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Los fantasmas del pasado…

El pasado es inexorable y no se puede cambiar. Se lo arrastra como un lastre en algunos casos y en otros forma un cúmulo argumentativo favorable.  En este largo proceso electoral que ha durado casi todo el año, es notable como los candidatos se han esforzado por negar su propio pasado.  Realizados ya los filtros electorales han quedado en carrera Daniel Scioli y Mauricio Macri. Ambos intentan eludir  un pasado que les pesa, pero tienen  -además- cosas en común.

 

Por ANÍBAL GALLAY

Esta contienda electoral llamada balotaje, entre Mauricio Macri y Daniel Scioli tiene algunas caracterizas singulares y que no se habían visto hasta ahora, desde 1983.  Algunas tienen características personales, como que se trata de dos niños ricos. La fortuna de Macri se origina en su condición de hijo de un empresario que entre otras hazañas se dedicó al contrabando y el traspaso de deuda al Estado. Daniel Scioli  declaró un patrimonio de 13 millones de pesos. Se desconoce  el origen de esa suma, teniendo en cuenta que nunca trabajó, salvo en la actividad política a la que ingresó de la mano de Carlos Menem. Hasta ese momento se dedicó a actividades propias de la farándula, facilitada por su condición de motonauta famoso. Por primera vez en la historia habrá un presidente egresado de universidad privada. Por primera vez en la casa Rosada no habrá ni un general, ni un abogado ni un médico. Esto incluyendo a Héctor Cámpora, que era odontólogo y el propio Sarmiento que si bien tenía galones militares su profesión fue la de escritor. Y por primera  vez habrá un presidente que jamás se interesó por la cosa pública sino al llegar a la edad adulta.

Los ardientes noventa

Los 90  -tal como se lo describe- fue una suerte de fenómeno autónomo, algo así como un maremoto del que nadie fue responsable. Habrá que recordar que “los 90” contaron con la más profunda aprobación del pueblo argentino que votó por el neoliberalismo en varias oportunidades entre 1991 y 1999.

¿Dónde estaba Macri en los 90? Haciendo negocios con el Estado desde la empresa familiar y dirigiendo el club Boca Juniors, donde se hizo un personaje conocido. Ya antes de esa década hacia negocios transfiriéndole las deudas al Estado, es decir a todos los argentinos. Y amén de ello un fabuloso contrabando del que fue absuelto por la corte menemista tan proclive a cuidar “el clima de negocios” que enriquecía a unos pocos. En síntesis, el neoliberalismo de los 90 y el empresario Macri, fueron protagonistas de la llamada Patria contratista. Cara y Cruz de la misma moneda.

¿Dónde estaba Daniel Scioli en los 90?  No tenía Scioli otra inquietud política que la de correr en lancha, un deporte carísimo, pero ese no era un problema: lo que sobraba era el dinero. Fue ocho veces campeón del mundo. Un desgraciado accidente forzó su retiro.  Bajo la conducción de Menem fue elegido diputado en 1997, introduciéndose así en el mundo de la política. Obviamente que apoyó toda la política neoliberal de esos años incluyendo las privatizaciones, la desocupación, y sobre todo “que sea el mercado el que se ocupe de las variables económicas. ¿Y Zanini? Uno de los principales menemistas que sustentaron con fervor, devoción y ahínco esa verdadera gesta que consistió en “achicar el estado”. Ello, desguazando los ferrocarriles, y  enajenando por monedas YPF y Aerolíneas argentinas.

HOY POR HOY

Es como una comedia de enredos ver y escuchar el esfuerzo de Macri y Scioli por negar el pasado reciente. Macri  dando muestras de una llamativa  “peronización” y manoteando banderas ajenas. Macri es un empresario y por lo tanto un pragmático. Así como inauguró una estatua de Perón, podría hacerle un homenaje a León Trostky si fuera necesario.

Mientras tanto Scioli no se cansa de repetir: presencia del Estado, trabajadores, paritarias, distribución de la riqueza, desarrollo, jubilaciones dignas… Términos de los que renegaba hace poco más de una década.

Tal vez un hecho objetivo  pueda iluminar acerca de la cosmovisión de ambos candidatos.  En Capital Federal y gran Buenos Aires existen  cinco mil talleres clandestinos, en el que  trabajan unas 30 mil personas en condiciones de esclavitud. Estos datos fueron proporcionados por la Cámara Argentina de la Mediana Empresa. Ni Macri, ni Scioli manifestaron preocupación alguna por el tema. Al parecer unos cuantos miles de personas en condiciones de esclavitud no tiene importancia.

Esto es solo un acercamiento a un problema porque los candidatos tampoco  abren la boca sobre cuestiones como las ambientales, ni sobre la desocupación, ni el  30 por ciento de trabajo en negro ni el 20 por ciento de pobreza. Y mucho menos con respecto a los monopolios, la extranjerización de la economía y como  harán para que el abismo entre provincias pobres y ricas se reduzca. Y menos que menos en relación a la distribución de la tierra en un país donde el 1,5 por ciento de los propietarios tiene el 48 por ciento de la superficie cultivable.

De todos modos se puede decir que Daniel Scioli tiene un punto a su favor: no está procesado. No es mucho, pero comparado con Macri puede ser una ventaja. Pero ahí está el vicepresidente Amado Boudou para nivelar las cosas.

anibalgallay52@hotmail.com

 

 

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