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“Entiendo que parezca extraño que un albañil se acerque al mundo de las Letras”, dice el ganador del Fray Mocho

Sebastián González ganó el premio más importante de la Literatura entrerriana. Con perfil bajo, sencillo, humilde, este trabajador de la construcción de Gualeguaychú confesó sentir “un poco de pudor”: “Esto de autoproclamarse escritor es algo extraño”.

 

Foto de portada: r2820

 

El escritor oriundo de la Ciudad de los Poetas que ganó el premio Fray Mocho fue entrevistado por el programa ‘En La Víspera’, que se emite en simultáneo por LT11 y Radio UNER, producido por El Miércoles Comunicación y Cultura, Cooperativa de Trabajo Ltda. Su novela titulada ‘Alambradores’ fue elegida entre 43 trabajos presentados.

Fragmento de la entrevista en La Víspera el 10 de noviembre de 2020.

¿Es la primera vez que te presentas al Fray Mocho?

Sí. En 2014 había intentado participar con un libro de cuentos. Cuando lo quise enviar desde Gualeguaychú, en el correo no me dejaron enviarlo de forma anónima al sobre con los cuentos. Me hicieron poner el número de documento y, cuando llegó a Paraná, fue rechazado.

 

Claro, porque no puede haber ningún dato de quién es el autor.

Y este año, cuando lo presenté, no hubo ningún inconveniente porque me dejaron enviarlo de forma anónima.

 

¿Querés contarnos de qué trata la novela y por qué elegiste ese tema?

Cuenta la historia de un grupo de cinco hombres que están trabajando en el campo. La novela arranca un viernes. Están estos hombres esperando a que el patrón regrese a buscarlos. Empiezan a pasar las horas, el patrón no aparece y se empieza a generar un poco de incertidumbre entre los personajes. Se preguntan qué pasó con el patrón. Finalmente, pasó esa noche. Al día siguiente tampoco tienen novedades y así van pasando los días, y ellos están ahí, esperando. A la vez, temen abandonar el puesto de trabajo porque tienen miedo de perder el laburo. Están ahí, esperando. Esa es, un poco, la trama de la novela.

 

Y no conviene adelantar más nada...

Y no, porque donde se revele algo ya se quema la novela, digamos.

 

Se comentó tu actividad como albañil. Para quienes consideramos la escritura como un trabajo no parece tan raro, pero para muchas personas sí. Como que un albañil no puede ser novelista. ¿Qué te generó la difusión de esa característica de tu vida laboral?

A mí me resultó muy raro ese título (N de la R: un medio entrerriano tituló la nota “De albañil a ganador del premio literario más importante de Entre Ríos”). Pensaba que cuando lo ha ganado un docente al premio no se pone “De docente a ganar el Fray Mocho”. Para mí no es nada extraño, porque a las dos profesiones las he ido desarrollando a la par. En realidad, soy maestro mayor de obra. He trabajado de albañil, pero también he trabajado diseñando planos. Para mí es algo natural. Entiendo que a la gente le pueda parecer un poco extraño que un albañil se acerque al mundo de las Letras. Me generó un poco de incomodidad, pero ya está.

¿Cuánto hace que escribís?

Arranqué a los 22. Ahora tengo 35. Entré en el mundo de la literatura un poco de casualidad. Cuando terminé el colegio secundario me fui a estudiar Arquitectura a Rosario y ahí, en el primer año, un profesor nos habló de la importancia de leer. Esa misma noche empecé a leer por mi cuenta. Pedí un libro a una compañera que alquilaba con nosotros y me encantó. Descubrí un pasatiempo muy lindo. Estuve como tres meses con ese libro.

 

¿Te acordás qué libro era?

Sí, ‘La oscura historia de la prima Montse’, de Juan Marsé. Tremendo novelista, después lo seguí leyendo. Es un gran novelista del siglo XX.

 

Una linda forma de arrancar en la lectura con Marsé...

Tuve esa suerte, ¿no? Capaz que si me hubiese tocado otra novela no me enganchaba. Como se me hizo un hábito la lectura, después compré ‘Uno y el Universo’ de (Ernesto) Sábato. Lo compré nada más porque me sonaba Sábato de la secundaria. En ese ensayo se hablaba de ‘La invención de Morel’, de (Adolfo) Bioy Casares, así que la próxima compra fue ese libro. Y así fui enganchando autores y, de aquella vez hasta ahora, no he parado de leer.

 

Es paradójico porque él renegaba de ese libro. Sábato habla de filosofía, de historia. Podrías haber agarrado para cualquier otro lado.

Es un libro hermoso. Al principio me costó mucho porque pasar del mundo de la novela al mundo del ensayo es bastante complicado.

 

Encima, Sábato era científico y tenía un componente enorme de ciencia ese libro. ¡Más complicado!

A mí me gustó mucho el prólogo, donde él habla de que abandonaba la ciencia para aventurarse en la Literatura. Lo tomé como que me estaba hablando a mí. Abandonar la Arquitectura para aventurarme en la Literatura.

 

¿Ahí decidiste dejar Arquitectura?

No, seguí un par de años más, pero le daba más importancia a la lectura y, un poco, fui dejando la carrera de lado.

