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El largo y sinuoso camino de la justicia

En el pasado mes de febrero, un hombre fue condenado por abuso sexual simple hacia una niña de 7 años a partir de un hecho ocurrido en Termas de Villa Elisa en marzo de 2020. Fueron dos largos años para una familia que debió chocarse con la realidad de un sistema donde acceder a la justicia está plagado de zancadillas.

 

Por CLARA CHAUVÍN de EL MIÉRCOLES DIGITAL

Los tiempos del sistema judicial poco entienden de los procesos de quienes fueron víctimas de abuso, de las urgencias por algún tipo de condena hacia quienes fueron perpetuadores de violencia, en especial en niñas y niños.

Recientemente, el 22 de febrero el Tribunal Oral de Concepción del Uruguay condenó a Carlos Raúl Landaburu, de 69 años de edad, a dos años de prisión de ejecución condicional por el delito de abuso sexual simple hacia una niña que en el momento del hecho tenía 7 años.

Había ocurrido el domingo 1 de marzo de 2020 cuando la nena y su familia se encontraban en el predio de Termas de Villa Elisa, lugar al que habitualmente pasaban sus fines de semana. El fiscal de la causa fue  Alejandro Martín Perroud y el abogado defensor Jonathan José Caire.

Laura*, mamá de Sofía*, cuenta que la niña rápidamente había identificado lo que le había hecho el acusado cuando se le acercó en la pileta y es por eso que enseguida salió de allí y se lo contó. “Que buena esta generación que con 7 años tuvo esa valentía de primero salir sola de esa situación, cuando él la manoseó ella salió escapándose nadando, y después el poder contarnos. En el momento no sabíamos qué hacer, yo como mamá sabía que tenía que actuar. Son cosas que sabemos que ocurren pero se suele mirar para otro costado hasta que te pasa a vos”, dice Laura.

Con el paso del tiempo Sofía también comenzó con secuelas del hecho traumático, con ataques de bronca y de llanto, problemas para dormir y hasta convulsiones, síntomas que la niña nunca había experimentado antes hasta el abuso.

En ese instante Sofía le aseguró que si lo volvía a ver lo iba a reconocer. Salieron a buscarlo por el predio pero no lo encontraron. Buscaron a los guardavida para contarle lo ocurrido, le dieron la descripción del hombre y ellos rápidamente se dieron cuenta quien era a partir de esos datos ya que se trataba de un cliente habitual del lugar que era conocido por los empleados. Incluso uno de ellos aseguró que lo había visto esa misma tarde en la pileta recreativa donde usualmente hay nenes y nenas. Laura recuerda: “Uno de los bañeros le dijo a Sofía ‘¿Y por qué no le pegaste una piña?’, como si ella fuese la responsable de defenderse de un adulto”.

Luego de dejarlo asentado en la administración de Termas, se dirigió a la comisaría donde debió hablar con más de una persona sobre lo ocurrido para que le tomen la denuncia correspondiente. Momento en donde no recibió ningún tipo de contención por parte de las fuerzas de seguridad frente al tenor de la denuncia que estaba realizando. “Me presenté en fiscalía y pude hacer la ampliación de la declaración, pero siempre me encontré con que esta persona era un jubilado de casi 70 años que siempre quería hablar sobre su forma de comportarse como buen ciudadano. Siempre iba a fiscalía y cambió tres veces de abogado. Nosotros no teníamos abogado. Estábamos empezando una pandemia, mi marido sin laburo y yo con trabajo de medio día en un consultorio”, agregó.

Paralelamente, le solicitó a Termas las cámaras de seguridad del lugar pero le indicaron que únicamente había en el ingreso al predio: “Era fundamental para poder constatar el horario de salida del tipo. Yo me había tomado el trabajo de ir a termas ver dónde enfocaba la cámara de entrada y salida”, explicó Laura. Luego de reiterados pedidos, las grabaciones fueron entregadas el 9 de marzo.

“Obtuvimos la imagen de él entrando, pero la única imagen que nos dieron de la cámara de salida estaba apuntando a un árbol. Desde fiscalía decían ‘el procedimiento está bien realizado’. Pero eso es desde un escritorio, nadie se toma el trabajo de ir hasta el lugar y ver dónde están las cámaras”, resaltó.

Alejandro*, marido de Laura y papá de Sofía, en ese momento era empleado de un local de comidas dentro de Termas y por esa razón era un lugar de visita habitual. Un instante antes del hecho en la pileta, la niña estaba en el comercio y fue la primera vez que vio a Landaburu cuando lo saludó a su papá y que incluso le preguntó quién era la nena a lo que Alejandro le respondió que era su hija. A partir de esto, hubo dos puntos claves para la causa y que quedaron asentados en la sentencia. Por un lado, una fotografía de padre e hija en ese lugar; por otro lado, el horario del comprobante de compra de Landaburu. Un rato después, cuando Sofía jugaba en el agua con su primo, volvió a ver al hombre que se le acercó y le preguntó cómo se llamaba.

