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OPINIÓN

EL RIESGO DEL ADOCTRINAMIENTO

Mauricio Macri es políticamente correcto: jamás se lo va a escuchar decir nada fuera de lugar. Tampoco a los miembros de su gabinete. La corrección política es una consigna férrea para los dirigidos por Durán Barba. Y sin embargo, en el terreno de la realidad se van sucediendo una serie de episodios que vienen a legitimar cierto “endurecimiento” de la línea política del gobierno: represión de protestas, ridiculización de los discursos ‘ideologizantes’, avances contra las políticas ‘progresistas’ y deslegitimación del que piensa distinto.

 

Por MARTÍN CARRUEGO (*)

 

Lo ocurrido en el Colegio Nacional de Villaguay se inscribe en esa lógica. Que no se malinterprete: no es que Macri haya ordenado a la policía que vaya a investigar si se estaba haciendo “activismo político” en el aula (había una charla inscripta en una serie de actividades de conmemoración de La Noche de los Lápices).

Lo que sí puede endilgársele a Macri (o más genéricamente al macrismo) es haber cultivado el terreno para que alguien llame de manera anónima al 101 y denuncie que estaban “adoctrinando a su hijo” (por las dudas, y aunque la aclaración sea casi innecesaria, recordemos que era en el turno noche, con alumnos del terciario).

El diseñador de la estrategia política de Cambiemos sabe que no se puede cuestionar abiertamente la política de derechos humanos y mucho menos meterse con las garantías constitucionales que se han ido solidificando desde 1983 a la fecha. Hay cosas que son incuestionables desde el punto de vista del discurso público. El ecuatoriano lo entiende.

Por eso su política real transcurre en otros planos. Básicamente a través de miles y miles de cuentas falsas y páginas de Facebook que replican contenidos que la corrección política impide manifestar abiertamente y dando la cara. En otras palabras: quienes hacen el trabajo sucio de Durán Barba son aquellos que copian y pegan en sus muros contenidos viralizados.

Son ellos –un verdadero ejército de buenos ciudadanos que trabajan gratis para el gobierno- los que van generando una nueva opinión pública que cuestiona los derechos humanos, que se queja de las protestas de los trabajadores, que se ríe del Ni Una Menos, que se burla de los mapuches, y que encuentra a todo problema una solución apelando a lo que hicieron los K.

Se trata de un nuevo “sentido común” (en rigor, no tan nuevo), que se arroga el rol de “productivo” y enrostra al otro el papel de parásito; que acusa al Papa de ladrón; que abona la teoría de que todos los males del país han sido responsabilidad del “peronismo”; y que replica, aunque no tenga fundamentos, las teorías conspirativas más absurdas y alocadas (Néstor no estaba en el cajón, la bóveda está llena de dólares, etc).

Los nombres de las páginas hablan por sí mismos: “El Cipayo”; “El Kirchnerismo una maldición para la Argentina”; “Lanata Forever”; “Gente que quiere el cambio”; “Movimiento Dignidad Nacional”; “Espíritu Argentino” y, más contundente a los efectos de esta noche: “Políticamente incorrecto”.

El kirchnerismo ya había ensayado, en sentido contrario, una estrategia parecida. Pero sin tanto éxito.

De lo que se trata, básicamente, es que sea otro el que se ocupe de decir lo que el gobierno –por corrección política- no puede manifestar. Las redes son una de las plataformas de la estrategia. Pero no la única: el gobierno también manda impresentables a los medios masivos a instalar cuestiones que ninguno de sus funcionarios o seguidores propondría abiertamente. Así aparecen tipos como José Luis Espert o Milei, que desde sus modos caricaturescos van preparando el terreno para que luego, con más “corrección”, aparezcan los funcionarios a hablar de reforma laboral.

Los funcionarios macristas no llamarán (todavía) a la policía para denunciar “activismo”. No precisan hacerlo. Sus ejércitos de buenos ciudadanos adoctrinados en Facebook lo están haciendo por ellos.

 

(*) Periodista de "Noticias Villaguay.com.ar". Artículo publicado en ese medio el 13 de septiembre y es reproducido textualmente por gentileza de autor, quien es oriundo de la localidad de Maciá (Departamento Tala).

 

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