 

¿Hoy te definís como escritor?

Yo creo que sí. Primero porque hace muchos años lo hago y es lo que me sale medianamente bien (risas). Así como digo que soy maestro mayor de obras, digo que soy escritor. Al principio me generaba un poco de pudor eso, porque esto de autoproclamarse escritor es algo extraño.

 

El gran Max Weber, uno de los padres de la Sociología, decía: “Toda persona seria que quiere dedicarse a algo también pretende vivir de eso”, ¿tenés esa expectativa?

No. No lo pienso porque es muy complicado. Creo que acá, en Argentina, hay pocos. Al único que le fue bien fue al Gordo Soriano en eso de vender. Hay que tener mucha suerte y talento para lograr vivir de la literatura. Lo veo muy difícil. Tampoco tuve ese sueño de vivir de la literatura. Primero comenzó con un pasatiempo y luego con más seriedad, pero siempre manteniéndolo “ahí”.

 

¿Querés contarme más de vos?

Estoy en pareja, no tengo hijos. Vengo de una familia de clase media baja. Mi viejo es albañil, mi mamá es ama de casa. Tengo dos hermanos: uno que trabaja también en la construcción y la más pequeña, de 12 años. Me pone muy contento porque ella también está empezando a escribir.

 

Y ahora, con el espaldarazo del hermano, más se va a entusiasmar...

Sí, ya me ha estado pasando cuentos ella.

 

¿En qué consiste exactamente el Premio Fray Mocho?

En la publicación de la novela. Se publican mil ejemplares, de los cuales 200 son para mí. También está la difusión que tiene ganar este premio en toda la provincia.

Gualeguaychú: tierra de poetas y ganadores del Fray Mocho

Sos amigo de Pamela De Battista, ganadora del Fray Mocho en la edición anterior, ¿qué pasa en Gualeguaychú que se ha formado esta cantera de ganadores del premio?

No sé. Hay muy buenos escritores acá, como Pamela (De Battista), Carla Olivera, Martín Pucheta. No sé por qué se está dando acá. Es gente que le pone mucho amor, mucho empeño a lo que hace. Además de ser grandes poetas, son tremendos gestores culturales. Siempre se están moviendo, trayendo escritores. Eso se ve también en su obra, esa pasión que tienen por la literatura.

 

Y también juntándose, lo que genera un clima de mayor producción, una cierta sinergia de los escritores/as que los motiva y los entusiasma a todos, ¿no?

Totalmente de acuerdo. Nosotros, desde hace un par de años, hacemos un campamento literario. Ahí nos juntamos a leer, a compartir cosas nuestras. Está muy bueno que se genere ese ida y vuelta porque toda obra literaria se completa con la lectura del otro. Es importante el ida y vuelta porque, a veces, uno se engaña y cree que está bien lo que está haciendo.  Está tan metido en el texto que es incapaz de ver donde puede haber un error, una falla y poder compartirlo me parece muy importante.

 

¿Cuáles son los próximos desafíos que te estás planteando Sebastián?

Hace un par de años que estoy realizando un libro de cuentos. Después de haber mandado el Fray Mocho empecé a escribir algo que no sé si será una novela o quedará en la nada, como muchas cosas he empezado a escribir. Viene para bastante largo y eso me mantiene bastante ocupado. Pero ya sin apuro, no como la novela ‘Alambradores’, que la apuré porque quería llegar a mandarla al Fray Mocho. Ésta es un poco más relajada y escribo por las ganas de escribir.

 

¿Cuáles son tus autores favoritos hoy?

A mí me gusta mucho Rodolfo Fogwill. También me gusta mucho (Juan Carlos) Onetti, sus novelas me parecen geniales. Hace poco descubrí a (Juan José) Saer, que no lo había leído nunca, no sé por qué. Se me había pasado por alto: leí ‘El limonero real’ y me pareció de una belleza absoluta. Pura poesía. A mí me pasa eso: cada vez que termino un libro que me gusta digo: “Este es el mejor escritor argentino”. Así que estoy ahora con Saer.

 

Hay tanto que se escribe y se publica... Hay tanto por leer... Es casi inevitable esa sensación, ¿verdad?

Sí, es inagotable la lectura. También estuve leyendo a Selva Almada. El año pasado empecé a leer clásicos porque empecé el Profesorado en Lengua y Literatura.

 

¿Seguís con esa carrera?

La dejé este año porque se me complica bastante eso de tener que trabajar por la computadora, pero no tengo la intención de dejarlo. Espero retomarla el año que viene. Estoy preparando materias para rendir.

 

¿Ya te han comunicado fecha estimada de la publicación?

Todavía no. Se puso en contacto el editor de la Editorial de Entre Ríos, pero todavía no me han dado fechas. Espero que sea pronto.

 

Te comprometo a que cuando lo publiquen y tengas tu libro en la mano -y se habiliten los encuentros presenciales- podamos presentar ‘Alambradores’ en Concepción del Uruguay.

Sí, me encantaría. Un honor para mí, ¿qué más quisiera yo que poder presentar el libro y poder contar de qué se trata? Así que sí, ¡acepto!

 

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