Salta, Tucumán, Jujuy, Catamarca, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, los territorios nacionales, Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja… De modo que uno puede seguir las regiones a través de los seis tomos de su autoría, ya editados.

Las dos gestiones de Julio Argentino Roca están en el centro de la nueva entrega de Vilar, pero allí se habla de momentos mundiales como la revolución industrial y las ideologías predominantes en la época, las campañas porteñas de conquista de territorios, la federalización de Buenos Aires, la destrucción de las selvas, el predominio del Puerto, las leyes liberales, la ley de educación, las frustradas propuestas de Osvaldo Magnasco, las presidencias de Miguel Juárez Celman (1886-1890), Carlos Pellegrini (1890-1892), Luis Sáenz Peña (1892-1895), José Evaristo Uriburu (1895-1898)… Y así, la Doctrina Drago (contra la intervención armada por razones financieras), el movimiento obrero y las primeras represiones, la ley de residencia para aventar anarquistas, las relaciones con la Iglesia, la deuda externa, la industria…

Tremendas derrotas

Juan Antonio Vilar, con cuna en Paraná, ha sido profesor universitario y de colegios secundarios en Entre Ríos y otras provincias, e impulsor de asambleas vecinales reunidas en torno de problemáticas comunes como el endeudamiento público, los proyectos de acuerdos de comercio como el Alca, entre otros. Y es cofundador desde 2007 y actual presidente del centro de estudios Junta Abya yala por los Pueblos Libres, que abreva en saberes de comunidades ancestrales y en la revolución federal artiguista.

"Por eso compartimos la toma de conciencia actual de muchos argentinos –sólo de una minoría- de que el Estado Nacional se constituyó sobre la base de un triple crimen: el de los paisanos federales, los nativos paraguayos y los indios. Y no sólo hubo violencia, sino violación de las instituciones, fraude sistemático, endeudamiento externo y dependencia financiera del capital extranjero, principalmente británico".

En el comienzo de este sexto volumen, el entrerriano resume la situación en el continente y en la Argentina. Aquí algunos fragmentos: “Para reconocer el verdadero lugar que ocupan los países de este continente –al sur del río Bravo- debemos tener presente que los pueblos del Abya Yala (América) han sufrido tremendas derrotas en los últimos cinco siglos… Al principio fue la conquista española y portuguesa que con sus armas, virus y la súper explotación de indios y negros que diezmó la población indígena y esclavizó al africano; le siguieron levantamientos de indios (y negros en Brasil) el aplastamiento de la rebelión de Túpac Amaru, la derrota de Toussaint Louverture en Haití, el fracaso del Congreso Afictiónico de Panamá –convocado por Bolívar-, la derrota de Artigas, la destrucción del Paraguay independiente, la práctica del ‘Destino Manifiesto’ de los Estados Unidos (en México, América Central y el Caribe), la incorporación a la ‘División Internacional del Trabajo’ y al Mercado Mundial del Abya Yala (América) como productora de materia prima (metales, cobre, estaño, petróleo, caucho, madera, peces,  guano, lanas, carnes y cereales), la derrota federal en la Argentina, la hegemonía de la burguesía liberal porteña –socia de los imperios occidentales-, el fracaso del Zapatismo en México, las dictaduras militares, las limitaciones de los ‘populismos’, la tragedia de Chile con el derrocamiento de Allende, el bloqueo y sabotaje de Cuba (ahora de Venezuela), la frustración de los movimientos de liberación de los ’60 y ’70 y en la actualidad, la minería a cielo abierto, el fracking, la deforestación, la contaminación ambiental y el envenenamiento de las aguas como los más salientes”.

02Producidas las revoluciones americanas en 1810 y con una visión a largo plazo, más general e integral, concluimos que los gobiernos criollos produjeron tanto o más daño al hombre, a los pueblos y a la naturaleza, que los primeros invasores europeos. En nuestro país, continuó la política de exterminio del indio con las campañas de Rivadavia, Rosas, Mitre, Alsina, Avellaneda y Roca al Río Negro, a la Patagonia y al Chaco, la entrega de latifundios regalados o a ‘precio vil’ a terratenientes, militares o ‘inversores’ extranjeros que devastaron selvas milenarias como lo hiciera La Forestal y que hoy continúa con la colosal deforestación de las selvas subtropicales de las Yungas y de Misiones (que se suma a la espantosa eliminación de inmensa extensiones de la selva amazónica en Brasil), la desertificación de los suelos con agroquímicos que envenena la naturaleza, la tierra, los ríos, lagos, arroyos y mares con graves consecuencias para los seres humanos, animales, peces, pájaros, abejas; el sistema de fracking que, además de destruir glaciares y montañas, contamina las aguas y provoca la expulsión de sus tierras de sus antiguos pobladores, indios y campesinos”.

Triple crimen

Continúa Vilar en otras páginas: “En 1852 el gobernador de Entre Ríos, aliado con el Brasil, derrocó al dictador porteño y mediante un Congreso Constituyente, fue sancionada la Constitución Nacional. Desconocida por los porteños, desencadenó un nuevo enfrentamiento armado que culminó, mediante la defección de Urquiza, en su triunfo definitivo, enterrando la propuesta provinciana y el federalismo, sometiendo por la fuerza a las Provincias hasta el último levantamiento autonomista de Entre Ríos. Los liberales porteños, en nombre de la ‘civilización’ aliado con los esclavistas brasileros y financiados por Su Majestad Británica (SMB), destruyeron al Paraguay en la guerra más sangrienta y antipopular librada bajo la bandera azul-celeste y blanca. Finalmente, las campañas contra el nativo en la Pampa, la Patagonia y el Chaco tuvo el propósito de substituir la población originaria, mestiza y criolla, por ‘civilizados’ europeos. Por eso compartimos la toma de conciencia actual de muchos argentinos –sólo de una minoría- de que el Estado Nacional se constituyó sobre la base de un triple crimen: el de los paisanos federales, los nativos paraguayos y los indios. Y no sólo hubo violencia, sino violación de las instituciones, fraude sistemático, endeudamiento externo y dependencia financiera del capital extranjero, principalmente británico”.