Los tiempos dilatantes de la justicia, sumado al inicio de la pandemia y el aislamiento obligatorio, hicieron que todo el proceso sea aún más demorado. Con el paso del tiempo Sofía también comenzó con secuelas del hecho traumático, con ataques de bronca y de llanto, problemas para dormir y hasta convulsiones, síntomas que la niña nunca había experimentado antes hasta el abuso. “Sofía tenía mucha necesidad de contarlo y hablé con el Área de Niñez para que intervengan y aceleren el proceso para la Cámara Gesell, que pudo hacerse recién en el mes de septiembre”, relata Laura.

En la Cámara Gesell, que estuvo a cargo del psicólogo Rafael Chappuis, surgió una diferencia en la descripción física que Sofía había realizado cuando apenas ocurrió el abuso.

En este sentido, fue importante la explicación que brindó Chappuis: “Hay probabilidades de que por los meses que transcurrieron por pandemia entre el hecho y la realización de la Cámara Gesell pudiera haber habido una perturbación en el recuerdo por parte de la víctima, hay innumerables fallos que dan cuenta que el relato del niño no puede ser objeto de un control de logicidad estricto”. Sin embargo, la gran mayoría de las descripciones que hizo Sofía seguían coincidiendo con los rasgos físicos de Landaburu.

Fueron dos largos años desde el hecho hasta la concreción del juicio. Durante ese tiempo, Laura cuenta que fueron reiteradas las veces en que se cruzó al acusado en Villa Elisa: “Hacía todo lo posible para que Sofía no lo vea. En diciembre de 2021 nos visitaron unos familiares de Buenos Aires y decidimos ir a Termas. Cuando estábamos caminando lo vemos al tipo a escasos metros. Ya me lo había cruzado muchas veces pero nunca había estado con la nena. Sofía enseguida me mira y veo que le cambió la cara. Me dijo ‘Mamá, está el hombre ese que me tocó’. Yo enseguida fui re caliente a la administración y ahí me dijeron que no podía prohibirle la entrada”.

Romina Daiana Raymond es la psicóloga que atiende a Sofía desde mayo de 2020 y también brindó su testimonio en el juicio. Explicó los distintos síntomas que la nena estuvo atravesando y en los cuales se pudo evolucionar hasta que Sofía volvió a encontrárselo. “La realidad es que hasta noviembre del año pasado venía con bastante dificultad para dormir y había logrado algunas herramientas para que ella vuelva a retornar a su pieza, pero esto lo ha dificultado nuevamente. Se vuelve dependiente de la compañía de sus papás para la edad que tiene, de terminar de cenar y no poder irse sola a su habitación”, expuso. También agregó que la niña quedó “como en estado de alerta buscándolo, intentando saber dónde está para prevenir que se le acerque”.

Laura afirma también que desde el directorio de Termas jamás se comunicaron con ella hasta febrero de este año: “Me dijeron que nadie del directorio estaba al tanto de lo que pasaba y me ofrecieron un abogado, casi un año después y con el juicio a punto de empezar. Yo estaba agotada, ya no quería hablar con nadie de ahí. En Termas no había un protocolo de actuación, nadie supo qué hacer en una situación como esta ni tienen alguna una capacitación en género. Algo como sociedad tiene que cambiar. A casi dos años, mi nena se lo tuvo que volver a encontrar ahí dentro, sentado en una reposera al lado de una pileta recreativa”.

Después de dos años mucha lucha, pudo lograrse una condena. Laura expresa muy conmovida y entre lágrimas: “Estoy feliz que el tipo haya sido condenado. Cuando todo el tiempo escuchas que lo que le pasó a Sofía, al igual que otros casos similares, son ‘causas menores’, son palabras muy fuertes porque no toman la gravedad ni la magnitud. Yo seguí peleando por eso, se lo dije al juez como mamá y también como ciudadana. Tenemos que comprometernos entre todos para que los niños sean libres pero siento que la ley no nos ampara.  Lo primero que me dijo Perroud fue ‘mira que si llegamos a algo, él no va a ir preso por su edad’, eso ya te tira abajo. Y hay muchísima revictimización cuando hay que contar una y otra vez lo que pasó. El que al menos sea condenado es un montón porque puedo decir quién fue. Sofía sigue con muchos miedos pero jamás dudó en señalarlo cuando lo volvió a ver. Es por eso que ella esperaba mucho de la justicia”.

(*) Tanto el nombre de la niña como el de su mamá y su papá fueron modificados para resguardar sus identidades.

 

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