En el capítulo referido a la creación del Colegio Militar entre los gobiernos de Sarmiento y de Roca, dice Vilar (y sirva el ejemplo para tomar conciencia del talante del autor): “El Ejército argentino celebra su nacimiento ‘con la Patria’ el 29 de mayo de 1810. En sus discursos oficiales y declaraciones los Jefes dicen ser los herederos del Ejército de San Martín, cuando en realidad lo son del Ejército de la Triple Alianza, el que liquidó el federalismo, el que casi exterminó al indio, el que sostuvo a los gobiernos oligárquicos y dio los ‘golpes’ y dictaduras militares. No es el Ejército ‘del pueblo’ o ‘el Pueblo armado’ aunque esté integrado por todas las clases sociales, sino de la oligarquía; tiene una organización y disciplina vertical, autoritaria según el modelo prusiano y los soldados están sometidos a una subordinación absoluta a los superiores, sin ningún derecho ni libertades”.

Protección armada

¿Cómo se dieron los primeros pasos de la Argentina Moderna? Aquí una síntesis de Juan Antonio Vilar: “Junto con los demás países de Abya Yala fue incorporado al Mercado Mundial como monoproductor de materias primas, dependiendo de la demanda europea que las compraba y le vendía productos industriales… Ni los gobiernos civiles ni militares, ni la puja entre conservadores (clericales) y liberales (laicistas) afectaron su estructura económico-social desequilibrada, de sesgo primario-extractivo exportador ni la hegemonía oligárquico-latifundista. Prevaleció un Estado Republicano, laico, que reconocía derechos y libertades individuales que generalmente eran ignorados en las comunidades indígenas (lo mismo que a los campesinos, negros y mujeres) perseguidas y despojadas de sus tierras…”.

Vilar incluye cuadros demostrativos del vigoroso crecimiento de las exportaciones de 1880 a 1904 de 58 millones a 264 millones en pesos oro, con crecientes saldos favorables en la balanza comercial. Y cuadros con el crecimiento notable de la exportación agrícola (trigo, maíz, lino), y de producción ganadera principalmente con ovinos y bovinos congelados. Claro que esta explosión productiva tenía su lado inquietante también, por la presencia de grupos multinacionales poderosos como Dreyfus, Bunge y Born, concentrando las exportaciones, por caso. Entonces, la extraordinaria inmigración europea (principalmente italiana y española) “cambió la estructura social del país” y la distribución demográfica.

Dice Vilar: “El papel cumplido por el Estado fue decisivo en la privatización de la expansión económica. Sin su extrema liberalidad, la actividad privada, sus empresas y los grandes propietarios no hubiera podido tener tanto crecimiento, ni hubiera podido acumular semejantes ganancias tan rápidamente. Podemos sintetizarlo de la siguiente manera: Incorporación de tierras fértiles con expulsión de los indios. Cesión gratuita de las tierras o vendidas a precio vil, exentas de impuestos. Protección armada de las propiedades particulares. Información básica: relevamientos estadísticos, mensura de terrenos y confección de planos topográficos. Instalación de ferrocarriles nacionales, provinciales y privilegios a los ferrocarriles extranjeros, mediante garantías de ganancias, cesión gratuita de tierras, compra de acciones, etc. Introducción de inmigrantes. Construcción de puertos, obras urbanas, de salubridad, instrucción pública, etc. Préstamos bancarios. Se legaliza la cesión de la tierra pública en favor de propietarios privados”.

 

Afirma el autor que la generación del ‘80 (una vuelta de tuerca sobre la generación del ’37) “hizo suyo el lema de Alberdi de ‘gobernar es poblar’ pero a costa de expulsar de sus tierras a los nativos (sus ascendientes la habían habitado desde hacía miles de años) para entregárselas a latifundistas argentinos y especuladores y colonos europeos. Es decir que primero hubo que despoblarla de los pueblos originarios para luego dársela propietarios criollos (amigos del ‘poder’) a militares, inmigrantes y especuladores extranjeros”.

Como un ejemplo del concepto del poder en la época, cita esta expresión: “Al anunciar el coronel Racedo la prisión del cacique Epumer Rosas con 300 indios, el periódico El Siglo del día 8-1-1879, anunciaba: ‘Importa, pues, la campaña de Racedo, uno de los triunfos más valiosos y más importantes en el plan de la desocupación del desierto’”.

Tierra para pocos. Predominio de la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal. Endeudamiento del estado. Destrucción del ambiente. ¿Cuánto ha cambiado? Los pueblos ancestrales, la conquista, la revolución, Artigas, San Martín, Rivadavia, Rosas, Mitre, Sarmiento, Roca, para dar nombre a momentos clave de nuestro pasado: la obra de Juan Antonio Vilar nos pasea sin edulcorantes ni obcecaciones por siglos de luchas sociales y opresión vertical que explican en gran medida las regalonas pseudodemocracias y dictaduras del siglo XX hasta nuestra sombría encerrona actual, donde, al decir del historiador entrerriano, la independencia sigue siendo una deuda.

 

Daniel Tirso Fiorotto. UNO. 18 de setiembre 2023.

 

 

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